—Sigo sin entenderlas —replico alejándome lo más que puedo de ellas—. ¿Cómo que nadie entra allí sin permiso? ¡Están torturando a una persona ahí dentro y ¿nadie puede meterse sin el consentimiento del director?! Ambas, Shonda y Rita me miran aterrorizadas. No por la situación, sino por el temor de que yo las meta en problemas. —No puedes entrar y punto. ¡Bah, qué tanta explicación contigo! El manotazo de ahogado de Shonda me irrita. Le resta interés al hecho de que una persona está gritando como si le desgarraran las entrañas. —Mira Tania —interviene Rita, tratando de aplacar mi enojo y desconfianza—. El sujeto del pabellón es familiar del director. Él decide por su pariente. Él responde por su pariente. Él determina quién entra y quién sale de ese sector privado del hospital.

