TRES MESES DESPUÉS —Nick, aquí. Oríllate aquí —lo codeo porque no me hace caso—. ¡Por Dios no te hagas el sordo! —No me hago el sordo brujita —maniobra y le importa un p**o lo que le he dicho. Estaciona donde se le antoja—. Pero qué tantas ganas tienes de salir caminando media manzana si puedo parar cerca. Me quito el cinturón con cuidado, aún utilizo gasas para cubrir la costra que se forma en las heridas que están cicatrizando. —Yo puedo dar cincuenta pasos tranquilamente. Aparca, apaga su flamante y nuevo Jaguar F-Pace azul marino y se desabrocha el cinturón. —No —me contradice—. No puedes. —¿Disculpa Jean Henderson? —parpadeo. —Te disculpo pero insisto, no puedes. Tienes a mi hijo ahí dentro así que yo también decido sobre ti. Esto —se señala, me señala—, es trabajo comp

