Kayden
Después de dormir juntos durante los últimos días, que pase una noche fuera de casa y lejos de mi alcance era frustrante, di como veinte vueltas sobre la cama antes de quedarme dormido, una por su ausencia. Dos por lo ocurrido con esos dos en el restaurante y tres porque cuando llamo para pedir mi permiso se escuchaba algo extraña, como si estuviera mal o llorando. No lo sé, pero el tono de su voz me dejo preocupado…
A la mañana siguiente me desperté muy temprano para ir por ella, la extrañaba horrores, como en tan poco tiempo mi paz y mi vida comenzó a depender de esa pequeña mujer. Era viernes y con el pretexto de la boda, me ausenté en el trabajo para pasar un día a solas con mi esposa. Rápidamente, me coloqué ropa casual, tome mis llaves y fui por mi muñeca hermosa, al llegar al edificio la llame, para que supiera que ya estaba abajo.
Pregunte si quería que subiera a saludar a sus padres, pero ella se negó, luego de unos minutos la vi salir del ascensor y caminar hacia mí. Traía el cabello suelto, gafas de sol y cubrebocas, era como siquiera ocultarme su rostro, lo que me pareció muy extraño. Me saludo con la mano antes de subir al auto.
— Buenos días – dijo sin saludarme de beso, además de que su voz sonó un poco ronca
— ¿Qué?, así sin beso de los buenos días – reclame – porque la mascarilla, ¿Estás enferma?
— Lo siento es que creo que me dará un resfriado y no quiero contagiarte. — respondió, pero su respuesta por alguna razón no me convenció. — vamos, ¿sí? – pidió un poco nerviosa.
Sin embargo, algo en ella no me pintaba bien, Ava rara vez actúa de esa manera, solo lo hace cuando está molesta o triste, y hasta donde recordaba habíamos hecho las paces por el incidente del restaurante e incluso nuestra conversación de las buenas noches termino bien. Así que no podía dejarlo pasar.
— Muñeca, ¿qué pasa?, estás actuando muy extraño.
— No es nada… solo salgamos de aquí, por favor. — dijo recargándose sobre la ventana, evadiendo mi mirada.
— Ok, adonde quieres que te lleve… estaba pensando que tal vez podíamos pasar el día juntos, pero si te sientes mal, creo que lo mejor es ir a casa. — ella se quedó callada por un momento mientras arrancaba y salía del estacionamiento.
— ¿Puedes llevarme a un lugar que esté lejos de todo?
Conduje por un largo tiempo, quería llevarla a la zona de playa más bella de la ciudad, uno de mis paisajes favoritos y donde se encontraba mi tercer refugió. Esos que te transmiten paz y calma en los días que necesitas un respiro y no sé por qué, pero supuse que ella lo necesitaba, no pregunto nada, solo se dedicó a ver por la ventana en silencio, su actitud no me agradaba, pero decidí darle su espacio. Antes de llegar a nuestro destino hicimos unas cuantas paradas, compramos algo de comer y algunas cosas como agua, gaseosas, bocadillos y golosinas en un autoservicio de paso.
Al llegar a una zona más alejada y privada de la ciudad, donde solo hay casas o cabañas de playa, ella volteó a verme, creo que durante todo el camino venía tan perdida en sus pensamientos que ni siquiera presto atención.
— ¿Te gusta?
— Me encanta… ¿Dónde estamos?
— En mi refugio número tres – frunció el ceño aun con las gafas puestas. — está cabaña la compre hace tiempo y solo vengo cuando quiero aislarme, tiene la misma función que mi barco.
— ¿Cuántos refugios tienes?
— Solía tener tres, pero ahora tengo cuatro… mi música, mi barco, esta cabaña y ahora tú – dije son sinceridad antes de bajar.
Tomamos todas las cosas del auto, caminamos hacia la entrada, abrí la puerta, pero como tenía tiempo sin ir, obviamente estaba lleno de polvo. Mi plan era otro, no lo sé llevará a algún parque de diversiones o un acuario o donde sea.
Pero al escuchar su petición pensé en un paraje más privado para ambos, no tenía ánimos de limpiar, lo cual nos quitaría mucho tiempo. Entonces decidí que pasaríamos el día en la parte de trasera de la cabaña, la cual tiene una hermosa vista al mar, caminamos hacia la orilla y luego de bajar las cosas, ella se quitó los zapatos y se sentó en la arena. Seguía sin quitarse todo lo que cubría su cara y comenzaba a molestarme que se ocultara de mí, me senté a su lado, pero no pude más.
— ¿Puedes quitarte todos eso de encima, por favor?, me molesta verte así de tapada… Hace calor. — ella se quedó quieta sin responder. — ¿Qué me ocultas, que no quieres que te vea he? – pregunte un poco inquieto, por su actitud.
Ella siguió sin decir nada, solo se quedó viendo hacia el mar y luego de unos minutos, se quitó las gafas, soltó un lago suspiro antes de mirarme a los ojos, los suyos lucían hinchados, tristes y nublados a punto de hacerse agua de nuevo. Me incliné para acercarme más a ella, no me dio tiempo de preguntar por qué me abrazó con fuerza antes de soltarse a llorar entre mis brazos y no dude en ofrecerle refugio.
— ¿Qué pasa muñeca? – pregunté preocupado, ella negó con el rostro oculto en mi pecho, me dolía verla así, sobre todo porque confiaba que no era mi culpa, la cuestión era ¿Por qué? – Ava amor, dime algo, por favor… me asustas, ¿Qué pasa?
— Nada, solo abrázame – dijo con la voz quebrada por el llanto.
— Amor, por favor, confía en mí, déjame ser más que tu esposo, déjame ser tu amigo y tu soporte… sea lo que sea, dime, no tengas miedo. — dije dándole golpecitos en la espalda para consolarla.
Sin embargo, solo lloro hasta que saco todo que tenía dentro. Luego de unos minutos, cuando se tranquilizó un poco, se alejó un poco si verme a los ojos, sin poder con la curiosidad le quite el cubrebocas empapado por sus lágrimas. Su cabello calló sobre su mejilla, lo parte y una nube negra me nublo los sentidos al ver las marcas en su rostro.
— Pero, ¿Qué es esto? – dije lleno de ira – ¿Qué mierda te paso en la cara, Ava?, ¿Quién se atrevió a tocarte? – grite levantándome, era demasiado para mí, ella se quedó callada – Contesta o iré yo mismo a preguntarle a tu familia… ¿Él te ha golpeado?, tu padre… fue él, ¿no es así? – negó de inmediato, pero sabía que mentía, siempre sospeche que la intimidaba, supuse que verbalmente, pero esto… es demasiado. — no me mientas Ava por favor, soy tu esposo y nadie te va a proteger de quien sea más que yo ¡Carajo!… lo voy a matar, me importa un cuerno si es tu maldito padre. — dije caminando hacia la cabaña para ir por él, pero ella se levantó y me sujeté de la cintura para detenerme.
— Kayden, espera por favor… cálmate.
— Por favor nada. — me di la vuelta para verla, pero agacho la cabeza. — mira cómo tienes el rostro, te ha roto la boca… ¡Joder!, como pude hacerte esto, eres su hija, ¡Maldición!, su hija, su sangre — grité furioso — Ava, eres un ser humano y como puedes permitir esto… en que jodido mundo vives.
Exploté, no podía concebir tal agravio contra su persona, a ella que es tan pura, tan especial, tan frágil… a pesar de aparentar lo contrario… juro que quería matarlo, aunque se tratase de su propio padre.
— Yo… me lo he bus… — sellé sus labios cuando intento justificarlo.
— Ni te atrevas a decir que es tu culpa, porque ni la ofensa más grave del mundo merece tal castigo… además eres una mujer casada… ¡Carajo!, ni siquiera por mi mente ha pasado jamás tocarte de esa manera. — la sangre me hervía por dentro del coraje hacia ese hombre. — dime la razón, por la cual te ha golpeado – ella negó, no quería hablar. — Ava… DIME o prefieres que se lo pregunte a él directamente.
— No, no, te lo diré – se apresuró a decir y me miro a los ojos. — papá se encontró con Dylan ayer en el centro comercial, lo cual le pareció demasiada coincidencia – paso saliva. — interrogo a Gaby y la obligó a contarle todo…
— ¿Cómo?, hermana se lo contó a sí como así, ¿sin consultarte nada? – negó.
— La molió a golpes para que hablara, Kayden — respondió dejándome en shock, pero qué bestia. — intente negarlo y explicarle como fueron las cosas, pero…
— Te pego – terminé la frase por ella.
— Sí… no lo vi venir, quise evitar todo esto, pero mi padre no entiende de razones, solo las suyas. — dijo entre las lágrimas que comenzaron a salir, sin más la abrace para hacerle saber que ahora me tenía a mí a su lado.
Con cada palabra que salía de su boca, mis ganas de matar a su padre y de paso al imbécil de Dylan por arruinar nuestra paz se hacían más grandes. Todo iba bien entre nosotros, comenzábamos a avanzar hasta que ese idiota reapareció en nuestras vidas. Acepto también que, si no hubiera sido por su aparición repentina en nuestras vidas, y no habría acelerado mis planes de terminar con Monse. Al principio solo tenía que lidiar con ella, pero en cuanto ese tipo se acercó a ella y escupió toda esa bazofia sobre ella reaccione.
— Amor, te juro que jamás permitiré que tu padre vulva a tocar ni siquiera un solo pelo tuyo… de mi cuenta corre que le quede claro que ya no tiene derecho a tocarte o gobernar sobre ti.
— ¿Qué vas a hacer? – preguntó asustada. — Kayden, si papá sabe que…
— Ava… por dios, ¿cómo pretendía que no me diera cuenta?, mira cómo te ha dejado la cara, ¿me creen tonto? – negó agachando la cabeza. — ahora entiendo muchas cosas, por eso no regresaste a casa y mucho menos quisiste hacer videollamada. — dije acariciando sus mejillas hinchadas. — te juro que ahora mismo los golpes que le di a ese idiota se me hacen insuficientes para compensar el problema que te ha provocado… lo voy a matar. — grité cabreado, ella sujetó mi rostro ente sus manos y me hizo verla a los ojos.
— Le he dicho a mi padre que tú lo sabes y que lo has puesto en su lugar y que ahora solo me debo a ti… mi esposo… en cuanto a Dylan, no vale la pena, tarde o temprano se cansara de esperar algo que jamás llegará. — observe sus ojos tristes.
— No debió tocarte – acaricié su mejilla hinchada y roja. — se me hace increíble, ¿Cómo puede hacerle esto a su propia sangre?
— Esto no es nada, Kayden, ya estamos acostumbradas, esto no es nada comparado con el pasado. — dijo y abrí los ojos como platos.
— ¿Quieres decir? – pregunté incrédulo…
Sonrió antes de darse la vuelta y camina hasta la orilla para dejar que el agua del mar acaricie sus pies, la abrace por la espalda, enterré mi rostro en la unión de su cuello, cerré los ojos e inhalé su delicioso aroma que se difuminaba con la brisa del mar.
— Cuéntame muñeca, comparte conmigo tu triste carga. — coloco sus manos sobre las mías, restregó su mejilla contra mi cabeza inclinada y luego cerró los ojos.
— Mi vida no era un lecho de rosas Kayden – hizo un intento de sonrisa que más bien fue una mueca.
Antes de que continuará, le hice señas para que nos sentáramos sobre la arena y así poderla escuchar con calma, ella necesitaba desahogarse y yo necesitaba conocer más acerca de ella. Se acomodó entre mis piernas y la abracé de nuevo.
— Mi familia no es ni la mitad de lo que es la tuya y no me refiero a lo material… en tu casa por lo menos hay risas, bromas, festejos y unidad a pesar de las diferencias entre ustedes. En mi casa solo gritos, reglas, limitaciones, exigencias, castigos, golpes, las palabras hirientes y denigrantes cuando no se hacía lo que él deseaba. La diversión, alegría, los deseo, los sueños, la libertad y las muestras de amor están prohibidas en mi casa, madre e hijo son iguales, fríos, insensibles, codiciosos. ¿Cómo crees que me obligo a casarme contigo? – dijo y la hice girar para mirarla a los ojos.
Ella continuó hablándome sobre su horrible vida y los actos bestiales de su padre con ellas tres. Juro que en mi mente me imaginaba una de esas películas en blanco y n***o, de esas mexicanas, donde el hombre machista era el protagonista y la mujer la sumisa. La imagen de Gerardo San miguel en mi mente no era de un hombre sino de un monstruo.
— No sé ni qué decirte, muñeca… juro que me has dejado mudo con todo lo que me has contado. — dije aferrándome a su cuerpo. — sabes, antes cuando te veía nerviosa frente a él supuse que era de esos padres estrictos con sus hijos, no sé, regaños, gritos a lo mucho, su actitud frívola contigo, siempre me parecieron extrañas. Pero nunca me imagine algo así… tu padre no solo es un hombre aterrador y enfermo, es un monstruo, ¿en qué época cree que vive?, y tu mamá, ¿cómo ha podido soportar y permitir tantos abusos?
— No lo sé… las veces que le hice la misma pregunta y le dije que nos fuéramos lejos de él… ella respondía lo mismo; es la vida que me toco, es mi esposo y aunque no lo pienses lo quiero, con el tiempo aceptamos que lo que decía era verdad y que esa era la vida que nos había tocado vivir.
— No digas eso, Ava, ninguna mujer merece un trato así… nada puede justificar lo que tu padre hace… este tipo de violencia en inaceptable y tu padre debería ser castigado, en la actualidad la ley te protege. — de pronto recordé las veces que le grite y que me mostré fuera de control con ella. — Ava – ella se giró para verme. — lamento mucho haber sido agresivo contigo, nunca fue mi intensión que…
— Pero, no es tu culpa… tú no sabías nada sobre mis traumas familiares, en ese momento ambos estábamos pasando por una situación un poco complicada. Fuimos obligados a casarnos, no nos conocíamos y ya sabes todo lo demás, acepto que tu actitud me asusto e incluso llegué a imaginar que en algún momento tú… —
— Eso jamás Ava, ni de chiste supongas eso… yo podre ser un idiota, celoso, posesivo y un poco loco a veces, pero te juro que sería incapaz de tocarte.
— Lo sé… ahora lo sé – beso mis labios y como negarme a ello.
— De ahora en más… Yo Kayden Lynch, te prometo a ti Ava mi esposa, mi muñeca, mi ángel y el amor de mi vida… que solo viviré para compensar cada golpe que recibiste por mí y los que no también. Prometo que a mi lado solo recibieras besos en lugar de golpes… palabras de amor para borrar las cicatrices de tu alma. Y cuando discutamos por mis errores, inclinaré la cabeza, pediré perdón y aceptaré mi castigo divino.
Volvimos a besarnos, separarnos y ella se volvió a acomodarse entre mis brazos, colocando sus piernas sobre la mía y su cabeza sobre mi pecho mientras disfrutábamos de la brisa matutina del mar. Acaricié su cabeza con suavidad, quería borrar los malos momentos de su vida, quería que se olvidara de todo y que solo pensara en nuestro futuro que sin duda sería distinto.