Capítulo 10 – Me tengo que casar
Mi madre me contó todo sobre los planes de mi abuelo y la tía Ivana para conseguirme a la esposa perfecta, nótese el sarcasmo, según ella, lo primero que pasara es que mi tía como encargada de los asuntos familiares por disposición del abuelo. Viajará primero a México, lugar de donde es originario el abuelo, para reunirse con la hermana, algunas viejas amistades del abuelo y algunas familias adineradas, otras no tanto, pero todas de buena presencia social. El abuelo acordó con su hermana y su esposo reunir a dichas familias en un almuerzo privado, para que la tía se entreviste con las familias y las posibles candidatas para mi matrimonio de papel.
Eso es lo más anticuado que he escuchado en toda mi vida, me pare increíble que en estos tiempos aún hagan ese tipo acuerdos matrimoniales, es como si hubiera un mercado de esposas donde uno asiste y elige cuál comprar. Cuando la tía tenga a las candidatas perfectas, mis padres y yo viajaremos para conocerlas una a una, aunque la decisión definitiva la tomarán mis padres, solo espero que elijan a la mejor y que no sea una de esas mujeres caprichosas y santurronas. Y mucho menos espero que sea de esas apretadas, ya que eso arruinaría mis planes.
Analizo mis posibles salidas, pero no encuentro ninguna, estoy hasta el cuello por idiota… ¡MALDICIÓN!
Saludo al resto de la familia cuando salimos del despacho, mis hermanos mayores no dudan en regañarme por mis tonterías, Kendry solo se burla de mí por la situación en la que me encuentro, es un dolor de h***s, pero lo quiero mucho.
— ¡Tío! — gritan mis pequeños torbellinos mientras corren a mis brazos, así que me arrodillo para quedar a su altura y poderlas abrazar.
— Mis pequeñas princesas, ¿cómo están?
— Bien tío, ¿Qué crees? – dice Kiras la mayor.
— ¿Qué?, no me digan que ya no me quieren – hago un puchero y ellas ríen.
— No eso jamás – responde Olivia, la más pequeña.
— Ganamos el campeonato de escolar, nos dieron medallas de oro — presumen felices.
— Wow… esas son mis campeonas… en ese caso supongo que mis princesas se merecen un premio, así que tendré que buscar el regalo perfecto para mis pequeñas triunfadoras. — ellas gritan felices, su madre las llama para que vayan a lavarse las manos y ellas no dudan en obedecer.
— Y dime, hermanito — ahí viene Kendry de nuevo. — ¿Qué se siente pasar al siguiente nivel?
— Deja de molestar, que no estoy de humor.
— Imposible, es divertido saber que pronto dejaras de ser Kayden mujeriego King y te convertirás en el esposo perfecto de una pobre e inocente víctima. — me acerco y le doy un golpe en la cabeza, este se defiende y comenzamos a jugar pesado, pero nada demasiado agresivo.
— Pues yo espero que el matrimonio te haga madurar hermanito — dice Keila acercándose a nosotros.
— Bueno, pues si me lo preguntan a mí, yo opino que es bueno que te cases — frunzo el ceño y lo miro mal. — así podrás madurar un poco, como dice Kary, además de que podrías enderezar un poco tu retorcida vida, porque a este paso parece que el que tiene 16 años eres tú y no yo. — se burla.
— Coincido contigo Kendry, tal vez cambiaron de cuerpos – bromea Kary.
— Qué chistosos – respondo sarcástico – y me temo que su deseo se cumpla, porque señor maduro – me dirijo a mi pequeño hermano – yo dudo mucho que el matrimonio me haga cambiar, es más declaro que nada en este mundo me hará cambiar, así nací y así me moriré. Al contrario, juzgo que el matrimonio es mi peor castigo, mi sentencia a muerte. — digo de manera dramática y ellos se sueltan reír.
— Qué dramático eres – resopla Karin.
— Solo deja que las cosas se den Kay, no pierdes nada con intentar — es extraño que un niño de 16 años me dé consejos cuando debería ser al revés, pero la realidad es que Kendry es todo lo opuesto a mí, es tímido, reservado y muy perceptible.
— Trataré, porque no tengo de otra.
— Tú puedes tigre – se burla mi hermana abrazándome. — uno nunca sabe lo que le prepara el destino, yo tuve suerte cuando conocí a Orlando, ¿Por qué tú no?
Todos tomamos nuestros asientos en el gran comedor en espera del gran jefe, cabecera de la familia y el dueño de nuestras vidas. Pero tal parece que el abuelo aún no me perdona y no me quiere ver la cara, pues minutos más tarde Homero, su mayordomo, se acerca a nosotros para anunciar que no saldrá a comer.
Comemos sin él y al terminar me despido de todos antes de subir a mi habitación. Me voy a mi espacio personal, donde tengo todo mi equipo de sonido y mi torna mesa, intento concentrarme, pero no lo logro. Me siento tan molesto, frustrado, presionado y triste, no comprendo cuál es el afán del abuelo en hacerme la vida imposible.
Todos en esta casa hacen lo que él dice y nadie es capaz de oponerse, Karin se casó con un buen hombre hijo de un empresario textil, la verdad es que ellos tuvieron suerte de conocerse y enamorarse profundamente el uno del otro, mientras trabajaban juntos. Mi abuelo y su socio vieron que ellos se entendían bien y acordaron un buen matrimonio entre ellos. Luego de un año de matrimonio tuvo a su primera hija Kiras, dos años más tarde tuvo a su segunda hija, Olivia, no tuvo la suerte de tener al tan deseado heredero y eso no le molesta ni a nosotros, pues adoramos a esas pequeñas, terremotos.
Por otro lado, Kendall el mayor de nosotros, ha sido el único que se casó con quien él mismo eligió, Casandra, una hermosa abogada que conoció en la universidad. Han sido muy felices y unidos durante los años que llevan de matrimonio, lamentablemente después de tantos años no han podido tener hijos, resulta que la matriz de Cassie es demasiado débil y no soporta los embarazos. Han llevado tratamientos, pero nada les ha funcionado y eso es un tanto frustrante para ambos, pues a pesar de las exigencias de la familia con lo del heredero, ellos realmente desean ser padres. Y eso sin contar lo mal que se pone ella emocionalmente cada que pierde a un bebé en cada intento.
Si analizamos a la familia, para mí todo está bien, pero tal parece que para el abuelo no es suficiente que mis hermanos cumplas sus absurdas reglas. ¿Por qué quieres controlar mi vida también?, miles de preguntas rondan en mi cabeza hasta el punto de causarme un intenso dolor de cabeza, decido olvidarme de todo por un momento y me duermo un rato.
Días más tarde, camino de un lado a otro, me siento como si fuera un animal enjaulado sin saber qué hacer para entretenerme. Me siento un poco estresado y necesito desahogar toda mi frustración con algo, ¡Dios!, necesito follar. Llevo dos días sin salir, sin ver a Monse o a cualquier otra chica, siento que las pelotas me van a estallar de lo llenas que están y ni mi mano logra apaciguar mis necesidades básicas.
Desde aquella plática en la biblioteca mamá me pidió que no saliera hasta que el abuelo se calmara y no me quedo más que acceder, Mon me llama a cada rato lo que me incita a salir, pero me contengo de hacerlo. Sin embargo, ya no aguantó más la abstinencia, soy un hombre sexualmente muy activo y no me resisto más, así que sin más tomo una pequeña maleta y decido salir por mi salida secreta. La mansión se encuentra a la orilla del mar, y cada uno tiene su propio yate privado, le llamo a Eros para que me encuentre del otro lado con el auto.
Al llegar al puerto le ordeno a Eros que me lleve al departamento de Mon, necesito desahogarme, aunque sea con sexo, al llegar, me abre la puerta, trae un pijama sencillo, pero muy sexy y fácil de quitar. Sonríe al verme en la puerta… está lista para decir estupideces, no la dejo. Sujeto su nuca para atraerla hacia mí, la beso con hambre y desespero, la llevo hasta la habitación, rompo su ropa dejándola desnuda y un poco sorprendida ante la acción.
— Amor, ¿pasa algo?
No respondo, me desnudo con prisa, le doy la vuelta y la empalo de un solo empujó sin previa preparación, grita y gime ante la brusquedad, pero no me detengo. La embisto con fuerza, tomo sus muñecas llevándolas hacia su espalda para ir más adentro, grita, jadea y gime. Descargo toda mi frustración y enojo contra su cuerpo con cada empujón, sé que estoy siendo rudo con ella, pero ella no se queja y tampoco se niega a complacerme, me conoce y sabe que cuando estoy molesto soy así. Doy unos cuantos embistes más y salgo de ella para correrme en su espalda, no use condón y aunque sé que se cuida, no quiero accidentes.
Me dejo caer a un lado de la cama y ella no tarda en acurrucarse en mi cuerpo, nos quedamos en silencio mientras recuperamos el aliento. Dibuja círculos sobre mi pecho sudado haciendo que me relaja un poco hasta que no puede más y rompe el agradable silencio.
— Me dirás, ¿Qué es lo que te pasa?
— Todo este maldito problema me trajo más y más graves.
— ¿Qué?, ¿Por qué lo dices?, no se supone que y quedo aclarado. — cierro los ojos mientras busco las palabras adecuadas para decirle las cosas, siempre hemos sido honestos el uno con el otro. — Kay, dime, ¿Qué paso?
— El abuelo está molesto y aunque ya ese haya aclarado el asunto… insiste en fastidiarme la vida.
— ¿Te castigo? – dice en tono de burla.
— Montserrat…
— Huy dijiste mi nombre completo… esto es malo. — bromea.
— Muy malo – afirmo, se acomoda sobre mi pecho para mirarme a los ojos. — el abuelo quiere que me case cuanto antes. — frunce el ceño.
— ¿Qué has dicho? – pregunta incrédula.
— Lo que escuchaste, me tengo que casar. — sus ojos brillan y me temo que ese brillo desaparecerá en 3… 2… 1.
— Pues casémonos y ya – responde feliz.
— Montserrat – la hago a un lado para ponerme de pie. — eso sería magnífico, supongo, pero me temo que hay un pequeño problema.
— ¿Cuál?
— No me puedo casar contigo. — se levanta de golpe.
— ¿Qué?, pero, ¿Por qué? – se mira un poco decepcionada. — llevamos años de relación, conocemos todo lo que debemos saber el uno del otro, te amo y me amas, ¿Por qué no podemos casarnos?
— Porque mi familia jamás te aceptaría como mi esposa – abre la boca indignada sin decir nada. — el estilo de vida que llevas y la reputación que te prevalece, no es la mejor… además, conoces a mi familia y sabes lo conservadora que es, comenzando por el abuelo. — pasa lo que no quería, comienza a llorar.
— Ósea que no tengo el valor suficiente para ser parte de tu estúpida familia – grita con decepción – Kayden, yo también soy rica, mi familia también es reconocida y respetada… eso es un gran indicio de que yo no voy detrás de tu dinero.
— No es por eso y lo sabes… mi vida es un desastre, la tuya no se queda atrás, tu vida no es nada discreta. — se levanta de la cama y me mira dolida. — vives bajo el ojo público todo el tiempo, vas de escándalo en escándalo, al igual que yo o aún peor. Te la pasas peleándote en público con cuanta mujer se te pare enfrente o te lleve la contra.
— Por tu culpa – me acusa. — si no fueras tan mujeriego, yo no haría tales escenas. — de un momento a otro esto se volvió una discusión un poco subida de tono.
— Porque eres tóxica y quieres privatizar mi atención, siempre dejamos claro que nuestra relación era cien por ciento abierta. — me mira sorprendida. — pero tú te encargaste de gritar a los cuatro vientos que eres mi dueña. — reprocho, lleva su mano al pecho en señal de estar ofendida.
— Kayden yo me he entregado a ti en cuerpo y alma desde la primera vez, eres el único en mi vida, y aun así permito que te metas con otras zorras para darte gusto. — llora – creo que eso me da derechos sobre ti.
— No, he sido el único en tu vida y lo sabes – me mira sorprendida. — creces que no sé nada de lo que paso en tu vida cuando nos separamos… pues lo sé todo y si no te dije nada es porque no me sentí con el derecho. En ese momento ambos éramos libres.
— Te largaste y me dejaste atrás, pero solo fue un par de veces, en cabio tú… te follaste a cuanta vieja se te atravesó en el camino… había un acuerdo entre tú y yo… eres mío… juraste serlo.
— No, soy de tu propiedad, ni de la de nadie. — espeto molesto.
— No claro que no, solo eres propiedad de los Lynch, una marioneta más de esa familia, he estado para ti siempre Kay, creo que al menos merezco un poco de exclusividad.
— Te la he dado… estoy contigo y te permito que controles todo a mi alrededor, ¿Qué más quieres?
— Te pedí que nos comprometiéramos y no quisiste, siempre evades el tema… y ahora que tu familia dictamina que tienes que casarte con cualquier mujer, solo aceptas … ¿Qué mierda soy para ti Kayden?, eres un maldito egoísta.
— Si eso es lo que piensas, juzgo que no hay más que decir. — tomo mi ropa y comienzo a vestirme para irme.
— Yo puedo cambiar Kayden – dice de repente descolocándome un poco por su cambio de actitud. — Yo, puedo renunciar a todo por ti – volteo a verla un poco aturdido. — mi carrera, mi vida, puedo hacer todo a un lado solo para convertirme en la esposa que ellos esperan que sea. — la miro a los ojos sin saber qué decir. — puedo hacer cualquier cosa con tal de que no me alejen de tu vida – llora con intensidad y eso me atormenta, me acerco a ella y la abrazo.
— Eso sería egoísta de mi parte…
— Te amo demasiado… te amo más que a mi propia vida, sin ti no soy nada.
— No lo merezco Monse… no quiero que te sacrifiques por mí, soy un maldito egoísta, te he sido infiel un sin fin de veces… no valgo nada…
— Para mí eres lo más valioso… yo quiero hacerlo por ti.
— No deberías… si algo me gusta de ti es tu forma de ser, tu libertad para ser quién eres, ¿Por qué cambiarias todo eso?
— Porque te amo…
— Que no ves cómo es la vida de mi familia, mi madre, mis hermanos. Es tan frívola y monótona, Montserrat, es injusto que te sacrifiques de esa manera solo por mí, no lo merezco.
— No me importa… con tal de estar a tu lado, soy capaz de sacrificarlo todo, quiero ser tu esposa, la madre de tus hijos, Karla y Marcus. — me duele verla así. — vamos a hablar con tu abuelo, yo le diré que estoy dispuesta a lo que él quiera.
— El abuelo decidido que me case con una mujer de su país, iremos a México a conocer algunas opciones. — suelto de golpe y ella abre la boca sorprendida.
— Kayden, pero, ¿en qué siglo vive tu abuelo, he? – dice molesta e indignada.
— En el que sea, es quien decide por todos y mientras yo siga viviendo de su fortuna, no puedo hacer nada más que obedecer, eso lo has sabido desde qué nos conocemos. — triste, pero es verdad, aunque me cueste aceptarlo.
— Pues renuncia a todo, vente a vivir conmigo, yo tengo mucho dinero, yo puedo patrocinar tu carrera de DJ y hacer que seas famoso. — sonrió.
— Jamás aceptaría eso, Mon, me conoces bien y lo sabes.
— Y, ¿Qué pasará con lo nuestro?, ¿me vas a dejar así nada más?
— No lo sé, lo mejor sería separarnos y que cada uno siga con su vida. — sus ojos se vuelven a llenar de lágrimas, camina hacia mí y se aferra a mi cuerpo.
— No quiero… te amo y solo de pensar que me dejaras, me destruye por dentro… prefiero morir.
— Monse… no digas eso.
— Me niego a que estés con otra, legalmente le pertenecerás a otra que no sea yo — me voltea a ver con los ojos bien abiertos — y si te enamoras de ella… — sonrío, porque eso claramente será imposible.
— Amor… esto es solo un negocio para mí, si no lo hago me quedo en la calle y no es que le tenga miedo al mundo, eso es lo que más deseo vivir lejos de mi familia, pero para mis planes a futuro… la calle en este momento no es la mejor opción. Me falta mucho para ir en contra de ellos y abrirme mi propio camino.
— Me juras que no dejarás que cualquier mustia nos separe.
— No pienses en eso…
— Te amo — me abraza y se refugia entre mis brazos.
— Y yo a ti. — dejo un beso en su cabeza.
Se aferra mi cuerpo, la envuelvo entre mis brazos para hacerla sentir segura de mis palabras, pues es verdad no planeo enamorarme de la desconocida que se convertirá en mi esposa, eso es imposible. Le hago pequeñas caricias en el cabello, para que se relaje, Monse es una niña, cuando se pone triste. Sus padres siempre estuvieron de viaje y la dejaban sola con su nada, además de eso, siempre fueron muy superficiales y poco afectivos con ella. Desde que nos conocimos siempre estuve ahí para ella y viceversa, soy un maldito y me duele causarle este dolor, a pesar de que jamás planee casarme realmente con ella, la quiero.
— Podemos seguir a escondidas – dice de repente, abro los ojos y me alejo un poco de ella para mirarla totalmente sorprendido.
— Te das cuenta de que oficialmente serías la amante. — asiente – ¿podrás vivir con eso?
— Mientras nunca dejes de amarme, de ser mío, mientras nunca cambies conmigo y yo, solo yo sea tu prioridad… puedo soportarle. — me mira a los ojos. — solo prométeme una cosa.
— ¿Qué?
— Que solo te casas por obligación y que nuestra relación nunca quedara en el olvido.
— Si eso te hace feliz… está bien, lo prometo. — sonríe y luego se acerca a mí para besarme feliz por mi respuesta, el beso se vuelve un tanto fogoso y exigente, no me resisto a la insinuación de celebrar un trato entre amantes y me la vuelvo a follar.
Me levanto de la cama dejado a mi amante dormida, me visto y salgo de ahí, tengo que regresar a casa a organizarme para el viaje que me llevara a mi cruel destino. Solo espero que la mujer que escojan no sea un dolor de cabeza y que entienda la posición que ocupara siempre en mi vida.