Capítulo 21 – Me niego.

2538 Words
Capítulo 21 – Me niego. POV… Mientras tanto las cosas en la casa de la familia San Miguel, estaban muy tensas, luego de que los Lynch abandonaron de la casa, Ava regreso en sí y sin pensarlo se enfrentó a su padre negándose a aceptar ese absurdo matrimonio. Sus sueños, anhelos y esperanzas de ser libre algún día para elegir su propio destino estaban en juego y no iba a renunciar a ellos tan fácilmente, Ava supuso que en cuanto su hermana se casara con la familia rica, su padre se conformaría con ello y su vida sería menos pesada, pero sin duda estaba muy equivocada. Ava Esa noche fue la tercera vez que me revelaba ante mi padre, la primera fue cuando golpeo a su madre hasta que ya no pudo más y la segunda cuando se desquitó con Gaby por haber perdido un sobre con dinero, lo cual fue culpa suya y por último está en la que defendería mi dignidad como persona. Mamá y mi tía, me veía con angustia, podía ver en sus ojos el reflejo del dolor y la impotencia que sentían al no poder hacer nada por mí, hacerlo sería inútil. Mi abuela se mantuvo en silencio como siempre, así que no me quedo más que defenderme a mí misma. — Papá, se lo suplico… no me obligue a hacer esto, por favor — me arrodillé frente a él. Sentado en el sofá cruzado de piernas y sin una pizca de piedad o remordimiento, por lo que acaba de hacer con sus hijas, respondió. — Ava, llevas un anillo que debe valer millones en las manos — expreso con un brillo espeluznante en los ojos. — eso significa que ya no hay nada que podamos hacer… yo no pienso faltar a mi palabra. — dijo sin más. — Pero, yo no quiero casarme con un hombre al que no conozco. — ¿Acaso he pedido tu opinión?, ¿crees me he esforzado en presionarlas y darles lo mejor para no esperar nada a cambio?. — pregunto dejándome estupefacta. — De mis dos hijas eres la más inteligente, debiste suponer que el momento de pagar por todo lo que les he dado algún día llegaría. — dijo de manera fría, lo que termino de estrujarme el alma. — Lo sé, papá… sin embargo, debe tomar en cuenta que aún soy muy joven para el matrimonio, es por eso que es mi hermana quien debería casarse y no yo. — dijo entre sollozos. — padre, me he esforzado mucho en cumplir sus exigencias para cuando llegue mi turno de ir a la universidad, ese es mi anhelo más grande… por favor no me lo niegue. — suplique abatida. — Ellos te eligieron a ti y eso no está en discusión, créeme Ava es mejor que te cases con esa familia o tu destino podría ser peor. —dijo de una manera algo extraña. — Y que pasara con la universidad… yo quiero ir papá, espere tanto para este momento. — Eso no importa en este momento – respondió molesto. — entiende que este matrimonio nos beneficia a todos y no voy a permitir que lo eches a perder. — se levantó con una expresión aterradora en el rostro que me hizo estremecer. — Ava, aunque te niegues nada cambiara porque al joven Lynch, le has gustado tú, y no tu hermana, aunque es no de asombrarse, ya que eres la más bella de mis nietas. — dijo a la abuela con deje de cinismo. No pude evitar sentir odio y repudio ante sus palabras, no era la primera vez que hacía ese tipo de comentario tan degradante hacia mi hermana. La belleza de Gaby era igual a la de mi madre, física y emocional, yo, por mi parte, era igual a mi bisabuela, según me contó mi tía Teo. Aun así, ambas teníamos la misma sangre y odiaba que nos compararan de esa manera. — Mira Ava, si quieres estudiar – habló mi abuela de nuevo llamando mi atención. — solo debes ser una esposa, buena, obediente y complaciente con tu esposo, si lo haces te puedo asegurar él que te darán todo lo que le pidas, incluso y a la mejor universidad. — abrí la boca sin poder creer, es que no tenía un poco de compasión por mí, mi cuerpo se desplomó sobre mis piernas… mis lágrimas salían sin poderlas controlar. — Papá, se lo ruego – suplico una vez más — ¿Cómo voy a casarme?, aún tengo 18 años, ¿Qué sé yo del matrimonio? — Por dios, niña, ni que te fueras a la cárcel o a la guerra – resoplo su abuela. — el matrimonio no es tan malo como lo piensas, solo debes aprender a complacer a tu esposo como toda mujer, para ello no hay una edad específica. — un escalofrío me recorrió el cuerpo ante esa frase, amo a mi madre con todo mi corazón, pero la sola idea de ser como ella en ese aspecto me aterra. — o como yo lo fui en su momento con tu abuelo. — Hermana, pero, ¿Cómo puedes hablar de esa manera? — ¿A qué te refieres? — A que gracias a ti todos nuestros conocidos se enteraron de que Gabriela, se comprometería esta noche, tú te encargaste de esparcir ese rumor por todos lados. — le aclaro mi tía, ganándose una mirada de reproche. — ahora, dime, ¿Qué crees que opinara la gente cuando se enteren de todo este embrollo? — ambos la miran con desdén porque saben que tiene razón. — es justo que Gaby quede como la dejada y Ava como la roba novios… pueblo chico infierno grande decía papá. — amo a esta mujer, porque sin duda es la más sensata de la familia. — Que dices mujer, claro que nos importa… pero, el trato está hecho, ¿no es así, Gerardo? — Así es, júzgueme cuando les digo que Ava estará mejor en esa familia. — ¿Por qué lo dices? — preguntó mi madre. — No preguntes, yo sé por qué lo digo… así que dejen de darle vueltas al asunto, Ava se casara y es mi última palabra. — Papá, por favor, no… — ¡No, Ava!, ya deja de buscar excusas. — inquiero su padre poniéndose de pie para ir por un trago. Mi corazón se agitó con la decepción ante mis intentos fallidos, en ese memento quería desaparecer y huir lejos. Faltaba la peor parte de toda esta m****a, sabía que la noticia sobre mi compromiso con el que debía ser el prometido de mi hermana, la mataría de dolor al ver sus ilusiones rotas a causa de su propia hermana. Por otro lado, también me preocupaba Dylan, hace pocas horas le había prometido esperar por él para cumplir sus sueños de formar un futuro a mi lado, por fin me había decidido a corresponder a su amor de la misma manera. Lo adoraba, y por eso me costaba mucho aceptar que mi vida tomara otro giro, donde él no estará en mi vida. Me negaba a renunciar a mis sueños y sobre todo me negaba a lastimar a Dylan de esa manera, porque no lo merecía. Mis lágrimas brotaban sin contención… aun así tome un último bocado de valentía y… — ¡No lo haré! – grité a pulmón levantándome del suelo para enfrentar a mi padre frente a frente, él me miro furioso ante mí desafió, pero no estuve dispuesta a ceder. — me niego… no lo haré y no vas a obligarme, prefiero huir lejos de aquí. — grité, furiosa y desesperada. En ese momento mi padre perdió los estribos y sin anticiparlo hizo retumbar la primera bofetada de tres que me dio, antes de hacerme caer al suelo con el labio roto. Si me preguntan si me dolió, la verdad es que no me dolió tanto como sentir que era un objeto y sobre todo que nadie era capaz de defenderme. — Te atreves a retarme… quiero que te atrevas a intentarlo y verás como regresas arrastrándote a pedir perdón… tonta, mal agradecida. — dijo levantando la mano para golpearme nuevamente, pero mi madre y mi tía se abalanzaron contra él para detenerlo. — Gerardo por favor. — gritó mi tía — detente, con golpes no vas a solucionar nada. — Apártense, o no respondo – gritó papá, ellas lo hicieron por miedo. Mi madre temblaba de miedo e impotencia, intento decir algo, pero solo basto una sola mirada de mi padre para que ella se congelara y se alejara de él. Y por si fuera poco en ese fatídico momento, Gabriela tuvo que hacer acto de presencia, como no hacerlo después de escuchar todo el alboroto que teníamos. Al verme en el suelo echa un mar de lágrimas, corrió hacia mí y me abrazo con todas sus fuerzas. — ¿Qué pasa?, Ava, ¿por qué estás en el suelo?, papá, ¿Por qué la golpeas?, ¿Qué ha hecho ella para que la trates así? – pregunto angustiada, yo por mi parte no pude con las pinzadas de mi corazón ante lo que estaba por venir. — hermanita levántate, me ayudo a ponerme de pie y luego me abrazo. — Lo siento Gaby – musito entre sollozos mientras hundía mi rostro en su hombro. — yo no quería que esto terminara así — hipe — te juro que yo no quise que nada de esto pasara. — ¿Qué?, pero, ¿de qué hablas? — preguntó preocupada, pero a ni no me salían la respuesta que ella quería escuchar. — Gabriela, hay algo que debemos decirte — mencionó mi madre un poco nerviosa. — ¿Qué paso con ellos?, se trata de los Lynch, no me digan que se retractaron… — mi madre asintió y ella de inmediato se arrodilló frente a él con la cabeza inclinada. — papá, yo lo siento mucho, te juro que no fue mi intensión estropearlo… fui una torpe… perdóneme por favor y no te desquites con Ava. — Aunque me decepciona lo inútil y torpe que eres a veces como tu madre, eso ya no importa. — respondió él si más y Gaby levanto la mirada. — ¿Qué?, ¿a qué te refieres? – mi padre se dio la vuelta, camino hacia el bar para servirse un trago, dejando a mi hermana con la duda, yo quise decírselo, pero las palabras no salían de mi boca. — Hija, ellos decidieron que tu hermana sea quien se case con el joven Kayden. — respondió la tía y entonces ella me miro con odio y reproche. — ¿Qué? — Gaby, te juro que yo no hice nada… ellos… papá. — había dolor en su mirada que se hizo agua ante las lágrimas. — Porque Ava, porque tenías que arruinar mi vida de esta manera con tu insoportable belleza. — dijo con recelo estrujando más mi alma. — tú mejor que nadie sabía cuánto anhelaba esto y ahora me lo has arrebatado. — Yo nunca quise que esto pasara, te lo juro… todo es culpa de él – señalé a mi padre quien me miro con advertencia, pero muy poco me importo que me moliera a golpes. — de una vez te digo que primero, ¡Muerta!, antes de casarme con ese hombre al que ni siquiera conozco y al que jamás voy a querer. — grité desafiante, sin más él se acercó a mí de manera amenazante. — Como te atreves a hablarme así, niña tonta. — me tomo del cabello con fuerza arrebatándome un grito de dolor. — soy tu padre, a mí me respetas y por si no te ha quedado claro, aquí se hace lo que yo digo, te guste o no. — se acerca a mi oído. — y si no lo haces por las buenas, por las malas, será. — Papá, por favor suéltala. — mi hermana intento ayudarme a pesar de sus sentimientos, nunca dejaría que él me lastime. — Gerardo… no le hagas daño por favor. — suplico mi madre. — No se atrevan a meterse en esto, parece ser que se les olvida que yo soy quien manda en esta casa, se les olvida que me deben todo. — gritó furioso — así que, cuando yo doy una orden, esta se cumplirá sin replicar… me han entendido. — Si – respondieron ellas, mientras a abuela y mi tía se mantuvieron al margen. — Prefiero morir antes obedecerte, me niego a casarme por dinero, lo que sea que quieras de esa gente, me oyes… — grité, luchando para soltarme de su agarre, de pronto me soltó y cuando volteé a para darle la cara, recibí otra bofetada. — Parece que necesitas más para entender, ¿verdad?, pequeña Ava. — estaba por molerme a golpes, pero… — No te atrevas a golpearla más, mucho menos en el rostro, que no ves que está a punto de casarse, esa familia puede pedir que se reúna con ellos por asuntos de la boda. Y si ellos la ven golpeada, ¿Cómo lo explicarás? — Eso es simple… ¿No lo crees? — Gerardo, ¡Por Dios!, usa la cabeza, no podemos quedar como una familia disfuncional frente a ellos. Mi padre suspiró antes de liberar mi cabello y luego me tomó del brazo para llevarme arrastras hacia un lugar que conozco a la perfección. La bodega que se situaba en la parte trasera de la casa, en ese sitio, era donde nos castigaba cuando de ellas no obedecíamos sus exigencias o fallábamos en algo. Por lo regular, yo era la más rebelde, así que, ya conocía la rutina de castigos. POV… Al ingresar en la bodega, Gerardo lanzó a Ava contra el suelo, se sacó el cinturón del pantalón y antes de propinarle 10 azotes en la espalda. Se acercó a su hija para decirle. — Siempre te has considerado muy lista… te lo advierto Ava, no arruines mis planes o te juro que tu madre y tu hermana te acompañaran en tu eterno calvario… te conviene casarte e irte hija, porque de lo contrario su infierno será peor. Ava lo vio con miedo, sabía que sus amenazas no eran en vano, ya estaba acostumbrada a los golpes de su padre, era la más rebelde y problemática de las dos hermanas. Pero la sola idea de que lastimen a su madre y hermana la aflige, así que antes de recibir los azotes, asintió. Mientras los golpes resonaban en la habitación, del otro lado de la puerta, Amada y Teodora suplicaban que se detuviera, pero, Gerardo jamás se detenía cuando comenzaba un castigo. — Te quedarás aquí reflexionando sobre tu estúpida actitud, sin agua, sin comida y ni baño, hasta que entiendas que no puedes contra mí… acepta tu destino porque puedo ser peor. — con eso último salió. — ¿Por qué?, ¿Cómo puedes ser así con ella?, es tu hija. — preguntó Amanda entre lágrimas. — ¿Tengo que responder a eso? – la miro a los ojos sin una pizca de remordimiento. — nadie me lleva la contra y tu hija parece necesitar más golpes para entenderlo…
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