Capítulo 7 – Nuevo escándalo.
Kayden
Mi pequeño descanso terminó, así que sin más regrese a la gran cárcel de oro, a las que todos llaman hogar, ósea, a la enorme, exuberante y ostentosa mansión de los Lynch. Donde nadie puedo ser libre, de pensar, hablar o actuar por voluntad propia, sin que el gran jefe de la familia lo permita. Al ingresar al interior de la casa soy interceptado por mi madre, quien apenas me saluda, notó un poco nervios en su persona y eso es una alerta para mí.
Concluyo que es porque llegue tarde al sagrado desayuno familiar, una de las reglas absurdas de esta familia, es desayunar, almorzar y cenar juntos en familia sin falta. Mi madre no me deja preguntar nada, porque antes de que pueda abrir la boca me arrastra sin más hasta la biblioteca, donde nos encierra para hablar en secreto.
— Lo siento mamá, nos retrasamos un poco y…
— Kayden, ¿acaso quieres matar a tu abuelo de un coraje?
— ¿Qué?, pero qué clase de pregunta es esa. — ella saca un sobre de su bléiser y luego me lo entrega, frunzo el ceño. — ¿Qué es esto?
— Léelo, llego esta mañana y tu abuelo se volvió loco, Dios, no sales de uno y de nuevo te metes en problemas… un nuevo escándalo Kayden, eso es increíble. — refuta molesta, procedo a abrir el sobre y mientras avanzo leyendo siento que el aire me falta, una tal Rose Wilson, me demanda por violación.
— Esto debe ser una maldita broma, ¿cuándo yo he tenido que forzar a una mujer a tener intimidad conmigo? – respondo y la miro indignado. — esto es una vil mentira mamá.
— Sea mentira o no estás hasta el cuello, los padres de esta chica quieres que te responsabilices. — la miro sin entender.
— Y eso significa…
— Matrimonio Kayden querido…. Quieren que te cases con su hija o harán de esto un gran escándalo. — abro los ojos como platos.
— ¿Qué?, Ja, ja, ja, ni de broma… esto es una farsa, mamá, te lo juro, me conoces, sabes que sí, soy un maldito mujeriego… pero jamás abusaría de una mujer – paso mi mano por mi cabello – mujeres me sobran.
— Aunque no me enorgullece, lo sé – me da la razón – pero esto sigue siendo un problema, dime ¿Qué planeas a hacer con esto?… ¿Puedes demostrar lo contrario?
No respondo, saco mi teléfono y busco el nombre de la chica en las redes, encuentro unas cuantas, con el mismo nombre, se las muestro a mi madre y me señala cuál es. El teléfono timbra es Monse, la ignoro porque no tengo ganas de hablar con ella, la acabo de dejar en su departamento. Rechazo su llamada y luego llamar a mi amigo Carlos, su hermano es agente de la CIA, me contesta, le comento sobre mi problema y luego le pido que hable con su hermano para que me ayude a buscar sus antecedentes.
— Kayden, ¿te pregunté algo?
— Espera un poco mamá… te daré pruebas de que esa mujer miente, jamás en mi vida la he visto…
— Pues ella me mostró fotos donde está contigo en un antro, dijo que la drogaste. — abro los ojos como platos, pero qué mierda le pasa a la gente… malditos miserables ven dinero y todos se quieren lanzar.
Mi teléfono suena lo reviso y es Carlos, sí, así de rápido es, me comenta que me ha enviado un correo, agradezco, cuelgo y de inmediato abro el correo. Al ver de quien se trata, me enerva la sangre. Es la misma rubia que me coqueteo en el club hace dos noches, me mandó toda la información sobre ella, la leo y veo que tiene una membresía en Erotic Paradise. Sonrió, porque ya sé qué hacer para salir librado de este problema absurdo, llamo a mi amigo Zeus, el dueño del lugar, bajo la mirada curiosa de mi madre.
— Zeus, hola hermano, ¿cómo estás?
— Bien y tú, ¿Qué cuentas?, no nos has visitado.
— Estoy bien, un poco ocupado… pero pronto te visitaré.
— Eso espero, y bueno, ¿a qué le debo el honor de tu llamada?
— Necesito un gran favor tuyo.
— Pues, si está en mis manos, con gusto. — le explico lo que paso y le doy el nombre de la chica, después de una carcajada, me dice que tiene el material perfecto para ganarle y para que ella me pague una penalización por difamación.
— Gracias hermano… en un momento envió a Eros.
Al colgar abrazo a mi mamá y la levanto haciéndola girar, siento un alivio infinito, por un momento me vi casado con una loca.
— Kayden, hijo, ya bájame, me estás mareando – grita mi madre, la coloco en el suelo. — ¿Qué paso?
— Ya no hay de que preocuparnos, la chica es una joya y no es la primera vez que hace esto. — le muestro la información.
— Por dios, hijo, pero, ¿De dónde conoces a este tipo de mujer?
— La conocí hace dos días en un club de Miami, y fue ella quien se me acerco, pero Montserrat la espanto. — río al recordar que casi le arranca un pedazo de piel con las uñas.
— Esa niña y tú me sacarán las canas verdes que me he estado retocando. — aprieta mi mejilla, reímos.
— Cómo lo dije antes y lo sostengo, no tengo la necesidad de hacer nada para tener a una mujer, ellas vienen solitas a mí. — digo con el ego muy elevado, porque es verdad. — aún no existe la mujer que no caiga rendida a mis pies o que me haga rogar por ella.
— Pues no te confíes, ya habrá una que ponga tu mundo de cabeza. — se burla de mí intentando afectar mi ego.
— Lo dudo mucho, madre, no ha nacido la mujer que se resista a tenerme y hacerme caer en ese terreno borrascoso.
— Dios, ¿Cómo es que tuve un hijo tan…?
— Jodidamente guapo y encantador. — niega entre risas, no puede ganarme y lo sabe.
— Definitivamente, no puedo contigo – le doy un beso en la mejilla – anda, ve a tu habitación en cuanto tengas las pruebas, busca a tu padre…
— No vamos a, ¿desayunar?
— En serio preguntas eso – sonrió y ella niega. — tu abuelo está tan enojado que tomará el desayuno en su alcoba, no tiene ganas de ver a nadie. — le doy otro beso como despedida antes de salir.
Monik Petrova Lynch, es un ángel de mujer, como la mayoría en esta casa, se casó muy joven por acuerdo matrimonial con mi padre a los 18 años. Se hizo un acuerdo entre su familia y la mía, ellos no se conocían del todo, pero luego de casarse comenzaron a llevar las cosas y se hicieron muy unidos, papá la adora y no hay nada que no haga por ella.
Mi madre es hermosa e inteligente y siempre cuida, consciente, se preocupa por nosotros sus hijos, para ella somos lo más valioso y por eso nos protege con su vida, a pesar de nuestros defectos y errores, sobre todo los míos. No es una madre perfecta, como toda humana ha cometido errores, pero para mí es la mejor de mundo. Y me duele que por cuidar de nosotros todo el tiempo, se olvidara de sus propios sueños.
Subo a mi habitación, la cual se encuentra en la tercera planta de la gran mansión, es la más grande de todas, parece un enorme departamento. Tengo mucha suerte de tener este espacio, pues puedo estar lejos de todos y tener un poco más de privacidad. La habitación está decorada con base en mis gustos y pasiones, en tonos azules y grises, hay cuadros, de música, arte y videojuegos.
Lanzo mi maleta dentro del gran closet para que luego lo acomode Salomé o Tatiana, me doy una ducha rápida, seco mi cuerpo y al terminar me pongo solo un bóxer. Vivimos en una zona calurosa y tropical, aunque hay aire acondicionado, me gusta dormir con las ventanas abiertas, para que la briza del mar entre por la ventana.
Como casi no había dormido y me sentía un poco agotado, me deje caer en la cama dispuesta a dormirme sin molestias hasta que pueda salir para aclarar el malentendido. Estoy por quedarme profundamente dormido, cuando de pronto el teléfono comienza a sonar, lo tomo para contestar, ya que sé que es Mon… tiene un tomo especial.
— ¿Tan rápido me extrañas?
— Yo siempre te extraño tonto, pero tú no quieres venirte a vivir conmigo, prefieres seguir metido allí, encerrado y reprimido.
— Qué chistosa… ¿Para qué llamas?, estaba a punto de dormirme.
— Supe lo que paso con la tipa esa…
— Qué rápido corren los chismes.
— Amor, la tipa, lo público en in***t, te llamé para saber si sabías sobre el asunto y como no contestabas, le llame a Eros y él me contó todo, no puedo creer que esa tipa se atreviera a tanto… lo ves, ¿Qué harías si yo no estoy cerca de ti para espantarte a las zorras locas como esa? – ruedo los ojos, la súper, heroína al rescate, pienso y río porque sé que no puede verme.
— Sí, claro… por suerte me moví rápido y toda está aclarado.
— Ok, eso es bueno… ¿Vienes esta noche?
— Montserrat, acabamos de pasar todo el fin de semana juntos… estoy cansado, además, supongo que lo mejor es que me quede unos días encerrado.
— Mi cama y mi cuerpo te extrañan, no creo aguantar mucho sin tenerte. — dice en voz melosa, viro los ojos, estoy por contestar cuando llaman a la puerta.
— ¿Quién?
— Es, Salomé, joven.
— Mon, te dejo… te llamo luego.
— Está bien… te amo. — no respondo y cuelgo.
— Adelante.
La mujer, en uniforme de mucama color n***o, ajustado casi a reventar, corto, cinco o más de dodos arriba de la rodilla, entra con un caminar muy sensual dirigiéndose hacia mí. La observo, atento, trae los primeros botones abiertos dejándome ver sus bellas y grandes tetas. Sonrió divertido porque sé que es lo que busca, pero no se le hará…
— ¿Estás cansado? – se acerca y repasa su mano por mi pierna, lleva sus dedos hasta llegar a mi m*****o que como es de esperar se despierta ante la provocación, pero ya no se me apetece comerme a esa mujer.
— Salomé… ya hemos hablado de esto – quito su mano con brusquedad de mi amiguito alegre.
— Tú dices que no, pero él – señala mi erección – dice lo contrario, ¿Por qué te niegas al placer que te ofrezco?
— Salomé, lo que paso entre nosotros es cosa del pasado, ya te lo he dicho mil veces… solo fue cosa de un momento.
— ¿Uno? – repite negando – creo que te falla la memoria cielo, porque hasta donde recuerdo fueron muchas noches de placer.
Salomé en una mujer 15 años mayor que yo, lleva 16 años trabajando con nosotros y a pesar de su edad y tener dos hijos, se conserva buenísima la muy condenada. Culo y tetas grandes, piernas gruesas y sobre todo mucha experiencia, es una pervertida en toda la extensión de la palabra. Cometí el grave error de meterme con ella.
Una noche llegue un poco happy y lujurioso, me la tope en la cocina y me la folle sin más, desde ese día, supe que podía contar con sus servicios, hasta que me di cuenta de que, si alguien se enteraba, sería un gran problema.
— Las que sean, se acabó – me levanto exasperado de la cama, me enerva repetir las cosas y que me rueguen cuando he dicho que no. — deja de insistir porque no volverá a pasar nada entre nosotros, fue una experiencia muy excitante, pero se terminó – declare – entrando al closet para ponerme ropa. — si solo viniste a insinuante como la zorra infiel que eres – pone cara de ofendida, pero poco me importa. — ya te puedes ir porque no me interesa nada de ti. — asevero y noto tristeza en su mirada, pero si me suavizo no me la quitaré de encima.
— Yo te quiero Kayden, nunca he podido olvidar todo lo que pasamos juntos.
— Pero yo no, ¿qué pretendes he? — me mira decepcionada — ¿qué te haga mi mujer? – respondo frío. — eso jamás pasará, te aprecio mucho Salomé, te consideramos a ti y a tu familia, como parte de la nuestra, por los años que llevan sirviendo en esta casa y por eso no hago que te corran por tu atrevimiento. — me mira, sería – Entonces, por tu bien y el de tu familia, entiende de una buena vez que lo que paso entre nosotros fue bueno, no lo niego. Pero ya no volverá a suceder…
— Pero, Kayden…
— Pero, nada – asevero molesto por la insistencia. — ¿A qué has venido?
— Tu padre quiere verte antes del almuerzo.
— Ok, gracias… retírate. — sé la vuelta para irse y antes de que abra la puerta la llamo, ella voltea y me mira emocionada. — que sea la última vez que me tuteas, que unas cuantas folladas no te confundan mujer, nunca olvides tu lugar en esta casa, porque sabes bien que con solo un tronar de dedos, te vas. — ella abre los ojos. — así que te recomiendo que pienses en tus hijos y en tu esposo que es un buen hombre. — hace una mueca de burla, lo sé, soy lo peor, pero soy hombre, soltero y no la obligué a nada.
— Si joven, me disculpo.
Treinta minutos antes del almuerzo, bajo las escales, ya que mi habitación es la que está en la última planta de tres, anteriormente Eros me aviso que le había entregado las pruebas de mi inocencia a mi padre. Camino hacia el despacho de papá, que siempre llega una hora antes del almuerzo y luego se vuelve a ir. Estoy por llegar a la puerta cuando veo salir a la tía Ivana del despacho con una sonrisa misteriosa, al verme la borra y me pone cara de pocos amigos.
— ¿Crees que la vida liberal que llevas es buena para la imagen de nuestra familia?, porque no dejas de causar problemas, deja de comportarte como un adolescente precoz y compórtate como un hombre. — sus palabras me molestan.
— Para empezar, no eres mi madre y no tienes derecho a reclamarme nada, en segunda tía querida, ya demostré que no tuve nada que ver. — me acerco a ella y le doy un beso sorprendiéndola, es un dolor de huevos, pero a veces, solo a veces también es buena conmigo y mis hermanos. — deja de hacer coraje, lo siento. — sonríe.
— Eres incorregible, pero me temo que esta vez no saldrás bien librado. — responde.
— ¿A qué te refieres?
— Ve a hablar con tu padre, te está esperando y no demoren porque ya casi es hora del almuerzo.
— Ok… Te quiero tía hermosa.
— Lambiscón – responde riendo.
Procedo a llamar a la puerta y espero a que papá me dé acceso, lo hace, suspiro y luego entro, luce serio y pensativo. Como siempre, luce unos de sus trajes elegantes hechos a la medida y a pesar de su edad, al igual que mi madre, se mantiene en forma a sus 56 años. Me acerco a él, para saludarlo, pero me detienen y me señala que tome asiento en la sala de descanso, lo hago, él se levanta, se sirve un trago, camina hacia la sala y se sienta enfrente de mí, le da un trago a su bebida. Yo, por mi parte, solo espero a que comience con su sermón.
— ¿Por qué te gusta meterte siempre en este tipo de problemas, he?, de todos mis hijos, eres el que más corajes nos haces pasar.
— Papá, sé que soy un desastre, pero esta vez no fue mi culpa y creo que ya lo demostré, la tipa esa se quiso colgar de nosotros y se le cayó el teatrito, fui más astuto que ella. — aclaré. — no entiendo por qué siguen con este drama. — respondo exasperado.
— Porque para tu abuelo esto no es un chiste Kayden – viro los ojos – y me temo que no tienes salida para lo que viene. — agrega y no sé por qué sus palabras me ponen ansioso.
— ¿Qué es? – pregunto entre curioso y preocupado, en ese momento la puerta se abre y entra mi madre con una expresión que tenía tiempo que no veía… ¿lástima?