Montserrat
He pasado los peores días de mi vida, cada palabra de Kayden me dejo muerta en vida porque yo lo amaba más que a mí misma, imaginar una vida sin él en mi mundo es como no existir. Me negaba a aceptar que una mocosa mojigata y sin experiencia como Ava, pudiera ganarme a mí, quien le ha dado todo sin protestar, deje que Kayden hiciera y deshiciera con mi cuerpo lo que quisiera. Aguante sus infidelidades y arrebatos de locura, todo para que de buena a primera apareciera otra y me lo quitara todo.
— Argh… — grite fuerte destrozando todo a mi paso.
— Monsy… cariño cálmate. — mi hermano intentaba calmar mi dolor.
— No puedo… ¿Por qué Malek?, ¿Por qué tenía que hacerme esto después de todo lo que le he dado?
— Hermanita, yo siempre te advertí que eso no era amor, era obsesión… fue bello cuando comenzó… fuiste feliz, yo fui testigo de ello. Pero después de que Kayden se fue y luego volvió, él ya no era el mismo… debiste seguir con tu vida en lugar de aferrarte a él. Mamá te dijo que era un desperdicio y perdida de tu tiempo, pero aun así seguiste aferrándote a él. Entiende Kayden se ha casado y le pertenece a otra mujer.
— ¡No! – grité con ahogada en dolor y desesperación. — él es mío… solo mío y esa maldita mojigata pueblerina no podrá conmigo.
— Dios eres consciente de que no solo vas contra ella, sino también contra toda la familia Lynch si te aferras… crees que si haces un escándalo ellos te van a aceptar. Kayden siempre te lo dijo, su familia no es nada fácil, hacerlos enojar traerá consecuencias contra nosotros también.
— No me importa Malek… no me voy a dar por vencida sin luchar por lo que me pertenece.
— Nada… pero allá tú… espero que cuando caigas en picada recuerdes que te lo dije.
Los días siguientes me la pasé encerrada, mi asistente tuvo que suspender mis citas de trabajo y reorganizar mi agenda, nada me importaba solo él, mi Kayden. Lo llamé incansablemente tantas veces que perdí la cuenta, bloqueo mi número, pero conseguía uno nuevo, llame, llame hasta que contesto, en ese momento suplique por verlos, pero se negó, así que tuve que improvisar.
— Si no vienes, serás el culpable de mi muerte – dije antes de colgar.
Una hora después escuché el timbre de mi puerta, sonreía y corrí a abrirla y ahí estaba, de pie, con el ceño fruncido al ver que había mentido. Mientras tanto, mi asiste se escondió en un lugar estratégico para tomar algunas fotos para mí, además, de otras que tengo por ahí para usarlas en su contra.
— Mi amor has venido… todavía te importo. — grite antes de me lance sobre él y lo bese, pero de inmediato rechazo y me tomo de brazo con fuerza metiéndome a interior.
— ¿Qué esto?, para esto me has llamado, ¿crees que es un divertido jugar con tu vida?
— Fue la única manera que se me ocurrió, no vienes a verme, ya no contestas mis llamadas.
— Montserrat, esto se acabó, nada tengo que hacer aquí, así que no vuelvas a llamarme. — se dio la vuelta para irse, pero me aferré a su espalda, rodeando su cintura con mis brazos.
— Prometiste que siempre estarías a mi lado – se quedó estático. — dijiste que cuidarías de mí y que pase lo que pase nunca me abandonarías. — le recordé, se giró.
— Cuando aceptes que solo pudo ser un amigo… retomaré mis promesas… mientras tanto me temo que no pudo cumplirlas… cuídate Monse y acepta que lo nuestro se acabó.
— ¿Por qué?, es que acaso has olvidado todo lo que hemos vivido, ¿Cómo puede ella robar lo que es mío?
— Mon, ella no tiene nada que ver, entiende que desde hace tiempo dejé de amarte… tuvimos un pasado muy valioso para mí, pero ahora Ava es mi presente, mi futuro y el amor de mi vida. — después de esas palabras que fueron dagas en mi corazón solo se fue y me derrumbe.
— Maldita Ava… te odio – grité con todas mis fuerzas. — aunque tenga que vender mi alma al diablo, no dejaré que sea tuyo…
Me tomé algunos días para desahogar mi dolor en alcohol y soledad, no atendí llamadas, ni visitas, no comí ni dormí bien durante tres días enteros. Luego de eso volvía a resurgir entre las cenizas solo con un propósito, todo o nada, nadie me hará a un lado, vivirá feliz para siempre mientras yo me quemo en mi propio infierno. Si no es mío, no será de nadie.
Esto es una declaración de guerra, mi querida Ava…
En mi último día de miseria mi hermano, su novia y Matt, se organizaron para sacarme de mi encierro, me puse bella como solo yo sé ser, tuve que aplicar demasiado corrector en mis ojeras, ya que se veían terribles. Me sentía mal, la mujer que soy jamás perderá su esencia, mientras iba en el carro con esos tres cantando… no vociferando una canción de Adele…
Recibí un mensaje de mi amiga Lía, la cual me envió una foto de la feliz parejita en uno de nuestros lugares favoritos. Una sonrisa maliciosa se dibujó en mi rostro y no dejaría pasar la oportunidad de fastidiarles el momento.
— Quiero pizza de Ragazzi pizza. — dije y Matt volteo a verme curioso.
— Pero dijimos que comeríamos comida francesa. — se quejó Jazmín.
— Sí, pero si quieren levantarme el ánimo deben consentirme, lléveme a comer pizza.
— Y, ¿Por qué tiene que ser de ese sitio? – pregunto Matt con sospecha.
— Porque es mi favorita, lo sabes bien… ¿Hay algún problema?
— No ninguno…
Sin más cumplieron mis caprichos, amo salirme siempre con la mía, al llegar escanee el comedor y al ver la mesa donde estaban, camine a la mesa que estaba tres lejos de ellos. Ava fue la primera en verme, luego Kayden volteo y sin más me mofé de fastidiarlos, son una sonrisa, la mustia estaba que ardía al ver que él no despegaba la vista de mi mesa. Matthew se dio cuenta de lo que pasaba y se acercó para susurrarme al oído.
— Sabía que algo tramabas… es que no conoces la dignidad.
— ¡Cállate!
— ¿Qué pasa? – pregunto Malek.
— Nada…
— Pasa que la razón por la que venimos a este lugar está allá – señalo, mi hermano volteo y luego volvió la vista en mí.
— ¿Es en serio Monse? – pregunto molesto y solo me erguí de hombros. — nos vamos.
— No… nos quedamos… quiero pizza.
— Eres increíble – dijo negando y su novia tomo su mano para calmarlo.
Mientras comíamos no pude evitar mirar hacia ellos, aunque intentaron disimular sabía que: Monse 1 – Ava 0, ella no tiene la capacidad de soportar y yo le haré ver su realidad. Mi hermano estaba tan molesto e incómodo que tomo a su novia y se levantó de la mesa cuando vio como Kayden besaba a Ava con intensidad frente a nosotros.
— Si quieres seguir torturándote y arrastrándote por alguien a quien no le importas un carajo, allá tú… pero te lo advierto o recapacitas o me veré obligado a decírselo a mamá.
— Ni se te ocurra.
— No me provoque… eres mi hermana y no dejaré que te lastimes así. — dijo al irse.
— Uy… creo que se enojó – Matt se burló de mí, lo mire mal y él se encogió de hombros. — iré al baño y nos vamos.
— No me iré.
— Sales por tu cuenta o te saco a rastras. — me advirtió de manera amenazante antes de irse.
Matt parece un chico lindo de esos que no matan ni una mosca, pero en realidad es un maldito. Minutos después de que Ava fuera al baño, Kayden fue tras de ella, al regresar se toparon con Matt, hablaron un poco y luego Kay, se alejó molesto. Intente acercarme a él…
— Kayden…
— Deja de molestar Monse – dijo sin detenerse, lo que me enfureció, luego Ava se acercó a él, le dio un beso, tomo su mano y se fueron sin voltear siquiera a verme.
Ava
Al salir de ese incómodo lugar que en algún momento creí que sería un sitio para compartir con él, pero gracias a Monse ahora lo detesto y no tengo deseos de volver allí. Partimos de regreso a casa después de enviar a mi hermana con Eros a la suya y montarnos en el auto de Kayden. La tensión entre nosotros se sentía pesada, ambos estábamos molestos por lo ocurrido, en especial porque cuando fue al baño a buscarme me vio hablando con Dylan y aunque fingió tranquilidad, sé que no estaba feliz.
— Podemos parar con esto, por favor – hablo en medio de un suspiro cansado.
— ¿Cómo?, si siempre que aparece Dylan pierdes el control, y todavía tengo que aguantar que esa estúpida se burle de mí, aunque lo niegues sé, todavía hay algo entre ustedes. — respondo casi a punto de llorar por el coraje que traía atravesado en el pecho. — de otra manera tu amigo no me advertiría sobre ustedes.
— Que te dijo ese idiota.
— ¿Qué debería decirme?, ¿me ocultas algo?
— Nada… y si todavía hubiera algo entre nosotros, créeme, habría atendido sus llamadas y la habría ido a ver. — dice revelando una mentira más, voltee a verlo con los ojos abiertos.
— Me dijiste que no sabías nada de ella y ahora me dices que te sigue llamado. — se quedó callado al ver su error.
— Lo siento… no quiere preocuparte, es cierto me ha estado llamando y también fui a verla. — me reí con burla. — me hablo desesperada y dijo que si no iba a verla sería el culpable de su muerte. — voltee a verlo con los ojos bien abiertos.
Loca, enferma, psicópata, sin amor propio… no hay palabras para describir a esa mujer.
— Y al menos lo hizo – respondí sarcástica, sabía que era más que eso.
— No, me mintió para que fuera a verla… Ava, aunque no lo creas, me preocupo por ella, está sola, toda su familia está lejos, ella no solo fue mi pareja íntima, es mi amiga desde hace años y prometí protegerla y cuidar de ella. — dijo triste.
— Pues ve a consolar a tu amiga – dije sin más.
— ¿Para qué?, para que tengas un pretexto de ir a ver al idiota, ese y juntos se pongan a recordar viejos tiempos mientras tocan el violín románticamente… ¿Qué?, ¿me ves cara de tonto?
— No, de imbécil. — me burlé conteniendo mis lágrimas.
No dijimos nada más, recosté mi cabeza sobre el cabezal y me dediqué a ver por la ventana mientras mis lágrimas salían sin sedar. Ambos habíamos caído en su juego y sin darnos cuenta fracturamos nuestra propia paz.
… Dios… Ava deja de ser tan necia… me reprendí a mí misma antes de sollozar, el auto se detuvo, escuche el chic del broche del cinturón, abrirse… Kayden me jalo y me abrazo. No pude más y me derrumbé entre sus brazos…
— Lo siento muñeca… soy un tonto. — no respondí por el llanto – no llores, me duele, verte así. — me susurró antes de alejarse. — me perdonas. — negué aferrándome a su cuerpo hasta que logre calmarme, me aleje un poco de él para mirarlo a los ojos.
— Perdóname tú a mí por ser tan necia. — dije hipando. — debí hacerte caso cuando me dijiste que nos fuéramos, pero soy demasiado obstinada.
— Ambos lo somos y creo que debemos aprender a confiar y escuchar al otro… — iba a responder cuando mi teléfono sonó, lo tome y era mi hermana, fruncí el ceño al ver que había casi diez llamadas perdidas de ella.
— ¿Qué pasa?
— Es Gaby… será que paso algo. — volvió a sonar y respondí.
(Llamada)
— ¿Gaby?, ¿Qué pasa?
— Ava… papá quiere verte, pero quiere que vengas sola.
— ¿Por qué?
— No lo sé, pero creo que algo malo paso porque está furioso y…— respondió con la voz temblorosa.
— Dile que se apresure o iré por ella. — se escuchó el grito furioso de mi padre.
— Ava…
— Tranquila, voy para allá.
(Fin)
La sangre se me hiela, ante la incertidumbre de no saber que me espera con ese hombre que se dice mi padre...