Kayden
Los celos y la rabia me estaban quemando las entrañas, la sola idea de que ella me estuviera mintiendo y que realmente siguiera enamorada de ese tipo me mataba por dentro. Estaba enamorado hasta los huesos por ella, la amaba como nunca pensé que amaría a alguien, la admiraba y la deseaba como nunca había deseado a ninguna mujer.
Antes de irme a la empresa, le pedí uno de mis hombres de confianza, Oz, que la mantuviera vigilada. Me dispuse a trabajar en algunos documentos que debían ser revisados por mi área, pase hoja por hoja, pero mi mente estaba en otro lado. La imagen de ese tipo, viéndola con deseo y emoción al verla, no me permitía concentrarme, sin duda la aparición del tal Dylan y el beso que nos dimos alteraron mi tranquilidad.
Aunque eso no era lo único que me tenía inquieto y ausente, sino también la reacción que tuvo Ava en cuanto me acerque enojado a ella. Era como si esperara que la golpeara en cualquier momento, estaba temblando… lo que me causa mucha curiosidad, quiero saber más… ¿Cómo ha sido la vida de mi esposa, antes de conocerme?, será posible que haya sufrido maltrato de algún tipo y suponga que en algún momento le haré daño.
Era mi esposa y mi deber era defenderla y protegerla de cualquier persona que quisiera dañarla o arrebatarla de mi lado y sin duda cuando este pequeño episodio pase se lo haré saber. Me siento molesto, puesto que en los últimos días logramos tanto, creamos una especie de confidencialidad mutua, nos estábamos conociendo más y estábamos a nada de…
Ahgr… maldito bastardo porque tuvo que aparecer a estropearlo todo.
Poco a poco íbamos derribando el muro y los obstáculos que nos distanciaban de la felicidad, desde que ella se abrió conmigo y me habló un poco sobre su vida, sus sueños y sus preocupaciones, comprendí que una vida con ella era lo que más deseaba. Solo quedaba un asunto pendiente que debía solucionar.
Montserrat, quien ya no tenía cabida en mi vida, la amistad también estaba descartada, así que no me quedaba más que esperar su regreso para corta la relación de tajo y por lo sano. Aunque también era consciente de que ella no me la pondrá nada fácil y en el trayecto la que más sufriría sería ella.
Trato de concentrarme en mi trabajo para olvidarme de todo, pero no podía, estaba ardiendo en celos, tenía demasiada basura en la cabeza dándome vueltas como pájaros al asecho, necesitaba un escape. Tomé el teléfono para llamarle a mi padre para solicitar su permiso de poder ausentarme en la reunión que teníamos programada por la tarde. Obviamente, me pregunto el motivo, le comenté que tenía algunos problemas en casa sin entrar en detalles y él comprendió a lo que me refería.
— Recuerda que tu esposa habitualmente tiene a razón, aunque sea lo contrario – bromeó.
— Creo que es algo más complicado – confesé en medio de un suspiro.
— Todo en esta vida tiene solución, menos la muerte… y como consejo personal de hombre a hombre, no intentes entender a tu esposa, solo ámala, consiéntela y demuéstrale lo importante que es para ti. Te aseguro que con el tiempo sabrás qué hacer con ella.
— Ahora entiendo por qué mamá es quien lleva la batuta de líder. — ambos reímos.
— Porque es inteligente y un gran ser humano… está bien, te cubro por esta vez, ve con cuidado y nada de hacer locuras.
Al colgar me comuniqué con Eros para pedirle que preparara todo para abordar mi Belladona, así es como se llama mi yate. Término los pendientes más urgentes, por suerte era viernes, así que tenía tiempo para relajarme. Al terminar le entregué todo a mi secretario para que se los envíe a mi padre y luego le dije que podía irse temprano.
Antes de abordar el yate, le enmiendo a Eros una tarea muy crucial, debía investigar todo sobre Dylan Aguirre, necesitaba saber contra quién me enfrentaba y si representa algún peligro para mi matrimonio.
— ¿Quién es?
— Eso es lo que quiero saber.
— ¿Qué quieres saber?
— ¡Todo!, donde vive, trabaja, que come o bebe, cuánto gana, quién es su familia.
Quería saber quién carajos se creía para buscar a mi mujer, antes ponerle un alto y exigirle que se alejara de mi mujer porque Ava ahora era mía.
— Entiendo… hay algo por lo que deba preocuparme.
— No lo sé, veamos que encuentras…
Estuve el resto del viernes y parte del sábado en alta mar, la soledad acompañada del sonido del océano me ayudaba a encontrar mi punto de equilibrio. Puse mi música a todo volumen, bebí un poco, disfrute de la vista y cuando termine de ordenar mis pensamientos decidí regresar. No iba a permitir que terceros en discordia arruinaran nuestras vidas, Ava era la mujer de mi vida y no dejaría que nadie se interponga entre los dos.
Arribe casi al anochecer del sábado, al bajar del barco saque mi teléfono, encendí y revisé, tenía algunas llamadas perdidas y mensajes de Ava, de mis padres y de Monse. Leí primero los de mi esposa, estaba preocupada por mí y eso me hizo feliz. Aunque mi felicidad duro menos de cinco segundos cuando verifique el reporte de Oz. El muy infeliz del exnovio estuvo rondado la casa, hasta que la hizo salir a su encuentro, una foto donde ellos se vieron a fuera de la casa me hizo hervir la sangre. Estaba furioso y herido por su maldita desobediencia. De repente entro una llamada, era mi otro dolor de cabeza.
— ¿Qué quieres Monse?
— Huy… pero, ¿qué te pasa?, ¿Por qué me contestas así?, ¿es que no te alegra escuchar mi voz?
— Ve al grano… estoy ocupado.
— Quiero verte – dijo melosa.
— No puedo. — respondí cortante.
— Kayden acabo de regresar… quiero verte, te necesito bebe, te extrañé como una loca. — reprocho caprichosa lo cual me fastidia, rodé los ojos. — porque no dejas lo que estás haciendo, vienes por mí y salimos a divertirnos juntos como hace tiempo que no lo hacemos.
— Hoy no pudo tal vez otro día, adiós. — dije antes de colgar.
Camine por el muelle hasta el estacionamiento, donde eros esperaba mi en la camioneta, al subirme me entregó una carpeta con todos los detalles de sobre el mal nacido que necesita saber que no debía meterse con un Lynch. Revise el informe, se hospedaba en un hotel asignado por la organización musical que lo contrato, tenía horarios de ensayos, comidas y funciones, todo lo que necesitaba saber de él estaba en esa carpeta.
El tipo no era tan miserable, su familia era dueña de una academia de música en la ciudad natal de Ava, sus padres eran músicos y su abuelo luthier de renombre. Tenían un taller donde se fabricaban instrumentos musicales para artistas famosos, había dinero, pero no lo suficiente para compasarse con la fortuna de mi familia, fácilmente podía aplastarlo y arruinar su vida.
Tome el teléfono para marcarle a Ava, pero estaba apagado lo que me encendió a un más, imágenes de ella en lugares donde no debía estar inundaron mi mente. Estaba perdiendo la cabeza, nunca había sido tan posesivo con nadie, ni siquiera con mi madre. Llame a casa para verificar que estuviera allí, pero… ¿Cuál fue mi sorpresa?
Lala informó que mi esposa y mis padres salieron para asistir juntos al teatro, pregunte y era el mismo donde se presentaba ese idiota. ¡Qué oportuno no!, Mi mundo se volvió oscuro, solo de concluir que acudió a verlo a pesar de que se lo prohibí, y sobre todo que utilizo a mis padres para reunirse con su amante. Unas ganas de matarlo se apoderaron de mí, ¿Por qué tenía que reaparecer en nuestras vidas y arruinarlo todo?, lo que más me tenía enfermo era el hecho de saber que a Ava le afecto volverlo a ver.
Sin pensarlo le pedí a Eros que me llevara a una tienda de ropa para comprar ropa formal y luego fui a esa famosa función, no iba a permitir que me vieran la cara de idiota. Al llegar tome asiento en la parte de arriba, con la mirada busque a mi esposa y después de recorrer el lugar por varios minutos la encontré sentada junto a mis padres en la parte de enfrente en primera fila para ver a su amor. Bufé irónico y colérico, ardiendo en celos.
El espectáculo dio inicio y el muy maldito se lució, lo odiaba con todo mi ser, aunque también debía reconocer que entendía por qué mi esposa lo admiraba. El muy imbécil era un excelente músico, pero si no se alejaba de ella tendría que arruinar su vida, lo cual para mí no era nada.
Al terminar la función vi salir a la gente de manera ordenada, espere paciente para acercarme a mi esposa, observe a mis padres desde la distancia, saludando y conversando con algunos conocidos. La presentaron, ella saludó con una sonrisa hermosa, luego de unos minutos la vi alejarse. Sin detenerme a analizar nada, me apresure a seguirla, pero cuando llegue a la salida la perdí de vista, su imagen junto a él vino a mi mente, así que me dirigí hacia los camerinos. Como era conocido entre las personas del lugar por mi apellido y porque los dueños del lugar eran amigos cercanos de la familia. Entre sin tocar, el hombre estaba sentado frente al espejo y al verme se sorprendió, sonreí con prepotencia.
— Debo admitir que eres bueno, felicidades. — dije mirando a través del espejo.
— Gracias – respondió mirándome con odio, una sonrisa burlona se dibujó en su rostro. — ¿dónde está Ava, vino contigo? – ladeo la cabeza fingiendo buscarla a mi espalda. — la vi entre el público… aunque no te vi a su lado como el esposo que presumes ser.
— La señora Lynch. — lo corregí – espera por mí afuera.
— Y entonces, ¿a qué debo el honor de tu visita?
— Creo que ya lo intuyes… he venido a advertirte que no te vuelvas a acercar a Ava.
— Somos amigos, además, es adulta, por lo tanto, no puedes prohibirme verla.
— Puedo… porque te guste o no, soy su esposo y ella me perteneces. — aclare y sonrió divertido.
— Oh, entiendo, así que ella te ha contado quién soy, ¿no es así?… entonces, te dijo que soy su primer y único amor… que nos amamos y que ni tú ni el desgraciado de su padre evitara que me la lleve lejos. — dijo seguro de sí mismo y no pude evitar reírme en su cara.
— ¿Por qué estás tan seguro de que ella se irá contigo?
— Porque sé que solo caso contigo obligada por su padre… Ava no es de las mujeres que se enamora del dinero o los lujos, ella se enamora del alma y no veo nada bueno en ti que pueda hacer que ella se olvide de nuestro amor. — reí con arrogancia, el tipo era divertido.
— No sé qué es lo que me divierte más de ti… tu seguridad o tu ingenuidad… sabes desde qué nos casamos, no la he visto quejarse. Al contrario, disfruta de todo lo que yo le doy, y si tienes razón, ella no es una persona materialista, sin embargo, sabe disfrutar de los lujos que pongo a sus pies. Lujos que tú jamás podrías darle… sé todo sobre ti Dylan y créeme no con todo el dinero de tu familia me llegarías a los talones.
— Así que me has investigado. — sonrió mientras se levantaba de la silla y se colocó recargado sobre el tocador para hacerme frente. — no sé a quién quieres engañar con tanta seguridad – se burla de mí. — pero no eres más que un hijo de papis que cree que el dinero puede comprarlo todo… ¿Te sientes amenazado por mí?
— Para nada – respondí, me mostré tranquilo a pesar de que estaba a punto de explotar. — después de todo legalmente Ava es mi mujer en todos los sentidos y no hay nada que puedas hacer para cambiar eso.
— ¿Por qué estás tan seguro?
— Porque, aunque no fue por amor, ella y yo hemos trabajado en nuestra relación, cada día nos acercamos más y disfrutamos del placer de estar juntos. — hice una pausa. — sabes entiendo la obsesión que tienes por ella, es una dulzura de mujer, hermosa, inteligente y muy apasionada… — me mordí el labio inferior – tú entiendes, ella es toda una hembra… puede que tú hayas sido su… primer amor, su… como dicen en tu país. — fingí acordar. — ah, sí… novio de manita sudada, pero ahora yo soy el único dueño, soy yo. Ava es y será para siempre la señora Lynch. Y un musiquillo mediocre e insignificante como tú jamás podrá cambiar eso.
— Eres un bufón Kayden Lynch… claramente te siente amenazado por mí, de otra manera no habría razón para que estés aquí. Sabes cuál es el problema, que no conoces como la conozco yo… ella es más que una hembra, es una diosa, un ángel y solo yo conozco cada aspecto de su mundo, porque yo fui el primero en su vida. Fui quien le mostró lo que era un beso, una caricia, el placer, le mostré todo lo que necesitaba para ser una mujer… supongo que lo notaste cuando se entregó a ti en la noche de bodas… ella no era pura porque fue mía por primera vez.
— ¡Cállate!, maldito, infeliz, como te atreves a hablar así de ella.
— Lo dio porque es la verdad, tu reacción me hace ver que tengo razón y ni siquiera la has tocado… solo yo he tenido ese privilegio.
Sus palabras me hicieron perder el control porque en parte tenía razón, sin embargo, jamás se la entregaría ni a él ni a nadie, sin más me le fui encima de él. Obviamente, se defendió y se desató el infierno, golpe tras golpe, estaba ardiendo en celos, ira y rabia por cada palabra, no podía parar, así que los de seguridad tuvieron que entrar para separarnos o de lo contrario nos habríamos matado a golpes. Eros también entró e intento calmarme, pero estaba loco de ira.
— ¿Qué está pasando aquí?, Kayden, ¿qué haces aquí? – la voz agitada de mi esposa hizo eco en la habitación, cerré los ojos y luego me gire hacia ella mirándola con furia.
— No, mejor dime, ¿Qué mierda tú haces aquí? – pregunté eufórico.
— Que más… vino a verme, ¿no es así, mi alma?
— Por supuesto que no… vine porque…
— Porque yo la he llamado – intervino Eros y lo mire con los ojos entrecerrados y él solo asintió para decirme que dice la verdad.
— Vamos Kayden… tus padres esperan afuera y si te ven salir así llamarás mucho la atención, no necesitamos un escándalo de este tipo, no vale la pena. — Dijo sería sin mirar al imbécil.
— Ava, mi alma… espera, hablemos un momento por favor. — sujeto su mano, pero ella lo rechazó.
— Señora Lynch… y yo no tengo nada de que hablar con usted, así que le pido que no vuelva a molestarnos. — me miró a los ojos. — Vamos — asentí dispuesto a seguirla.
— Kayden, espera. — llamó y me detuve, me giré para verlo. — quieres saber, ¿cómo es estar con ella?, puedo describirte cada detalle de su cuerpo, su aroma y la suavidad de su piel. — Ava volteo a verlo con la boca abierta.
— Pero, ¿qué mierda estás diciendo? – preguntó incrédula. — ¿cómo te atreves a decir esa sarta de mentiras sobre mí?
— No son mentiras, es la verdad mi alma… este imbécil cree que tú eres su mujer cuando claramente ni siquiera te ha tocado, solo yo he tenido ese privilegió, ¿no es así? – la puso en evidencia frente a mí… todo paso tan rápido que ni siquiera logre ver cuando Ava se acercó a él y lo abofeteo con fuerza.
— Déjame dejarte algo bien claro Dylan, él es mi esposo, por lo tanto, puede reclamarme como su mujer porque lo soy… me pare increíble que te atrevieras a hablar así de mí, ¿cómo puedes ponerme en evidencia intimidad y ensuciar mi dignidad? — dijo molesta. — qué decepción, Dylan juzgué que eras un hombre decente, pero me doy cuenta de cuan equivocada estaba. No quiero volver a saber nada de ti… has matado el poco afecto que te tenía.
— Mi alma… no, por favor, perdóname, lo hice por nosotros, porque te amo… — levanto una mano para interrumpirlo.
— ¿Me amas?, ja… qué mentira… No sé qué es lo que intentas hacer, pero la verdad es que no me importa, solo quiero que me dejes en paz… — se giró hacia mí – querido, es mejor que nos vallamos, no hay nada que hacer en este lugar. — abrí los ojos como platos, ante su manera de llamarme, me sonrió. — Démonos prisa, tenemos que salir por la puerta trasera, les avisaré a tus padres que me iré contigo. — dijo antes de irse primero, escupí la sangre acumulada en mi boca y luego sonreí triunfante, me acerque a él, lo tomó de la camisa para darle una última advertencia.
— Aléjate o de lo contrario atente a las consecuencias… sobre advertencia no hay engaño. — lo solté dándome la vuelta para salir, pero su risa me detuvo.
— Déjame preguntarte algo antes de que te vayas… ¿El violín que toca para ti es de color lila?
— Porque lo preguntas.
— Porque yo le hice especialmente para ella… lo ves y no quieres aceptar que ella aún piensa en mí como yo en ella. — declara con saña presionando sobre la herida. — sabes qué es esto – me muestra una botella similar a la que Ava me dio. — se llama D&A y ella lo hizo especialmente para mí, así que lo llevo conmigo a todas partes solo para recordar que es mía, aunque ella lo niegue una y otra vez, para protegerte.
— No eres más que un enfermo obsesionado con la mujer una vez fue suya y que jamás lo volverá hacer.
— Te equivocas, yo sé que tarde o temprano ella terminara volviendo a mí, no puedes borrar mi recuerdo y por más que ella lo niegue, ella solo es mía. — una ráfaga de ira y celos invitó todo mi cuerpo, sin más me volteé y le di un último golpe, lanzándolo al suelo molido por los anteriores golpes…
— Lo diré una vez más, no te acerques a mi mujer o haré que te arrepientas el resto de tu vida… no sabes con quién te estás metiendo, puedo destruirte con tan solo tronar los dedos, no olvides quién soy. — sonrió mientras se levantaba con dificultad.
— No te tengo miedo…
— Deberías – sonreí. — tal vez fuiste el primero, pero te aseguro que yo seré el último… y el único.
— ¿Qué valor el tuyo de declararte su dueño?, cuando diste mucho dinero para casarte con ella, la compraste como si fuera aún objeto… ni siquiera te tomaste la molestia de conocer el ángel que es esa mujer.
— Precisamente porque es un ángel, la elegí para ser mi mujer… y lo será siempre, así que siéntate a esperar algo que nunca pasara, ella jamás me va a dejar por un pelele como tú… que, además, acaba de herirla.
— Basta Kayden… vámonos antes de que pierdas la razón de nuevo. — dijo Eros empujándome hacia la salida.
Eros me ofreció un pañuelo, para limpiarme las heridas mientras caminábamos a la salida de emergencia en silencio hasta llegar al estacionamiento. Al salir caminamos hasta el carro donde alcance a ver a mi esposa recargada sobre la puerta esperando por mí, tenía cara de mortificación, pero no sabía por quién realmente. Aunque lo negó todo frente a él, aún tenía la maldita espina de la duda.
— Kayden…
— Tranquila… sigue vivo.
Sin mirarla pase a su lado, abrí la puerta y me subí, ella se dio la vuelta, Eros le abrió la puerta para que subiera y luego nos llevó hasta la casa. Entramos rápido al interior de la casa y nos fuimos directo a la habitación, al entrar ella se sentó en el sofá y yo me dejé caer en la cama.