Capítulo 47 – No es amor, es dependencia.

2078 Words
Kayden — Kayden — dice nerviosa al verme, se aleja de su amigo y se acerca para besarme en la boca, pero moví mi rostro a un lado y me beso la mejilla. — ¿Qué haces aquí?, que no dijiste que no saldrías esta noche porque estabas ocupado. — se quedó viéndome a la cara – ¿Qué te ha pasado en la cara? – intento tocar mis heridas, pero me aparté de su tacto. — No es nada, tuve un pequeño problema por ahí, pero tranquila, puedes seguir divirtiéndote con tu amigo. — Kayden… no es lo que piensas – tomo mi mano y me arrastro hasta donde estaba el hombre. — mira, él es Jordán Michell, es un viejo conocido y su hermana es novia de Malek. — Es un gusto. — dijo el tipo extendiendo su mano, la cual rechace con arrogancia. — Claro… bueno, los dejo que se diviertan. — dije dándome la vuelta para irme a otro lugar, pero ella me detuvo. — ¿Por qué eres así conmigo? – suspire al ver la atenta mirada de su acompañante. — Porque no me gusta que me vean la cara de idiota… según tú te morías por verme y no veo que estés sufriendo. — reclamé y no entendía la razón de mi actitud, ella sonrió divertida. — Amor, ¿Estás celoso? — no respondí. Juro que no eran celos, solo rabia por su falta de honestidad, parecía que a todas las mujeres que estaban a mi lado se les daba por mentirme y verme la cara de idiota. Montserrat me acosa todo tiempo diciéndome que me extraña y me necesita… sin embargo, ahora dudo de su palabra al encontrarla tan a gusto con otro hombre. Siempre hemos tenido una relación abierta, hemos salido con otras personas, nunca fui fuel con ella y era consciente de ello. Sería hipócrita de mi parte hacer algún reclamo, sobre todo porque que me case y la volví mi amante. Sin embargo, no entendía mi estúpida reacción al verla con otro hombre tan contento y acepto que me irritó un poco. Lo sé, es estúpido que pretenda tener el control de ambas mujeres, cuando siento cosas diferentes por cada una, y sobre todo porque he decidido dejar a una en libertad. — Hablemos en otro lado… — Ok… Me di la vuelta para ir hacia el despacho de mi amigo, le hice señas a Eros para que se quedara cerca, camine por el pasillo con ella siguiéndome el paso, al entrar intento abrazarme y besarme, pero la aparte. — ¿Qué pasa mi amor?, no me respondiste, que te ha pasado en la cara. — Tuve un problema con un tipo sin importancia. — respondí recargándome sobre el escritorio, ella me siguió, se acercó e intento suavizar el momento. — ¿Por qué estás tan tenso?, no me digas que la mustia esa te hizo enojar. — No la llames así – respondí molesto y ella me miro mal. — ¿Por qué te noto tan frío?, estás molesto por Jordán, si es así no tienes por qué estarlo, te lo dije, es un viejo amigo de mi hermano, de hecho, Malek también ha venido con su novia Jazmín… no te pongas celoso… sabes que para mí eres el único. — No estoy celoso y tampoco es necesario que me expliques nada, claramente mientes al decir que no puedes vivir sin mí… tu vida sigues con o sin mí y no te culpo, eres libre. — Las cosas no son así – se aleja molesta. — no quieras ponerme como la traidora porque no te queda. — Me llamas todos los días diciéndome que me amas y que no puedes vivir sin mí, que me necesitas, pero cuando no estoy sales por ahí con cualquiera… qué hipócrita eres. — Y ¿qué quieres que haga, he?, que me quede encerrada día y noche hasta que tu controladora familia y la mustia de tu esposa, te den espacio para verme a escondidas. Eres un egoísta, ¿no lo crees? — ¿Egoísta?, ja, dime cuando te mentí Monse. — Siempre, dijiste que nada cambiaria en nuestras vidas después de casarte y ahora, tengo que rogar para verte. — grita molesta. — Monse, desde el principio te expliqué cómo serían las cosas entre nosotros después de casarme y tú lo aceptaste. — levanté la voz. — tú eres la hipócrita y deshonesta… no entiendo, ¿por qué te aferras a mí? — Me aferró porque te amo — respondió con la voz quebrada. — y sí, es cierto que acepte las condiciones de tu matrimonio, porque prometiste que nada iba a cambiar, pero has roto tu promesa. — sollozó — Todo cambió entre nosotros desde que ella llegó, te has vuelto distante y frío conmigo, te siento tan lejos de mí cada día. Ya no te veo como antes, no me llamas, no me tocas… soy yo la que siempre te está llamando, me respondes cuando te da la gana y de mal humor… dijiste que esa mujer no te interesa, que solo sería para guardar las apariencias. Pero ahora incluso la llevas a nuestros lugares favoritos, te pavoneas con ella como si fueran la pareja perfecta, ¿dónde quedo yo Kayden? — suelta con rabia. — yo que te he dado lo mejor de mi vida, de mis años y ¿qué recibo de parte?, migajas, tú no tienes idea de cuanto me dolió verte casado con otra mujer. — saco lo que había en su interior y la entiendo, el único desgraciado he sido yo. — sabes que me dijo mi madre — negué. — que soy una estúpida por esperar algo de alguien como tú… que he perdido tiempo. — Lo siento mucho, nunca fue mi intención herirte… pero debes entender que todo cambia y que nada dura para siempre. — No hagas eso… no digas lo siento cuando toda la vida planeamos una vida juntos y si ella no hubiera aparecido todo seguiría igual… pero ahora no sé, ¿Qué lugar ocupo en tu vida o en tus planes? — Ninguno – respondí sin más y ella me miro con la boca abierta. — ¿Qué? — Monse esta relación hace tiempo que se fue al caño, estamos juntos porque… — me quede callado porque la verdad es que no supe la respuesta… — ya ni siquiera sé la razón… por el sexo, la diversión, miedo a estar solos, costumbre. — tome aire. — Eres un maldito idiota, como puedes decir eso. — Tienes razón en todo lo que has dicho, soy un idiota y un egoísta por no tomar en cuenta tus sentimientos, te he hecho sufrir y no lo mereces… mereces ser feliz, pero me temo que yo no podré cumplir mis promesas. — No, no, para ya esta mierda, tú no puedes hablar en serio… — Lo digo muy en serio, Montserrat. — dije sin más — te dejo en libertad para que puedas seguir con tu vida y puedas encontrar tu propia felicidad, a lado de alguien que te merezca y te sepa hacer feliz como yo no podré. Cuídate mucho… Adiós. — me di la vuelta para salir. — No, no, espera – gritó ¬— no puedes hablar en serio… tú no me puedes dejar. — Se acabó Mon… no lo hagas más difícil, por favor — supliqué. — No, no y no Kayden, tú no puedes hacerme esto… no puedes botarme como si fuera basura después de los años que te di. — sus palabras me dolieron, me acerque a ella y acaricie su mejilla. — No eres basura, yo jamás te vi de esa manera, fuiste mi mejor amiga, mi confidente, mi refugio y mi mejor amante. — bese su frente. — sin embargo, esto ya no es sano… así que cortemos toda esta mierda de raíz y que cada uno siga su vida como mejor le plazca. — dije dándome la vuelta para salir, pero ella me detuvo del brazo y me abrazo por la espalda. — Kayden, has conmigo lo que quieras, pero no me dejes, perdóname, no volveré a cuestionarte… yo te amo… por favor no me abandones… yo no podría vivir sin ti, te necesito como el aire que respiro. — me giré para verla de frente, me dolía hacerla llorar, pero era necesario, se aferró a mi cuerpo negando con la cabeza. — Monse, por favor… esto no es amor, es dependencia, entiéndelo… debes dejarme ir, no quiero que sigas sufriendo por mi culpa. — ella levantó la mirada. — Eso no es cierto, déjame mostraste que estás equivocado – dijo y sin más me beso, honestamente no sentí nada, pero no tuve el corazón para rechazarla, así que cedí por última vez… El beso se volvió salvaje y un tanto caliente, quise detenerla, sin embargo, ella no se rindió y comenzó a jugar con mi m*****o por encima de la ropa hasta excitarme. Soy hombre, ¡joder!… no soy de palo… y obviamente mi cuerpo comenzó a reaccionar. Llevaba días en abstinencia sin nada sexo, por esperar a que Ava se apiadara de mí y me dejara poseer su cuerpo como tanto lo deseaba. Por si fuera poco, está frustrado por todo lo que había pasado en las últimas horas, necesitaba liberar mi tención emocional y s****l, así que me deje llevar. Nuevamente, me recargué sobre el escritorio sin cortar el beso, giramos para subir a Mon sobre la mesa, me acomodé entre mis piernas y comencé a manosear su cuerpo. Sus manos jugueteaban con los botones de mi camisa hasta deshacerlos, se coló entre la tela, acarició mi pecho y luego bajo hasta mi pantalón, sin previos, saco mi m*****o listo para la batalla. Lo manipulo robándome varios jadeos, se bajó de la mesa, se arrodilló y luego comenzó a darme una mamada como las que solo ella sabe darme. Gemí ante su manera salvaje de hacerme un oral, la sujeté del cabello para ejercer presión y follarme su boca con intensidad, estaba por correrme. Ella al notarlo se liberó de mi agarre, se puso de pie y se quitó las bragas, traía un vestido corto, demasiado revelador, tomo mi mano, me llevo hasta el sofá y justo cuando se montó sobre mí para empalarse. El rostro triste de Ava vino a mi mente y la detuve… — No, Montserrat… ya no podemos hacer esto – la hice a un lado y me organicé la ropa. — Pe… pero, ¿Por qué? — Esto no es bueno para ninguno de los dos… debemos parar antes de acabar mal. — No entiendo… ¿Por qué me rechazas? — Porque ya no quiero hacerte más daño y ceder es darle larga a lo que tarde o temprano se tiene que terminar… — Kayden, ¿Cómo puedes decir eso?, cuando llevamos tantos años juntos, cuando lo hemos compartido todo. — Mon, estoy casado con otra mujer – le recordé y ella negó comenzando a llorar, sé que ella lo intuye, no es tonta y sabes que me enamore de ella. — estaré unido a Ava por el resto de mi vida… es egotista que te encadenes a alguien que no puede ofrecerte algo más que una vida clandestina… mereces ser feliz y también tienes derecho a vivir tu vida libre de atadura sin futuro… — Yo no quiero una vida sin ti… no me importa ser la otra mientras me ames… — Ese es el problema Monse, yo ya no te amo, de hecho, hace tiempo que deje de quererte. — Confesé sintiéndome un miserable. — es por esa razón que esto ya no puede seguir… perdóname por favor y no lo hagas más difícil. — Es por ella, ¿no es así? – dijo dolida, me quede callado e intente irme, no están listo para afrontar mi realidad, la cual la destrozaría aún más, pero ella me detuvo de nuevo. — contesta, ¿te enamoraste de esa mosca muerta? – me libere de su agarre, me aleje de ella y me jale el cabello con frustración. — responde maldita sea – gritó debatida en llanto. — Sí – grité – me enamoré de ella – gimió horrorizada ante mi confesión, lloro desahogadamente y luego me miro a los ojos con rabia. — ¿Desde cuándo? — No creo que… — Desde cuándo, ¡MALDICIÓN! – gritó histérica. — Desde que la conocí.
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