Capítulo 35 – ¿Lista para tu nueva vida?
Kayden
Después de mi alta del hospital y de las indicaciones del doctor, regresamos al hotel para que pudiera descansar más a gusto, gracias a mi pequeño descuido, mis padres retrasaron nuestro regreso a casa dos días más para que pudiera reponerme. En cuanto llegamos me recosté sobre la cama, Ava salió con mi madre y me quede solo con Eros por un momento.
Él me informó que gracias a mi esposa mis padres no descubrieron que Monse estaba en el hotel, obviamente me reprendió por hacer lo que hice, Eros es el único que pude regañarme además de mi familia. Porque no solo es mi chofer y mi guardián, sino también es mi mejor amigo a pesar de ser mayor que yo, cuida de mí, me aconseja y me hace ver mis errores. Sé que presentar a Monse de esa manera fue un juego sucio de mi parte, no debí humillar a mi esposa de esa manera, pero su manera de rechazarme una y otra vez, hirieron mi ego.
Me sentí muy aliviado cuando me confirmo el regreso de Montserrat a la ciudad, ya que lo que menos necesitaba era más problemas de los que ya tenía. Si mi madre se enterara de mi pequeña treta, me mataría por romper nuestro acuerdo, aunque es mi alcahuete. Comienzo a tener el ligero presentimiento que, desde ahora, mi propia madre se ha cambiado de bando y sin duda estará del lado de mi esposa… la estoy perdiendo como aliada. Eros me dijo también que le pidió que me dijera que la llamara en cuanto pudiera para saber cómo me encontraba, le di poca importancia y me dispuse a descansar.
Más tarde mi preciosa muñeca regreso a la habitación seguida de un mozo, el cual traía un carrito con comida para mí, ella no tuvo más remedio que quedarse a mi lado a cumplir con sus responsabilidades de esposa. Acomodo la mesa para mí, su dedicación en cada detalle, me tenía fascinado, sin duda su familia la habían educado muy bien, me senté y bajo su supervisión me terminé todo sin rechistar. No es que la halague, pero su compañía y cuidados me hicieron sentir un extraño calor en mi corazón.
Mientras yo descansaba ella aprovechaba esos momentos libres para leer un libro o mensajear con su familia, supongo. Por ratos me despertaba y no podía evitar admirar lo hermosa que es en silencio, no sé qué tiene esta chica que me tiene obsesionado con ella desde que la vi. Conocer las diferentes facetas de esta pequeña fiera, me hacen interesarme aún más. Tal vez sea esa imagen de niña buena tiene lo que me atrae o el dulce aroma que emana de ella, esa deliciosa fragancia a frutas que me embriaga cada vez que la tengo cerca provocándome un hambre sobrenatural por hacer la mía. Lo que me pone a pensar una y otra vez;
¿Qué es esto que estoy sintiendo por ella?, es solo deseo carnal o algo más… no me atrevería a llamarlo amor… eso sería absurdo… ¿Cómo sería posible, sí, apenas la conozco?, ¿no se necesita pasar mucho más tiempo con una persona para definir que estás perdidamente enamorado de ella?
¡Dios!, comenzaba a creer que me estaba volviendo loco, con tantas dudas y preguntas rondando en mi cabeza, era un completo desastre. Emocionalmente, me debatía entre lo que suponía sentía en mi interior y lo que siempre he juzgado acerca del amor. Por otro lado, me sentía físicamente, me sentía frustrado, por imaginarme cosas que posiblemente estén lejos de mi alcance con esta chica. Jamás había tenido problemas para llegar a ninguna mujer, solo basta una mirada o una simple palabra para que ellas cayeran a mis pies, pero el hecho de que Ava me rechace, ofendía título como el hombre más deseado.
Antes de la cena su familia llegó de manera inesperada para ver como me encontraba de salud, al entrar el señor Gerardo se veía un poco serio, supongo que su actitud se debía al hecho de que omitimos mi enfermedad. Al acercarse a mi esposa, le dedico una mirada que la hizo inclinar la cabeza, honestamente la acción pareció un poco extraña, digo mi hermana cuando ve a papá se lanza sobre él y lo llena de besos. Pero mi esposa le rehúye a su propio padre, desde que los conozco no he visto ningún tipo de demostraciones de afecto entre ellos, lo que me hace pensar que esta familia es algo peculiar.
— Cuéntanos yerno, ¿cómo estás?, y como es que no nos dijeron sobre tu enfermedad, nos enteramos de que te pusiste mal en la noche de bodas… — hablo mi suegro llamando mi atención… vaya que vuelan las noticias aquí. — Ava se veía un poco nerviosa.
— No es que se lo quisiéramos ocultar, es solo que no se trata de nada grave, mi condición es algo con lo que he vivido desde hace años y no ha afectado mi vida. Por lo regular solo son pequeñas descompensaciones de azúcar. Nada que no esté bajo control… ¿Cómo se enteraron de lo que paso? – tuve curiosidad.
— Vine a dejar algunas cosas para Ava por la mañana y la recepcionista me informo que estabas en el hospital.
— Oh, entiendo… bueno como ve, no tiene nada de que preocuparse, yo estoy bien y puedo seguir mi vida con normalidad.
— Eso espero… eres joven y mi hija necesita a un hombre fuerte a su lado, para cuidarla y darle hijos sanos y fuertes. — su comentario la puso incómoda y yo sonreí triunfante.
— No se preocupe por eso, que su hija y yo tendremos hermosos hijos como ella, sanos y fuertes. — Ava levanto la cara y me miro con los ojos entrecerrados, sonreí. — ¿no es así querida?
— Por supuesto que sí, querido – respondió entre dientes, mis padres y mi suegro sonrieron felices.
— Dios muero porque ese día llegue pronto – comentó mi madre, conversamos por un corto tiempo, sobre planes a futuro y otras cosas a las cuales no le puse mucha atención.
— Bueno, creo que es hora de retirarnos para que nuestro yerno pueda descansar, hija, cuida bien de tu marido.
— Si papá. — respondió sin más por agregar, ni un beso, una bendición, nada, se despidió de los demás y luego solo se fueron.
Para la cena mis padres pidieron servicio al cuarto para los cuatro, convivimos un poco para conocernos mejor, mi madre, como toda típica mamá, no dudo en contarles algunas viejas anécdotas de infancia a mi esposa. Por primera vez en mi vida la escuché su angelical risa, la cual me tenía embobado por ella, mis padres solo me veían de reojo y se burlaban de mí con discreción.
Luego de un rato agradable y familiar, mis padres se despidieron ir para descansar y darnos nuestro espacio. Antes de irse, mi madre estrechó entre sus brazos a mi bella muñeca, la toma como si fuera su propia hija, con cariño y amor, sinceramente me sentí un poco raro ante la escena.
Era increíble la manera tan simple en la que Ava sin tener que esforzarse ni un poco se ha ganado el aprecio de mis padres, con Monse eran amables, pero con ella son totalmente distintos. Y me pongo a pensar, si así de bien resulto con ellos en tan poco tiempo, entonces, ¿cómo será con el resto de la familia?, ¿la aceptaran de la misma manera?
Mientras me pongo cómodo en la enorme cama, Ava ingresa al baño con una muda de ropa para tomar un baño, la escucho cerrar con seguro, lo cual me provoca un poco de gracia. Demora muy poco y luego sale vistiendo con un lindo pijama rosa con estampado de pequeños corazones blancos de pantalón y camisa de botones manga corta. Nada sensual, pero en el cuerpo de mi muñequita hermosa lucia apetecible, la mujer era una exquisites tal cual, sus curvas resaltaban en cualquier tela.
La observo acomodar un par de almohadas y colchas sobre el sillón de tres plazas que hay a un costado de la cama, ella lo ha dejado muy en claro, no me quiere cerca, pero por alguna razón yo a ella sí. Ya sé, con mis acciones lo había jodido todo… no soy de rogar, pero quiero y necesito tenerla cerca, aunque sea solo para sentir su presencia, su calor, su rico aroma. Necesitaba comprobar que es lo que realmente me hace sentir… necesitaba esclarecer mi mente para saber que iba a hacer después de regresar.
— ¿No vas a dormir en la cama? – pregunté divertido sabiendo la respuesta… que le voy a hacer, me gusta molestarla… ese se ha convertido en mi pasatiempo favorito. Ella voltea mirándome como si tuviera dos cabezas, no puedo evitar reírme.
— El azúcar te afecta también, ¿el cerebro? – rueda los ojos y luego vuelve a su labor. — es obvio que ni en tus sueños dormiría en la misma cama que tú.
— Sabes cuantas mujeres anhelan el lugar que tú rechazas.
— Pues en mi opinión, todas deben ser tontas, descerebradas y sin una pisca de amor propio. — no puedo evitar la risa.
— Vamos, Ava, no muerdo, además, la cama es muy grande, hay suficiente espacio para los dos, entonces, ¿Por qué dormir en un incómodo sofá? – ella me mira mientras toma asiento, se cruza de brazos y piernas como toda una dama, suelta un largo suspiro antes de soltar su veneno.
— Primera, por la incomodidad no te preocupes, este sofá – pasa su mano por el asiento – se ve mucho más cómodo que la tina de baño donde tuve que dormir en mi noche de bodas. — hay un tinte de ironía y recelo en su manera de expresarse y lo acepto me ha dado una patada imaginaria en las bolas, al recordarme lo bastardo que fui. —segundo, te he dejado claro que no pienso dormir contigo, no solo me refiero a la intimidad.
— El sexo – digo con burla y ella rueda los ojos por la interrupción.
— Tercero, no quiero que la loca de tu amante se parezca de la nada y quiera matarme… así que no gracias, dormiré en el sofá… buenas noches.
Se acostó, se tapó de pies a cabeza, lo cual me hizo reír, apago la luz que tenía cerca, dio varias vueltas y al no poder dormirse rápido, tomó su teléfono, el cual era un poco pasado de generación. Hice lo mismo que ella, me entretuve un rato en mi móvil, vi algunos mensajes de Monse y de algunos amigos, los ignore, no estaba de ánimos para responder. De repente la vi sonreír y no pude dejar de verla con adoración, no sé cuánto tiempo duramos así hasta que el sueño nos venció.
A la mañana siguiente desperté y ella ya tenía otro cambio de ropa, estaba lista para salir, observe la hora y ya eran las 10 de la mañana, al ver que estaba despierto me volteo a ver.
— Buenos días.
— Buenos días, muñeca – hizo una mueca, pero no dijo nada. — ¿vas a salir?
— Si iré a mi casa por mis cosas, tu padre ha llamado temprano para avisar que nos iremos hoy a media tarde, así que iré por el resto de mis cosas y a despedirme de mi familia.
— Ok, entonces me cambio rápido.
— No es necesario, Eros me llevará… así que descansa, el desayuno ya está en la mesa.
— No, Ava… soy tu esposo y es mi deber acompañarte y despedirme también de tu familia, ahora también es mía. — me observa en silencio, analizando mis palabras, pero es la verdad.
— Como quieras… pero primero come tu desayuno, no quiero que te vuelvas a desmayar. — sonreí.
— ¿Te preocupas por mí? – rueda los ojos y como es demasiado orgullosa no me responde.
Me doy una ducha rápida, luego me pongo unos jeans a juego con un polo azul marino y unos tenis blancos, ya listo, salgo del baño, como en silencio y lo más rápido que puedo mientras la veo organizar nuestras cosas. Al terminar me cepillo los dientes y luego salimos rumbo a su casa, en cuanto llegamos somos bien recibidos por su familia, sin demora ella sube a su antigua alcoba, por sus cosas, mientras yo me quedo en la sala con su padre a tomar un café. Una hora después Eros comienza a subir maleta y cajas al auto, al terminar, Ava comienza a despedirse de su familia, llora y se ve muy triste por dejarlos atrás, verla así definitivamente no me gusta mucho.
Ella abraza a su madre y a su hermana como si no volviera a verlas nunca más, así que me tomo el atrevimiento de decirles que pueden visitarnos cuando quieran. Luego de las lágrimas y, las tristes despedidas, partimos directo al aeropuerto donde nos esperan mis padres en nuestro avión privado.
Todo el trayecto es un incómodo silencio, solo se escuchan sus sollozos, quisiera consolarla, pero sé que lo que menos desea es que me acerque. Seguramente pensaría que soy hipócrita, ya que abandona a su familia, su casa y su país a causa mía, solo puedo ofrecerle un pañuelo desechable, el cual agradece. Para cuando llegamos a nuestro destino ya está más tranquila, bajamos del auto y bajo la mirada de mis padres tomo su mano, la cual acepta a regaña dientes.
— ¿Lista para tu nueva vida como la señora Lynch? – pregunto y ella voltea a verme.
— No, pero no es como que tenga muchas opciones o ¿sí? – dice encogiéndose de hombros, el sarcasmo reina cada vez que esta niña abre la boca, pero comienzo a acostumbrarme.
— Ava, sé que crees que he arruinado tu vida, pero no es así…
— Eso ya no importa lo hecho, hecho está Kayden y solo nos queda aceptarlo y seguir adelante, solo espero no tener problemas con ella… no soy una persona que juzgue a los demás, pero trata de mantenerla lejos de mí. Carezco de paciencia y no soy nada amable cuando me provocan.
— Ella en su mundo y tú en el tuyo.
— Eso espero.
— ¿Sabes?, tal vez esto no sea una tortura para ti, pero al menos tratemos de llevar la fiesta en paz… a cambio te prometo que haré lo que este a mi alcance para ayudarte a que cumplas con tus sueños.
— Demos un paso a la vez, Kayden o podemos tropezar y apenas estamos empezando.
Abordamos el avión privado de mi familia, mis padres decidieron darnos un poco de espacio, así que se sentaron un poco retirados de nosotros. Ava desde que vio el avión se quedó pasmada, tomo el asiento de la ventanilla y no ha dejado de observar todo a su alrededor. Le pregunté si alguna vez había viajado en uno y ella responde que nunca ha salido de viaje fuera de su estado, obvio menos del país.
Al despegar sujetó mi mano inconscientemente por los bruscos movimientos del avión, cuando al fin nos elevamos, logró relajarse un poco. Voltea ver mi mano y nota la sangre, me agarro tan fuerte que me enterró las uñas.
— Oh, lo siento mucho, no fue mi intención lastimarte. — se disculpa apenada y eso me parece tierno de su parte.
— Tranquila, para ser tu primera vez lo has hecho bien… mi sobrina entro en pánico y se puso a gritar como loca. — respondí divertido al recordar tal escena.
— ¿Cuántos años tiene tu sobrina?
— 7 años – ella abre la boca y luego se cruza de brazos.
— Kayden, ¿me estás comparando con una niña de 7 años?… qué cruel eres. — pretende estar ofendida, sin embargo, me sorprende cuando comienza a reír.
— Bueno, al menos vamos avanzando.
— ¿Ah?
— Al menos te he hecho sonreí… no te imaginas bella que te ves muñeca. — comento y ella se sonroja… wow, esto es una locura, mi cabeza explota… ¡Dios, la hice sonrojarse! – soy consciente de que es mi culpa, que tu felicidad se vea afectada, pero al menos intentemos hacerlo que te sugerí.
— ¿Qué cosa?
— Tratemos de llevarnos bien.
— Dejemos que las cosas tomen su curso – Respondió antes de tomar su bolsa para sacar una bandita morada y ponérmela en la mano.
— ¿Te gusta este color?
— Es mi favorito, en todas sus tonalidades, al igual que el azul y el blanco. — respondió tranquila, desde el incidente que tuve, ha habido momentos en los que ella baja sus barreras sin darse cuenta y es un poco más amable conmigo, sin duda eso realmente me agrada, porque me hace sentir que puedo intentar acercarme a ella poco a poco, a pesar de mi gran metida de pata.
— Gracias muñeca. — digo cuando termina de pegarla la bandita, ella niega.
— Puedo pedirte un favor.
— Claro… dime.
— No me digas muñeca… odio los apodos y sobre todo viniendo de ti odio esa palabra. — asiento.
— ¡Imposible!, no es un apodo, es mi manera cariñosa de llamarte. — ella frunce el ceño. — además, te queda como anillo al dedo… desde que te vi me recordaste a una de esas muñequitas de porcelana. Así que lo siento mucho, pero no puedo hacer eso. — fingí pena.
— Eres increíble. — dijo intentando ocultar su diversión y el hecho que no le molesta como aparenta.
El viaje no es muy largo, pero supongo que ella está cansada porque solo demora unos minutos admirando la vista desde las alturas y luego, sin darse cuenta, deja caer su cabeza sobre mi hombro y se duerme profundamente.