Ava
Inmediatamente, le pedí a mi esposo que me llevara a casa y que enviara a Eros por mí más tarde, pero se negó y dijo que me esperaría abajo, el tiempo que demorara. Al llegar al estacionamiento salí casi corriendo del auto, subí por el ascensor hasta el piso donde se alojaba mi familia, al tocar la puerta esta fue abierta por mi madre quien tenía una mirada de miedo.
— Mamá – la abracé al ver lo mortificada que estaba. — ¿Qué pasa?
— No lo sé, cuando tu hermana llegó tu papá hablo con ella, la golpeó y luego la encerró a su cuarto… no me ha dejado verla. — respondió llorando, trague saliva, pero que estaba pasando.
— Tranquila mami, veré que pasa — asintió – ¿Dónde está él?
— En su despacho… Ava tengo miedo, no entiendo qué le pasa, tu padre sé ha vuelto loco, está tan molesto que ni él mismo se soporta. — abrí los ojos sin saber qué esperar de mi padre. — hija, ten cuidado por favor – apretó mis manos y la sentí temblar del miedo. — recuerda no contradecirlo, por favor. — asentí y luego continué mi camino.
Mientras caminaba por el pasillo que llevaba al despacho, a mi mente vinieron miles de recuerdos, en los que me llamaba para castigarme por alguna travesura o solo por sacar nueve y décimas en algún examen. Una sensación de angustia y miedo se instaló en mi pecho al pensar que había hecho algo malo y que por eso me había llamado, pero por más que pensaba que nada me venía a la mente. Al llegar hasta la puerta me detuve, inhale y exhale antes de tocar, espere su aprobación y entre.
— Buenas noches, papá… quería verme. — salude controlando el temblor de mi voz.
— ¡Cierra! – ordenó sin responder a mi saludo, hice lo que pidió y luego voltee lentamente a verlo, su semblante era aterrador…
— ¿Pasa algo papá? – intenté controlar el miedo.
— Pasa… — sonrió de manera espelúznate mientras se levantaba de su silla para caminar al minibar. — pasa que desde que naciste me di cuenta de lo bella y valiosa que serias y conforme fuiste creciendo descubrí que no eras una niña cualquiera. Eres bella, inteligente, talentosa, fuerte y un poco rebelde y orgullosa, has sido la única que me ha desafiado a pesar de saber las consecuencias de hacerlo y lo he dejado pasar, porque, aunque me cueste reconocerlo, te pareces mucho a mí. — se sirvió un trago, lo bebió y luego se sirvió otro antes de voltearme a ver directamente a los ojos, a pesar de la distancia me sentía intimidada y me quede inmóvil y temblorosa.
— Yo, siempre supe que tu futuro sería algo grande, el mejor que el de cualquier otra persona, por eso me esmere contigo más que con Gaby. Ella es sumisa, temerosa, compasiva, débil y sobre protectora, toda una mártir, ella no desarrolló carácter como tú que brillas con luz propia, cualquiera que voltea a verte te desea y eso te hace mi tesoro más valioso Ava. — lo miré sin comprender a donde quería llegar.
— No entiendo por qué me dice todo esto… papá, ¿he hecho algo malo? — pregunté nerviosa.
— Pues no lo sé… démelo tú, ¿hay algo que debas contarle a tu padre… algo que haya sucedido recientemente?
— No, papá, nada importante. — respondí y él sonrió de manera macabra. — ¿Qué pasa papá?, me estás asustando.
— ¿Te asusto?, y por eso mientes.
— ¿Mentir? – mi voz salió temblorosa.
— ¿Cuándo pensabas decirme que Dylan Aguirre, está aquí? – mi cara palideció de inmediato. — te has quedado muda princesa, ¿es que acaso no es tu exnovio? – se burló de mí al ver mi cara de espanto. — Hoy me lo encontré por casualidad en la plaza comercial donde se supone estaría con tu esposo, dime Ava, ¿te has atrevido a faltarle a tu esposo reuniéndote a escondidas con él? — abrí los ojos como platos negando con la cabeza.
¡Maldita sea!… estoy muerta… adiós mundo cruel.
— No, papá, cómo puede pensarlo siquiera, le juro que…
— Ten mucho cuidado con lo que juras Ava, ¿Crees que soy tonto? – preguntó acercándose a mí con un aura intimidante que hizo temblar hasta la última célula de mu cuerpo.
— Por supuesto que no… yo no lo he visto, se lo puedo asegurar… yo. — zas, resonó la bofetada sobre mi mejilla antes de hablar, el golpe fue tan fuerte que perdí el equilibrio y caí al suelo sintiendo el sabor metálico de mi sangre.
— Juzgué que los golpes que te di por mentirosa desde pequeña te habían enseñado a no mentirle jamás en la cara a tu padre, pero veo que aún te faltaron más.
— Perdóneme papá… me equivoqué, no lo volveré a hacer, es que me ha tomado por sorpresa… yo no quise. — dije arrastrándome hasta sus pies, sin embargo, el llanto no me dejaba ni hablar.
— Más sabes el diablo por viejo que por sabio… decía mi padre. — dijo antes de caminar hacia el escritorio – tomo unas fotos y me las aventó. — sé todo sobre él, donde trabaja, duerme y come. — volteé a ver asustada, aunque eso ya lo sabía el abuelo de Dylan, me lo había dicho antes. — sé desde cuando lo conociste y desde cuando se ven a mis espaldas.
— Déjeme explicarle por favor.
— Explicar…. Que me vas a explicar, he, quisiste verme la cara de tonto, pero a Gerardo San miguel nadie le ve la cara. — asevero viéndome con recelo. — Es más, cuando supe de tu pequeño romance de niña, no dije nada porque el abuelo de tu profesor de quinta me prometió que su nieto jamás te faltaría al respeto porque era un hombre de familia, valores y toda esa mierda moralista. Dijo que solo se trataba de un amorío inocente. No estaba de acuerdo, sin embargo, era feliz con tus logros, así que te deje ser, porque así lo quise yo. — aclaro. — quería que despertaras como mujer y que maduraras más, que conocieras lo bueno y lo malo de los hombres para que ningún idiota se pasara de listo contigo. Además, confiaba en tú cesantes, sabía que no eras tan tonta como para entregarte a cualquier imbécil que te hablara bonito, eres inteligente y astuta como yo. — odie esa comparación, pero era cierto.
— Y entonces, ¿por qué no me dejaste estar a su lado, porque me obligaste a casarme con otro? – me atreví a preguntar levantándome del suelo.
— Porque tú, hija mía, te mereces lo mejor… no las migas de esa familia que comparada con la familia de tu esposo no son nada. — asevero con coraje… y tú ganabas más con mi matrimonio… pensé. — Por esa razón, cuando te casaste y sorprendí al tal Dylan merodeando afuera de mi casa investigando por ti, le puse un ultimátum…
— ¿Qué?
— Le dije que si se acercaba a ti lo iba a destruir y creo que es momento de cumplir mi palabra.
— No papá, por favor, no le haga nada, no vale la pena, le prometo que él se mantendrá lejos de mí, él en su vida y yo en la mía.
— No mientas, porque sé que ese infeliz ya se atrevió a acercarse a ti… ¿Cierto?
— Las cosas no son así, déjame explicarte… — zas otra bofetada de ida y vuelta me silenció…
— No te atrevas a mentirme de nuevo Ava, porque te juro que me importa un cuerno que estés casada y te haré pagar por tu atrevimiento a mentirme, ni creas que te libras de mí porque ahora eres una Lynch. — asevero en un tono que me hizo temblar del miedo. — me enteré de que ese maldito se atrevió a buscarte, fue a la casa de tu esposo y también te amenazó. — voltee a verlo pálida como un papel.
Joder, ¿Cómo lo supo?, me pregunte a mí misma. Él sonrió al ver mi incógnita.
— Ava, Ava… pequeña Ava, no hay nada que se le escape a tu padre, eso deberías saberlo ya y solo hizo falta un poco de presión para hacerla hablar, sabes de quién hablo, ¿verdad? — dijo refiriéndose a mi hermana, me levanté un poco aturdida por el golpe. — Aunque hubiera preferido que me lo dijeras… dime, ¿Qué hubiera pasado si ese maldito arruina todo lo que hasta ahora tenemos?, si hubiera manchado nuestro apellido por su estúpida obsesión contigo… un divorcio no nos conviene Ava… quien se casara con una mujer dejada y ya no pura. — esa última palabra me hirió, porque si supiera que ni siquiera hemos consumado, muere.
Pero, ¡Claro!, lo único que te preocupa es el dinero padre. — pensé triste.
— Es cierto — admití — Dylan fue a verme de sorpresa y también me chantajeo para qué me reunirá en privado con él… obviamente me negué por todo entre nosotros, termino en México días antes de mi unión. Cómo se puso necio opte por decírselo todo a mi esposo y él lo puso en su lugar, para que no se volviera a acercar a nosotros. Se lo juro, yo no hice nada malo – dije entre el llanto…
— Espero por tu bien, que así sea, porque no voy a permitir que me deshonres por andar de mujerzuela y en cuanto a ese infeliz…
— Jamás papá – me apresuré a responder. — desde antes de casarme terminé con él y le he dejado en claro que ahora me debo únicamente a mi esposo y su familia.
— ¡BIEN!, ahora llámalo y dile que te quedaras a dormir esta noche… no es bueno que te vea así, tendrás que inventar un pretexto para el labio roto. — se acercó a mí y me tomo del brazo con dureza. — ni se te ocurra decirle una sola palabra o verás.
— No, papá, no diré nada… lo prometo. — respondí con la cabeza abajo, odiaba ser tan sumisa frente al él, pero que podía hacer, si tan solo con un golpe me desbarata y me hace sentir nada.
Odiaba ser tan débil…
— Largo y mucho cuidado con lo que haces, Ava, te estaré vigilando. — asentí antes de abrir la puerta.
Al salir me encontré con mi madre y mi tía llorando, ellas escucharon todo y solo me abrazaron para consolarme y me desarmé porque yo no tenía la culpa de nada. Yo hice todo bien, lo dejé todo claro desde antes de casarme con Kayden y no era mi culpa que ese estúpido no entendiera que yo jamás volveré a su lado. Sin duda mi día paso de ser bueno a ser el peor y terminar terrible, fui a ver a mi hermana y me dolió ver su rostro y su voluntad quebrada. Las marcas en su piel y los golpes, me volvieron recordar que mi padre no es un ser humano, es un monstruo, una bestia que no merecía ser padre… sin más, corrí hacia ella y la abrace.
— Perdóname Ava… debí resistir más antes de hablar y decirle todo, pero…
— Sh, sh, no digas eso… mira nada más cómo te dejó – recorrí su rostro con mis dedos mientras me preguntaba a mí misma, ¿en qué momento pasamos de tener un día hermoso lleno de risas a esto? – Gaby no hicimos nada malo… solo fuimos castigadas con padre así. — le dije mientras ambas comenzábamos a llorar.
Esa noche derramé más lágrimas de las que había derramado en cualquier otro, me sentía tan cansada, sobrepasada y asqueada de esa vida que me perseguía siempre, porque simplemente nunca aprendimos a ser valientes. No pasaba de un terreno borrascoso para entrar a otro más aterrador, como en las películas, cada vez que avanzas te acercas a la tumba. Mi tía entró con dos tasas de té y una bolsa de hielo para bajarnos la hinchazón por los golpes, luego se sentó en medio de las dos y nos consoló.
— Tía, hasta cuando he, ¿hasta cuándo se acabara este infierno? – pregunte – ni porque estoy casada, deja de joderme la vida. — ella me abrazó.
— Primero debes hablar con tu esposo, puede estar preocupado. — lo había olvidado.
Tome el teléfono y hable con él, hice todo el esfuerzo para que no notara el cambio agudo de mi voz, lo que menos necesitaba era que se pusiera como loco y que papá terminara haciendo algo peor. En cuanto me contesto le dije que mi familia me invito a quedarme, lo cual no le vino en gracia y se negó, pero de luego de hacer los miles de intentos logre convencerlo, con la promesa de hablar antes de dormirnos.
— Mi niña – toma mi mentón para que la mire. — debes aprender a enfrentar a tu padre, aunque eres joven y su hija, ya eres una mujer casada e independiente… es tu padre sí, pero solo le debes respeto, aunque a mi parecer ni eso se merece.
— Toda la razón… mi padre no se merecía ni siquiera el título de padre. — agrega Gaby ya más disuelta.
— No puedo… me aterra que se desquite con mamá o Gaby. — respondo.
— Gaby es adulta… ambas deben madurar… lamento mucho no poder protegerlas mis niñas.
Luego de desahogarnos, me di un baño, me coloque un pijama que me presto mi hermana, ya que somos de complexión parecida, nos acomodamos en la cama como cuando éramos pequeñas, siempre me abrazaba por la espalda para consolarme, pero en ese momento fue mi turno. Acaricie su cabeza hasta que se quedó dormida, yo por mi parte me quede viendo hacia un punto fijo en la nada, mi cabeza daba vueltas con tantas cosas con las que debía lidiar. Estaba por cerrar los ojos cuando el teléfono vibró, lo tomé y era Kayden, había olvidado marcarle.
Hablamos durante un largo tiempo, me hizo reír y por un momento olvidarme de lo que había pasado, mi esposo era esa clase de persona, todo en uno, te hace enojar, te hace reír, suspirar, olvidar, sentirte segura y cálida a su lado.
— Es hora de dormir – dije.
— No quiero, déjame escuchar como roncas…
— Ja, ja, ja, eres un tonto… yo no ronco.
— Bueno, no, pero duermes bonito, estoy tan acostumbrado a ti que te extraño mucho, dudo mucho que pueda dormir. — reía – porque a mí también me gusta dormir a su lado. — cambiemos a videollamada ¿sí?, quiero verte.
— No. — dije de inmediato.
— ¿Por qué no?
— Porque Gaby duerme a mi lado y le da pena que la veas en pijama, es inapropiado. — me excusé aún con la oscuridad notaria el aspecto de mi cara.
— Bien, entonces duerme mientras velo tus sueños muñeca… espero que tengas muchos sueños calientes conmigo como yo los tendré contigo. — me puse roja.
— ¡Kayden! – chillé bajo. — mi hermana te puede escuchar. — es que solo piensa en ¿eso?
— En este momento la envidio… quiero estar en su lugar. — reí y luego seguimos hablando de cosas sin sentido hasta que me quede dormida.