Capítulo 15 – Me estoy cansando.
Kayden
Al subir a la camioneta Eros me informa que debemos regresar al hotel, mientras devoro unos de los biscochos no puedo evitar recordar al fiero ángel con el que me tope. No sé qué es lo que me llamo más la atención de ella, si su bello rostro angelical o sus hermosos ojos claros como el cielo en un día soleado… puag que cursi se escuchó eso.
Aunque siendo sincero, he conocido un sinfín de bellezas de todo tipo, altas, bajas, delgadas, unas no tanto, pero bien dotadas, piel clara o morena, de todo tipo que mujer que pueda existir. Pero jamás… jamás en mi vida me había topado con algo así de lindo.
— ¿Está rico el bizcocho? – Eros me saca de mis pensamientos, sonrió como tonto. — ¿paso algo que deba saber?
— ¿Por qué la pregunta?
— Por qué traes una sonrisa de idiota dibujada en el rostro que no puedes con ella. — me saca una carcajada.
— Eros… creo que vi a un ángel caído del cielo. — ahora sus carcajadas resuenan en el interior de la camioneta.
— Y yo considero que la falta de sexo te tiene mal niño.
En cuanto llegamos al hotel me reuní con mis padres y mi tía, para afinar los planes para la noche, Ivanna me mostró una foto de mi posible futura esposa y la verdad no está mal, es bonita pero no como mi pequeña muñeca. La tal Gabriela parece de esas chicas sumisas, hogareñas y dóciles, sin duda eso me conviene. Luego de una larga y aburrida platica sobre como debo actuar frente a la familia de la chica, cada quien regreso a su habitación.
Cuando llego el momento me di una duda y luego me coloque un traje sastre hecho a la medida color n***o con camisa blanca, corbata rojo oscuro y zapatos negros elegantes. Por lo general suelo usar ropa casual, polos, jeans, tenis, mocasines, etcétera, no soy amante de lo formal, aunque no negaré que cualquier ropa me luce espectacular. Listo para hacerle frente a mi sentencia de muerte, abro la puerta encontrándome con Eros, quien me espera para partir, caminamos hacia el ascensor y no puedo evitar tener una cara de muerte.
— Cambia esa cara de velorio.
— No puedo… me conoces y sabes que no deseo hacer esto.
— Niño, nacer en cuna de oro, no siempre significa que puedes hacer lo que quieras con tu vida, menos si eres un Lynch…
— La maldición Lynch – respondo y en eso mi teléfono comienza a sonar, bufo irritado. — Maldición, ¿es que no sé cansa?
— ¿Quién es?
— Monse, no deja de llamar a cada hora y ya me tiene cansado.
— Pues contéstale y habla con ella, si no lo haces no parará, conoces lo insistente que es. — asiento – Kayden, eres consciente de lo que pretendes hacer con esas dos mujeres, creo que eso es lo más bajo que has hecho en tu vida… esposa y amante.
— ¿Acaso tengo opción?, Mon y yo tenemos historia Eros y a esa chica ni siquiera la conozco.
— Kayden, yo no pienso que sea tan malo que te cases – volteo a verlo con ceño fruncido. — Chico has vivido como te da la gana, en algún momento debes madurar.
— Aún soy joven, aún tengo mucha vida por delante, porque la prisa de que yo madure, de controlar mi vida, no lo entiendo. — sonríe negando.
— Solo deja de ser tan tú y trata de llevarte bien con la chica que posiblemente dentro de poco será tu esposa… quien no te dice que en el futuro ella es la mujer de tu vida. — bufo irónico y decido no responder, porque el teléfono no deja de sonar.
— Dios… me estoy cansando de esto también.
Nos encontramos con mi familia en la entrada del hotel, todos visten de manera elegante para la cena, subimos cada uno a su respectiva camioneta y sin más partimos. Durante el camino decidí contestar la llamada insistente de Monse o me volvería loco.
— ¿Kayden?
— Quien más…
— ¿Por qué no me contestas?, te he llamado desde hace horas y no atiendes mis llamadas…
— He estado ocupado… Montserrat…
— Ocupado, ¿con tu prometida?
— ¿Qué quieres? – pregunto cortando algo que no nos lleva a ningún lado.
— Solo quiero saber, ¿Cuándo vas a volver?, te extraño mucho amor. — me fastidia que se ponga así.
— Monse, ayer estuve todo el día contigo y te dije que no debías llamarme hasta volver.
— No puedo amor, estoy preocupada…
— Pues no tienes por qué preocuparte, y lo sabes… te dije que todo estaría bajo control.
— Qué tal si te alcanzo allá y nos vemos a escondidas.
— Ni se te ocurra… no quiero más problemas, así que deja de hacer tanto drama, que tu actitud me está cansando – la escucho sollozar y me fastidia aún más que haga eso, Eros solo me mira por el espejo retrovisor y niega. — Montserrat, este matrimonio es un hecho, nos guste o no y ya lo hemos hablado.
— Lo sé… pero… — no la dejo terminar porque hemos llegado.
— Te marcaré más tarde, tengo que colgar.
— Está bien, pero dime que me amas.
— Claro que lo hago, nos vemos luego. — corto.
Al llegar al restaurante donde se llevara a cabo la reunión, bajamos de los vehículos para entrar todos juntos, mis padres adelante y la tía de mi brazo atrás de ellos. La recepcionista nos da la bienvenida y nos guía hacia la mesa donde nos esperan dos personas, un hombre que tiene cara de vividor y una señora mayor que me mira como si fuera de oro.
— Buenas noches – saludan mis padres y la primera en darles la mano es la tía quien ya los conoce.
— Bienvenidos… tomen asiento por favor. — responde el señor.
— Claro, pero antes permítame presentarle a mi yerno Kilian Lynch – habla la tía Ivana – ella es su esposa, Monik Lynch y mi sobrino Kayden Lynch… Ellos son Gerardo San Miguel, el padre de la señorita Gabriela y su abuela Teresa Ortega, madre del señor.
— Es un placer conocerlos – responde mi padre saludando de mano al señor San Miguel.
— Así que este es el hombre afortunado que se comprometerá con mi bella Gaby – comenta la señora acercándose a mí y abrasándome de manera sorpresiva.
— Es un gusto, señora – respondo al separarme de ella con una sonrisa falsa.
— Vaya que eres guapo niño – asentí con una sonrisa, tomamos asiento.
— Y su esposa, no vino. — pregunto mi madre.
— No, ella, está un poco indispuesta, pero sin duda mañana la conocerán. — respondió mi nuevo, ¿suegro?
La cena dio inicio y mientras comíamos conversamos un poco para conocernos, la señora no dejaba de parlotear alagando la belleza e inteligencia de su nieta. Ya me estaba mareando con tanta palabrería, estaba a punto de decir algo cuando mi padre toco el tema de los bienes.
— Bueno Sr. Gerardo, me gustaría que habláramos de las condiciones de este matrimonio, en dado caso de que mañana se realizara la petición de mano como es debido.
— Usted dígame que beneficios obtengo – el brillo en ellos ojos de aquel hombre solo me demuestra que como siempre todo es por dinero… la ambición le brota por los poros, pero, estos son los deseos de mi abuelo, ¿no?
— Pues mi padre, en nombre de la amistad que algún día tuvo con su padre, desea que esta unión será lo más beneficiosa, así que puede pedir lo que sea… una casa en Palm Beach para estar cerca de su hija o si desea alguna ayuda con sus negocios.
— Primero formalicemos el compromiso y luego le diré que deseamos Kilian.
— Está bien…
Concluimos la cena con la familia San miguel, nos despedimos de ellos y luego vamos de regreso al hotel, antes de llegar le pido a Eros que busque un bien lugar para divertirnos. No tengo ganas de irme a encerrar sabiendo que mañana conoceré mi destino, Eros intenta negarse, pero logro convencerlo al decirle que es como mi despedida de soltero.
Después de la pedida de mano y sellar el compromiso, nos casaremos de manera rápida, algunos días antes de volver a casa. Eros me lleva a un club nocturno que no se ve nada mal, al llegar a la entrada damos algunos billetes para que nos dejen entrar sin problemas, al ver que tengo dinero me dan el mejor sitio.
La música es buena, el DJ es bueno y el ambiente no está mal, Eros se sienta a mi lado y pedimos una botella de las más caras, comienzo a beber, bailo un poco, me divierto con algunas nenas. Mi padre le habla a Eros para saber dónde estamos y este le dice que, en un bar, le pide que me cuide y luego cuelga. Cuando el alcohol me está pegando, mi mente me traiciona, comienzo a alucinar con esa muñeca hermosa de ojos azules, miro a mi alrededor y me parece verla bailar de manera sensual, me levanto de mi asiento para ir hacia ella con Eros detrás de mí. Pero al acercarme y ver a la chica de cerca me doy cuenta de que no es ella, claramente me estaba volviendo loco o el alcohol ya me estaba pegando alto.
Eros me llevo al hotel, por suerte es más alto y fuerte que yo, así puede llevarme a rastras sin ningún problema, con la poca lucidez que me queda, siento como me acomoda en la cama, mientras balbuceo incoherencias. Luego me quedo totalmente perdido en mis sueños…
Al día me despierto con la peor resaca de mi vida, creo que una vez más me pase de tragos, Eros entra a la habitación con una bandeja en la mano. Mi remedio eficaz, agua minera, limón y aspirinas, además de un jugo de naranja.
— ¿Dolor de cabeza? – se burla de mí.
— Terrible, no me vuelvas a dejar beber así.
— Ja… y que puedo hacer yo cuando te pones imposible. — eleva los hombros. — levántate que te esperan para desayunar. — hago mala cara, porque lo que menos quiero es comer.
La mañana pasa lenta y aburrida en compañía de mis mayores, sin embargo, no dejos de mirar la hora, cuando son casi las tres, distraigo a Eros para robarle las llaves y escaparme, pero me atrapa en el acto.
— ¿Qué buscas niño?
— Solo quiero ir a dar una vuelta antes de mi destino final.
— Ahora eres dramático. — ríe – vamos, te llevo.
— No, debo ir solo… solo será un rato.
— Kayden, tienes que asistir a esa cena y si no lo haces tu padre me matará.
— Te prometo que solo iré por unos pasteles y regreso.
— Ahora entiendo… quieres ir por tu dulce bizcocho de carne y hueso.
— ¿Qué?
— Anoche te la pasaste diciendo que querías comerte ese delicioso bizcocho. — me río. — ¿conociste a alguien?
— A un rico bizcocho…
Eros solo me dio dos horas para salir solo, así que aproveche mi tiempo y regrese a aquella pastelería esperando volverla a ver, me quede en el estacionamiento. Cuando llego la hora ingrese para sorprenderla adentro, la chica que recuerdo se llama Emilia, rio divertida al ver y me confirmo que su madre había ido temprano por el pedido. Sinceramente, me desilusiono mucho, pues tenía ganas de verla una última vez, antes de lo que me esperaba.
— Suerte para la otra, amigo… o mejor date por vencido. — Emilia se burló de mí.
— Es difícil de roer, no es así.
— Mucho… te dije que perdías el tiempo con ella, pero no me quieres hacer caso.
— Ok, dame de los mismos de ayer.
Compre algunos bocadillos y luego regrese al hotel, me encerré a ver películas mientras llegaba la hora de irnos a la casa de mi futura esposa. Me dormí un rato y al despertar me di cuenta de que ya era casi la hora, no tenía mucho tiempo, así que me levante corriendo, tome una ducha y me vestí a toda prisa. El camino hacia la casa de los San Miguel fue un poco largo, observe el camino y vivián en una zona muy agradable, llena de casa antiguas que conservan la historia del lugar.