Kayden
Pasamos el resto del día paseando por la playa, al menos eso sirvió para que ella se relajara y se olvidara del mal momento que le hizo vivir el imbécil de su padre. Jugamos, reímos, y nos olvidándonos de todo por un día completo, solo éramos ella, yo y el mundo para nosotros solos. Por la tarde la llevé a comer mariscos a unos de mis restaurantes favoritos cerca del lugar, fuimos a comprar algo de ropa extra, ya que no habíamos llevado nada y por último pasamos por algunas cremas para su rostro.
Por suerte la hinchazón y el enrojecimiento de su piel clara seso rápido, pues no quería que mi familia la viera así, o tendríamos que dar muchas explicaciones. Lo único que aún se veía notable era su labio que se guía herido y la rabia en mí volvía a enardecer por lo que hizo su padre.
Nos cogió la noche en medio de la playa, admirando el hermoso cielo estrellado que se reflejaba en el azul profundo del mar, sin duda la vista más hermosa del mundo y a lado de ella, la más increíble.
— Sin duda esta es la mejor vista, pero me temo que debemos volver muñeca.
— No quiero - se quejó como niña mimada, volteo a verme con ojos suplicantes. — podemos quedarnos aquí hasta mañana. — sonreí ante la niñería.
— ¿Estás segura?
— Sí — devolvió su mirada hacia el mar - me gusta estar aquí, me siento en paz y lejos de todo lo que me hace mal.
— Entiendo, en ese caso, déjame llamar a mi madre para avisarle ok. — asintió.
Después de hablar con mi madre, quien se puso feliz por nosotros, entramos al interior de la cabaña para limpiar un poco, iba a colocar sabanas limpias sobre la cama, sin embargo, a ella se le ocurrió que debíamos dormir afuera bajo la luz de la luna. Así que coloque el colchón afuera con algunas mantas, prendía una fogata y pude algunas velas al rededor del porche de la cabaña para darle un toque romántico.
Luego de acomodar todo para dormir, tomamos un baño por separado, como no teníamos pijama, ella se colocó una de mis playeras y yo solo me puse el bóxer, ya habíamos pasado a ese nivel de confianza. Nos acostamos abrazados, yo a su espalda para que ambos pudiéramos contemplar la hermosa noche, tenía ganas de portarme travieso con ella, sobre todo porque se veía jodidamente sexy con mi playera puesta. Pero decidí dejarla tranquila y disfrutar de nuestro momento a solas.
Estábamos envueltos en una nube de armonía y tranquilidad pura, era como si al contarme todo, ella al fin estuviera paz en su corazón. Sin embargo, había algo que me molestaba y me causaba curiosidad aun grado de no poderlo soportar.
— Ava – dije y ella respondió con un tarareo, tenía los ojos cerrados mientras escuchaba los latidos de mi corazón cuando se giró para quedar frente a mí. — puedo preguntar – ella levantó el rostro, me miro y asintió. — ¿Qué hizo tu padre para obligarte a casar? – abrió los ojos, se puso tensa y apretó los labios antes de suspirar.
— Eso ya no importa — respondió evadiéndome la mirada. — ya es pasado, ahora estamos juntos y nos queremos… así que solo olvidémonos de todo lo demás, ok.
— No puedo, porque a mí, si me importa y la curiosidad, me está matando desde que lo mencionaste… dímelo por favor. — me miró en silencio, se mordió el labio inferior, dudando de hablar. — por favor. — supliqué.
— Está bien – se alejó de mí y se sentó recogiendo sus piernas para abrazarse de sus piernas. — Ese día, después de que se fueron de casa, me enfrenté a él negándome a cumplir con el compromiso, no solo por Dylan. Si no por mí y sobre todo porque el matrimonio era el deseo de mi hermana, ella más que nadie quería irse de esa casa. Papá enfureció ante mi negativa y me abofeteo, pero no me rendí, supliqué y supliqué, pero nada sirvió, así que me llevo a la bodega. Allí me dio varios azotes y luego me encerró durante dos días sin bebida o alimentos. Mi madre y mi tía se las ingeniaban para darme agua, pero la verdad solo deseaba morirme. — mi corazón se encogió por la culpa y el dolor al escuchar lo que paso a causa de mis caprichos. La abracé y lloré, era la primera vez que me le mostraba mis sinceros sentimientos a alguíen.
— Lo siento mi amor – besé su frente y la apreté más contra mis cuerpos. — perdóname, nunca fue mi intención que pasaras por todo eso, es mi culpa, fui un inmaduro y caprichoso, supongo que si yo no hubiera aparecido en tu vida… — ella se alejó de mis brazos y tomo mi rostro entre sus manos.
— Si no hubieras aparecido, mi vida seguiría siendo un infierno Kayden. Acepto que al principio fue difícil para mí, mentiría si dijera que no te odie por ello, sin embargo, todo cambió cuando comenzamos acercarnos y conocernos mejor y hoy te puedo decir… Gracias por aparecer en mi vida. — me sonrió mientras sus lágrimas se deslizaban por sus mejillas, las limpie y la envolví entre mis brazos.
— Y por eso de ahora en adelante me encargaré de hacerte feliz Ava, me esforzaré por cambiar, para convertirme en el hombre que necesitas, no solo seré tu esposo, sino tu amigo, amante, protector y el que cumpla todos tus sueños y deseo cualquiera que estos sean.
— No necesitas cambiar, solo avancemos sin ataduras ni terceros en discordia, solo tú y yo… si me eliges y eres sincero conmigo siempre, yo prometo que te atesoraré, nunca te traicionaré o abandonaré. Me entregaré a ti en cuerpo y alma, te convertiré en mi credo y en fortaleza, te seguiré a todos lados sin preguntar, incluso si es al fin del mundo, iré detrás de ti.
Sonreí ante sus palabras, esa noche ambos nos hicimos promesas de amor mutuo, está por agregar algo más cuando me sorprendió con un beso cargado de amor puro, amor que correspondí, obviamente. Me emocioné demasiado que no contuve mis impulsos, la tome de la cadera subiéndola sobre mi regazo con las piernas lado a lado. Nuestros cuerpos se incendiaron en deseo en un dos por tres, el beso se intensificó al grado de olvidar que aún tenía el labio herido y la escuche sisear, me alejé de ella.
— Lo siento, lo siento, me dejé llevar, ¿te lastimé? – negó sonriendo, antes de volver a besarme, nos separamos por falta de aire, juntamos nuestras frentes, podía sentir latir intenso de nuestros corazones y la respiración desbocada… la amaba como nunca imagine hacerlo y no había nada que no haría por ella.
— Te amo Kayden – susurro de repente contra mis labios con los ojos cerrados y en ese instante, un manto de felicidad invadió mi corazón estallando en fuegos artificiales en mi cabeza… no podía creerlo, al fin había dicho esas palabras que tanto añoraba escuchar de su melodiosa voz.
El primer te amo de muchos que escucharé salir de su boca.
— Dilo otra vez. — ella abrió los ojos, sonrojada.
— ¿Qué cosa? – sonrió divertida, fingiendo inocencia.
— Dime que me amas de nuevo.
— Lo siento, pero no hay repeticiones – bromeo divertida.
— Oh, vamos, muñeca… no seas mala. — negó y comencé a hacerle cosquillas haciéndola reír a carcajadas, en el calor del juego cambiamos de posición, quedando yo sobre su cuerpo, me detuve y la mire a los ojos, acaricie su labio con delicadeza.
— T.E. A.M.O. Kayden Lynch, tal vez no llegaste a mi vida de la manera más romántica, pero llegaste para quedarte en mi corazón.
— Te amo, mi bella Ava… mi muñeca, mi ángel.
La besé de nuevo, sentí sus manos pasearse por mi espalda desnuda, sus cálidas manos me cosquillaban la piel, yo no podía quedarme atrás, así que comencé a descender sobre su cuerpo, la deseaba tanto que sentí que me quemaba ante mi propio deseo. Abandone su boca para degustar de su hermoso cuello, lamí, besé y mordí con suavidad, mientras mis manos magreaban su cuerpo a su antojo. La escuché gemir cuando mi boca traviesa baja a su pecho, no traía sostén, así que pude sentir sus endurecidos y delicados pezones, los mordisquee a través de la tela, arqueo la espalda antes las sensaciones. Por un momento nos dejamos envolver en una nube de deseo y lujuria. Descendí y bajé hasta su vientre, lo descubrí para besarlo, dejando al descubierto su sexy braga negra.
Ella se dejaba hacer y yo quería hacerle muchas cosas, pero sabía que debía ir lento, suave y delicado, como si de una frágil rosa se tratase, era nueva en esto y aún tenía mucho que enseñarle a mi pequeña mujer. No había prisa, quería tomarme el tiempo necesario para disfrutar de cada parte de su hermoso y exquisito cuerpo. Era un lienzo en blanco para ser coloreado por mí, tan delicada e inocente que tenía miedo de corromperla, al mismo tiempo que anhelaba ser el primero en poseerla, como lo he soñado desde el día que la conocí. Dejando un reguero de besos húmedos a través de sus piernas, subiendo lentamente y sin prisa de perderme cada momento de la reacción de su cuerpo erizado y tembloroso por las sensaciones que le provocaban mis caricias.
Cuando llegue hasta su zona íntima, dejé un suave beso sobre su monte venus a través de tela de su ropa interior, camine hacia sus caderas, las bese y las mordí. Le di la vuelta para dejarla boca abajo, apreté, bese y mordí su redondo y sube trasero, subí besando y aspirando el aroma de su piel sobre su espina dorsal subiendo la ropa hasta llegar a su nuca donde sé su aroma a frutas dulces era más intenso y enloquecedor. Aspire mientras retiraba la ropa por encima de su cabeza, el tacto de mi aliento provocó un escalofrío excitante a través de su cuerpo, noté como su piel se erizaba y ella se removía bajo mi cuerpo.
— Tu dulce aroma siempre me ha vuelto desquiciadamente loco, muñeca… ¿Sabrás tan rico así cómo hueles? — gimió cuando seguí mi camino deslizando mi lengua sobre su hombro, mordí y seguí lamiendo pasando por su cuello hasta llegar a su oído. Pase mi lengua por su oído humedeciéndolo antes de morder el lóbulo de su oreja, provocando que un ligero gemido se escapara de su boca. — Totalmente deliciosa.