Capítulo 61 – Llévame al cielo.

2593 Words
Kayden Le di la vuelta de nuevo para besar su boca metiendo mi lengua provocando un juego excitante, abandone, bajé a su cuello y luego baje un poco más hasta estar a la altura de sus… — Dios, pero que bellas y ricas tetas, tienes amor. — dije antes de llevarla la primera a la boca. Me deleité con ellas, la junté y luego introduje ambos pezones en mi boca para morderlos robándole más de un gemido de placer, un grito de deseo. — Kayden — gimió arqueado la espalda, descubrí otro de sus puntos débiles en el sexo. — ¿Qué hermosa?, ¿te gusta? — jadeo, sin contestar, estaba absorta en el placer que no procesaba una respuesta. — contesta amor — dije antes de volver a morder y deslizar mi mano hasta su húmedo sexo. — Ahh… joder… sí — alargo la sílaba en medio del gemido, desde que comencé a manosearla por las noches, ella comenzó a dejarse llevar por mis carias, aunque aún había cosas que la hacían sentir tímida, pero aun así disfrutaba de todo lo que mis manos y mis labios producían en ella. Satisfecho por su respuesta, descendí hacia el sur de su cuerpo, bese su abdomen, sus costillas hasta llegar de nuevo a su vientre, el aroma de su humedad era embriagador, deslice mi lengua sobre su v***a, antes de enredar mis dedos sobre las tiras de sus bragas. Lentamente, las deslicé sobre sus piernas hasta deshacerme de ellas. Por instinto las cerró y apretó las piernas, ocultando de mi vista la imagen de su bella, virgen y ansiosa flor que pedía ser explorada por su hombre. — Vamos muñeca, déjame ver eso que ansiado durante mucho… lo que me comeré hoy. — ella negó. — Kayden… no hables así — se quejó avergonzada sin querer mirarme a los ojos y reí ante su inocencia. — me da pena – susurro tapando su rostro sonrojado con sus manos. — No debes tener pena conmigo amor, ya que yo seré el único que tenga el privilegio, de ver, comer y poseer ese hermoso tesoro que tienes entre las piernas… solo yo cuidare de ti… vamos, deja que tu esposo vea lo hermosa que eres. — dije colando mi mano entre ellas, me miro con duda. — ¿Solo vas a ver? — preguntó mirándome a través de sus dedos, aún seguía con las manos en su cara, una sonrisa maliciosa pareció en mi rostro y asentí. Suavemente, las abrió para mí y la imagen de su hermosa va***a rosada y expuesta ante mi visión me robaron el aliento, se me hizo agua la boca por probarla. Antes había sentido la sensación excitante de su humedad cuando la había tocado, la probé de mis dedos, pero en ese momento quería beber directo del manantial que yacía entre sus piernas. Sin más comencé mi tarea besando las paredes internas de sus piernas, hasta llegar al punto de partida, deslice mi lengua sobre sus pliegues, abriéndome camino hasta llegar a su pequeño y sensible diamante. — Kayden – gimoteo arqueándose ante el tembloteo de su cuerpo a causa de mi lengua. — Relájate, disfruta y olvídate de todo, muñeca – dije antes de volver a mi tarea. Su cuerpo se arqueó aún más levantando la cadera, dándome mejor un acceso a su intimidad, sujete sus piernas para evitar que las cerrara, no me detuve y devoré tomo a mi paso. Ava se aferraba a las sábanas mientras gritaba, jadea y gemía para mí, la melodía más hermosa para mis oídos perversos. Habíamos decidido que esperaríamos hasta después de la boda para intimar como Dios manda, pero ahora mismos ambos nos dejamos consumir por el deseo rompiendo esa promesa. De pronto todo su cuerpo comenzó a temblar, su orgasmo venía con potencia, ella gemía con fuerza con las estimulaciones de mi lengua, sus manos tomaron mi cabeza, tiraron de mi cabello con la intención de detenerme, pero nada me iba a robar esa sensación de sentirla explotar en mi boca. Y así fue, mi bella esposa se dejó ir con todo y luego de ello su cuerpo se desvaneció en el aire, al terminar de degustar de sus fluidos, me separe de ella para escalar su cuerpo hasta sus labios, pero la vista sus hermosas tetas me distrajo. Me entretuve en ellas antes de posicionarme frente a su rostro sonrojado, sudado y lleno de placer, tenía los ojos cerrados, el pecho le subía y bajaba en busca de oxígeno. Era la imagen más jodidamente erótica del mundo… — Definitivamente, eres la cosa más dulce y deliciosa que he probado en mi vida, muñeca. — dije contra sus labios antes de besarla. — ¿quieres continuar o quieres que me detenga? – pregunté y ella abrió los ojos, me miro en silencio. — si no quieres esperaré hasta que… — Si quiero… quiero ser tuya Kayden. — respondido entre jadeos haciéndome el hombre más feliz de mundo. Me separé de ella para retirar mi bóxer liberando mi falo ansioso y listo para hundirse en ella. Ella abrió los ojos muy grandes y lo vio horrorizada, sonreí, no soy una bestia, pero sí es grande un poco más de lo normal. Ava lo había tocado antes, sin embargo, no se atrevió a verlo, por pena. Me acerqué a ella, tome su mano y la coloque sobre mi pecho y lentamente la deslice hasta llevarla a mi erección, la cual tembló ante su tacto. — Siente es tuyo, no tengas pena, ya lo habías tocado. — Pero… nunca la vi – dijo apenada – eso entrará en mí y… — Y te dará mucho placer – terminé su frase. — no debes tenerle miedo, seré lo más delicado que pueda contigo, amor. — Sonrió asintiendo. Aleje su mano y luego me acomodé entre sus piernas hasta llegar a su húmeda entrada, me froté entres sus pliegues sin entrar. Necesitaba que se relajara un poco más porque sabía que el primer empujón le iba a doler, bese sus senos, deslice mi legua hacia su cuello, mordí el lóbulo de su oreja antes de besar sus labios. Posicioné mi brazo a lado de su cabeza para sostener mi peso, acerque mi rostro al suyo y volví a besarla mientras mi mano libe se deslizaba sobre su costado hasta llegar a su pierna. Ella deslizó las suyas sobre mi pecho hasta llegar a mi cuello aferrado a mí, aunque aún estaba un poco tensa, me miraba con deseo y eso me tenía loco. — Relaje… esto solo dolerá un momento, pero luego todo lo demás será placer… lo prometo, no tengas miedo… yo cuidaré de ti hermosa. — susurre sobre sus labios al sentirla temblar cuando la punta de mi p**e hizo presión en su entrada. — Confío en ti… así que cuida de mí, por favor… llévame al cielo y hazme olvidar. — Lo haré – y sin más comencé a entrar. Sus brazos se aferraron a mi cuello al sentir la intrusión, se quejó del dolor y contuvo el aire por un instante, bese su cuello para relajarla, metí mi mano entre nuestros cuerpos para estimularla un poco su botón, mientras lentamente me deslice más a dentro de su canal. Salí un momento, tomé aire porque estaba superestrecho y me dolía el m*****o ante la opresión, la miré a los ojos, una lágrima escurría por su mejilla y fue allí donde empuje con fuerza, ella gritó cerrado los ojos y me quede quito. Sus lágrimas comenzaron a brotar, las limpié, bese sus mejillas, mordí su mentón antes de besar sus labios. Segundos después comencé a moverme lentamente para no lastimarla, cuando sentí que ella seguía mis movimientos, aumente la velocidad de mis embestidas, por suerte estaba lo suficientemente mojada para permitir hundirme en ella a la con más facilidad. Acelere el ritmo haciéndola gemir, ya no de dolor, sino de placer, tome su pierna y la coloque sobre mi cintura para ir más profundo, su rostro era un poema, me encantaba verla así disfrutando del placer que yo le provocaba. — Ahh… Kayden… mi amor… — gimió cuando acelere más. — Vamos nena… ya casi llego. Me moví con frenesí hasta sentir el temblor sé su cuerpo, estaba lista para dejarse ir al igual que yo, no me contuve y moví con fuerza, hasta que la sentí derretirse entre mis brazos, seguido de mi explosión en su interior. Sabía que se cuidaba, así que no había impedimento para contenerme y me vacié en su interior con un gemido ronco y brutal ante las sanciones de satisfacción. Me dejé caer sobre su cuerpo, ambos teníamos la respiración acelerada y el corazón latiendo al mil por hora, salí de su interior con cuidado y luego me deje caer a su lado. — Guau… eso fue increíble – dijo jadeando y reí. — ¿Te gusto? — Me encanto… nunca imagine que el sexo sería así de… — Rico y excitante – asintió sonrojada. — Y esto no es nada comparado con lo que te falta experimentar… te mostraré un mundo lleno de placer, muñeca, placer que solo yo tengo derecho a darte. — declare antes de besarla. — De eso no tengas la menor duda, tú y solo tú eres el dueño de mi cuerpo, mi alma y mi corazón, así que jamás los lastimes. — No lo haré… porque te amo como a nadie. No demoró mucho en quedarse dormida y mientras la observaba a mi mente vino todo lo que había pasado, todo lo que me contó y juro que quería borrar de su vida todo lo malo, Ava era un ángel que no merecía sufrir como lo hizo. ¿Cómo puede llamarse hombre aquel que se atreve a ultrajar el templo de una mujer?, ¿Cómo pude vivir como si nada después de ultrajar y denigrar a su igual?, es realmente indignante. Pero de mi cuenta corría dejarle en claro que Ava ahora me tenía a mí, quien la protegería de todo, incluyéndolo a él, su propio padre. Gerardo San Miguel, tendrá que entender desde que su hija se casó conmigo no tiene derecho a tocarla. A la mañana siguiente, despertamos como siempre había soñado, desnudos, abrazados y consumados por el amor, bese su cuello y luego su boca. — Buenos días, muñeca. — sonrió antes de abrir los ojos. — Buenos días, amor – respondió antes de darme un beso. — ¿Cómo te sientes?, ¿te duele algo? – pregunte y ella se sonrojó. — vamos muñeca, no tengas pena conmigo. — Solo tengo un poco de incomodidad, supongo que es normal. — Antes de ir a casa pasaremos a una farmacia por algo para el dolo ok – asintió. — bien, ¿ya estás lista para volver a la realidad? — No quiero, pero sé que debemos hacerlo. — dijo aferrándome a mi cuerpo. — Yo tampoco, te juro que muero por quedarme así todo el día contigo, pero hoy tenemos un compromiso en la noche, además, de que aún nos quedan algunos pendientes con la boda. — se quedó callada. — ¿Qué pasa? — No quiero que te enfrentes a mi padre, no aún. — Eventualmente, lo haré, tengo que hacerlo Ava, tiene que entender que ahora yo me encargo de todo lo relacionado contigo y que él no pude volver a tocarte o a tu madre y hermana. — se levantó y me miro con miedo. — deja que yo las proteja y créeme si tu padre quiere seguir gozando de los privilegios de mi familia, deberá ceder, de lo contrario, lo siento mucho, pero yo sí lo enviaré a la cárcel… y no me importa si quieres o no. — Gracias – me abrazó. — vamos, pero antes promete que vendremos más seguido a este lugar, me gusta mucho… — Cuando quieras. Nos levantamos, nos dimos un baño juntos, entre besos y risas, luego recogimos todo para irnos, la noté más relajada y feliz, lo cual me hizo feliz. Antes de regresar a la realidad la llevé a desayunar por ahí, disfrutaba de esto y sin duda deseaba repetirlo más seguido, convertirlo en nuestro pequeño escape. Cuando llegamos a la casa nos encontramos con Dylan en la entrada principal, los recuerdos de los golpes de Ava me cegaron de ira contra él, estacioné el carro y me le fui encima. Ava corrió detrás de mí y Eros que iba saliendo por casualidad. — ¡Kayden! – grito Eros – espera, no hagas una locura – intento detenerme, pero el demonio de la rabia me había poseído. — Tu hijo de puta – le di un golpe en la cara y luego lo agarre de la ropa, estrellándolo contra la pared de la entrada. — te prohíbo que te vuelvas a acercar a ella, entiende que es mi mujer… y tú solo traes problemas a su vida. — grité furioso. — Kayden por favor para, todo el mundo nos verá. — mi esposa sujeta mi brazo para que la mirara, Eros estaba del otro sujetándome. — no vale la pena por favor… suéltalo. — respire profundo y lo dejé caer al suelo, escupió sangre y yo me aleje de él, comencé a caminar de un lugar a otro, mientras ella se acercaba. — Dylan será mejor que te vayas y por favor no vuelvas. — él la miro con los ojos. — ¿Te pegó? — Y que esperabas idiota que la felicitara. — dije sarcástico. — eso es lo que buscabas, dime, crees que ese hombre dejara que te interpongan entre nosotros… — Lo sé, y aunque no me creas en mi palabra, yo no quise ocasionarle esto – volteo a verla – Ava te lo juro que esto no era lo que yo buscaba… perdóname. — No digas más Dylan, mira, ya está hecho, ahora, por favor… no mates los únicos recuerdos bonitos que tengo de ti… sigue con tu vida y no me busques más… vete por favor. — Está bien… me iré, solo quiero hablar de algo contigo a solas, una última vez. — dijo él muy idiota. — De ninguna manera – ella volteó a verme. — Solo danos unos minutos – me pidió y regaña dientes, acepté. Luego de unos minutos los vi despedirse de un abrazo, el muy hijo de puta le dio un beso en la mejilla mientras me veía y luego sonrió con sorna. Lo mató… — Adiós, Kayden y espero que la hagas feliz o vendré por ti a patearte las bolas y me la llevaré lejos. — me advirtió. — Púdrete Dylan… jamás dejaré que te la lleves. — rio antes de irse y Ava volvió a mi lado. — que te dijo. — Nada… — Ava… — Solo me pidió perdón por lo de mi padre, me dijo que se hacía a un lado esperando que realmente fuera feliz a tu lado, me deseo lo mejor y también me pidió que conserve el violín como recuerdo de un viejo amigo. — Lo quemaré. — sentencie. — No lo harás – bromeo antes de darme un beso, es astuta. — Puedes tratar convencerme… no imaginas las cosas que quiero hacerte esta noche. — se puso roja. — No tienes suficiente con lo de anoche. — negué con la cabeza y ella rio. — bueno tal vez… — respondió juguetona antes de besarme con profundidad… un carraspeo nos interrumpió en medio de un rico beso. — ¿Qué pasa Eros? – pregunté irritado por la interrupción.
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