Capítulo 71 – Resolviendo las dudas

2029 Words
Kayden El beso pasó de ser suave y romántico, a ser fogoso y urgente, a tal grado de incendiarnos por dentro, de un momento a otro mis manos estaban sobre su cuerpo acariciando y magullado todo a su paso. Mientras que los suyos jugaban con mi cabello, tira de él cuando abandonaba su boca y devoraba su cuello, necesitaba tenerla, sentirla y escucharle gemir debajo, arriba o como fuera. Sin demorar más lo inevitable, la tomé en brazos con las piernas alrededor de mi cintura, sin abandonar el beso, camine hasta llegar al sofá-cama que había en el estudio. Con sumo cuidado me senté dejándola sobre mi cuerpo, a ahorcadas, haciéndola sentir mi artillería lista para la guerra. Me alejé de ella en busca de aire, ambos jadeábamos por la agitación intensa, sin embargo, eso no me impidió proceder a retirar la ropa, nos estovaba, abrí la parte de arriba de su escote, su ropa era holgada y fácil de quitar. La deslicé por sus hombros hasta liberar sus bellas tetas, las miré un instante, estaban atrapadas en un bonito sostén color nude muy sexy que apenas cubría la mitad de su carne. Acerque mi boca y mordí su pezón a través de la tela, en respuesta ella inclinó la cabeza hacia atrás y gimió para mí. Satisfecho, liberé una de mis bellas nenas para comenzar a devorarla con hambre, rodee su areola con mi lengua antes de succionar su pezón completo, ansiosa por las secciones de su cuerpo, me tomó de cabello y empujo mi cara hacia su pecho. Le gustaba y yo gustoso la complací un poco más, luego lo abandone para besarla de nuevo en la boca, sus manos tomaron el borde mi playera para deshacerse de ella y luego acariciar mi cuerpo. Me cantaba ver como poco a poco se volvía un poco más atrevida y menos cohibida en cuanto a sus propios instintos y deseos. — Muñeca, me tienes loco, no sabes cuanto te necesito. — dije ronco por lo excitado que estaba. — deja de castigarme y déjame poseer tu cuerpo de nuevo. — Hazlo… es tuyo, Kayden – respondió jadeante. — ¿Me deseas como yo a ti? — Mucho… — murmuro excitada y esa fue mi señal. La recosté sobre el sillón acomodándome entre sus piernas y sobre su cuerpo sin aplastarla, comencé a besar su cuello, baje de nuevo a sus pechos y cuando estaba a punto de retirar el sostén, ella me detuvo de golpe. Me empujó, se levantó rápidamente, dejándome perplejo ante la acción, la vi acomodarse la ropa con rapidez y alejarse de mí. — Pe… pero, ¿Qué pasa muñeca? – ella me vio sería. — Nada, es que creo que mejor no… — ¿No quieres estar conmigo? — No, no, no es eso, es solo que… — se quedó callada y vi duda en su rostro. — ¿Qué pasa Ava?… llevas días evadiendo mis caricias. — No pasa nada, es solo que me siento un poco indispuesta. — dijo antes de darse la vuelta para salir dejándome con las dudas y una erección del demonio, me levanté rápidamente y la sujeté del brazo sin lastimarla. — Ava por favor, acordamos hablar de todo y ser sinceros, así que dime por favor, ¿qué pasa? — no dijo nada, el silencio reino en la habitación. Ava Desde que la visita de esa mujer mi vida se volvió un maldito infierno de inseguridades, no dejaba de pensar en sus palabras y en las cosas que vi, me bloquee, la dejé entrar en mi cabeza y afectar mi relación con mi esposo. Él llevaba días llegada tarde y cansado por el trabajo, cada vez que intentaba intimar, lo rechazaba con el pretexto de que debía descansar, pero la verdad es que estaba aterrada de hacer las cosas mal y comprobar que la estúpida de Monse tenía razón. Sin embargo, la culpa de no ser sincera y enfrentarme a la realidad me estaba matando, sobre todo cuando me dio ese bello regalo, estudiar era lo que más deseaba en la vida y él se estaba arriesgando en ir en contra de su familia por mí. Eso era la prueba de amor más valiosa para mí, que mi amado esposo me impulse a ser mejor, me llena de felicidad, pues ese era el tipo de hombre con el que siempre soñé, uno que no me limite, uno que no me ame solo por ser bonita, sino por ser inteligente. La noche iba bien, como siempre sus besos y sus caricias encendieron mi cuerpo como si fuera un volcán a punto de hacer erupción, deseaba ser suya una vez más, me dejé llevar, pero justo cuando estaba por suceder, esas malditas palabras invadieron mi mente y me odie por ello. Desconcertado por mi rechazo, preguntó y sabía que debía hacerle frente… tenía que aclarar mis dudas o no podríamos avanzar por mi culpa. — Montserrat, estuvo aquí — solté de golpe y su agarre se suavizó. — ¿A qué vino? — preguntó preocupado, pegando su pecho a mi espalda y rodeado mi cintura con sus brazos, hundió su rostro en mi cuello. — A vaciar su veneno en mí — respondí con la voz quebrada sin poder contener las lágrimas. — ¿Qué estupideces te dijo esa loca? — preguntó arrastrándome con él hasta el sofá, se sentó y yo lo hice sobre su regazo, no quería verlo a la cara, así que me descosté sobre su pecho. Tome un respiro antes de contarle todo lo que dijo y me mostró, sentí su cuerpo tensarse por el coraje, le dije que más allá, de sus perversas y maliciosas palabras, lo que me preocupaba era que en algún momento se hiciera realidad. No pude contener el llanto y me desmoroné frente a él. — No llores… me mata verte así. — limpió mi rostro húmedo, hipé un poco antes de calmarme un poco. — Sé que no debería dejarme llevar por sus provocaciones, pero no pude, sus palabras se clavaron en mi cabeza como cuchillas, no pude evitar que me afectara. — dije con sinceridad y en respuesta acarició mi espalda con suavidad. — Ava yo sé que es difícil creer en mis palabras. — dijo en tono suave, levanté el rostro, lo miré y vi tristeza en su rostro, por lo cual me sentí culpable, me miró fijamente antes de hablar. — Quien lo haría después de todas las tonterías que hice al principio de nuestro matrimonio, comenzando por presentar a esa loca como mi amante. — hizo una pausa pasando saliva, pues su voz comenzaba a quebrarse. — Si soy sincero, siempre estuve dispuesto a negarme a ceder ante los demás, me negaba a cambiar mi estilo de vida de libertad por una vida de mentira como la que ellos querían. — dijo refiriéndose a su familia. — Monse te dijo y te mostró todas esas cosas que no debía porque está ardida y desesperada por llamar mi atención, se niega a dejarme irme y lo peor del caso es que no entiende que yo desde hace años la deje ir. Limpie las lágrimas que escurrían de sus ojos, sé que su intención es hacer que crea en él y también sé que no soy nadie para juzgar su pasado, después de todo nadie en esta vida es perfecto. Mi corazón se hundió al darme cuenta de que me había equivocado en caer en el pequeño juego sucio de esa mujer, esto es lo que quería. — Lo siento mucho, yo… — colocó un dedo sobre mi boca para callarme. — Déjame terminar, ok — asentí antes de darle un beso suave en los labios. — no voy a negar nada de lo que ella dijo… porque soy consciente de que hice muchas cosas demasiado pervertidas a lo largo de mi juventud. Antes de ti solía ser un perro sin dueño en busca de carne fresca para saciar sus necesidades básicas, no me importaba si era con Monse o no, solo pensé en mí. Sin embargo, el destino me dio una bofetada al ponerme a un bello ángel como tú en mi camino y cuando me rechazaste me di cuenta de que eras diferente a todas, eras única y debía tenerte para mí. Así de loco me volviste desde que te vi en esa pastelería. — sonreí — me puse necio y me negué al ¡No!, por eso te arrastré hasta este matrimonio del cual jamás voy a arrepentirme porque fue la mejor decisión que he tomado en mi vida. — sonreí como una tonta y lágrima de felicidad escurrieron por mis mejillas. — Para mí, todo cambio cuando tú llegaste a mi vida Ava y eso es lo que a ella le duele… hace años le prometí muchas cosas, era inmaduro y solo quería tenerla bajo mi control, pero la verdad es que yo jamás planee casarme con ella ni con nadie, porque me negaba a ser como mi familia quería que fuera. — Lo entiendo y te agradezco que me lo contaras — apreté su mano — pero, hay algo que ronda mi cabeza y no me deja avanzar, esta duda, me está matando… y ¿si algún día te aburres de mí o quieres que haga algo que no me atreva a hacer? — Muñeca — toma mi rostro entre sus manos y se acerca a mí. — quien en su santo juicio puede aburrirse de un ser tan dulce, tierno, inocente y a la vez sensual y jodidamente ardiente como tú. — me sonrojé — amor mío, tu inocencia e inexperiencia es lo que me vuelve loco, porque eres un lienzo en blanco para mí, y me complace mucho saber que soy el primero y el único que te mostrará lo que debas saber sobre los placeres. — ¿Hablas en serio? — Te lo explicaré de esta manera — dijo mirándome a los ojos — con otras mujeres, incluso con Montserrat, follaba por placer e instinto carnal, sin sentimientos, contigo hago el amor porque te amo, te deseo y te idolatro con cada caricia y beso que te doy. — dijo y no pude evitar besarlo derritiéndome en mi boca — eres mi postre favorito, ese que jamás me canso de comer - susurró contra mis labios, me alejé para fijar mi mirada en la suya. — Yo por ti, sería capaz de convertirme en una puta en la cama, sería capaz de cumplir tus fantasías y volverme aún más adicta a tu cuerpo, tus besos y caricias, con la condición de que nunca me falles. — intento hablar, pero ahora yo lo se lo impedí. — Puedo ser la mejor esposa, amiga, amante y compañera de aventuras, pero nunca me rompas el corazón porque no soy perfecta, tengo un defecto muy grande y ese es que soy demasiado orgullosa, perdonar no es una de mis fortalezas. — Primero que nada, yo no necesito que seas ninguna una puta para mí, porque de esas ya tuve muchas, lo único que necesito es que seas la mujer que se entrega a mí en cuerpo y alma. — me moví y me coloqué de nuevo ahorcadas sobre su cuerpo, con los brazos enredados sobre su cuello. — segundo y más importante, prometo que haré todo lo que esté en mis manos para no fallarte y si alguna vez lo hago, porque no soy perfecto, prometo que no descansaré hasta ganarme tu perdón… — Gracias… — No me agradezcas nada, debía aclarar toda la basura que esa loca te dijo… sé que no soy perfecto, pero créeme cuando te digo que eres lo más bello que me ha pasado. — dijo uniendo nuestras frentes. — puedes prometerme algo. — Lo que sea – respondió sin más. — Nunca vuelvas a ocultarme nada, quiero siempre hablemos con la verdad y que haya confianza entre nosotros. — en ese momento recuerde que había algo más que debía decirle. — Lo prometo… y creo que hay algo más que… — no termine de hablar porque me tomo de la nuca y estampo su boca contra la mía.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD