Kayden
El ambiente se sentía tenso y silencioso, ninguno de los dos pronunciaba palabra, supongo que ambos esperamos que uno de los dos hablara primero. Alguien llamo a la puerta, ella se levantó para atender, Eros apareció con botiquín en manos, se lo entrego y luego se retiró. Ella, caminó hacia la cama, se sentó a un lado y suspiro antes de hablar.
— Ven, déjame curarte. — dijo tomando agua oxigenada y gasas para limpiar mis heridas, me levanté para sentarme a su lado.
— Yo puedo hacerlo, deberías ir con él, quedo aún peor. — intente quitarle la gasa, pero ella no me dejo, nos miramos por un momento, había tristeza y preocupación en su rostro.
— Él no me importa Kayden, tú eres mi esposo – acarició mi labio roto. — mira cómo estás, no debiste arreglar esto a golpes… ¿Por qué fuiste a verlo, he? – preguntó antes de comenzar a curar mis heridas con delicadeza, quise rechazarla, pero no pude, solo me quede callado y la deje hacer. — Kayden yo…
— Ahora no Ava… estoy molesto y no quiero hacer o decir algo que empeore la situación.
Hubo un momento de silencio, mientras ella curaba una a unas mis heridas, me dedique a observarla con atención, por tanta mierda, no me había tomado el tiempo de ver lo hermosa que se veía en ese vestido azul marino. Su peinado era elegante y sus labios estaban rojos, apetecibles y tentadores. Busque mi marca en su cuello y sonreí al darme cuenta de que ni con el maquillaje pudo ocultarlo. La rabia al recordar las palabras de aquel imbécil y el deseo de poseerla me invadieron a tal grado de no poderme contener. Y sin previo aviso me abalance sobre ella posicionándola bajo mi cuerpo, se sorprendió, forcejeo e intento rechazarme, pero la deje sin escape. Tomé sus manos llevándolas a la altura de su cabeza, la besé con salvajismo, mientras que, con mi otra mano libre, comencé a manosear su cuerpo con brusquedad.
— Kayden que haces… suéltame me estás lastimando. — dijo agitada cuando abandone su boca, intentó liberarse, se soltó de mi agarre, pero logre dominarla.
— Quiero que seas mía como fuiste de él…
— No, no, no… Kayden no caigas en su juego, por favor.
— ¿Por qué te pones arisca?, soy tu esposo, cumple con tus deberes maritales. — dije envuelto rabia y celos.
— No hagas esto… por favor. — suplicó entre lágrimas, pero no me detuve. — Kayden no creas en sus palabras, te lo ruego. — dijo entre lágrimas desesperadas, sin embargo, nada me importaba ya, solo deseaba tenerla.
— Vas a ser mía… solo mía Ava y no quiero negativas – dije antes de besarla de nuevo.
Se removió bajo mi cuerpo, levanté su vestido hasta la cintura dejando al descubierto sus largas, hermosas y suaves piernas. Las acaricié, abandone su boca, para atender su suave cuello con aroma a fresas, amaba su desquiciarte aroma, perdía los sentidos solo con inhalarlo como si fuera aún adicto. Succioné su piel como si fuera un vampiro, remarcando el mismo lugar de antes, quería que todos supieran a quién pertenecía.
— Kayden por favor… ¡PARA! – gritó antes de que su llanto se intensificara y me detuve… hundí mi rostro en la hendidura de su cuello mientras recuperada la cordura y el aliento. Luego la mire, tenía la mirada perdida hacia la pared, la tome de la barbilla para obligarla a ver mis ojos, había dolor, decepción y asco en su mirada y eso me quebró.
— ¿Por qué Ava?, ¿Por qué me niegas lo que le has dado antes a otro? – su llanto no la dejó responder. — Me reprochas que tenga una amante, te niegas a cumplir tus deberes maritales, por él, ¿no es así?, aún lo amas y aún te duele haberlo dejado para sacarte conmigo. — me aleje de ella, sentándome a la orilla, apoye mis codos sobre mis piernas y cubrí mi rostro con mis manos antes de gritar. — ahgr, ¿Por qué tenía que aparecer ahora? – Ava solo se hizo bolita y se lloró como nunca la había visto hacerlo.
Me alejé de ella sin esperar sus respuestas, salí de nuevo como alma que lleva el diablo dejando la sola y humillada en la cama. Al salir me encontré con Eros en la entrada, al verme entendió que necesitaba desahogar toda la mierda que me estaba consumiendo por dentro. Sin decir nada, camino detrás de mí me abrió la puerta y arranco… me odiaba por perder el control.
Nunca me había comportado así, me sentía derrotado, perdido y tan miserable… que me odiaba a mí mismo. Quería a mi esposa, de eso no tenía duda, pero acercarme a ella era tan difícil, que comenzaba a creer que jamás lograremos ser felices y justo cuando todo estaba bien entre nosotros, aparece su pasado. De pronto las palabras de ese tipo vinieron a mi mente…
“Ni siquiera la has tocado… solo yo he tenido ese privilegio y que conserve mis regalos me dice que aún me ama”. — Golpee el asiento delantero querido sacar toda mi rabia…
— Kayden puedes calmarte y explicarme, ¿Qué mierda pasó en ese lugar?, ¿Quién era ese tipo?, ¿Por qué hablo de esa manera de tu esposa?
— No es nada.
— ¿Qué no es nada?, no por nada le propinas una golpiza a un hombre… habla que está pasado. — confiaba en él más que en nadie, además, necesitaba desahogarme y que me dijeran que estaba mal conmigo, así que le conté todo. — ese tipo tiene razón en algo. — dijo.
— Lo sé… ella jamás será mía y por si fuera poco creo que acabo de joderlo. — Eros ríe y lo miro con el ceño fruncido. — ¿Cuál es la gracia?
— Eres un idiota por dejar que sus palabras te afecten… si me lo preguntas, yo no creo que Ava sea ese tipo de mujer… ella es distinta a todas las que te he conocido. Además, he sido testigo del cambio que ha habido entre los dos, dudar de ella te hace un bufón Kayden, de esa manera como esperar ganártela.
— Piensas que ella siente algo por mí…
— Lo hace, lo veo en sus ojos… pero no te dejará entrar en su corazón por completo hasta que Montserrat salga de sus vidas… te dije que no era sano tener una doble vida… no puedes vivir con terceros en discordia porque las cosas pueden salir mal. Ava, tiene razón, eres el menos indicado para reclamarle nada.
— Dudo mucho que me perdone después de lo que hice por mis arrebatos de celos… pero es que me jode saber que fue de él y no mía.
— Eres un idiota — me reprendió — que importa si eres el primero o no, qué más da, ahora es tu esposa y lo importante es ese el último y el único que tendrá… así que deja de ser tan primitivo y cabeza dura. Enfocarte en hacerla feliz.
— Ese es el problema, no sé cómo hacerlo, sin estropearlo.
— Primero que nada, tienen que sacar a los terceros en discordia, hablo del tal Dylan y de Monse, ese par solo están de más en la relación y si nos lo ahuyentan de sus vidas… solo causarán más problemas entre ustedes.
— Toda la razón… tengo que terminar cuanto antes con Monse y también tengo que alejar a ese tipo de ella, creo que está obsesionado con ella. — dije y él me miro curioso como si no dudara de mi palabra. — ¿Qué?
— Es en serio, la vas a dejar definitivamente.
— Sé que suena increíble, ya que siempre me quejo de ella y juro que la dejaré, pero esta vez va en serio. Lo he estado retrasando porque no quería hacerla sufrir, pero es hora de darle fin e iniciar una nueva vida a lado de mi esposa.
— Es lo mejor que puedes hacer – asiento más tranquilo — y bien, ¿A dónde vamos?
— Me siento tenso… llévame al club de Matthew, necesito desahogarme y soltar mis frustraciones, sabes cuál es la cura a mi estrés.
Al llegar al club busqué a mi amigo, el cual se alegró de verme, conversamos un poco, obvio me pregunto por los golpes, medio le conté sin entrar en detalles. No iba a decir que el motivo era mi esposa. Lo convencí de darme un espacio en la cabina y cuando llego mi turno desahogue toda mi tención en mi música, baile, brinque, bebí un poco y deje salir mi frustración.
Al terminar, me fui a la mesa vip de siempre, pero cuál fue mi gran sorpresa, encontrarme con la tercera en discordia, Monse, la cual estaba bien acompañada, sonriente y feliz disfrutando de la noche a mis espaldas con un tipo desconocido. Reía irónico, primero Ava y ahora Monse, es que se habían puesto de acuerdo para joderme la existencia.
Matthew Eros se acercaron a mí para tomarnos unos tragos y al ver la escena ambos se quedaron impactados, sobre todo Matt, pues siempre ha estado enamorado de ella. Como es consciente de sus sentimientos hacia mí, solo se conforma con ser su amigo incondicional. Se dio la vuelta y se fue.