Montserrat Al llegar a mi departamento casi me muero del susto al encontrar al imbécil de Matthew sentado en el sofá como si fuera el dueño de mi casa. Tenía una cara de pocos amigos, parecía que no había dormido en toda la noche y había tomado de más. — ¿Qué haces aquí? – pregunté, quitándome los zapatos. — Anoche vine a verte, pero no te encontré, ¿Dónde estabas? — Salí por ahí… — respondí caminando hacia la cocina, abrí la nevera y saque un zumo de naranja, me serví y lo vi pensativo antes de volver a abrir la boca, me fastidiaba que siempre estuviera sobre mí como una mosca. — ¿Con quién estabas? – pregunto de manera seria. — Eso no te importa, Matthew, eres mi amigo, no mi esposo ni mi dueño. — Pensé que estabas deshecha porque tus estúpidos planes fall

