Capítulo 75 – Un fin de semana en la nieve.

2359 Words
Ava — Hola hermanita — la voz de mi hermana llamo mi atención, se acercó a saludarme. — ¿Qué es lo que está pasando?, desde que llegué todos actúan raro. — ¿No has entrado a internet? – ella negó un poco confundida por mi pregunta, así que busque el video que descargué antes de ser eliminado y se lo mostré. — Montserrat lo público solo para fastidiarnos la existencia. — ¿Por qué lo dices? — Porque ella conoce perfectamente las reglas de esta casa, sabe que los escándalos están prohibidos y que uno de esta magnitud representa problemas para Kayden. — le explico. — Mierda… en serio, esa mujer sí que está más que mal de la cabeza… está dolida y una mujer así es más peligrosa. — dice analizando mis emociones, solo ella sabe leerlas. —y tú ¿Cómo estás con esto? — Que te puedo decir – una lágrima traicionera se me escapa y ella no duda en mostrarme su apoyo con un abrazo. — siento tantas cosas que no sé ni cómo explicar — me separo de ella – me siento tan insegura y sobre todo tengo miedo de las consecuencias que atraiga todo esto. Admití a punto de derrumbarme, supe que esa mujer no se quedaría de brazos cruzados desde el día que vino a declararme la guerra abiertamente. No la conozco bien, pero puedo presentir que no es de las personas que acepta la derrota y se retira, ella se niega a escuchar y su necesidad nos traerá graves problemas… tengo la corazonada de que esto solo es el principio. — En este momento no tienes tiempo para sentir miedo Ava — la miro confundida — primero que nada debes aceptar que tú tienes la ventaja porque tu esposo, te ha elegido a ti por encima de ella. Lo que significa que te ama de verdad y eso es lo que la tiene mal. — dice de lo más tranquila y creo que por la rabia ni siquiera me detuve a analizar mi postura. — Eres una San miguel, no puedes mostrar debilidad ante nadie, demuestra esa fortaleza que te caracteriza y no dejes que alguien como la zorra esa te ha titubear ni siquiera por un instante. — me alienta y se lo agradezco. — Lo sé… es solo que no sé como enfrentarla. — No necesitas mucho esfuerzo, Ava, tú tienes lo que ella quiere, así que asegúrate de ser paciente e inteligente. — toma mi mano y la aprieta para mostrarme su apoyo. — por ahora lo más preocupante es papá, si se entera armará todo un escándalo, sobre todo después de lo que hizo tu esposo para defendernos. — ¿Ya lo sabes? — El otro día llego como energúmeno y hasta donde alcance a escuchar, le dijo a la abuela que jamás en su vida lo habían ofendido tanto, supuse que Kayden había hecho algo. — se lo conté lo y ella se sorprendió mucho. — y entonces de que se queja, ya tiene lo que tanto deseaba desde el principio. — Sabes perfectamente que en esta vida no existe nada suficiente para Gerardo San miguel, su codicia no tiene límites, debe dar gracias de que mi esposo no lo mando a la cárcel. — Eros estaba en la misma sintonía, cuando lo supo quiso ir a romperle la cara a papá. — dice con una sonrisa boba en el rostro. — ¿Cómo van las cosas entre ustedes? Me contó todo acerca de su amorío con Eros, cada vez que habla de lo maravilloso que es con ella, sus ojos brillan como nunca los había visto antes, se ve enamorada e ilusionada, es la primera vez que la veo así y me encanta. Cambiamos de tema en cuanto vio el colgante de mi collar, le conté todo sobre los regalos que me dio mi esposo y se puso feliz al saber que él me apoyara con mi estudio aún en contra de su familia. — Gaby, ¿Qué pasará contigo y Eros? – la noté tensa. — Por lo pronto solo nos queda seguir a escondidas, papá jamás lo aceptará, además, de que ya tiene planes para mí. — soltó inconscientemente y luego volteo a verme arrepentida. — ¿Qué planes? – negó e intento cambiar el tema — es triste que ya no me tengas confianza como antes. — dije un poco desilusionada porque me oculta cosas. — No, no es eso… es solo que es un poco complicado y aún no estoy lista para hablarte de ello, solo puedo decirte que tienes razón con respecto a la señora Ivana. — ¿Por qué lo dices? — Porque… es la mujer más perversa que he conocido. — ¿Qué hizo? – pregunte, pero mi pregunta quedo en el aire cuando Kayden entro de repente interrumpiéndonos. — Muñeca, mi amor… tengo noticias. — ¿Qué noticias? — Tenemos que preparar las maletas lo más rápido posible. — ambas fruncimos el ceño ante su solicitud. — ¿Para qué?, ¿A dónde vamos? — Pasaremos un fin de semana en la nieve, iremos a Aspen — voltea a ver a mi hermana — y tú también vienes con nosotros cuñada, de hecho todos los jóvenes iremos a este viaje de relajación. — Estás seguro de que esto es lo mejor. — Sí… no pienso pasarme todo el fin de semana encerrado esperando que Monse haga otra estupidez. Y así se hizo, tres horas más tarde, bajamos para reunirnos con el resto de la compañía, Cassie, Kendal, Karin, Orlando, Kendry, Gaby, Eros y las niñas. Tres camionetas partieron hacia el aeropuerto para abordar nuestro avión privado. Aspen, Colorado, era nuestro destino… y la emoción por conocer un lugar tan bello en invierno era grandiosa. El viaje duro entre seis y siete horas, cuando aterrizamos y bajamos sintiendo el frío abrazador de Colorado. Abordamos las camionetas que nos esperaban para llevarnos a la cabaña de Monik y a pesar de que ya era de noche y estaba oscuro, la vista era espectacular. Parecía una niña pequeña emocionada al ver la nieve y las luces de noche, a mi esposo le resultó divertido comparar mi reacción con la de las niñas que venía igual de emocionadas que yo. Cuando por fin llegamos a la cabaña, mi hermana y yo nos sorprendimos mucho, pues, esa no parecía una cabaña más bien, era una enorme casa de lujo, construida en madera, cimientos de concreto y ventanas enormes de cristal, la luminosidad le da un aspecto realmente elegante. Honestamente, cuando dijeron cabaña nos imaginamos algo pequeño, sencillo y acogedor, pero lo que había frente a nosotros era casi una mansión, bueno que podíamos esperar de gente rica como los Lynch. Entramos al interior y si por fuera era espectacular, por dentro era… guau, hermosa, lujosa y a la vez cálida. Luego de explorar la planta baja la cual para sorpresa de nuestra estaba limpia y ordenada, la cocina estaba surtida con viveres y equipada con todo lo necesario para nuestra estancia, nos organizamos con las habitaciones, Gaby y Cassie dormirían juntas, ya que aún se negaba a hablar con su esposo y una de las misiones de este vieje era volver a unirlos. Karin y Orlando en otra, las niñas cerca de sus padres, Kendry y Kendal compartirían y obviamente yo estaría junto a mi esposo. Eros se quedaría en la sala, según él, como vigilancia. Mi esposo y yo subimos a la que sería nuestra habitación, al entrar quede encantada con la decoración, todo era en colores cálidos y acordes al lugar, pero lo que más me sorprendió fue la chimenea que había a dentro. Los muebles, la cama y todo a nuestroa alrededor era realmente genial, mientras acomodaban las cosas de la maleta en el gran closet, mi esposo me explicó que su madre le paga a una pareja de lugareños para mantener la casa bien cuidada en su ausencia. Margo y Tomás, solo vienen a limpiar y luego se van. Al terminar, toda mi atención es captada por el bello paisaje del bosque que se aprecia desde la gran ventana. — ¿Te gusta? – pregunta abrazándome por la espalda. — ¿Bromeas?, esto es hermoso, había visto nueve en mi ciudad antes, pero anda como esto… — Me parece absurdo que, teniendo un país tan rico en cultura y bellos paisajes naturales, nunca conocieras ni la mitad… — A mi padre nunca le gustó sacarnos de paseo, decía que era una pérdida de tiempo y tampoco solíamos festejar en días festivos como la independencia, día de muertos o la navidad. — ¿Qué?, ¿es broma, verdad? – negué con tristeza y luego le conté una de mis muchas anécdotas tristes de nuestras vidas. >> Cuando Gaby tenía 10 y yo 6 años, todos en la escuela se preparaban para las festividades de invierno, algunos de nuestros vecinos presumían como eran las celebraciones navideñas y de año nuevo en sus casas. Nosotras no íbamos a la escuela, estudiábamos desde casa y el único contacto con el exterior era un pequeño hueco en la pared trasera. En silencio escuchábamos como describían sus festividades, las luces, las decoraciones, el tradicional árbol de navidad, los regalos, las posadas, villancicos, fuegos artificiales, la comida, la cena en familia y todo lo que en mi casa jamás sucedía. Mi hermana al ser mayor ya no se emocionaba, pero yo solía imaginarme en ese lugar, una tarde, luego de acompañar a mamá al mercado, le pedí que me comprara un árbol de navidad. Obviamente, mamá me dijo que a papá no le gustan y me fui triste a casa, la tía Teo al verme me pregunto, le conté y ella se las ingenió para comprarme uno muy pequeño, pero sin duda especial. Me pidió que lo escondiera, pero como toda niña desobediente lo saque al patio y me puse a jugar con la única muñeca de trapo que tenía, ya que ni siquiera juguetes nos permitían tener. Me pasé toda la tarde jugando, cuando llegó la hora de cenar, corrí dejando mis cosas en el patio, esa noche era noche buena y cenábamos como cualquier día. Papá llegó un poco pasado de tragos y al tropezar con mis cosas enfureció, pregunto de quién eran y mi hermana al ver el temor en mi cara se echó la culpa, entonces él comenzó a golpearla. — un temblor me ha recorrido el cuerpo al recordar ese terrible día y no pude evitar las lágrimas al sentir un nudo en la garganta. Mi esposo me abrazó hasta que me repuse. — al final, no pude con la culpa y admití que eran míos. Fui castigada y me tocó ver como quemaba mis preciados regalos, la tía fue reprendida y advertida para no volver a darnos cosas inútiles, solo los libros eran permitidos en casa. Termine de hablar en medio de lágrimas, sintiendo los cálidos brazos de mi esposo a mi alrededor. Por primera vez me sentía protegida y segura, ni siquiera con Dylan tuve esas sanciones que me calentaban el alma y me hacían amarlo, me giré para verlo a los ojos, limpio mis mejillas mojadas y luego me beso. — Te prometo que a partir de ahora celebraras cada navidad, año nuevo, san Valentín, aniversarios y muchas fechas más llenas de felicidad y alegría. Crearemos recuerdos nuevos y felices, amor. — sonreí y le di un leve beso. — Gracias, pero con tenerte a mi lado es suficiente… te amo. — Y yo a ti mi muñeca hermosa… perdóname por ponerte en esta situación, si uno hubiera sido tan necio y hubiera terminado mi relación con ella desde el principio nada de esto estaría pasando. — Lo dudo… Montserrat está obsesionada contigo, está ciega y no se da cuenta de que la única que terminara mal es ella. — Sí… por esa razón he hablado con su hermano, Malek me dijo que se encargara de hablar con ella y si no hablara con sus padres para que se la lleven un tiempo. — asentí, estaba por hablar de nuevo cuando alguien llamo a la puerta. — ¿Están vestidos?, no quiero ver cochinadas, cúbranse. — se escuchó la voz de Kendry. — Adelante – dije y la puerta se abrió. — Uff, creí que los había interrumpido algo. — bromeo. — Aún es muy temprano para eso, pero más tarde no dudes de la acción. — respondió divertido, mirándome con descaro mientras se mordía los labios, provocando que me sonrojara, le di un golpe en brazo haciéndolos reír. — Tonto – susurré. — Demasiada información – Kendry hizo una mueca de desagrado. — bueno, me enviaron a avisar que todo está listo para comenzar con la cena… el parrillero Orlando ya está listo con el asador. — estábamos por salir cuando se detuvo de manera abrupta haciéndonos chocar contra él, nos miró divertido. — olvide advertirles algo. — ¿Qué? – pregunte curiosa. — Para mañana los chicos idearon que tuviéramos una noche de chicos y chicas por separado, para hacer una intervención con la pareja en crisis. — sonrió con malicia – así que aprovechen su noche porque creo que mañana no habrá acción para nadie, Karin dijo que nadie dormirá hasta que esos dos se emborrachen y se reconcilien. — ¿Qué?, de ninguna manera – se quejó mi esposo aferrándose a mi cuerpo. — Tienes que hacer un sacrificio por Kendal comienza a preocuparnos demasiado. — respondió triste. — así que todo depende de cómo lo manejemos. La cena comenzó un poco seria, el ambiente estaba un poco tenso, ya que nadie pronunciaba palabra, fue gracias a las locuras de Kendry que terminamos riendo y disfrutando de la velada. Después de cenar las niñas se fueron a dormir y los adultos nos quedamos en la sala frente a la chimenea por un rato conversando un poco, hasta que decidimos ir a descansar. Y aunque mi esposo quería portarse mal, lo frene un poco, pues, me sentía un poco agotada, él no insistió y solo se acurrucó a mi cuerpo para darnos calor.
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