Ava
A la mañana siguiente desperté con una enorme sonrisa en el rostro, después de tanto problema, al menos mi esposo y yo pudimos hacer las paces y aclarar nuestros sentimientos, bueno, él lo hizo primero, yo me estoy tomando un poco más de tiempo.
El día pintaba hermosamente soleado, era domingo y era día familiar, mis suegros habían organizado una salida al club para salir un poco de la rutina y también invito a mi familia.
Me levanté de la cama corriendo sigilosamente hacia al baño porque mi vejiga necesitaba vaciarse, hice mis necesidades y mi rutina de aseo matutino, luego salí y me cambie de ropa. Al salir lista me acerqué a mi esposo, quien dormía profundamente en aquel incómodo sofá, me detuve a observarlo por un instante antes de despertarlo, pues teníamos que irnos.
Se veía tan tierno con el cabello todo enredado y a pesar de que el muy imbécil tenía la cara llena de hematomas y el labio partido, seguía siendo increíblemente guapo. No pude con la tentación y le tomé una foto, se removió para cubrirse de la calidad del sol que golpeaba su cara… se quejó como un niño pequeño y reí.
De pronto recordé todo lo ocurrido en la noche, cada palabra, cada momento de nuestra reconciliación y sobé todo el momento en el que me confesó que estaba enamorado de mí. Mi corazón comenzó a latir con fuerza de la emoción, me sentía feliz de estar a su lado a pesa de haber comenzado con el pie equivocado. Pero al menos ahora siento que todo ha cambiado para bien y sé que si nos aferramos a la felicidad lo podremos lograr.
— Buenos días, esposo – le dije cuando abrió los ojos y me regalo la primera sonrisa de la mañana.
— Buen día, muñeca – dijo con pereza mientras estiraba su cuerpo, luego me miro de pies a cabeza y frunció el ceño. — ¿qué haces levantada tan temprano?, es domingo, podemos dormir un poco más… ¿Piensas salir?
— Hoy iremos al club con toda la familia. — respondí.
— No podemos faltar. — pregunto mirándome con ojos de súplica, negué riendo.
— No, podemos porque mi familia también está invitada.
— Ok, tomaré un baño y nos vamos.
Bajamos juntos a desayunar antes de irnos, obviamente todos lo cuestionaron por los golpes notorios en su cara, él dijo salimos a divertirnos después del concierto en el teatro. Y que al salir del sitio nos topamos con unos borrachos imprudentes que quisieron faltarme al respeto. Su abuelo familia lo felicitaron por defender el honor de su esposa, aunque no todos se tragaron la mentira y la mirada de reprobación de la señora Ivana lo decía todo, pero Kayden y yo la ignoramos.
Sin más interrogatorios, partimos hacia el club, en la entrada nos encontramos con mi familia, mi hermana me abrazo al verme. Nos unimos a las mujeres de la familia y juntas nos fuimos al área del SPA. Mientras las mayores intercambiaban experiencias en la sauna, las más jóvenes decidimos tomar el sol en las tumbonas junto a la piscina, era la primera vez que mi hermana y yo vestimos traje de baño.
Me sentía rara y a la vez rebelde por hacer algo que jamás había usado, Kayden al verme casi se desmaya y los chicos no dudaron en molestarlo, no solo por su cara de bobo, sino también por la marca en mi cuello. El día era maravilloso, el lugar era increíble y nos la estábamos pasando muy bien, los caballeros se fueron al área de golf dejándonos solas para disfrutar del día soleado.
Mi hermana se integró muy bien con Karin y Cassie, eso me hizo feliz, pues significaba que podríamos ser buenas amigas. Mientras conversábamos de cosas banalidades femeninas, recibí una llamada de un número desconocido, lo ignore, pero este comenzó a timbrar sin descanso. Cansada de posponerla, atendí.
— Hola…
— Déjame decirte que te ves divina en ese bikini morado, ni en mis mejores sueños contigo te habría imaginado así.
— ¿Dylan? – me levante de la tumbona y me aleje de las chicas para hablar en privado.
— Quién más, mi alma.
— ¿Cómo sabes que estoy usando?
— Porque tengo la mejor vista de ti amor.
— ¿Acaso me estás siguiendo?
— Necesito verte a solas… te veo en el restaurante del club en una hora.
— No tengo nada que hablar contigo después de lo que me hiciste anoche… así que déjame en paz, o me veré obligada a denunciarte por acoso. — advertí, estaba por colgar cuando me frenó.
— Vienes a verme o voy por ti… tú eliges. — dijo antes de colgar.
Refunfuñe algunas obsenidades molesta antes de aventar el teléfono a la tumbona, Gaby lo notó mi disgusto y no dudo en preguntar. Me acerqué a ella para susurrarle al oído, pues no quería que las demás se enteraran de mi problema, acorde con mi esposo que nos encargaríamos primero y si no lo hablaríamos con su padre. Mi hermana me tomo de la mano para ir al baño y así poder hablar con más tranquilidad.
— ¿Es que acaso ese idiota no entiende ni con golpes? – me encogí de hombres.
— ¿Qué debo hacer?, ¿ir?
— Por supuesto que no, si caes en su juego será peor…
— Entonces que hago, si no voy me buscará y si mi papá o Kayden lo ve esto será un caos… toda la familia está aquí. — dije preocupada, muerta del miedo.
— Entonces llama a tu esposo y dile que venga. — le hice caso, pero él no atendió ninguna de mis llamadas. — nada – negué exasperada. — cálmate. — se puso a pensar – entonces iremos las dos, así será menos sospechoso y si las palabras no funcionan, tal vez el chupetón en tu cuello sí. — bromea y no pudo evitar reírme.
Desde que me vieron todos se burlaron de mí y de los métodos primitivos de marcar su territorio, mi papá también lo vio, puso mala cara, pero no dijo nada. Nos fuimos a cambiar de ropa antes de acudir a la cita, estaba nerviosa y al borde de un colapso emocional, no quería que Kayden se diera cuenta y que todo terminara mal. Al entrar al restaurante lo vimos sentado tomando un café, caminamos hacia él y al mirarnos sonrió, se levanta para saludarme.
— Mi alma… te ves hermosa – intentó besarme, pero lo rechacé haciéndolo notar la marca roja en mi cuello, hizo una mueca de desagrado, le ha molestado… lo conozco bien, disimula sonriendo y luego se dirige a mi hermana. — hola cuñada, ¿Cómo estás?, qué gusto verte.
— No puedo decir lo mismo… Dylan, te dije que no molestaras a Ava, y bueno… aquí estás. — dijo molesta.
— Vaya, qué rápido has cambiado, recuerdo que solía ser tu cuñado favorito – Gaby rueda los ojos – pero, por favor, siéntense… ¿Gustan algo de tomar?
— Déjate de juego que no viene a socializar… así que ve directo al grano… que no quiero que me vean contigo. — dije irritada.
Después de discutir lo mismo por algunos minutos, perdí la poca paciencia que me quedaba, Gaby se mantuvo al margen mientras hurgaba en su teléfono hasta que también se cansó de tanta blasfemia que salía de la boca de Dylan. Me propuso huir a Australia con él, ya que en un mes su compañía comienza una gira por todo el país, obviamente enfureció cuando me negué.
— Ava será por las buenas o por las malas tú decides... pero no me alejare hasta que te vayas conmigo. – amenazo con una mirada tan sombría que me dejó sin palabras.
— ¿Cómo puedes hacer esto?, ¿en qué momento te convertiste en un patán, he? – pregunto mi hermana, quien no había dicho nada desde que llegamos.
— En el momento que él y su asqueroso dinero se atravesaron en nuestro camino. — dijo con odio.
— Dylan, entiende que se acabó… estoy casada, de repetírtelo una y otra vez que soy una mujer casada, por favor desiste de esta locura y sigue tu camino…
— No puedo… te amo tanto que… — lo interrumpí antes de que dijera lo que imagino iba a decir.
— ¿Cómo puedes decir que me amas después de lo que hiciste anoche?, eso no es amor, es obsesión, por favor, para y aléjate de mí. — suplique levantándome para irme.
— Me vi forzado a hacerlo para que él te dé el divorcio. — Gaby y yo nos volteamos a ver.
— Esto es un chiste, ¿no es así?… mierda… ¿Acaso has perdido la cabeza? – preguntó Gaby.
— No es ningún chiste… Vamos Ava, recuerda cuan felices éramos juntos… tan pronto te olvidaste todo lo que vivimos juntos.
— Tan pronto como tú me mostraste tu peor cara y me rebajaste al suelo a base de mentiras frente a él. — dije sería. — Dylan, el amor no es aferrarse, también es saber soltar y desear la felicidad del otro por más doloroso que sea… esto que estás haciendo no es sano.
— No me importa lo que tenga que hacer para convencerte de huir conmigo para cumplir nuestros sueños juntos.
— Bajo qué costo… Dylan, la familia de mi esposo es poderosa, si los provocan van a arruinar tu vida, tu carrera, tu futuro. — hable con firmeza. — eres un egoísta, tu familia no merece que tires todo a la basura por un capricho, ellos han luchado para abrirte las puertas y tú decides tirarlo por la borda.
— No es capricho, es amor… por favor, si aún me amas, ven conmigo, seamos felices juntos. — solté un suspiro pesado, cansada de repetir lo mismo.
— Dylan, no quiero ser la mala de la historia, pero me obligas a serlo – me mira con el ceño fruncido. — lo que vivimos juntos fue bonito, me mostraste lo más bello del mi primer amor, pero se acabó ya no siento nada por ti… y si sigues con esto solo ganarás odio de mi parte. — me levanté dispuesta a irme y Gaby me imitó.
— ¡MIENTES!, yo sé que me amabas tanto como yo a ti. — niego sin expresión alguna, me tomo de la mano con fuerza. — por favor no me hagas esto… tú lo eres todo para mí. — está por responder cuando…
¡AVA! – la voz de Kayden resonó en mi cabeza y voltee a ver en su dirección, aparte mi mano de la de Dylan y me levante como cohete con el cuerpo tembloso, al ver enojo en su rostro. — ¿Qué mierda haces aquí con este idiota? – preguntó mirándolo con odio.
Su mirada irradiaba ira, rabia, peligro, tenía que hacer algo antes de que perdiera el control y las cosas se pusieran feas, lo cual no era bueno porque había público en el lugar. Una idea descabellada se me cruzó por la cabeza, así que sin pensarlo demasiado me acerque a él tomado grandes bocadas de aire antes de pegarme a su boca. Mi esposo se quedó pasmado ante mi beso travieso, pero sin duda aprovecho el momento, me sujeto de la cintura pegándome aún más a su cuerpo y me metió la lengua hasta el fondo. Lleve mis manos su cuello y las enredé en su nuca, profundizando aún más el beso y perdiéndome en el sabor y la intensidad de su ser, sin importarme que el mundo ardiera en llamas.