Ava
El sabor de su boca era increíble y por primera vez me atreví a disfrutarlo sin miedo y me sentí en las nubes, todo mi cuerpo hormigueaba y explotaba en sensaciones nuevas y únicas. Él se aferró a mí como si quisiera devorarme entera, por un momento nos olvidamos del mundo entero, solo éramos él, yo y el mundo entero ardiendo en el infierno.
Nos separamos por falta de aire, al abrir los ojos me encontré con su mirada intensa, ya no había ira, solo deseo y anhelo, se acercó a mis labios. — sabes rico muñeca. – susurro sobre mis labios al separarnos en busca de oxígeno y sonreí como una tonta con el corazón tan acelerado que sentí que abandonaría mi cuerpo.
Un carraspeo intenso rompió nuestra burbuja de amor, voltee a ver a mi hermana quien reía divertida. — Que bello que se demuestren su amor en público, pero creo que es hora de irnos. — me hizo una seña hacia Dylan, voltee a verlo y estaba en colérico ante lo que acababa de presenciar. Mi esposo, por su parte, tenía una enorme y estúpida sonrisa de satisfacción dibujada en el rostro ante la cara de infarto de mi ex, niego riendo y luego volteo a mi alrededor.
Me temo que había más espectadores de lo esperado, ya que no solo estaba Dylan quien no salía de su impresión presente, sino también Montserrat, que no sé en qué jodido momento apareció en lugar… pero sin duda no se veía feliz. A la distancia pude percibir su aura asesina y una lágrima que escurría por su mejilla, sentí pena por ella, pero el sentimiento de triunfo fue más grande. Suspire antes de darme la vuelta sin alejarme de mi esposo quien me sostuvo de la cintura.
— Espero que esto sea suficiente para que entienda que ya no significas nada en mi vida… ahora soy una mujer felizmente casada y de lo que vivimos solo quedan los recuerdos… no hagas que me olvide de ellos también y termine odiándote. Así que borra nuestro pasado y sigue adelante… cuídate Dylan. — dije con una sonrisa antes de tomar la mano de mi esposo. — no vamos queridos.
— Por supuesto que sí, muñeca mía. — respondió feliz de mis palabras, pero antes de partir volteo hacia él. — Espero que borres esas fotos y dejes de amenazar a mi mujer o te juro que voy a destruirte. — sentenció, y sin más salimos tomados de la mano, como una pareja feliz.
Caminamos hacia la salida bajo la mirada de todos comensales, algunos nos saludaron y otros solo nos ignoraron, sentía que las mejillas me ardían de lo avergonzada que estaba por tal atrevimiento… ya afuera nos detuvimos. Quise ocular mi rostro, pero él me obligo a mirarlo.
— ¿Qué fue eso? – pregunto divertido.
— Em… bueno… supongo que solo fue una aclaración gráfica para que no le quede la menor duda a nadie de que eres mi esposo… solo espero que hayan funcionado.
— Pues a mí me quedo claro… por cierto, Me encantan tus gráficas… digo… tus aclaraciones. — dijo intentando besarme de nuevo, pero lo detuve.
— Aunque creo que Monse no lo tomó muy bien… claramente se veía triste y a la vez quería matarme con la mirada.
— ¿Monse? – frunció el ceño fingiendo ignorancia.
— Estaba detrás de nosotros acompañada de algunas personas viendo todo el show… ahora me dirás que no sabías que estaba aquí, supongo que le has dicho ayer que estuvieron juntos. — me mordí el labio inferior para reprimir mis celos… sé que él dijo que terminaron, pero la espinita de la despedida me tenía un poco loca.
— En primer lugar, debo aclarar que ella también es m*****o de este club desde hace años, así que no es raro que esté aquí y en segundo, es cierto que ayer la vi… me la encontré en club por casualidad, así como la tuya – dijo en modo de reproche y puse mala cara. — aunque no lo creas, solo aproveche el momento para arreglar mis asuntos con ella definitivamente. — entrecerré los ojos. — y no paso nada… lo juro — levanto la mano.
— Ah… ya… y lo aceptó así sin decir nada, ¿ni replicar?
— No es como que tuviera muchas opciones, Ava, estamos casados y tarde o temprano ella tenía que entender que la relación es de dos, no de tres.
— Sabias palabras… pero debes admitir que la culpa es tuya por ser demasiado…
— Guapo, sexy, irresistible… — Rodé los ojos ante su descripción.
— Mujeriego, promiscuo y sátiro. — dije a modo de reclamo, él se rio de mi actitud.
— Y me declaro culpable – bromeo antes de besar mi frente, negué riendo.
— A todo esto, ¿cómo supiste donde estaba?, te llame, pero como siempre no contestas mis llamadas… como no soy… — me quede callada ante lo que estaba a punto de decir, al parecer yo seré quien no supere a Monse. — lo siento…
— No pasa nada, creo ambos debemos trabajar mucho en la confianza y también debemos aprender a superar a los ex… — dijo haciendo comillas con los dedos, reí – y bueno, no conteste al llamado de mi bella esposa, solo porque estaba en mi papel de instructor de golf de tu padre. — dijo divertido. — cuando terminamos revise el teléfono y vi un mensaje de tu hermana informándome lo que pasaba. — me explicó. — pero, muñeca… ¿Cómo es que no entiendes que no debes caer en los juegos de ese tipo?
— Él muy infeliz, me amenazo con ir por mí, tuve miedo de que mi padre o tu familia lo vieran y se armara un escándalo.
— Entiendo… bueno, te he rescatado muñeca hermosa… ¿Cuál será mi premio? – dijo pegándome a su cuerpo, dejando casi nada de espacio entre nosotros.
— Ya te lo di por adelantado – respondí juguetona, se acercó a mi oído y…
— Señora Lynch, eso es trampa y no vale… — susurro en voz sensual deshaciendo mi cuerpo hasta mojar mis bragas…
Hay Dios… Ava, control… control… aguanta un poco más. — me dije internamente.
— Queda anulado — me mira a los ojos y sé que estoy más roja que un tomate, porque él sonríe divertido. — Exijo una repetición o me veré obligado a castigarla señora mía. — dijo y sin más cedí dejándome llevar, nos dimos un beso de esos ricos y apasionados que te roban el aliento, elevan al cielo y te dejan deseando más.
— Guau… sabes demasiado rico – dijo en voz ronca – me pones tan caliente nena que sin duda me declaro adicto a esa boquita tan dulce y apetecibles que tienes muñeca. — reí sonrojada.
— Te lo has ganado.
— Bien, ahora solo falta que ambos hagamos un pacto
— ¿Cuál?
— Que desde este momento solo nos dedicaremos a fortalecer nuestro matrimonio hasta ser felices.
— Siempre y cuando te esfuerces y no me decepciones… pondré todo de mi parte. — respondí y para sellar el pacto nos besamos.
— Mierda… me estoy acostumbrando muy rápido a esto. — reímos y nos dimos un último beso antes de regresar con la familia para terminar de disfrutar de hermoso día.
Punto de vista del autor.
Mientras Ava y Kayden comienzan a disfrutar de su amor en crecimiento, dos corazones rotos y llenos de rabia se negaban a rendirse tan fácilmente, por un lado, Dylan, quien no se recuperaba del trago amargo de ver al amor de su vida feliz con otro. Y, por otro lado, estaba Montserrat, quien tampoco se daba por vencida y ardía en celos, rabia y odio en contra de Ava, quien le había robado el corazón y el amor de su amado Kayden.
Gabriela se había quedado atrás por un momento solo para dedicarle unas últimas palabras al hombre con el corazón roto, después de todo ella lo entendía y sería pena por él. Había sido muy bueno con su hermana, se sentía agradecía con él por cuidarla y mostrarle lo que era el amor.
— Ella se ha enamorado de verdad. — dijo llamando su atención.
— ¿Cómo sabes que es amor?
— Soy su hermana, la conozco mejor que nadie - suspiro antes de continuar. — Dylan, fuiste alguien muy importante en la vida de Ava, fui testigo de los buenos momentos que le hiciste vivir, pero debes entender que el amor es así… déjala ir por favor.
— Te robó la posibilidad de casarte e irte lejos de tu padre, ¿acaso no la odiaste por eso?, ¿cómo puedes estar tan tranquila?, cuando tú debiste casarte con él y no, mi Ava… pues nadie tiene derecho a amarla más que yo.
— No seas prepotente y enfermo… además, es ella quien decide a quién amar, así que, en el nombre de ese amor, déjala ser feliz. — dijo antes de irse.
Dylan se sumergió en sus propios pensamientos, recordó las palabras de sus padres y su abuelo, cuando les confesó que iría a buscar a Ava. Ellos adoraban a la chica porque era muy dulce y sencilla, pero también sabían que ella no era su felicidad, Dylan no era malo, pero si era posesivo, nunca demostró tales actitudes, porque creyó que Ava jamás se fijaría en otro hombre. Él era el único en su vida, además, no podía conocer a otros hombres gracias las restricciones de su padre, por eso se sentía seguro de tenerla para él.
— Hola – una voz femenina lo saco de sus pensamientos.
— Hola… ¿Se le ofrece algo?
— Si… ¿Quiero saber quién eres?, y que eres en la vida de Ava.
— No entiendo…
— Me presento, soy Montserrat Pannini la exnovia y amante de Kayden y al igual que tú quieres recuperar lo que es mío. — declaro con una sonrisa.
— Soy Dylan Aguirre, exnovio de Ava… Te escucho. – señaló la silla para que tomara asiento.
Ambos se sentaron a conversar por un largo rato como si fueran viejos conocidos que se reencontraban después de años sin verse, se pusieron al tanto de sus relaciones y pactaron una sociedad para separar a la pareja.
— Decidido, me declaro tu cómplice. — dijo Dylan convencido de que su plan funcionaria.
— Estoy segura de que no te vas a arrepentir, solo espera y verás.
— Lo haré… tenemos, ¿un trato?
— Lo tenemos.
Mientras tanto…
La familia Lynch tuvo un día divertido, disfrutaron de las atracciones del club, jugaron futbol, se metieron a la piscina, almorzaron juntos, compartieron risas y anécdotas. La feliz pareja se olvidó de todo para disfrutar de su nueva tregua, acordaron ir lento y tenerse mucha paciencia, principalmente Kayden con Ava.
En algún lado del enorme complejo dos viejos amantes se reencontraron, ese día la señora Teresa no asistió al club por una fuerte migraña. Así que Teodora fue en su lugar, Camilo al verla sintió que su corazón había encontrado lo que había perdido, él amó a su difunta esposa y madre de sus hijos. Pero el amor que sintió por Teodora jamás se extinguió y después de muchos años aún seguía latente.
— Sigues tan hermosa como te recuerdo.
— Mientes… estoy vieja, soy consciente de los años que han pasado por mí. — respondió apenada.
— Pero aun así te conservas joven y bella… para mí eres la misma chica que robo mi corazón hace más de cincuenta años — bromea y ella se sonroja.
— Camilo, no digas tonterías… mejor cuéntame, ¿cómo has estado?, pudo ver que la vida te trato muy bien… lograste cumplir tus sueños y más allá diría yo.
— No me puedo quejar, tuve una buena vida, pero siempre me falto algo — dijo mirándola a los ojos y ella negó. — yo nunca te olvide Teodora… A pesar de haberme casado y consolidar una familia, nunca deje de pensar en ti. ¿Por qué no me esperaste? – Teodora sonrió con tristeza
— Yo siempre te esperé, pero nunca volviste por mí o al menos eso me hicieron creer.
— ¿Qué paso?, cuando me enteré de que Ava era tu sobrina y no tu nieta, me sorprendí mucho porque siempre supuse que te habías casado aquel día.
— Teresa nos mintió a ambos. — confesó, ya que hace unos años su hermana le confesó todo mientras estaba borracha. — yo nunca pude enamorarme de nadie más, así que elegí a la fiel soledad. — dijo en medio de una sonrisa.
>> Aunque Teresa y Teodora eran hermanas gemelas casi idénticas, una era más bella, sencilla, y tierna que la otra, que era envidiosa, ambiciosa y malvada. Camilo conoció a Teo en una plaza mientras ella paseaba con sus amigas, se enamoró de ella a primera vista y la persiguió hasta que acepto ser su novia, tuvieron un noviazgo muy hermoso y romántico. Camilo la idolatraba por su sencillez, inteligencia y enorme corazón.
Pero cuando Teresa se enteró del romance de su hermana, sintió celos, y se las arregló para separarlos, Camilo había logrado en secreto que el padre de las hermanas lo aceptara como yerno luego de volver del extranjero, puesto que le prometió una gran dote. Cuando Teresa se enteró del éxito de Camilo y de sus intenciones de volver para casarse con su hermana, mediante las cartas que escondía de ella para hacerla creer que su amado la había olvidado. Se dejó llevar por los celos y la envidia de saber que su hermana tendría una mejor vida que la de ella y sin piedad armo todo un plan malvado para arruinar la vida de su Teo.
Como ella estaba comprometida con un hacendado adinerado que estuvo interesado en Teo, pero esta lo rechazó y se comprometió con ella. Una razón para odiarla más, Teresa le envió la invitación de su boda Camilo haciéndose pasar por su hermana, el día de la boda Teo se enfermó de manera misteriosa y no asistió a la boda. Así que cuando Camilo llegó a la iglesia pensó ver a su amada casándose con otro, Teresa fingió ser Teo, se acercó al chico solo para decirle que se olvidara de ella para siempre porque jamás lo amo de verdad, solo estaba interesada en lo que podía darle. Camilo se fue con el corazón roto, creyendo en las sucias mentiras de Teresa, para ese entonces su benefactor ya le había propuesto que se casara con su hija y en medio de la decepción acepto por despecho.
— Tu hermana merece el infierno — dijo molesto cuando ella terminó de relatar lo que en verdad paso aquel fatídico día.
— No es bueno envolverse en odios Camilo… eso ya es pasado — dijo la mujer de buen corazón que, aunque en algún momento sintió odio por su hermana, la perdono para seguir con su vida.
— Siempre admiré tu gran corazón — ella sonrió — Teo, sé que no podemos regresar en el tiempo, pero al menos concédeme el placer de ser tu amigo y estar cerca de ti.
— Será un placer…