Capítulo 79 – Reconciliación y amor.

2753 Words
Kayden El plan era simple, hacer que Kendal se desahogara, se embriagara y terminara llorando y rogando por el amor de Cassie. Sin embargo, los cuatro aprovechamos para abrirnos aprovechando de la noche y el alcohol. Eros nos compartió algunas cosas, no es un hombre muy comunicativo, Kendry nos habló sobre algunos de sus sueños y yo solo pude admitir que amo a mi bella Ava. Obviamente, inmaduramente se burlaron de mí. Kendal por su parte nos habló sobre su miedo a perder a su esposa, la ama tanto que siente que no sobreviviría sin ella y es que la distancia que puso entre los dos lo está matando. Desde que se casaron nunca se habían peleado o separado para nada, es más, consideraba que eran raros o anormales, porque nunca los veía enojados. — ¿Has pensado lo que hablamos sobre otros métodos para ser padres? – preguntó Eros. — Sí, desde hace tiempo para ser honesto… es solo que no estoy seguro de que ella lo acepte, siento que para las mujeres es complicado. A mí realmente que sea de sangre o no me da igual, solo quiero tener esa satisfacción de que alguien me llame papá, jugar con él, abrazarlo, verlo crecer, amarlo y protegerlo. Quiero formar una familia a lado de mi amada esposa. — Entonces, habla con ella, dile lo que opinas y deseas. — respondió Eros. — Y si no quiere. — No saques conclusiones antes de que ella te lo diga abiertamente. — le dije al ver el pánico en sus ojos, asintió. — Sabes que te apoyaremos siempre, ¿verdad? – dijo Kendry. — Lo sé hermanito… Gracias, sin duda eres el más maduro de los tres, por favor ten cuidado cuando te enamores. — No tengo planeado hacerlo pronto… quiero disfrutar de mi libertad, pero no al estilo Kayden Lynch… el chico desastre – se burla de mí y reímos. — Mocoso insolente, respeta que soy mayor que tú. — lo despeino y se queja. La conversación entre hombres fue más seria que la de las mujeres y de eso nos dimos cuenta cuando las escuchamos gritar desde la ventana. Cada una de ellas saco su odio y su amor, Kendal frunció el ceño ante la declaración de su esposa y luego suspiro aliviado cuando Cassie le grito que lo ama. Por su parte, Eros sonrió como un tonto cuando Gaby revelo que estaba enamora, aunque no grito su nombre, ya todos lo sabíamos y verlo sonreír tan seguido es raro, pues siempre es serio y un poco frío. Por mi parte, no me podía quejar, me fue bien. — Dios, esas chicas, sí que están ebrias y locas, como se les ocurre salir a gritar a esta hora y con este frío terrible, se van a congelar, o mejor dicho, a enfermar. — se quejó Kendry. — Déjalas, cada una de ellas lleva mucho por dentro. — dije sonriendo al ver la cara de tonto de Eros. — ya me vas a decir, ¿qué pasa? — No tengo idea de que hablas – se encoge de hombres. — Eres malo, sabes todo sobre mi vida y ahora no quieres compartir conmigo. — se ríe sin responder. — Espero que ese hombre del que habla Gaby no sea yo, porque estoy muerto. — se quejó mi hermano, quien ya estaba pasado de copas y no pude evitar reír. — Tranquilo, te aseguro que no eres tú… algo me dice que hay un viejo zorro por aquí. — digo al recordar que Eros es mayor que mi cuñada, el muy tonto solo niega divertido, estoy por molestarlo más cuando el último grito de desahogo nos deja en shock. “Te odio tía, por ser una mala persona conmigo, con mamá y mis hijas… y para que te enteres… ¡Estoy embarazada!, y espero que también sea niña” Volteamos a ver a Orlando, quien no demoro ni un segundo en levantarse como cohete y correr hacia la habitación donde estaban las alborotadoras. Obviamente, corrimos detrás de él, para enterarnos de todo sin perder detalle, él abrió la puerta y… — Pero, ¿Qué carajos has dicho? – preguntó a gritos. — Que vas a ser papá por tercera vez – respondió mi hermana y él no dudo en correr hacia ella, la hizo girar emocionado. — Oh mi amor, te amo, las amo… ¡Joder!, voy a ser papá de nuevo. — gritó feliz. — gracias mi bello melocotón. — dijo antes de besarla con pasión, sin importarle el público presente. — Hey, hey, dejen de comer delante de los pobres… que estoy a dieta y por solidaridad todos deberían estarlo también. — se quejó Kendal quien apenas se sostenía sobre el marco de la puerta. — ¡Tú! – lo señaló su esposa sorprendiéndonos. — Cállate y ven acá a darme un beso. — Con gusto amor… creo que mi dieta terminó chicos. — todos reímos. Mi hermano no puso objeción y corrió feliz hacia su esposa con semblante de alivio y felicidad, mientras esos cuatro se demostraban su amor, a mí también se me antojó, así que fui por lo mío. Me acerqué a mi hermosa y un poco alegre esposa, la tome de la cintura, la pegué a mi cuerpo y la miré con el ceño fruncido. — ¿Estás borracha? — Solo un poquito – respondió antes de besarme. Al separarnos se acercó a mi oído. — Misión cumplida cachorrito… ¿Ya podemos irnos a nuestra habitación para que me hagas el amor como tú quieras? – los ojos me brillaron, mi linda Ava se pone muy susceptible cuando hay un poco de alcohol en su sistema. — ¿Hablas en serio? — Soy toda tuya… llévame y haz lo que quieras conmigo. — me susurro calentándome con sus palabras. ¡Joder, muñeca!, no sabes lo que estás pidiendo – respondo mentalmente, antes de cargarla colocándola sobre mi hombro como un cavernícola. — Bueno, chicos, nosotros arribamos… hasta mañana y les deseo que duerman muy calientitos esta noche… Kendry te recomiendo dormir con tapones o escucha música a todo volumen si no quieres escuchar la serenata orgásmica que habrá esta noche. — dije divertido al salir y todos me abuchearon. — No sé ni para qué vine. — escuche a mi hermanito quejarse mientras se iba a su habitación. Al entrar a la habitación la coloqué sobre el suelo con cuidado, la ayude a quitarse el abrigo y las botas de felpa, la lleve a la cama y la acosté con cuidado. Tenía muchas ganas de hacer la mía, pero estaba muy ebria y no la quería así, la quería en sus cinco sentidos. — Descansa. — ¿No quieres hacer el amor conmigo? – preguntó un poco decepcionada. — Siempre, pero ahora estás muy tomada, pequeña, y te prefiero en tus cinco sentidos. — Es porque no soy tan atrevida como ella. — abrí los ojos como platos. — Por supuesto que no, ya te he dicho lo que me encanta de ti… yo te amo a ti muñeca, sé que no he sido el mejor, pero créeme eres lo mejor que me ha pasado y es necesario te lo voy a repetir hasta que lo entiendas. — se quedó callada por un momento. — Quiero agua. — Iré por ella. Baje por una botella de agua y cuando regrese la encontré arrodillada en medio de la cama completamente desnuda, casi me da un infarto por lo erótica que era la imagen. No quería aprovecharme de su estado, pero verla así tan atrevida me encendió en segundos, yo quería ser bueno, pero ella les abrió la puerta a mis demonios. Ella levantó la mirada haciendo contacto visual conmigo, sus ojos vislumbraban deseo y lujuria, jamás la había visto así y maldición… qué hermoso era. Bajo su mirada lujuriosa comencé a deshacerme de la ropa, ella recorría mi cuerpo de pies a cabeza y cuando me deshice del bóxer liberando mi evidente erección se mordió el labio. ¡Joder!, que me seduzca así es… jodidamente sexy. Me acerqué a la cama para arrodillarme frente a ella, la bese y la guie para que se recostara, luego escale su cuerpo dejando besos y caricias por todos lados, haciéndola jadear de la excitación. Mordí sus bellos y duros pezones, provocando una reacción ardiente en ella. Gritó arqueándose sobre el colchón tomando mi cabeza para presionar más contra su pecho, los gestos de Ava cuando está excitada son sublimes, únicos, eróticos y tiernos a la vez. Conocer cada faceta de ella me hace sentir especial, al ser posesivo con ella. — Estás muy atrevida esta noche, muñeca. — dije paseando mi mano por su cuerpo, pase por la hendidura de sus senos, los acaricié con delicadeza y luego llegué hasta en medio de sus piernas, abriéndome paso para sentir su húmeda intimidad. — perfecto… estás mojada, qué delicia. — mi voz salió ronca mientras mi mano no dejaba de explorar su zona y mi falo ansiaba hundirse en ella hasta el fondo. — Creo que es por el alcohol, me pone un poco alegre por la falta de costumbre y… — comenzó a balbucear, se mordió el labio reprimiendo un grito cuando deslice mi dedo e hice presión sobre su pequeño botón y volví a morder uno sé sus ya sensibles pezones – ahh, ahh. — soltó el aire en un gemido exquisito, solo para mí, con los ojos cerrados y la boca entre abierta, disfrutando de mi toque. — Entonces, creo que ese será mi secreto para cuando quiera tener completo control sobre tu cuerpo. — agregue introduciendo mi dedo medio en su interior mientras devoraba su dulce cuellos con aroma a fresas. — ahora quiero que hagas algo para mí. — le susurré al oído previamente antes de morder el lóbulo de su oreja, sintiendo como su piel se erizaba. — ¿Qué? – preguntó gimoteando por mis atenciones. — Tócate para mí, preciosa… — pronuncie y ella abrió los ojos para mirarme. — Yo… no sé cómo – respondió nerviosa y apenada, viéndose aún más hermosa. — ¿Nunca te has tocado? – negó avergonzada, mientras que a mí me excitaba su pureza. — Por Dios, Ava, entre más inocente resultas, más ganas me dan de corromperte. — dije atrapando su boca en un apasionado beso. Sin abandonar su boca, tomé su mano llevándola hacia su zona baja, la manipulé a mi antojo para que pudiera sentirse ella misma. Jadeo, al colocar su dedo índice sobre su clítoris y moverlo suavemente, su cuerpo se sacudió y esa reacción aumentaba el deseo por poseerla, pero me contuve hasta verla despojada y entregada al placer, mi placer. — ¿Te gusta? – no respondió, estaba perdida. Le marqué el ritmo, gimió, jadeo, se retorció bajo su propio toque estando entre mis brazos y cuando aprendió la técnica, simplemente la dejé hacerlo sola mientras me deleitaba con la imagen más excitante que he tenido en mi vida. Era viagra puro. Ava arqueó su espalda cuando su cuerpo comenzó a temblar anunciando su dulce orgasmo, así que retire su mano para remplazarla por mi boca haciéndola gritar sin contención. Si en algo tenía razón Montserrat era que era una bestia insaciable cuando de sexo se trataba, desde que conocí el sabor de los placeres, me dije a mí mismo de aquí soy. Lo disfruté a diestra y siniestra, sin importarme, ¿Dónde?, ¿Cuándo?, ni con, ¿Quién?, solo me interesaba en saciar mis propias necesidades lascivas y morbosas. Pero ese cambio cuando ese pequeño ángel de ojos claros y aroma a frutas dulces apareció en mi vida. Antes lo hacía con cualquiera sin importar las emociones, sin embargo, ahora el cuerpo de mi bella Ava es el único que quiero y deseo. Es el único que me tiene completamente enfermo como sí fuera un adicto dependiente, desde que la probé solo pienso en saborear y poseerlo una y otra vez. Estoy tan clavado por ella que ya ni siquiera tengo el interés de voltear a ver a ninguna otra, solo ella es la dueña de mis pensamientos, anhelos, mi amor y mis más bajos deseos. No sé si sea bueno o malo… pero esta pequeña me tiene atado de pies y manos a ella, con la voluntad al pie de cañón… puede hacer conmigo lo que quiera. Y cuando se dé cuenta del poder que tiene sobre mí, seré hombre muerto. — Kayden – grita cuando se deja ir en un orgasmo tan arrasador que le tiemblan las piernas. Le doy un momento para que recupere el aliento, mientras mi mente decide en que posición voy a tomarla, cuando veo que su espiración es más lenta y pausada, subo a su boca y la beso antes de darle la vuelta y ponerla en cuatro. No pone resistencia, se deja guiar y eso me encanta, tenerla tan entregada a mis deseos es perfecto, me coloco detrás de ella. Contemplo su bello cuerpo en esa postura, acarició su suave espalda. Deslizo mi mano hasta llegar a su lindo trasero, coloco mi p*ne en sí entrada y no me resisto la tentación de azotarla. — Kayden – grita molesta, lo que me divierte. — porque me… ahh – no la dejo terminar porque la embisto de un solo empuje y la hago gritar de nuevo, pero esta vez de manera placentera. — ¿Qué decías muñeca? – pregunto jadeando mientras la embisto con rapidez. — te aseguro que ninguno de mis golpes te dolerá, al contrario, te van a gustar. — le doy otra palmada suave, no la quiero asustar y tampoco planeo ser tan rudo con ella porque no es como las otras. Afuera el ambiente era frío como un congelador, pero dentro de nuestra habitación era más ardiente que el infierno, gemidos, jadeos y sonidos morbosos era lo único que se escuchaba. No me contuve y ella no me pidió que lo hiciera. La noche fue larga y no paramos hasta que ambos quedamos completamente satisfechos y agotados, al obtener nuestro último orgasmo, nos dejamos caer sobre la cama. Ella se quedó dormida de inmediato y antes de caer la atraje hacia mí para acomodarla sobre mi cuerpo y envolvernos entre los edredones calientitos. Mientras tanto… Kendal Ni siquiera me di cuenta cuando todos los demás desaparecieron de la habitación, dejándonos solo a Cassie y a mí, pero se los agradecí. Me perdí en al volver a sentirla entre mis brazos, me hizo tan inmensamente feliz que me olvide del mundo entero. No dijimos nada, solo nos besamos hasta terminar en la cama, nos separamos por falta de aire. — Amor yo… — Shh, shh – coloco su dedo en mi boca. — no rompas el momento, luego hablaremos de lo que haya que hablar. — dijo volviendo a mi boca. Nos dejamos llevar por el amor y el deseo, poco a poco nos fuimos deshaciendo de la ropa hasta quedar desnudos, nos besamos y acariciamos mutuamente disfrutando del cálido toque de nuestras manos. Deseaba estar con mi esposa, mi mujer, la única con la que he sido infinitamente feliz a pesar de las decepciones de la vida, Cassie, es mi todo. Me subí a su cuerpo y me acomodé entre sus piernas, pero… — Emm amor. — me empujo un poco – no podemos. — ¿Qué?, ¿Por qué? – me quejé y ella sonrió. — Mi operación está reciente y aún debo esperar algunos meses para tener intimidad… lo siento – la vi apagarse y sonreí. — No importa – me deslicé hacia abajo hasta llegar a la altura de su bella y depilada intimidad. — tengo muchas maneras para complacer a mi esposa y sé que le gustan, ¿Qué dices? — Muéstrame lo que tienes para baby. — respondió con una enorme sonrisa. Y sin más devoré todo a mi paso, escuchar sus gemidos de placer revitalizaban mi alma, al menos la pasión y el deseo seguía allí. Ella se retorcía bajo mi toque, fui delicado y muy suave para no lastimarla, solo me encargué de complacerla y demostrarle mi amor. Al terminar fue mi turno y debo decir que con los años mi hermosa y sensual esposa ha mejorado su técnica, pues me hizo correr de una manera descomunal. Luego del placer, nos acomodamos en la cama, abrazados, disfrutando del cálido silencio, le hice cariñitos en la espalda hasta que se quedó dormida. — Te amo, amor mío.
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