Capítulo 37 – La cena.
Ava
La casa de los Lynch era sin duda increíblemente asombrosa, jamás en mi vida había visto tantos lujos juntos, es abrumador…
Mientras el idiota inmaduro de mi esposo toma una ducha, me dedico a explorar un poco mi nuevo hogar, algo me incomodaba un poco fue el hecho de que toda la estancia estaba divida por estantes y paredes de cristal, la privacidad es muy poca. Aunque no podía negar que la decoración era muy bella, había cuadros coloridos, objetos decorativos muy bonitos y modernos, las cortinas en tonos cálidos, al igual que los muebles y el resto de la decoración.
Como no tenía mucho que hacer, comencé a organizar un poco mis cosas en el espacio que mi amable esposo me había dado para mi uso personal. Y aunque la señora Ivana y el señor Homero me informaron que las mucamas se harían cargo de mis cosas. La verdad es que no me sentía a gusto con la idea de que tocaran mis cosas privadas, no porque fueran caras o irremplazables, sino porque eran mis tesoros más preciados. Tomé la primera caja para abrirla, en ella venían mis instrumentos para hacer mis escancias y cremas, entre la misma encontré una caja de color lila con moño morado.
Me pareció raro verla ahí, ya que yo no la había empacado, la tome entre mis manos para abrirla y sonreí al ver lo que había a dentro. Mi hermana había metido en ella mis objetos más preciados como mi muñeco de peluche contra los miedos, luego les cuento sobre él. También había algunas fotos familiares, bueno, las pocas que teníamos, los muñecos de nuestros animes y mangas favoritos que me había regalado mi hermana y la hermosa esfera de cristal que obsequio la tía Teo cuando tenía 12 años. La intención de mi hermana era que pudiera sentir que estaban cerca de mí y yo de ellos… o al menos esa era la idea.
Continúe revisando y organizando las cosas de mis cajas hasta que me encontré con los recuerdos que aún estaban latentes mi corazón y en mi mente, los bellos recuerdos de Dylan. Como el violín y la bella composición que hizo para mí, no sé por qué los traje, o tal vez sí, creo que era por nostalgia, pues en una parte de mí aún no terminaba de cerrar ese ciclo. Puede que no lo amara con intensidad, pero fue especial.
Saqué el violín, su estuche y lo observé con nostalgia, era hermoso, sin duda Dylan tenía un talento natural para crear arte. De pronto los recuerdos del momento en el que me obsequio a mi primer amor, llegaron a mi mente y me hizo derramar algunas lágrimas de tristeza. Todo en mi vida dio un giro de 360 grados que apenas comenzaba a procesar, sobre todo porque nada en mi nueva vida era tan simple como parecía. Hace unas semanas era la novia de un hombre talentoso que me adoraba y ahora estoy casada con uno de los hombres más ricos de Miami y, que, por si fuera poco, solo se casó conmigo para, ¿aparentar?, ¿acaso esto no es una locura?
Al escuchar la puerta del baño abrirse me sentí un poco culpable por sentar en otro hombre cuando ya era una mujer casada, no con el amor de mi vida o el ser más increíble del mundo. Pero, el anillo en mi dedo anular decía que Kayden Lynch era mi dueño, guarde el violín para tocarlo en otra ocasión y para evitar que mi esposo me viera con los ojos llorosos. Salí un momento a la terraza, donde me quede pasmada al descubrir la maravillosa vista al mar, el paisaje parecía sacado de una postal, había barcos y veleros a la orilla del muelle. Era bellísimo.
Sin pensarlo me subí al borde del balcón, el cual es amplio, cerré mis ojos y deje que la brisa del mar relajara mis sentidos, de pronto sentí la presencia de alguien… bueno de él.
— ¿Qué haces? – pregunto en tono divertido y mi momento de relajación se fue al caño.
— Nada… esperando que salieras del baño.
— ¿Siempre eres así de bipolar?
— Supongo que soy tan bipolar como tú eres un imbécil a veces. — dije antes de entrar, tomar mi ropa y entra al baño.
Después de tomar una ducha realmente refrescante, hidrate mi piel con mis cremas, me puse ropa cómoda para descansar antes de volver a bajar como lo indico la señora Ivana. Al salir no vi a mi amado esposo por ningún lado, no le tome mucha importancia, al contrario, me sentí un poco más cómoda. Así que me tome la libertad de acostarme en la enorme cama y me dormí por un breve tiempo, la verdad me sentía extraña en el lugar, pero también muy cansada por el viaje.
No sé cuánto tiempo me dormí, pero a despertarme me encontré con la grata sorpresa de que mi tonto esposo estaba acostado a mi lado. El maldito me la hizo, pero ya verá… me levante sin hacer ruido, busque mi teléfono en entre mi bolsa, intente prenderlo porque lo apague desde que abordamos el avión. Intente prenderlo, pero no respondía, se había quedado sin batería, la verdad es que ya estaba fallando, era algo viejo. Me gustaría decir que papá me lo dio, sin embargo, fue mi tía quien nos lo compró de segunda mano para estar comunicadas, pues desde los 15 años que comenzamos a ir al colegio solas.
Busque el cargador para conectarlo, pero no lo encontré en ninguna de mis maletas, entonces me di cuenta de que lo había olvidado en el hotel o de plano lo había perdido. Comencé a buscar por toda la habitación con la esperanza de que Kayden tuviera uno que pudiera tomar prestado, mientras tanto él seguía dormido sin preocupaciones…
¡Qué lindo!
No encontré ninguno por ningún lado y comencé a preocuparme, porque no tenía manera de comunicarme con mi familia para decirles que había llegado con bien. Sé que podría usar el teléfono de la casa para llamar, pero aún no tenía confianza en usar nada ajeno a mí. Sigilosamente, me acerqué hasta el buro que estaba del lado de la cama donde mi esposo dormía, abrí el cajón con sumo cuidado para no hacer ruido, sin embargo, fui pillada, infraganti.
— ¿Qué buscas entre mis cosas como un ladrón?
— Em… mm, yo solo buscaba un cargador para mi teléfono.
— ¿Qué modelo es? – le muestro mi equipo y él me mira horrorizado.
— ¿Qué es eso?
— Da… ¿Un teléfono? – respondí irónica y él puso los ojos en blanco.
— ¿Cómo puedes llamar a eso? – señala el dispositivo. — teléfono.
— Oh, lo siento su majestad, pero no todos tenemos para comprar uno de última generación, además no está tan viejo y sirve para lo que necesito. — respondí burlesca, por su estúpida manera de presumir lo que tiene. — ¿tienes un cargador o no?
— Pues, en esta casa no encontraras nada para eso… hasta la servidumbre tiene teléfonos mejores a ese. — ruedo los ojos con irritación.
— Gracias de todos modos, ya veré como consigo uno.
Horas más tarde se acercaba la hora de la cena, así que Kayden indico que debía cambiarme de ropa y me sugirió que me pusiera lo más formal que tuviera.
— ¿A qué le llamas formal? – pregunté desde el closet donde ya estaba mi ropa colgada.
— Lo más bonito que tengas Ava… no lo digo por ofender, pero necesitas renovar tu guarda ropa, ahora eres una Lynch, una de las familias respetadas en la sociedad, por codearnos con las casas de modas más famosas y prestigiosas del mundo. Así que debes lucir como tal.
Lo bueno era que no quería ofenderme al llamarme pobre y fuera de moda…
— ¿En conclusión?
— Deberías comenzar por investigar y estudiar un poco sobre nosotros, para estar a la altura, la ignorancia no es buena para mi esposa. Además, de que debes vestir como toda una Lynch.
— Entiendo… el materialismo reina en esta casa… ok, ¿Quién me ayudará con esto?
— Nada me gustaría más que hacerlo yo mismo, pero creo que la más indicada para ello es mi madre, se encargara de ti, confío en su buen gusto. — suspire.
— Supongo que gracias… y a todo esto, para que tanto formalismo, ¿habrá una fiesta? – pregunte sarcástica.
— No una fiesta, pero si una cena familiar, como escuchaste decir a mi tía, debemos bajar antes de las 8 porque antes de la cena haremos algo que se llama; “la bienvenida” – me asomo por la puerta y lo miro con el ceño fruncido.
— ¿Qué es eso?
— En nuestra familia hay una tradición que consiste en darle la bienvenida a un nuevo m*****o con regalos especiales, es una manera de decirle que ahora eres parte de nosotros. La verdad es que mi familia tiene una manera un poco particular de hacer las cosas… sobre todo hay muchas reglas que poco a poco iras conociendo.
— Por ejemplo…
— Una de ellas es bajar a desayunar, comer y cenar, diez minutos antes de que salga el abuelo, esos tres tiempos son de vital importancia, ya que cada quien tiene su propia vida. — por alguna extraña razón comencé a preocuparme.
— Y si por alguna razón no podemos o nos sentimos indispuestos.
— Puede que te sientas un poco abrumada por las extravagancias y exigencias de mi familia, pero son inofensivos y te prometo que ninguno de ellos te hará menos. La tía Ivana se hará encargará de ponerte al día.
— Vaya, a penas llevo un día aquí y ya me siento estresada.
— Ja, ja, ja, te vas a acostumbrar… la verdad es que, a pesar de ser ricos, no somos tan malos como nos pintan gracias al abuelo que nos instruye para ser buenas personas.
— Y entonces, ¿cómo debo comportarme? – pregunte nerviosa. — debo callar, mirar abajo, responder cuando se me indique, solo sonrío bonita y gordita como pingüino de Madagascar. — eso último lo hizo reír y al darme cuenta de la burrada que dije también reí.
— Eres una niña… y me encanta tu espíritu – dijo sorprendiéndome un poco, me sonrojé un poco ante su mira sobre mí, nos quedamos mirándonos el uno al otro por un instante, hasta que el carraspeo. — Solo sé tú misma, por lo poco que conozco de ti, sé que tienes buenos modales y una muy buena educación, eres carismática y transparente, eso fue lo que enamoro a mis padres y a…
Se quedó callado, son terminar lo que creí que iba a decir, “a mí”, aun así, su comentario me pareció sincero y me gustó mucho, sonroje por segunda vez. Por suerte no estaba a la vista o sería vergonzoso, aunque sin duda tengo que analizar qué es lo que me está pasando cuando estoy con él. Desde el avión hemos interactuado de manera agradable, fuera de los sarcasmos y los reproches, sé que no todo el tiempo voy a evitarlo, pero al menos no puedo bajar la guarda por completo o de lo contrario saldría muy herida.
— Tranquila, les has caído bien desde que llegamos. — comenta divertido sacándome de mis pensamientos.
— ¿Cómo lo sabes?
— Porque mi familia solo es cariñosa y atenta con las personas que les agradan o les causan buena impresión… todos sonrieron al conocerte, desde mi abuelo hasta mi hermana y mis sobrinas, quienes estaba emocionada por conocerte. Ya los tiene en la bolsa.
Me coloqué un vestido color beige de encaje de manga, tres cuartos sencillo y fresco, ceñido al cuerpo y largo hasta debajo de la rodilla. Lo combiné con unas sandalias del mismo color que me regalo mi tía antes de venir, ella también me dio algunas prendas más a la moda de las que solía usar, un poco de efectivo por si necesitaba algo. Y también me pido que le entregara una carta al abuelo de Kayden cuanto tuviera la oportunidad. Según sé fueron muy buenos amigos en su juventud.
Me di una última revisión frente al espejo, peine mi largo cabello en una coleta alta, me maquille de manera natural, rímel y brillo labial, por último, me coloque la cadena que me regalo mi madre y mi esencia favorita. Al salir me encontré con un Kayden muy fresco, vestía un pantalón blanco y una camisa azul marino, mocasines del mismo tono, el cabello peinado de manera desordenada. Lo cual lo hacía lucir guapo, sexy y rebelde…
¡Joder!, Ava, pero que dices… concéntrate, recuerda lo que eres para él.
Mi esposo voltea inhalando profundo el aroma de mi fragancia y al verme sonríe antes de acercarse mientras me recorre con la mirada de pies a cabeza. El aroma de su perfume masculino también causa efectos en mí, me descolocó un poco, huele rico, reconozco notas amaderadas y orientales, lo que me da una idea para una fragancia nueva. Que tal vez haga para él si se porta bien.
— ¿Por qué siempre hueles tan rico? – pregunto cerca de mí…
— Debe ser por mi fragancia favorita… yo misma la hice. — me mira con el ceño fruncido – te he dicho que tengo varios pasatiempos, que no me creas, no es mi problema…
— Vaya, si que estás llena de sorpresas muñeca. — dice inhalando mi aroma como un drogadicto, sonrío al verlo así. — por cierto, te ves hermosa.
— Gracia… c*****o.
— ¿c*****o? – me reí ante la su ignorancia y su cara de ¿qué?, aunque si sabe a qué me refiero estoy perdida, leí que en lugares como España utilizan palabras como c*****o para referirse a los idiotas, tontos e inmaduros… un apodo digno del presente.
— ¿No te gusta? – entrecierro los ojos y yo me encojo de hombros. — tú me llamas muñeca y aunque ya te he dicho que no me gusta, lo sigues asiendo. Además – cambié rápidamente de tema – debo reconocer que tú también te ves muy bien esta noche, c*****o. — sonrió.
— Yo siempre querida… me veo guapo y ardiente con cualquier ropa… muñeca. — ruedo los ojos… tenía que estropearlo… en fin.
— ¿Nos vamos? – asiente.