Capítulo 80 – Último día en la nieve.
Gabriela
Honestamente, no creí que la noche de chicas terminara de esa manera, llena de confesiones fuertes, desahogo y buenas noticias. Lo cual significa que hay una gran probabilidad de que muchas cosas cambien en nuestras vidas después de volver y solo espero que podamos superarlas.
Después de las liberaciones femeninas, cada una de nosotras nos reunimos con nuestras parejas, para terminar sumergidos en nuestro propio mundo. Había muchas cosas por celebrar, un embarazo, una reconciliación y el amor que se inhalaba en el aire.
Yo, por mi parte, estaba dónde siempre soñé estar, entada frente a la chimenea, entre los brazos de mi amado, cubiertos con una manta cálida, disfrutando del momento juntos. Realmente, no sabía si era bueno o malo lo que estaba por venir, lo único que sí sabía era que mientras tengamos la oportunidad de estar juntos aprovecharía cada segundo.
— ¿En qué piensas, bonita de caramelo? – la voz de Eros me saco de mis banales pensamientos y sonrió por mi apodo.
— En que esta noche fue un poco loca – reí al recordar todo el desastre que hicimos – creo que el alcohol se apoderó de nosotras y… eso me dio el valor de ser honesta con Cassie, me liberé un poco – dije embelesada en las llamas de la chimenea. — Les he contado a las chicas sobre los planes de Ivana.
— Oh, entiendo – le conté como se dieron las confesiones y qué reacción tuvieron cada una. — y también, ¿le contaste lo demás a tu hermana?
— No, no pude llegar a esa parte, anteriormente cuando me dispuse a contarle todo, Karin apareció de repente y el tema cambio radicalmente. — conteste omitiendo el tema, pues no me corresponde a mí compartir ese tipo de información familiar. — me giré para verlo a los ojos. — Cassie, me pregunto si me gustaba su esposo…
— ¿Qué respondiste? – pregunto curioso.
— Que sí – respondí jugando, pero me arrepentí cuando vi su mirada, entristecerse y rompió el contacto visual. — es broma, tontito – tomé su rostro para ver sus bellos ojos y le di un beso suave. — obviamente, le dije que no Eros, de hecho, les confesé que me he enamorado de ti.
— ¿En serio? – preguntó sorprendido.
— Porque lo dudas, si sabes que te quiero mucho – junté nuestras frentes y cerré los ojos disfrutando de las notas a maderadas de su loción. — Eres lo mejor que me ha pasado en la vida.
— Y tú de la mía, mi bonita… te adoro. — me beso con profundidad, el beso subió de un poco de intensidad y para cuando nos detuvimos en busca de aire. Ya estaba montada sobre su cuerpo donde podía sentir algo muy duro y palpitante en mi entrepierna, no pude evitar sonrojarme cuando descubrí lo que era. — ¿Qué pasa? — negué apenada. — esa cara me dice que sí pasa algo.
— Bueno, es que creo que estás un poco… Mmm, como decirlo – Dios, ni siquiera pude pronunciarlo, obviamente sabia de que hablaba porque se rio escandalosamente de mí. — no te burles de mí Eros, no es divertido… yo nunca… dios… esto es…
— Ja, ja, ja, lo siento, no me burlo… es que tu timidez es adorable, bonita. — responde tomando un mecho de cabello para olerlo, le encanta el aroma a lirios que uso. — además, esto – se remueve un poco para hacerme sentir más y siento que el cuerpo me arde, nunca había experimentado este tipo de deseo. — demuestra todo lo que provocas… te deseo mucho Gaby. — declara y yo siento que el corazón me va a saltar del cuerpo de lo emocionada que estoy.
— Yo… yo…
— Tranquila, sé que no estás lista para dar ese paso, así que no te preocupes, no hay prisa, tomate tu tiempo que yo esperare por ti. — sonreí feliz, cómo no amarlo.
— Gracias, eres increíble – dije antes de volver a besarlo, esa noche no estaba lista para entregarme y no por falta de deseo o ganas, sino porque apenas llevábamos poco tiempo conociéndonos, quería y necesitaba saber más sobre él, sobre todo después de lo que insinuó Karin.
— Eros, puedo hacerte una pregunta – dije al separarme de sus labios, jamás había besado tanto al alguien y sin duda es adictivo.
— Puedes preguntar lo que quieras. — dijo hundiendo su rostro en la hendidura de mu cuello, provocándome un cosquilleo exquisito gracias a su perfecta barba, me es imposible reír y él la restriega para hacerme más cosquillas.
— Para… ja, ja, ja – me quejó entre risas, se detiene y me mira a los ojos, para escucharme - ¿Por qué Karin dice que no eres un simple guardaespaldas, he? – pregunte, y él sonrió divertido.
— ¿Qué te dijo?
— Nada, solo que tú no eres un simple guardaespaldas… ¿A qué se refiere?
— A que soy como un superhéroe. — bromeo, pero no le vi la gracia, así que me baje y me cruce de brazos, sin decir nada. — solo es bromeo, no te enojes, aunque así trompuda, te ves más sexy – no puedo evitar reírme.
— Eres un tonto – golpeo su hombro. — ¿me vas a decir?
— Ok… la verdad es que soy millonario, no tanto como los Lynch, pero sí tengo mucho dinero.
— Espera, espera, ¿Qué?, y ¿Por qué trabajas para los Lynch?
Sin más comenzó a contarme sobre su vida, y que me tuviera confianza como para abrirse conmigo y compartir sobre su pasado, fue especial, aunque después de escuchar lo triste que fue su vida me arrepentí mucho. Los padres de Eros fueron terribles, nunca se ocuparon de su hijo, creció solo sin amor ni atención, pues ellos siempre se la pasaban trabajando, de viaje o de fiesta, el pobre fue criado por su nana, quien murió cuando cumplió los 18. Edad en la que tomó la decisión de unirse al ejército solo para huir de sus padres y de una vida vacía, llena de lujos y cosas materiales, pero no amor. Estuvo 8 años en servicio y tuvo que desertar cuando sus padres murieron en un incidente criminal, según me contó, estaban en una fiesta cuando unos hombres armados entraron y abrieron fuego.
Luego de eso heredo mucho dinero, autos y algunas propiedades en distintas regiones. Como no quería vivir solo de la herencia, abrió una agencia de seguridad privada especializada asociándose con varios de sus excompañeros de combate que terminaron su servicio. Fue así como conoció al señor Kilian y a su familia, todos los guardaespaldas de la familia fueron entrenados por él y sus amigos.
— Guau, me has dejado sorprendida, eres todo un misterio, juzgue que eras un hombre sencillo y normal. — dije un poco seria.
— Lo sé, la verdad es que me gusta mantener un perfil bajo y fuera de los medios para vivir de manera sencilla… o como Kilian le dice como indigente. —
— Y ¿por qué no me lo dijiste antes?
— Porque me gusta que me ames por lo que ves y no por lo que tengo… además, de que nunca preguntaste. — se encoge de hombros y es verdad, nunca lo hice, solo juzgué lo que vi.
— No sé qué más decir, me has dejado impactada.
— Calma, bonita… sé que es difícil de creer por mi apariencia, pero honestamente, yo decidí vivir de manera sencilla, el ejército me enseño a valorar más la vida que lo material, no quería ser como mis padres y me gusta esta vida que elegí. Además, considero que esto nos beneficia a ambos.
— ¿Cómo?
— Bueno, pues cuando tu padre lo sepa no tendrá objeción para aceptar nuestra relación.
— No es tan simple Eros, tú no lo conoces, ese hombre con nada tiene suficiente… por lo pronto no quiero que se entere, primero debemos solucionar lo de los Beltán.
— Como tú digo, pero, ¿tienes miedo de que me pida dinero? — asentí
— Odiaría que mi situación fuera como la de Ava. — dije un poco triste. — no quiero sentirme algo que tenga valor.
— Pues tú lo vales hermosa, vales cada centavo que pueda gastar en ti. — lo miro a los ojos, mi corazón late cada vez que me hace sentir importante, me sonríe. — yo no soy como los Lynch, soy más consciente de que lo que tu padre necesita no es más dinero sino una condena por abusador, aunque si de ello dependiera tu libertad te juro que le daría toda mi fortuna.
— ¿Por qué harías eso?
— Naturalmente, porque en un futuro no muy lejano, planeo pedir tu mano para casarme contigo. — abrí los ojos como platos mientras mi corazón brincaba de felicidad al escuchar esas palabras y sin más me abalancé sobre él.
— ¿Hablas en serio? - pregunté emocionada, un gramo de esperanza se instaló en mí, tal vez si me casaba con Eros, mi papá se olvidaría de ese estúpido compromiso y de sus planes con la señora Ivana.
— Claro que sí, bonita. — beso, mi frente. — nunca me había enamorado y desde que te conocí te metiste en mi corazón… te amo Gaby.
— Y yo a ti — dije antes de besarlo de nuevo.
El resto de la noche fue tan cálida que me quede dormida entre sus brazos, sintiéndome por primera vez segura, protegida y amada de verdad. Deseaba que los días se congelaran para jamás tener que regresar a esa horrible realidad que nos espera. A la mañana siguiente desperté con la luz de sol filtrándose por la ventana, abrí los ojos y lo primero que vi fue el varonil rostro de mi Eros dormido. Sonrió al imaginar cómo sería mi vida futura, despertando todos los días así, entre sus brazos y sintiendo esa sensación de amor que nunca había experimentado.
Mi mano traviesa no pudo resistirse a acariciar su corta y suave barba, lo observo mientras delineo sus cejas y por último sus labios carnosos. Eros me tenía tan enamorada que me parecí irreal estar así con él, era como una alucinación después de haber ingerido tanto alcohol. Pero sin duda valió la pena, pues todas pudimos liberarnos de algo y ganar una resaca que valía la pena. Mientras continuó disfrutando de la vista mi bello durmiente se removió apretándome contra su cuerpo, reí porque había descubierto qué estado despierto siempre, al abrir los ojos me sonrió.
— Buenos días, bonita…
— Buenos días, mi bello durmiente – bromeé y reímos un poco.
— Esto es sin duda hermoso – dijo mientras me idolatraba con la mirada.
— ¿Qué?
— Amanecer a tu lado y despertar con esta bella imagen. — dijo haciéndome sentir en las nubes, es que siempre dice cosas que me elevan al cielo. — aunque creo que es un gran problema.
— ¿Por qué?
— Porque después de hoy, voy a desear que mis días sean así de bellos siempre. — me sonrojé y él me beso. — ¿no tienes resaca? – pregunto al abandonar mis labios.
— Si y es horrible… — me quejé porque a pesar de disfrutar de mi escrutinio travieso, sentía que la cabeza me iba a explotar. — no me dejes tomar de nuevo.
— Ja, ja, ja, lo intentaré, aunque dudo mucho que me hagas caso – me da un beso en la frente. — ve a darte un baño mientras yo preparo algo para tu resaca.
— Gracias eres un ángel.
Nos levantamos para tomar un baño de manera independiente y cambiarnos de ropa, por suerte para mí Cassie y Kendal ya estaban despiertos y salieron temprano para ir a dar un paseo. Más tarde todos nos reunimos para desayunar juntos en medio de una divertida charla sobre las locuras que hicimos la noche anterior.
El resto del día nos la pasamos decorando y organizando todo para la fiesta sorpresa del pequeño cuñado, quien fue arrastrado por sus hermanos fuera de casa. Cabe mencionar que el hombrecito estaba molesto porque según él no lo dejaron dormir por los sonidos xxx de sus hermanos apareándose como animales. Obviamente, todos nos reímos y nos disculpamos con él, aunque yo no hubiera hecho nada malo. Kilian y Monik llegaron a medio día con las bebidas y el pastel, al ver que las cosas entre Cassie y su hijo estaban arregladas se pusieron muy felices.
Cuando llego la hora de la fiesta, Kendry entro con los ojos vendados y cuando fue retirada todos gritamos, ¡Sorpresa!, y ver su cara de felicidad fue bello, sobre todo porque nadie lo había felicitado y porque sus padres fueron por él. Comimos como lo habíamos hecho desde que llegamos felices, entre risas y anécdotas de infancia de los hermanos Lynch, ya que nosotras no tuvimos alguna que nos gustaría compartir. A la hora del pastel catamos feliz cumpleaños, felicitamos a Kendry y comimos pastel, luego pasamos a la sala para seguir con la fiesta. Kayden puso karaoke y todos demostramos nuestros talentos, bueno no todos, nuestra última noche fue maravillosa.Honestamente, haber venido estos días fue una buena idea, mi hermana y yo nunca tuvimos la oportunidad de conocer otros lugares y esto era favuloso.
Al día siguiente, mientras desayunábamos los padres de Kayden nos comentaron sobre la situación de los medios, ellos afirman que con las fotos tomadas y las declaraciones que dieron ellos, fue suficiente, aunque no lo creía. Y mi hermana, mucho menos, no estábamos lejos de tener la razón por la cual al llegar nos esperaba una bomba. Ver a mi padre sentado frente al señor Camilo, quien tenía una cara de decepción y molestia, lo cual nos indicó que el caos provocado por la tal Montserrat apenas comenzaba.