Capítulo 34 – Un desgraciado.
Kayden
Admito que se me paso la mano, al presentar a Montserrat de esa manera, creí que sería divertido ver su cara de decepción, pero la verdad, al ver como lo tomo, no fue nada satisfactorio. Y la bofetada que me dio la tenía más que merecida, Monse se indignó porque no le dije nada, pero que quería que hiciera si la había humillado. Puede que la haya obligado a esto, sin embargo, no tenía derecho a humillarla, me sentí mal, tenía razón, me comporte como un bastardo, una basura, ella se encerró en el baño y no me sentía cómodo con ella allí.
Monse se dio cuenta de mi actitud, así que me sirvió un trago, puso música, comenzó a bailar de manera sensual mientras me quitaba la ropa, soy hombre, un perro, un pervertido y amo el sexo. No pude negarme a lo que me gusta, le subí el volumen a la música para que ella no nos escuchara mientras me follaba a Monse contra la ventana. Luego en el sofá y por último en la cama, bebimos, follamos y nos olvidamos de todo hasta desmayarnos, sin embargo, en ningún momento pude sacármela de la mente por completo.
Haber bebido demasiado alcohol, me descompenso, la cabeza comenzó a latirme fuertemente, a tal grado de despertarme, esa era una señal de que mi azúcar estaba baja. No había comido nada dulce desde la mañana y con el alcohol en mi sistema todo empeoro, me levante de la cama, me puse el bóxer, luego tome mi maleta para buscar mi insulina, pero…
¡Oh mierda!, no la había llevado, ¿Cómo pude olvidarme de ella?
Intente buscar el teléfono para llamar a Eros, sin embargo, el cuerpo ya no me respondía, estaba débil… Era demasiado tarde y de pronto todo se me nublo y caí al suelo.
(…)
Desperté en el hospital, observe a mi alrededor y pude ver a mi madre que estaba sentada en una silla cerca de mi cama, la pobre tenía cara de angustia, al verme despertar me sonrió y corrió hacia mí.
— ¿Cómo te siente, mi cielo?
— De la patada… ¿Qué paso?
— Y me lo preguntas… te desmayaste, si no hubiera sido porque Ava que le llamo a Eros, no la habrías contado… ¿Cómo puedes ser tan despreocupado con tu salud, he?
— Lo siento… con todo lo de la boda, olvide, checar mi azúcar y comer dulces…
— Pretextos…
— ¿Dónde está ella?
— Viene en camino, la pobre niña se llevó un gran susto de muerte al verte inconsciente sin saber qué hacer.
— Me imagino…
El médico llegó de repente para hacerme un chequeo, reviso mis niveles de azúcar y al ver que todo estaba normalizado, nos informó que solo fue una descompensación y me darían de alta por la tarde. También le dio algunas indicaciones a mi madre y luego se fue.
— Kayden, cuando vas a entender que si no cuidad tu alimentación y tu salud, sobre todo, si no dejas tus malos hábitos como el alcohol y los desvelos, un día de estos no la vas a contar. Dime cómo vas a sobrevivir, ¿he?, ahora eres un hombre casado, tu deber es cuidar de tu esposa, no al revés. Fuiste tú quien la eligió, así que ten un poco de consideración por ella.
— Lo sé y prometo que seré más responsable de ahora en más. — respondí y ella me abrazó… en ese momento entro Ava, a pesar de estar sería por obvias razones, se veía un poco preocupada por mí y eso de alguna manera me hizo sentir tranquilo.
— Hola – dijo tímida.
— Ava… nena – mi madre corre hacia ella y la abraza, a mi madre le encanta Ava. — gracias por ayudarlo, te debo la vida de mi hijo.
— No fue nada, es mi esposo y debemos cuidarnos en las buenas y en las malas – lo dijo de una que me advertía que me costaría caro.
— Es bueno saber que Kayden encontró a una chica tan buena como tú – la halago y luego volteó a verme. — valórala y cuida de ella, por favor… iré a ver a tu padre. — asentí, en cuanto mi madre salió Ava tomo asiento en el sofá, lejos de mí y me miro en silencio por un momento, luego suspiro.
— ¿Cómo estás?
— Bien, gracias a mi amada esposa.
— Todo en la vida en un juego para ti.
— No… mira si es por lo de… — recordé a Montserrat – ¡Mierda!
— Tranquilo, Eros se ocupó de ella antes de que tus padres la vieran – comento sin darle mucha importancia. — debe ser algo cotidiano porque él sabe qué hacer…
— Ava… me disculpo, porque sé que se me paso la mano… no debí…
— Humillarme, usarme, arruinar mi vida solo para ser tu juguete, tener sexo en la misma habitación donde yo estaba con tu amante, mientras yo estaba encerrada en el baño. Y por último llevarme a un maldito infierno de mentiras. — dijo con frialdad y tenía toda la razón, se me paso la mano, me comporté como un maldito bastardo con ella, sonrió al ver mi batalla interna. — creo que tus disculpas no tienen ningún valor para mí, querido esposo…
— Ava… sé que me equivoque y acepto la culpa, pero creo que me culpas de todo, cuando claramente tu padre, también juega un papel muy importante en este matrimonio. — aclaré al recordar como su padre ni siquiera titubeo al entregar a su hija a cambio de una fuerte cantidad de dinero, según me contó mi padre. Bueno, eso fue lo único que me respondió cuando le pregunte. Ella sonrió con sin ganas.
— Sabes, soy consciente de lo que somos para mi padre, tú no tienes idea de nada, pero ese es un tema que no tocaré contigo. — su tomo cambió un poco, como si le hubieran afectado mis palabras. — en mis planes de vida casarme era lo último de la lista, o tal vez lo que menos anhelaba, porque siempre he pensado que el matrimonio no es más que una cárcel. — frunce el ceño ante la rudeza con la que se expresó. — pero llegaste tú y tu estúpida arrogancia a cambiarme la vida…
— Espero que cuando estés llena de lujos opines lo mismo. — me miro con odio.
— Opinas que el dinero es lo único que mueve a la gente… que pobre de criterio eres.
— Como sea, dejemos esta aburrida conversación y mejor dime, ¿Qué quieres para callar y seguirme el juego?
— ¡Oh!, ahora, ¿Vamos a negociar? – pregunto con sarcasmo.
— Solo dime lo que quieres… — ella suspiró energéticamente.
— Quiero mucho y no, no es dinero, ni joyas, ni lujos, lo que quiero son cosas simples que no sé si en tu catálogo de genialidades existan.
— Puedes dejar de actuar como si fueras una pobre víctima… dime lo que quieres…
— Lo primero que quiero que quede claro es que yo jamás voy a dormir contigo y también espero que esta sea la última vez que esa mujer comparte la habitación conmigo.
— Nunca digas nunca Ava. — dije en tono de burla y ella rueda los ojos. — sé que en algún momento puedo hacerte caer entre mis brazos, y después de que te dé a probar un poco de lo que tengo, rogaras por mi atención. — ella se suela a reír.
— Es divino ver que tan grande tienes el ego… sueñas con que yo algún día caiga tan bajo. No eres mi tipo Kayden, soy de las personas que juzga más allá de la apariencia y tú no eres nada de lo que me interesa. — se mofa a decir y lo acepto, me dio justo en el ego, desde que la conocí no ha parado de rechazarme con desprecio y eso me enfurece.
— ¿Piensas morir virgen? – me fulmina con la mirada e ignora mi comentario.
— Legalmente, soy tu esposa Kayden, lo que significa que tengo derechos.
— Y obligaciones, querida.
— Esas las tomará tu amante, no me importa que sigas con ella mientras no me molestes, lo que si exijo es que me respetes, aunque este matrimonio sea solo de apariencia. Así que, si respetas mi espacio y me das mi lugar, yo no me opondré en tu sucia relación con esa mujer… tienes razón, ella puede cumplir con mis deberes maritales en la cama y yo feliz de cederle el pase.
Ok, que siga repitiendo lo que no le intereso una y otra vez, comienza a molestarme. Aunque está tan confiada en que jamás se involucrara conmigo, cuando está omitiendo un pequeño detalle… los hijos.
— Ava, eres consciente de que en algún momento tú y yo tendremos que intimar para tener hijos.
— ¿Hijos?, tuyos… no gracias. — agito su mano negando.
— Mi familia los va a exigir en cualquier momento, todos esperan descendencia de nosotros, incluso tu familia.
— En ese caso, cuando llegue el momento, acudiremos otros métodos. — fruncí el ceño sin comprender.
— ¿Otros métodos?
— Claro… si puedes mentir para tener en secreto una esposa y una amante, entonces también podemos mentir e ingeniárnosla para engendrar un hijo sin necesidad del contacto físico. — explicó como si nada, lo dijo de una manera tan fría, dejándome completamente estupefacto, esta niña de ángel tiene lo que yo de santo… y su actitud comenzaba a preocuparme.
¡Joder!, me he metido en la cueva del lobo, esta mujer va a acabar conmigo.
— No eres el único que sabe jugar Kayden. — dice al ver que me ha dejado bloqueado – me has tomado por ingenua e inocente y déjame decirte que no lo soy… así que las llamas de este infierno arderán tan intenso como tú quieres que ardan. Si me golpeas, te regresaré el golpe, yo nunca dejaré que ni tú ni nadie pisotee, ni mi dignidad, ni mi orgullo.
— Vaya… sí que me has engañado con esa carita de ángel que tienes, creo que esto va a ser divertido. — sonreí, porque, aunque sea una declaración de guerra, sin duda será excitante.
— Como digas.
— De todos modos… gracias por salvarme.
— Fue un placer.