Ava
Lo sucedido con Casandra fue un golpe muy fuerte para toda la familia, en especial para su esposo, quien tenía que soportar la carga en silencio para no derrumbarse frente a su ella ante su rechazo. Inesperadamente, Cassie entro en una terrible depresión postparto y comenzó a rechazar la cercanía de su esposo y se negaba a aceptar que jamás podría ser madre. Se puso tan mal que tuvieron que sedarla para controlarla, tres días más tarde la dieron de alta bajo vigilancia estricta.
Al salir del hospital fuimos invadidos por la prensa, los flashes de las cámaras y las preguntas incómodas se hicieron presentes, incomodándonos a todos los presentes. Lo peor fue cuando la señora Ivana fue imprudente y declaro que lamentablemente Casandra no podría darle herederos a la familia Lynch, prácticamente la desacredito. Obviamente, el tumulto se desató sobre ellos con preguntas incómodas hacia Kendal y su esposa. Mi suegro actuó de manera inteligente y les ordeno a los guardias que nos sacara de allí. Sin embargo, al llegar a la casa se desató el caos.
— Eres una maldita bruja insensible, Ivana – gritó mi suegra después de enviar a Cassie a su habitación. — no tenías por qué ventilar esa información ante la presa, sobre todo cuando son asuntos internos de mi familia que no tienen que ver directamente contigo.
— No dije nada malo, además ¿acaso crees que ellos no investigaran sobre este asunto?, solo le di inicio y fin… esta también es mi familia, lo amo y me preocupo por su bienestar. — se defendió la víbora.
— Dios nos libre de compartir lazos de sangre con alguien como tú – expreso Karin con desprecio, en ese momento apareció Kendal.
— No sé quién te has creído para meterte en mi relación, pero te lo advierto, te quiero lejos de mi esposa, tu mala vibra no es buena o. – dijo con severidad, dejándola con la boca abierta, al ser atacada por todos lados.
— Pero que les pasa, exijo que me respeten. — dijo Ivana ofendida. — Kilian vas a permitir esto, cuando yo solo quise apoyar la postura de la familia… no mentí en nada, tarde o temprano se sabría la verdad. — todos voltearon a ver a mi suegro.
— Lo siento Ivana, pero no debiste hablar de más, siempre nos encargamos de los asuntos de prensa con discreción y has sido demasiado imprudente. Además, mi padre también está delicado, así que paren ya este escándalo – la tía se levantó furiosa y se fue a su habitación sin cenar, bueno, quien deseaba cenar luego de lo ocurrido.
Cada día que pasaba y conocía más sobre esa mujer, me quedaba claro que nada ni nadie le importa más que ella misma, no tenía tacto para opinar sobre temas delicados y ajenos a ella. Era una arpía en toda la extensión de la palabra.
Por mi parte, todo el asunto de mi padre quedó pendiente hasta que mi esposo encuentre el momento preciso para hablar con él y determinar su posición y la suya en mi vida. Ese día que lo vimos en hospital juro que temblé al ver el rostro de Kayden, tuvo que contener las gana de molerlo a golpes y no llamar la atención del resto de la familia. Además de que no era un buen momento. Solo espero que mi papá no pierda el control y haga de esto una guerra o se desquite con mi madre.
Realmente no sé qué planea hacer para que deje de abusar de mi madre y hermana, solo me dijo que confíe en él y que sea paciente; “La justicia llegará pronto, muñeca” – dijo cuando papá vino a mostrar su apoyo a la familia.
(…)
Estaba aburrida de estar encerrada en mi habitación, pues, no había mucho que hacer y mis actividades cotidianas ya no me entretenían. Por solidaridad decidimos posponer la boda por un mes, no nos sentíamos a gusto con la idea de festejar cuando Cassie y Ken, estaban pasando por algo muy difícil. Tome un libro y baje para ir un rato en el hermoso jardín de la casa mientras espero a mi esposo había estado tan ocupado cubriendo los pendientes de su hermano junto a su padre.
Kendal había estado muy ausente y perdido en los últimos días por la situación que estaba pasando en su matrimonio, inesperadamente Gaby se había hecho muy cercana a él en el tiempo que llegaba de visita. Ellos conversaban como si fueran grandes amigos y lo animaba a ser paciente con su esposa que no mejoraba su depresión. Por otro lado, la señora Ivana los observaba de una manera que no me agradaba para nada, era como si su cabeza paleara algo siniestro.
El sonido del teléfono me distrajo de mi lectura, revise la llamada entrada y era de un número desconocido, por un momento pensé que era Dylan, pero lo descarte, ya que las cosas entre nosotros habían quedado finiquitadas. El teléfono no dejaba de sonar de manera insistente, así que atendí arrepintiéndome de inmediato.
(Llamada)
— ¿Hola?
— Hola mojigata – dijo una voz muy familiar.
— ¿Montserrat?
— Obvio – ruedo los ojos.
— ¿Qué quieres?
— Necesito hablar contigo, es importante… te enviaré una dirección y quiero que vayas – lo ordenó, no lo pidió.
— Lo siento, pero tú y yo no tenemos asuntos por discutir.
— Te equivocas, mis asuntos y los tuyos se llaman Kayden… así que te recomiendo que vengas a no ser que quieras que te haga una visita domiciliaria.
— No tengo tiempo para tus estupideces – colgué.
(Fin)
— Pero quien mierda se cree para ordenarme algo – espete molesta para mí misma, sin embargo, no estaba sola.
— ¿Quién era? – pregunto mi hermana desde atrás, asustándome, porque no me di cuenta de donde salió.
— Dios, qué susto… Gabriela – la regañé - ¿Por qué sales de la nada?
— Has de tener la conciencia sucia, por eso te asustas – bromea burlándose de mí. — ¿te has portado mal hermanita? – su pregunta me hizo sonrojar al recordar mi noche con Kayden, la cual no hemos podido repetir porque llega algo agotado el pobre. — oh por dios, si te has portado mal, y no me has contado – chilló escandalosa.
— Cállate loca, te vas a escuchar – reímos – hay mucho que contar, pero será luego, ahora dime, ¿cuándo llegaste?, últimamente vienes sin avisar y ni siquiera vienes por mí – hice un puchero, ella se sentó a mi lado y me abrazó.
— Llegué hace un rato, la señora Ivana me invito a venir como todas las tardes… Eros fue por mí – sonrió como una tonta y la miré con los ojos entrecerrados. — párala ahí – dijo de inmediato al ver mi sospecha. — solo somos amigos, es muy amable conmigo y me agrada su compañía, solo eso… ahora dime, ¿quién llamo?
— Montserrat. — hice mala cara.
— Y ahora, ¿qué quiere esa mujer?
— Según ella hablar. — respondí y en ese momento se acercó Monik.
— ¿De qué? – pregunto mi suegra preocupada, negué. — en ese caso ni se te ocurra ir a verla, hablaré con Kayden y si no le pone un límite se lo pondré yo. — declaro dejándonos sorprendidas.
— No te preocupes que no pienso seguirle el juego.
— Estoy de acuerdo con eso. — dijo Gaby
— Ava, querida – Monik tomo mi mano y volteé a verla. — sea lo que sea que tenga que decirte esa chica, por favor no dejes que te afecte y arruine lo que mi hijo y tú han logrado en estos meses. Yo la conozco bien, sé lo obsesionará que está con mi hijo… ella es capaz de… — la interrumpí porque ya sabía por dónde iba.
— Tranquila, ya he conocido lo suficiente de Monse para esperar lo peor de ella, pero para su mala suerte ella no me conoce, puedo ser joven y parecer inmadura, ingenua e inocente. Sin embargo, soy mucho más que eso y si me provoca se lo voy a demostrar. — respondí con una sonrisa.
Entramos a la casa para subir a mi habitación a conversar más a gusto, mi suegra se despidió para irse con Cassie, mientras que mi hermana y yo comenzamos a subir por las escaleras. Justo cuando íbamos a la mitad, Ivana la llamó para hablar con ella en privado ignorando que estaba conmigo, Gaby me dijo que luego me veía en mi habitación y solo asentí.
Continúe mi camino y me topé con un pequeño de cabello castaño y ojos verdes hermosos de unos 4 años muy mono que jugaba en las escaleras con sus carritos. Me encantan los niños, así que me acerque a él para saludarlo.
— Hola hermoso, ¿cómo te llamas? – le pregunté sentándome a su lado, pero el niño no me respondió. — anda nene, dime tu nombre – insistí, pero nada solo me ofreció un carrito y me puse a jugar un momento con él, lo hice reír… me encantaba su sonrisa.
— Señora… disculpé la molestia, el niño suele jugar por algunos lugares de la casa – habló Gonzalo, el chofer de mi suegra.
— No te preocupes, no me molesta, de hecho, me gustan mucho los niños. — respondí amable - ¿Quién es?, ¿Por qué no lo había visto antes? – pregunte refiriéndome al pequeño.
— Es mi hijo con Salomé… estaba de vacaciones con mi madre. — hice la boca en O porque no tenía idea.
— Ya veo, no lo sabía.
— No se preocupe, Salomé es mi esposa, Tatiana y el pequeño Santiago son nuestros hijos. — asentí ante su respuesta.
— Es muy bello… pero creo que es tímido.
— No es eso, él es sordomudo.
— Oh entiendo… los llevas a terapia, supongo.
— Es un poco caro, solo lo hemos llevado algunas veces al médico.
— Si claro entiendo, aunque considero que deberían hacer un esfuerzo extra, no hay mal que no tenga cura y considero que este caballero puede lograrlo.
— Y a usted que le importa.
Una voz furiosa llegó a mis oídos, voltee encontrándome con una Salomé molesta y con ganas de matarme, desde que llegue esa mujer no me traga y por alguna razón yo tampoco. Hay algo en ella que no me agrada, sobre todo porque la he visto muy liada a la señora Ivana, supongo que es quien le pasa toda la información de la casa.
— Cálmate mujer… la señora, solo expresó opinión. — hablo Gonzalo.
— Opinión que nadie le pidió, no tiene por qué meterse donde no la llamas, Santiago ven acá – gritó y el niño salió corriendo, me levanté y me acerque a ella, no iba a permitir su insolencia.
— Para empezar, cuida tu tono que no somos iguales y para terminar solo di mi opinión porque tu niño está pequeño, sé que con la atención adecuada podría mejorar porque he conocido casos similares. — aclaré mi punto. — no creí que mi opinión la molestara Salomé, aunque siendo honestas desde que llegué es grosera y poco amable contigo, no recuerdo haberle hecho nada para su actitud conmigo, pero si sigue así me veré obligada a comentarlo con mi esposo o al señor Homero. — la mujer se puso pálida.
— Lo siento, señora, no volverá a pasar. — dijo apretando los dientes.
— Eso espero, permiso. — dije antes de irme a mi habitación.
Subí a mi habitación súper molesta por la actitud de esa mujer grosera, ¿cuál era su problema?, ¿qué carajos le había hecho para que se comportara de esa manera conmigo? Al entrar a la habitación casi me hago del susto al ver a la estúpida de Montserrat sentada en el sofá como si fuera una invitada especial, lo peor es que nadie me dijo que ella estaba aquí.