Ava
Al salir de ese lugar sentí un fuerte dolor de cabeza, eran demasiadas exigencias, entendía los puntos más importantes, sobre el respeto y todo lo demás. Pero me parecía un poco tonto que ellos esperen que una mujer de 18 años controle un rebelde sin causa, como ellos no pudieron hacerlo, eso me ponía de malas. Además, había otra cosa que me preocupaba mucho y era el hecho que aún no sabía que debía hacer para matar el tiempo en esta casa. Al ingresar a nuestra habitación, me sorprendí mucho al ver a Kayden sentado en el sofá de la sala jugando con su teléfono, al verme entrar lo soltó y luego me miro serio.
— ¿Dónde estabas?
— Sales sin decir nada y ahora esperas que yo te reporte, ¿a dónde voy?, que mal estás c*****o mío. — sonríe divertido.
— Cierto se me olvida que no eres de aquí y si sales te puedes perder y posiblemente dejar solo y desamparado a tu pobre esposo. — ¡Dios, perdió la cabeza!
— Ni al caso tu comentario… estaba con la señora Ivana.
Camine hacia mis cosas ignorándolo por completo, cogí mi teléfono, presioné el botón de encendido intentando que reaccionara, pero estaba totalmente muerto, lo cual me frustro y lo lance al suelo. Tenía una fuerte necesidad de escuchar la voz de mi mamá y mi hermana, quería saber que estaban bien, las extrañaba mucho y después de escuchar las reglas absurdas de esta casa, me sentía un tanto presionada y sola. No sabía si estaba lista para tantas responsabilidades, a mi edad todo esto era demasiada carga para mí.
— ¿Qué te pasa?, ¿Por qué están tan molesta?
— Nada… no me pasa nada, Kayden – grité eufórica mientras caminaba de un lado para otro.
— Porque me gritas… yo no te he hecho nada.
— ¿No has hecho nada? – bufé, molesta – te parece poco obligarme a casarme, hacer que deje a mi familia para venir a esta casa de locos, arruinar mis planes de vida. — un sollozo salió de mi boca. — por si fuera poco, mi teléfono no sirve y no pudo llamarle a mi familia.
— Ok, ya sé lo que te pasa… mi tía te ha dado la larga lista de reglas estúpidas, ¿no es así? – dijo con desdén.
— En parte es eso, aunque honestamente, no me parecen tan absurda, tomando en cuenta la cantidad de personas que vivimos aquí y la posición social que representan. Reglas las que tuve que vivir a lado de mi padre. — dije y él me miro extrañado, rodé los ojos, era absurdo explicarle. Tomó asiento en el sillón que está a un lado del suyo.
— ¿Por qué lo dices? – pregunta, sin embargo, era inútil e inadecuado explicárselo.
— Olvídalo – suspiré restándole importancia. — lo único que me molesta es que crean que soy tu niñera, como si no fuera lo suficientemente adulto como para aceptar tus responsabilidades. Así que te lo advierto, ten cuidado con tus enredos fuera de esta casa, no me quiero ver inmiscuida con nada de tus estúpidas salidas nocturnas con esa tipa.
— Se llama Montserrat… y cuidar de mí es tú beber de esposa. — respondió divertido. — recuerda nuestro juramenté, en salud y en la enfermedad, en las buenas y en las malas. — no pude evitar reír.
— Supongo que desde el día uno ese juramento se fue a la basura… porque juraste serme fiel… así que considero que tus palabras no tienen validez… eres demasiado egoísta para pensar en los demás. — vi un poco de molestia en su rostro por más de que intento disimular, poco a poco comienzo a conocerlo mejor.
— Jaque mate, muñeca. — respondido a la defensiva. — aunque si vas a sacar ese tema a colación, dejemos muy en claro que, ya que tú como mi esposa no estás dispuesta a cumplir con tus obligaciones maritales en todas sus facetas. Es lógico que yo busque a fuera lo que no tengo en casa.
— Patrañas – me burlé de él – eres un perro Kayden uno que está acostumbrado a comer en casas ajenas… además, claramente esa relación es de años atrás, me quedo claro en la noche de bodas, así que no me salgas con cuentos chinos. — aclare, si cree que soy tonta está muy equivocado.
— Tú no sabes… — levante la mano y lo pare en seco.
— Mira, ya, dejemos ese tema por la paz, porque ciertamente jamás estaremos de acuerdo. Ahora, solo me preocupan dos cosas. — hago una pausa y respiro. — no me he podido comunicar con mi familia – digo con tristeza.
— Mi padre les ha informado que hemos llegado bien, además, si querías hablar con ellos debiste decírmelo, pudiste haber hablado desde la casa. — niego.
— No me siento a gusto… yo solo quiero escuchar su voz para sentirme tranquila, esto es demasiado para mí. — del enojo pasé a la incertidumbre – necesito que ellas me digan que todo estará bien. — comencé a llorar,
— Entiendo lo que sientes Ava… sé que esto es nuevo para ti y también sé que es demasiada carga. — se inclina y toma mi mano. — confió en que podrás con ello, porque eres una persona fuerte. — parpadeo un par de veces, me acaba de ¿adular?, por alguna razón me sentí extraña con su cercanía, así que retire mi mano.
— Así como lo dices suena bien, pero ¿Cómo puedes entender cómo me siento?, si no me conoces ni yo a ti… Kayden acéptalo, esto fue un error… yo – ni siquiera termine de hablar, cuando él me entrego una gran bolsa de papel, dejándome estupefacta.
Kayden
Era mi primera noche en casa como un hombre casado, Ava se había conmocionado ante los detalles de mi familia, y yo también quería darle una como compensación por mis metidas de pata. Honestamente, no tenía planes de salir, pero Montserrat no paraba de llamar e insistir que fuera verla, ella sabía bien como sacarme de casa. Me dijo que un amigo era dueño de un club y que quería que me presentara como DJ, esa era mi pasión y jamás rechazo las oportunidades.
Salí me divertí, tome un poco, termine teniendo sexo con Monse en un hotel y antes de que amaneciera, regrese a casa, al llegar me encontré con la necia de mi esposa. Estaba durmiendo en el sofá, a pesar de que le dije que podía usar la cama, me acerque a ella solo para verla por un instante, jamás me aburría de contemplar lo hermosa que era. Tenía una maldita guerra emocional, una parte de mí quería olvidarse de mi lado mujeriego y acercarse al bello ángel que durmió profundamente. Y la otra parte se negaba caer en la tentación, por otro lado, esta Monse, cuando estaba con ella, ya no había esa chispa de lujuria que solía encenderse, cuando estaba con ella.
Jamás me había sentido así, por si fuera poco, Ava estaba clavada en mis pensamientos todo el tiempo, era un poco enfermo pensar en ella mientras estaba con otra mujer. Era un maldito desastre, no sabía qué hacer. Durante el desayuno se tocaron algunos temas familiares, entre ellos la sesión de fotos para anunciar mi matrimonio y la fecha de nuestra boda religiosa.
Todo estaba bien, pero al abuelo se le ocurrió que era momento de arruinarme el día, al anunciar que era hora de involucrarme en los negocios familiares. Quería presionarme para cambiar mi estilo de vida, para dictar su voluntad sobre mí, para hacerme una marioneta como todos los demás y no estaba dispuesto. Pero tampoco podía levantarme a protestar, ya que tenía otros planes, sin embargo, necesitaba tiempo y dinero, el cual ya tenía trabajando a escondidas de ellos, levantaría mis sueños con mis propias manos.
Luego de que mi abuelo me arruinara la mañana, salí a caminar un poco, necesitaba organizar mis pensamientos y mis planes, por lo pronto no tenía más alternativa que seguirles el juego hasta que lograra mis propios objetivos. Mientras Eros conducía, recordé que Ava no tenía teléfono, lo necesitaba para hablar con su familia, pero era demasiado orgullosa para pedirme algo.
Reía al recordar el pedazo de basura que tenía, al principio no podía comprender como una niña de buena familia y tan inteligente como todos dicen que es. Estaba tan privada de cosas tan simples como un buen celular y sobre todo que jamás saliera a conocer el mundo, poco a poco iba comprendiendo que su vida no era como yo creía. Desde que la vi pensé que era una niña mimada, la princesa de papá, digo quién no mimaría a ese hermoso ángel, sin embargo, Ava es un total enigma qué planeo resolver.
— Eros pasemos a la plaza comercial y luego regresemos a la casa.
— ¿Necesitas algo en particular?
— Compraré un teléfono.
— ¿Qué?, ¿pero si el tuyo apenas tiene un mes?
— No es para mí – me miro por el retrovisor con una sonrisa burlona. — si es lo que piensas… Ava necesita uno. — su sonrisa se amplió a un más, lo odio cuando se divierte de mi pena.
Compre un teléfono como el mío, pero en color lila, recordé que era su color favorito, también escogí accesorios bonitos para ella, algo con glitter. Además, auriculares y un palo de selfi, bueno todo lo que considere que les gustan a las niñas de su edad, aunque la verdad es que mi muñeca era más madura que cualquier chica que había conocido.
Al entrar a la habitación la busqué por todos lados, no la vi por ningún lado, pregunte por ella y me dijeron que estaba con la tía Ivana, quien ya se había tardado para abrumarla con las estúpidas reglas. Qué afán de estar metida en la vida de los demás, solo espero que no le meta tonterías en la cabeza, Ava es pura y me gusta como es.
Cuando volvió la note un poco tensa, la cuestione acerca de donde estaba solo para molestarla, sin embargo, la conversación se puso un poco intensa. Con ella tengo que tener cuidado, pues sus palabras tiran a matar, aunque no lo demuestre frente a ella, si me incomodan y me afectan. Luego de eso hizo rabietas porque su teléfono no encendía ni encenderá, pregunte que le pasaba, se alteró, comenzamos a pelear de nuevo hasta que se puso a llorar porque no se había comunicado con su familia.
Sé que ella cree que no la entiendo y que no me importa por lo que está pasando, no es así… acepto que mi estúpido capricho la separó de su familia y de su antigua vida de la noche a la mañana. Y por más que busco una explicación lógica a mi forma de actuar con ella, no la encuentro clara, solo sé que su rechazo hirió mi ego de macho y la quise castigar, pero qué manera más tonta se me ocurrió.
Verla triste me afecto más de lo que esperaría, por alguna razón me afecta verla llorar, tome su mano para consolarla y por un momento sentí una cálida chispa entre los dos. Sé que ella también la notó, ya que retiro su mano de la mía y antes de que pudiera decir algo más, le entregue la bolsa con las cosas que compre para ella.
— Este es un regalo de bienvenida de mi parte. — dije y sé que no esperaba, ella lo abrió y al sacar la caja del teléfono me miro a los ojos, sonreí ante su cara de sorpresa.
— Kayden yo… — estaba por decir algo o rechazar mi regalo, así que hable primero.
— Mira, sé que haga lo que haga, siempre pensaras que soy lo peor por arruinar tu vida Ava. — vi vergüenza en su mirada. — Pero lo hecho está, tú misma lo dijiste anteriormente… Entonces, al menos intentemos llevar la fiesta en paz
— Gracias… lamento ser tan…
— Ruda, mala y necia – rueda los ojos y sonrío. — ja, ja, ja, solo bromeo… tu teléfono ya no va a funcionar, así que acepta esté por favor – asintió regalándome una sonrisa sincera de agradecimiento, lo que conmovió mi corazón. — la lada es de aquí para una mejor recepción, puedes sincronizarlo con tu antiguo número, para pasar tus contactos y recuperar tus mensajes y datos. — explique y ella rio de manera burlona. — ¿Qué?
— Sé cómo funciona un teléfono Kayden…
— Perdón… espero que te guste el color y los accesorios que compre para ti.
— Me gusta… sobre todo porque es de mi color favorito – me dio un beso en la mejilla. — gracias por el detalle.
— No es nada… solo tengo una duda.
— ¿Cuál?
— ¿Cuál es tu otra preocupación?, dijiste que tenías dos. — ella suspiró.
— La universidad… estaba a punto de entrar, obtuve la puntuación más alta y al final no iré… no te imaginas lo decepcionante que es no cumplir tus sueños… además, que haré aquí todos los días encerrada.
— Bueno, entiendo y te apoyaré.
— ¿En serio? – asentí.
— Solo deja que lo comente con mis padres, aunque creo que no será problema… solo te advierto que no iras a cualquier escuela.
— No importa con tal de estudiar y no quedarme encerrada todo el día. — respondió feliz.
— Muy bien, ahora no pierdas el tiempo y llámalas.
Tomó el móvil para salir a la terraza y así poder hablar cómodamente con su familia, la observé desde el marco de la puerta. Sé, veía feliz hablando con ellas que me sentí bien conmigo mismo, deje que tuviera privacidad, me adentre y luego me recosté sobre la cama, quedándome dormido casi de inmediato.