Capítulo 3 – Mi realidad
Kayden
Tres semanas después del escándalo…
No suelo ser un hombre, de aquellos que viven un paso a la vez, no yo los vivo todos al mismo tiempo como si fuera el último día de mi vida, pues uno nunca sabe cuándo el tiempo se nos acaba.
Desde que cumplí los 16, descubrí un mundo lleno de diversión y perversión y desde entonces vivo mi vida como se me place, sin importarme las reglas u opiniones de los demás, sobre todo de mi apretada familia. Ellos me hicieron así, nací en cuna de oro, me dieron todo a manos llenas, sin límites, bueno, si los hay, pero jamás los he tomado en cuanta, solo hago lo que mi corazón me dicta y eso es vivir la vida al máximo.
Nunca he tenido que padecer por nada y espero nunca hacerlo, sin embargo, no todo es tan simple como se mira desde afuera, pues de cierta manera el tenerlo todo, tiene un precio, uno que muchas veces no nos gusta. Sin embargo, nací con privilegios, y para que lamentarme si puedo solo dedicarme a disfrutar de todo lo que al dinero de mi familia me puede dar…
Regresé de Londres después de tres años de vivir libre por allá, he vuelto a casa no por gusto, sino porque mis padres me presionaron para hacerlo. Se puede decir que me fui para terminar mi carrera en Economía y Negocios internacionales en una de las mejores universidades de allá, pero la verdad es que me fui porque me sentía sofocado con tantas reglas y exigencia que comenzaban a cansarme.
Mi familia es una de las más reconocidas en el mundo de la industria de los accesorios, las joyas principalmente, relojes cosméticos, ropa y accesorios de dama y caballero. Nos costeamos y negociamos con las mejores marcas de mercado en todo el mundo, lo que nos hace estar en un sitio muy importante. Ser parte de ella es sin duda un peso muy grande y agotador.
Me gradué con honores, en definición soy un completo desastre, pero uno muy inteligente al cual le gusta disfrutar de la vida sin preocupaciones. Mis hermanos mayores, Kendall el mayor de 32 años y Karin de 29 años, estudiaron la misma carrera que yo, ya que es un requisito familiar para podernos hacer cargo de las empresas que poseemos. Eso más un bonus, por así decirlo, Ken estudio mercadotecnia y Kary diseño, yo que soy el tercero en la fila de cuatro bendiciones que mi madre le dio a mi padre y a mi abuelo. Mi bonus, bueno, aún no está definido, porque mi pasión está fuera de los negocios de la familia.
El último y más joven es Kendry de 16 años, claramente mi madre tenía una obsesión con los nombres que inician con la letra K, ya que mi padre se llama Killian. En fin, se podría decir que, de los cuatro, yo soy el más rebelde y liberal, siempre he ido en contra de las reglas y los prejuicios de la familia, simplemente porque soy enemigo de las reglas tradicionalistas.
Esas que nos prohíben ser quienes somos en realidad, en esta familia somos lo que debemos ser más, no lo que queremos y deseamos ser. De todos fui el único que tuvo la oportunidad irse lejos de casa por un tiempo, me fui del otro lado del mundo, donde pude respirar un poco de paz y libertad.
En conclusión, ser un Lynch no es tan simple como lo parece, no mientras Camilo Lynch siga tenido el control de nuestras vidas y nuestras cuentas bancarias. Ser un Lynch efectivamente tiene muchas ventajas, pero muchas más desventajas, hay muchas reglas y condiciones que seguir para merecer el reconocimiento de abuelo, de la familia y del resto de la sociedad para gozar de los beneficios que tenemos.
Perteneces a esta familia es muy agotador, cuando eres como yo, narcisista, egocéntrico, libertino y la lista de mis defectos es larga, pero no todo es malo. Ser así es mal visto, ya que, en temas de comportamiento en público y personal, está más que prohibido por la familia, las limitaciones impuestas principalmente por el abuelo son extremas y son las que me hacen ser así. El viejo no tolera los escándalos de ningún tipo y no es que me encante, pero casualmente siempre me atrapan en alguna movida y que le puedo hacer.
Obviamente, soy la oveja negra de la familia y mantenerme a raya, les ha costado mucho. Conmigo se tienen que aguantar porque no voy a cambiar mi forma de ser ni el estilo de vida al que estoy acostumbrado, así soy y así me moriré. Vivo mi vida a mi propio ritmo y desde que encontré mi pasión por la música decidí perseguir mis sueños al costo que sea. No voy a decir que me he revelado en su totalidad porque no es así, me ajusto a algunas exigencias, pero en las que tiene que ver con mi vida y mi personalidad, simplemente no puedo.
Y para muestra solo basta presionar un botón… ahora mismo me encuentro en la cabina del DJ de uno de los clubes más populares de la ciudad, mostrándole mi talento a los miles de espectadores. Me gusta mezclar y crear mi propia música, jugar con la música y los sonidos, es una de mí más grandes pasiones y no la cambiaria por nada. Sentir el ritmo de las melodías y ver a las personas disfrutar de ella en la pista de baile, oírlos gritar con euforia mientras se mueven al ritmo que yo les emito. Sin duda me llena y me satisface de una manera inigualable, tanto o igual que el sexo al que soy irremediablemente adicto.
Sin importar lo que mi familia diga o piense de mí, no cambiaría estos momentos ni por todo el oro del mundo, aquí me siento vivo, único, me siento yo mismo. Al terminar con mi presentación como DJ-K, me retiro con una de mis canciones favoritas y luego le doy el paso al siguiente, este es un lugar abierto a los DJ que recién empiezan a moverse en este mundo. Sé que no me puedo dedicar de lleno a esto, pero me gusta hacerlo cada vez que tengo la oportunidad y me encuentro lejos de casa. Donde tengo mi propio estudio de grabación para producir mi música.
Mi familia lo toma como un hobby, por eso no me lo prohíben, pero no saben que en un futuro no muy lejano me convertiré en uno de los mejores del mundo, como los grandes. Sé que el siguiente paso después de graduarme es trabajar en las empresas de mi familia, por disposición del abuelo, y lo haré sin abandonar lo que me satisface, esta es mi realidad.
Al bajar de la cabina, mi mano derecha, guardaespaldas, alcahuete y amigo del alma, casi mi hermano, Eros, se acerca a mí con una botella de agua, la tomo y me la empino hasta vaciarla. Se acerca más a mí para susurrarme al oído por el alto volumen de la música, que debo aplicar mi medicación. Pero le digo que estoy bien, Eros, está por insistir cuando de pronto una hermosa rubia como de unos 20 años, de curvas exquisitas y buenas tetas, se acerca a mí y de la nada comienza a limpiar mi sudor con un pañuelo.
Sonrió con coquetería y arrogancia, no es por alardear, pero sé el efecto que causo en las mujeres cuando me tiene cerca, son un hombre físicamente atractivo, muy masculino, de buen cuerpo, siempre me mantengo en forma y sobre todo poseo esa chispa carismática que les gusta a ellas. Me fascina que las mujeres vengan solas a mí y que me den lo que les pida, hasta hoy no ha nacido la mujer que se niegue a complacerme, ni la que me haga caer al piso por ella y dudo que exista.
— Gracias… bella, qué linda eres. — digo con una sonrisa seductora de esas que sé que las hace mojarse y Eros no puede evitar divertirse con esto. La chica se acerca a mí para hablarme al oído.
— De nada guapo… déjame decirte que eres increíble, sin duda uno de los mejores DJ de esta noche. — me besa la comisura del labio, mientras desliza su mano desde mi pecho hasta mi pierna, así o más urgida.
— En serio, ¿te gusto?
— Mucho… ¿Qué harás?, vienes acompañado – sonrió sin responder. — te puedo invitar a tomar algo o si lo deseas podemos ir a un lugar más privado – amplío mi sonrisa, porque no es tan mala idea… estoy por responder cuando…
— Él no irá a ningún lado contigo, estúpida zorra – asevera Montserrat, mi… digamos, ¿novia? – aléjate de mi hombre, porque no está disponible para tipas poca cosa como tú.
Es una fiera cuando de defender su lugar se trata, digamos que nos conocemos desde el colegio, fuimos mejores amigos, luego novios y su primer hombre, en conclusión, yo fui su primer en todo. Estuvimos juntos desde entonces, no solo como pareja, sino como amigos, confidentes y mucho más. Nos dimos un tiempo cuando decidí irme a Londres solo y al regresar ella determinó que nada había cambiado entre nosotros… ¿Quién soy yo para contradecirla?
— ¡LARGO!, búscate otro que te baje la calentura, ofrecida. — la chica que la mira con recelo, levanta la cara con un porte de superioridad… lista para contra atacar.
Oh, oh, no sabe con quién se está metiendo.
— Pero, da la casualidad de que, a mí se me antoja, este – me señala, provocándola a un más — ¿cuál es el problema? — responde pasando su mano sobre mi pecho de una manera que me prende y me divierte, al mismo tiempo… no puedo evitar reírme ante la actitud de ambas mujeres.
Monse enfurece, toma su mano con brusquedad apartándola de mi cuerpo, del cual cree que es dueña, la aprieta enterrando sus uñas en la muñeca de la pobre chica que refleja dolor. Pero no da su brazo a torcer, ambas están en plan de pelea por un hombre al cual… ¡JODER!, esto me divierte y me engrandece aún más el ego.
— El problema, querida – pone más presión en su muñeca. — es que si vuelves a tocarlo… te voy a arrancar la mano. — su actitud asusta a la chica, quien baja un poco la guardia, sonrió antes de intervenir.
— Montserrat… ya basta – tomo su mano para que la suelte y ella me mira molesta – deja de hacer dramas, estás montando un espectáculo sin sentido. — la suelta y luego me dirijo a la chica. — Lo siento nena, pero esta noche me tienen un poco ocupado, otro día con suerte. — le guiño un ojo, beso su mano, me sonríe y a Monse le dedica una mirada burlona.
— Ningún otro día – se acerca a ella y la toma del mentón, mirándola como una fiera. — no te quiero ver cerca de mi hombre o haré que te arrepientas, no me conoces y no me quieres conocer. — amenaza y luego la suelta de un tirón.
La chica no dice nada, se acerca a mí para dejar un beso en la comisura de mi boca, lo cual me divierte porque Monse está aún paso de asesinar a la chica que no deja de desafiarla. Le sonrió y la observo alejarse, volteo a ver a la fiera que tengo a lado, quiero besarla por intensa, pero ignorarla es más divertido, así que me doy la vuelta y camino hacia el área VIP donde están nuestros amigos. Montserrat me toma del brazo para que me detenga.
— Kayden… espérame bebé, ¿Por qué te pones así?, cuando la ofendida debería ser yo. — ignoro sus palabras.
— ¿Vas a seguir de tóxica y celosa?
— Yo celosa, ¿de esa? – señala con arrogancia, intentando parecer segura de sí misma. — jamás, es poca cosa… comparada conmigo, no es nada. — responde y tiene razón, ella tiene mucho mejor cuerpo que la chica, bueno no solo el cuerpo sino también el ego. — pero sabes que no me gusta compartir y si debo hacerlo yo elijo con quien.
— Ok, deja de hacer berrinches y ven aquí. — sujeto su cintura para atraerla hacia mí y la beso antes de que comiences con sus tonterías sobre nuestra relación. Llegamos donde los chicos, me siento en el sofá y ella toma asiento sobre mis piernas, colocando su brazo alrededor de mi cuello.
— No son berrinches – besa mi cuello provocando que mi amigo reaccione, la dejo hacer lo que quiera y sin decir nada más tomo del líquido de mi vaso. — pero sabes que me purga, que cualquier tipa crea, que puede tenerte, cuando tú eres mío… solo mío – declara con posesividad, ruedo los ojos.
— No soy de nadie Montserrat… deja de declarar que eres mi dueña porque no lo eres. — la hago a un lado para que se siente en el sofá… si a ella le purga que las mujeres se acerquen a mí, a mí me enferma su actitud como si tuviera poder sobre mí. — Te lo he dicho un millón de veces, soy un hombre libre de irse con quien se le dé la gana. — me enerva que quiera monopolizar mi persona.
— Entonces, ¿los siete años que llevamos juntos no significan nada para ti?… dime Kayden, ¿Quién soy para ti?, solo tu dama de compañía para la, ¿diversión? – no respondo porque me fastidia darle vueltas a lo mismo.
— No tengo ganas de discutir por lo mismo – la miro serio y le baja a su intensidad, para ella también cuentan los años que estuvimos separados… cosa que no debería. — sabes que me enerva, que me fastidies como lo mismo. Mira, vine a divertirme, podemos pasarla muy bien juntos como siempre lo hacemos o simplemente me voy a la mierda, porque no te soporto más este jueguito tuyo de mujer tóxica. — digo con fastidio evidente.
— No, no, perdóname. — sonrió porque siempre funciona. — tienes razón, venimos a divertirnos. — se acerca a mi rostro y me besa.
Montserrat es una chica súper, ardiente, intensa, extravagante, inteligente y muy posesiva, pero también es muy susceptible ante mis deseos, caprichos y demandas en la sexualidad, hace todo lo que le pido sin protestar y eso es lo que más me gusta de ella. Juntos aprendimos y experimentamos sobre el sexo en pareja y luego yo le mostré todas sus facetas. El sexo con ella es delicioso, morboso y excitante porque me complace en todo. Pero desde hace tiempo me di cuenta de que ella no es la mujer con la que espero formar una familia, bueno no creo que exista una mujer que me haga desear hacerlo. No creo en el amor y odio la idea del matrimonio, gracias a mi familia y sus matrimonios arreglados.
Cuando decidí irme a Londres, ella quiso ir detrás de mí, pero no se lo permití, quería estar solo, vivir nuevas experiencias, conocer más gente y con ella todo el tiempo siguiéndome y espantándome a las mujeres, sería una completa tortura. Aun así, iba a visitarme cuando tenía contratos como modelo por allá o simplemente se le ocurría caerme de sorpresa.
Monse y yo hemos pasado por mucho momento bueno y malos, y por eso nuestra relación tiene mucho valor para mí. Pero últimamente se volvió aún más tóxica y posesiva conmigo, ella sabe que cambie durante mi ausencia y es por eso que desde que regrese a la ciudad quiere tenerme bajo su control en todo momento. Sé que la hago sentir insegura por mis andanzas, quiere estar segura de que me quedaré a su lado, pero la realidad es que me sofoca con su actitud y comienza a cansarme. Sobre todo, porque, últimamente, no deja de insistirme en que debemos pasar al siguiente nivel, anunciando nuestro compromiso, lo cual dudo mucho que suceda por muchas razones.
La primera es que nuestra relación se volvió un poco, como decirlo… inestable por las escenas de celos que me hace continuamente, Montserrat no deja que nadie se me acerque sin su permiso. Como lo mencione antes, hemos experimentado muchas fronteras en el sexo, como los tríos o intercambios de pareja, donde es ella quien elige con quien. Fuera de eso no quiere que me relacioné con nadie y cuando lo hago tiene que ser cuando ella se encuentra lejos, obviamente no puede estar las 24 horas encima de mí, es ahí donde aprovecho a gozar de otros placeres.
La segunda razón es porque hay planes en mi vida en los cuales lo nuestro pasa a un segundo plano, no quiero ser egoísta, pero cuando miro hacia mi futuro, mi relación con ella no encaja. Es como si nuestro destino no fuera estar juntos, como si algo estuviera por pasar, algo que cambiara nuestras vidas.
Y la tercera y última razón, por ahora, es que Monse al ser modelo que siempre está metida en escándalos o chismes como figura pública. Lo cual obviamente es muy mal visto por mi familia, que es conservadora, así que definitivamente ella no sería la mejor versión de una esposa perfecta.
— ¿En qué piensas? – me saca de mis pensamientos.
— En nada importante. — se levanta y se coloca enfrente de mí, comienza a bailar de manera sensual como solo ella sabe hacerlo, logra sacarme una sonrisa.
— Ven baila conmigo – dice más dócil y con mejor actitud, me ofrece su mano, la acepto, la tomo y me levanto de mi asiento, se me acerca y me besa. — ¿Me perdonas?
— Sabes que me molesta que te pongas a si en público y sobre todo que te pongas a discutir por el mismo tema de siempre. — respondo serio.
Me guía hasta la pista y de espaldas a mí comienza a moverse al ritmo de la música de manera sensual y ardiente que me prende, la tomo de la cintura, me pego a su cuerpo y me muevo en sincronía con sus movimientos. De gira para quedar frente a mí sin dejar de bailar como me gusta que lo haga, su mano hace contacto con la piel desnuda de mi pecho, pues los primeros tres botones de mi camisa están abiertos, desciende hasta colocar su mano en mi entrepierna y luego aprieta mi m***o despierto listo para la acción.
— Uy que tenemos aquí – me susurra al oído antes de lamer mi cuello y encender mi cuerpo, bajo mi mano hasta su trasero y lo aprieto ferozmente. — ¿Vamos al baño?, tengo ganas de estar contigo, quiero sentir que eres mío muy adentro de mí. — me murmura al oído con voz erótica que me hace palpitar el m***o solo de imaginarlo.
— ¿Qué esperamos?
Me toma de la mano y me guía hacia los baños, por suerte están vacíos y Eros sabe que su trabajo es que siga así. Y luego de una muy buena mamada, me la follo sin piedad, haciéndola gemir como animal en bruma, me encanta la flexibilidad de su cuerpo. El cual me permite llevar su pierna a la altura de mi hombro para penetrarla con más intensidad y más profundo, creando una sincronía bestial que me prende. — Ahh… Kayden… mi amor… Gime con intensidad sin importarle que alguien pueda escucharla.
Salgo de su interior, la hago girar para que quede de espaldas, empina el trasero como la zorra que es, me abro paso y la empalo con fuerza, grita ante el dolor y el placer que le brindo, la tomo del cuello. Pongo un poco de presión mientras mi otra mano sujeta su cadera y mi cuerpo bombea con desenfreno, siento el temblor de sus piernas y el palpitar de su centro al correrse. Continuo sin detenerme y cuando siento que estoy por explotar, salgo de ella, y dejo que mi esencia caiga al suelo, no me gusta venirme dentro sin protección. Una vez me dio el susto de mi vida a decirme que podría estar embarazada, lo bueno es que fue una falsa alarma, no me malentiendan en algún momento de mi vida, espero tener hijos, pero no ahora.
La noche continuo después de tan deliciosa cogida, luego los alocados con mares de alcohol y algunos dulces que consume solo ella de vez en cuando, ya que para mí el alcohol es suficiente para soltarme y vivir.
No sé en qué momento me perdí y terminé en la cama de algún hotel con tres mujeres a mi lado. Una de ellas, Montserrat, obviamente esta mujer no se me despega de mí, parece una sanguijuela, ambos nos conocemos, hemos experimentado muchas cosas y sabemos que no hay límites. Como lo dijo antes, solo ella decide con quien compartirme. Pasamos, lo que nos quedaba del fin de semana en la playa hasta fue momento de regresar a mi triste y aburrida realidad.