Capítulo 24 – Ella tendrá que aceptarlo
Ava
Pase dos largos y casi eternos días, encerrada, sin agua ni alimento y sin dormir un solo minuto, solo meditando una y otra vez como mi vida había terminado así. Hace dos días era feliz con Dylan y con la idea de ir a la universidad para crecer como persona hasta que llegara el día de valerme por mí misma y poder dejar a mi padre atrás, sin embargo, ahora mi corazón temía lo peor. Ya que Dylan debe de estar por regresar de su viaje y al no haberme contactado después de la última llamada que tuvieron seguramente estaba preocupado por mí.
Aunque eso no era lo único que me preocupaba, sino que estaba el hecho de que seguramente el rumor de mi compromiso con la familia Lynch, ya se habría regado por todos lados agracias a mi pretenciosa abuela. Tenía miedo de que la noticia llegara a oídos de Dylan y su manera de esa manera, como un chisme de mal gusto, por lo menos deseaba tener la oportunidad de explicar y defender mi posición. No era justo ni para él ni para mí, pero que podía hacer encerrada y castigada por negarme a un matrimonio absurdo.
Estaba hecha bolita sobre el suelo, pensando en mil cosas a la vez, mi vida, mi familia, mis sueños, mi relación con Dylan, mi pobre violinista, sentía pena al saber lo mucho que iba a sufrir. Y entonces de la nada un recuerdo tonto vino a mi mente, y ese fue el día que conocí a Kayden en la pastelería, me incorpore y todo tenía sentido, el maldito idiota, hizo todo esto por capricho.
— Ahgr – gruñí furiosa – maldito imbécil… todo esto es por haber herido su estúpido ego de casanova al rechazarlo, pero qué inmaduro.
Aunque si era el caso no todo estaba perdido, tal vez si hablo con él, logro convencerlo de que de esto es una locura, aunque la verdad es que no querría tenerlo, ni como esposo, ni como cuñado. Es un completo idiota superficial y engreído, sin embargo, si él quisiera y mi hermana también, yo no opondría.
De pronto la puerta es abierta dándole entrada a mi madre que al verme en el estado deplorable en el que me encontraba, no contuvo las lágrimas y se inclinó para estrecharme entre sus brazos. Ambas nos soltamos a llorar como si no existiera un mañana, al cabo de algunos minutos ella se separó de mí, acunó mi rostro entre sus manos y me miro a los ojos con infinita tristeza.
— Oh, ni niña… ¿Cómo estás?
— Que debería decir… quisiera estar muerta para evitar esto mamá.
— No mi cielo, no digas eso. — sollozo – que sería de mi vida, si una de ustedes me falta. — sus lágrimas caían sin cesar.
— No puedo hacerlo mamá, no quiero…
— Me temo que no hay mucho que hacer… ¿Aún te duele? – pregunto por mis heridas y no dudo en revisarme.
— Me duelen más las del alma… mamá, no quiero hacerle esto a Gaby, viste como me veía… había odio en su mirada y eso me destrozo.
— Ella sería incapaz de odiarte, ella te ama… solo dale tiempo de asimilarlo, es tan difícil para ella, como para ti. — recargo mi cabeza sobre la pared y suspiro con frustración, ella se deja caer a mi lado, toma mi mano y la aprieta. — me duele, verte así mi pequeña, mi alma se quiebra al verlas sufrir de esta manera… de alguna manera me habría gustado ser más valiente para protegerlas o por lo menos haberles dado un mejor padre. — sollozo – soy una inútil como mujer, madre… perdóname por favor – débilmente la abrace con la poca fuerza que me quedaba.
— No digas eso mami… no es tu culpa que sea un animal – paso saliva porque la garganta se me hace agua al verla así. — yo sé que no debería rebelarme contra él, que es inútil, pero es que esto es injusto, más para Gaby que para mí, ella estaba tan ilusionada y yo… no quiero esto. — suspiro. — ¿Cómo está ella?
— Mal… no ha salido de la habitación en estos días, tampoco ha comido y llora todo el día.
— Todo por mi culpa.
— Eso no es cierto, no es tu culpa – limpia mis lágrimas. — no es culpa de ninguna de las dos, sino de…
— Cuida tus palabras mujer… — la voz severa de mi padre nos hizo saltar – ya basta de drama y dense prisa. — dicho eso se dio la vuelta y se fue.
— ¿Qué ha pasado mamá?
— Ellos llamaron, mañana debes ir a desayunar con ellos y luego te llevaran a realizar pruebas prenupciales en una clínica privada.
— No quiero, ¿Por qué debo hacer esto?, mamá, ¿Qué pasará con mi vida, mis planes y mis sueños?
— Hija, sabes que no es opcional, debes hacerlo lo que tu padre dice o volverá a perder la poca cordura que le queda y será peor, el trato está hecho y no hay vuelta atrás. — en ese momento recordé sus palabras y mi cuerpo tembló ante a idea que pueda desquitarse con mi madre y mi hermana.
— Es que, ¿acaso no existe, aunque sea una mínima oportunidad de evitar esto? – ella negó con tristeza. — ¿Qué pasará con mi hermana?
— Ella tendrá que aceptarlo tarde o temprano.
Al salir me encontré con la tía Teo, quien al verme de inmediato me abrazo e intento animarme, imposible, ¿cómo podría verle el lado positivo a mi situación? Luego camine hasta llegar a mi habitación. Estaba parada frente a la puerta, tomando el valor emocional para entrar y enfrentarme a la desgracia de mi hermana. Inhale y exhale varias veces antes de intentar abrir, sin embargo, mi intento falló, ya que estaba cerrada con seguro. Toqué dos veces hasta que Gaby abrió sin siquiera mirarme ni un solo segundo.
La vi tomar asiento a la orilla de su cama, su con la mirada al suelo, lucía completamente triste y devastada, eso me derrumbo, puesto que, aunque no era por voluntad, yo era la causa. Su indiferencia era peor que los golpes de mi padre, sin más tome ropa limpia y luego entre en silencio al baño, deje que el agua cayera sobre mi cuerpo, mientras nuevamente me deshacía entre lágrimas.
Al salir del baño, me acosté sobre mi cama en silencio, Gaby seguía en el mismo estado, no se había movido para nada, no quise molestarla, así que me giré para quedar frente a la pared y darle la espalda. Minutos más tarde sentí su cuerpo acurrucado al mío y sus brazos cubrirme para consolarme, entonces sin más ambas lloramos en silencio.