—Dices que soy una mocosa malcriada ¿No es así?— lo interrumpió ella. Realmente no quería escucharlo. Quería que se fuera, que la dejara tranquila. Podía notar que aquella actitud en ella lo hería, quizás esa seria la única manera para que él entendiera lo que ella deseaba en ese momento; que se largara de una buena vez. —…Pero, no te entiendo: Eres tú, quien después de lo que me has dicho y como me has tratado me pides que confíe en ti y me quede a tu lado ¿Cómo puede ser eso algo coherente de un hombre racional? Bien dices que solo soy una “mocosa malcriada” y como tal te pregunto: ¿ Qué si no puedo volver a confiar en ti? ¿Qué si nunca más quiera yo estar a tu lado? El pálido rostro de Mateo, empalideció aun más. Se quedó mirándola con la actitud de quien hubiera recibido un impacto

