Aurora lo vio bajar a su sexo y besarle el monte de Venus. Con el corazón desbocado, sintió incoherentemente que debía pararlo, aunque no sabía porqué. —Espera, Mateo ¿Qué piensas hacer?— le preguntó avergonzada, mientras él rodeaba sus hombros con las piernas de ella, dejándola completamente expuesta. Lo escuchó reír por lo bajo y su risa llegó a rozar aquel pequeño guisante que acaba de descubrir. Eso la hizo gemir otra vez. Se sentía tan indecente al actuar de esa forma, pero a la vez no quería que parara. Suerte para ella que él no tenía ninguna intención de hacerlo. —Tranquila, corazón… que no pienso hacerte nada que no te vaya a gustar de forma tal que me rogaras que no pare y querrás más…—Musitó en una vibrante promesa que la enloquecía al sentir su cálido aliento en ese lugar s

