¿De quién estás enamorado?

2147 Words
Que si es una nepo baby del cine y que por eso agarra todos los papeles que se le da la gana. Que si por su culpa despidieron a dos personajes queridos del elenco. Y la nueva… Su novio, enamorado de su manager. Cuando él entró a la habitación, Yuri estaba en su cama, en lencería, y se veía envidiable. Grillo la observó un par de segundos; era una mujer guapa, preciosa, en lencería blanca, y masturbándose. Totalmente caería por eso mil veces, pero sabía que significaba complicar las cosas. Si de verdad quería terminar con ella, no acercarse a la mujer en la cama era importante, necesario; se había dado una cachetada mental para mantener la fuerza. Yuri se desabrochó el sostén y se lo tiró a Grillo, quien yacía inmóvil frente a ella. La joven se acercó al borde de la cama y contorneó las caderas mientras seguía autosatisfaciéndose bajo la atenta mirada de Grillo, quien negó con la cabeza. —No, Yuri, esta vez no. —¿Cómo? —Puedes quedarte a dormir, pero no creo que debamos volver a esto; no creo que sea sano ni para mí ni para ti. —Traes putas dos veces por semana y no puedes follar conmigo. —No quiero follar contigo, que es muy diferente —respondió. Ella le tiró una almohada para lastimarlo. Grillo fue al cuarto de baño y ella empezó a golpear la puerta, exigiéndole una justificación válida, amenazándolo e hiriéndolo con sus palabras. Yuri estaba fuera de sí; se sentía humillada y herida de igual manera. —¿Te estás acostando con esa puta gorda de mierda? —gritó. Tamara se quedó en la puerta. El escándalo que armaba la novia de su cliente la había despertado, y los golpes en la puerta le asustaron un poco, así que decidió ir a ver si algo malo estaba pasando. Conforme se acercaba, escuchó a Yuri despotricar contra Grillo… y contra ella. —No vas a dejarme, no vas a hacerme lucir como una mierda de persona, no vas a terminar de romper lo que sea que queda en mí, Grillo, porque me lo prometiste. Vas a quedarte, vas a deshacer cualquier mierda que la perra esa y tú estén planeando en mi contra, si no quieres que la arruine a ella y lo que sea que quede de tu carrera. Esa última la destrozaría por completo. Ante el grito de ambas, Grillo sintió el terror. De todas formas, tomó la mano de Tamara y la puso frente a él antes de encarar a su novia; las presentó una a la otra. Yuri, con toda la clase que la caracteriza, extendió su mano hacia la chica. Tamara, que tiene su propio juego, decidió ponerse de puntillas y darle un par de besos en las mejillas; la tomó de ambas manos y procedió a piropearla. —Qué guapa eres en persona, Yuri. Espectacular, impresionante —dijo Tamara. La mujer sonrió con suficiencia. Su novio sonrió, impresionado por la amabilidad de Tamara, quien dio una vuelta alrededor de Yuri y le pasó la mano con el diamante a Grillo. —Es una alegría que estés modelando ahora hasta las manos. Una chica como tú merece ser admirada de pies a cabeza. Yuri no se sentía tan avergonzada desde que se filtró que estaba visitando a un cirujano plástico para arreglarse las nalgas. De todas maneras, sonrió y tomó la mano de su novio con más fuerza. Juntos se alejaron de Tamara, quien tenía un propósito claro: socializar y ampliar sus contactos. Es impresionante lo que un buen vestido y una buena actitud pueden hacer por una. Tamara estaba ligeramente agradecida por los insultos de Lucía, quien le advirtió que si no iba al evento a conseguir nuevos contactos para la empresa y para Grillo, la despediría. Y mucho más agradecida estaba con Verónica, porque le había enviado un stylist y un maquillista que le permitieron ganar esa seguridad que la acompañaba esa noche. Estaba rodeada de productores, tanto de la industria de la música como de la televisión, planeando los próximos movimientos de Grillo. —Woodstone, pensé que pondrían a alguien más experimentado para un personaje del nivel de Grillo. —¿Se necesita, de verdad, experiencia para ser niñera de un hombre de treinta y cuatro? —preguntó seria, y todos se rieron. Grillo y Yuri la vieron desde lejos, haciendo reír a todo el mundo y hablando como si, de lunes a viernes, su vida girara alrededor de camelar hombres para vivir. Yuri la vio conversando con su jefe y sintió terror. La verdad, todos habían comentado la posibilidad de un cameo con Grillo, pero ya él había dejado claro que no quería tener nada que ver con proyectos de Yuri (ni con ella, en general). —Bailemos, cariño —propuso Yuri, y su novio asintió. Los dos caminaron a la pista y empezaron a bailar. Las miradas estaban puestas sobre ellos; Yuri se planteó cumplir esa ilusión de ser feliz, de proponerle a Grillo simplemente ser felices. Le dio un beso que él correspondió mientras la acariciaba, y los dos compartieron una de esas miradas llenas de fuego, de pasión y promesa. Las dudas sobre su relación estuvieron a punto de esfumarse… tanto, que Grillo se sintió conectado con Yuri, lo suficiente como para decir, en medio de la pista y en un tono que solo ellos dos podían escuchar: —Te amo… como mi amiga. Eres la mejor persona en mi vida. Ella lo miró y sonrió antes de responder: —Creo que es momento de ser solo amigos. Eso le cayó a Yuri como un balde de agua fría. Le soltó las manos y se apartó de inmediato. Grillo intentó tomarla de nuevo, pero ella lo esquivó con una mirada seria. Yuri se sentía desolada, con el corazón roto. Era la peor noche de su vida. Caminó tan altanera como siempre, con la frente en alto, hacia la barra. Grillo iba detrás de ella; podía sentirlo, escucharlo en cada paso. Ordenó un par de shots de tequila y los bebió. —Yuri… —¿Sientes que este es el lugar para hacer esto? —preguntó enfurecida mientras se tomaba otro shot. Él pidió un par más para igualar la borrachera que se iban a pegar e intentó explicarle que ya no era un niño, que no le importaban las fans enloquecidas ni el pasado cargado de errores. Le importaba el futuro, con quién iba a pasarlo, vivirlo bien, tal vez tener un hijo o dos. Se miraron. Ella tomó un vaso de whiskey que estaba en la barra. Nunca había querido ser mamá, pero si eso era lo que se necesitaba para mantener a Grillo, lo aceptaba. —¡Seamos papás entonces! —dijo. Ahora el que se atragantaba y casi moría era Grillo. Increíble. De verdad, Tamara tenía razón: él acabaría con Yuri hasta la muerte. No había forma de terminar con alguien que se negaba a aceptarlo. La joven le dio golpes en la espalda lo suficientemente fuertes para que no muriera ahí. Grillo pidió un poco de agua, se recompuso y tomó asiento. Buscó ayuda con la mirada y se encontró a Tamara, que estaba ocupada ligando con un tipo alto, corpulento, rudo, muy guapo, de ojos azules y una sonrisa que lo hacía parecer más malo que bueno. El tipo de hombre que no solo te hace sufrir, sino que te desangra el corazón. Grillo había dejado atrás a la mujer que se autoproclamaba su futura esposa y madre de sus hijos, y probablemente la dueña de sus pensamientos, la que no aceptaba un no por respuesta y lo perseguía. Puso la mano sobre el hombro del desconocido. —Tamara, es momento de irnos —interrumpió Grillo. —Entonces, ¿te llamas Tamara? —preguntó el hombre. —Sí —respondió ella, riendo. —Igor. Es un placer —dijo él mientras tomaba su mano y la llevaba a los labios, besándole los nudillos. Luego, mirando a Grillo—: Y parece que eres de él. Grillo y él se estrecharon la mano, sonriendo. —Igor, estoy cansada de hacer ojitos contigo y parecer ocupada. Nos vemos otro día, te portas bien y no le cuentes a nadie mi secreto —Tamara lo abrazó y él sonrió antes de despedirse con un beso en la mejilla. Grillo, intentando ocultar su molestia, tomó a Tamara de la cintura y empezó a regañarla por andar de cusca por la vida. Ella se rió, reconociendo que se le habían pasado un par de copas, pero Igor había sido lo más. Le había dicho que estaba cansado de que le pidieran favores, y que mientras bebían agua que parecía gin tonic, podían conversar, mirarse a los ojos y fingir que estaban enamorados. La interrupción de Grillo la sacó de un estado de hipnosis: se había perdido entre los ojos azules de Igor, su barba gruesa y bien marcada, y su risa maliciosa. Pero ahora, caminando junto a Grillo, sintió que debía ir al baño urgentemente. Él le abrió la puerta y Tamara vomitó todo lo que pudo. Luego se enjuagó la boca y se humedeció el rostro. Grillo entró sin importar la opinión de las demás mujeres y le pasó un par de servilletas. —Solo quiero ir a casa. —Bebiendo y ligando en el trabajo… mañana pido una reunión con Lucía. —Reúnete con ella. Tal vez me desaparezca de la tierra antes de que empiece la resaca. —¿Cómo estuvo tu noche? —Vamos a casa —respondió. En el camino discutieron sobre si Tamara podía o no regresar a su apartamento. Esperaron el auto casi en silencio. Ella se apoyó en su brazo; él disfrutaba de la frescura de la noche. Cuando acabó de acomodarla, vio a su novia molesta, subiéndose al asiento del copiloto y cerrando la puerta de golpe. —Primero, a casa de la señorita Yuri; luego, a la mía. —Todos vamos a la mía —corrigió ella, molesta. Increíble la osadía de Grillo: terminarla en medio de su evento, ir detrás de la gorda y, como si fuera poco, planear dejarla botada. Si él iba a hacerle todo eso, tendría que afrontar las consecuencias. Los tres bajaron del auto frente a miradas curiosas y paparazis hambrientos de escándalo. La imagen de Yuri ya había sufrido bastante esa noche. Entró de primera al apartamento y fue directo a la habitación de Grillo, mientras él acomodaba a su “amiguita del año”. Se despojó de la ropa y pensó que lo único que le quedaba era su mejor arma: su belleza y la nostalgia. Hace mucho tiempo, ellos habían sido amantes… y Yuri estaba decidida a recordarle por qué. Cuando él entró a la habitación, Yuri estaba en su cama, en lencería, y se veía envidiable. Grillo la observó un par de segundos; era una mujer guapa, preciosa, en lencería blanca, masturbándose. Totalmente caería por eso mil veces, pero sabía que significaba complicar las cosas. Si de verdad quería terminar con ella, no acercarse a la mujer en la cama era importante, necesario. Se dio una cachetada mental para mantener la fuerza. Yuri se desabrochó el sostén y se lo tiró a Grillo, quien yacía inmóvil frente a ella. La joven se acercó al borde de la cama y contorneó las caderas mientras seguía autosatisfaciéndose bajo la atenta mirada de Grillo, quien negó con la cabeza. —No, Yuri, esta vez no. —¿Cómo? —Puedes quedarte a dormir, pero no creo que debamos volver a esto; no creo que sea sano ni para mí ni para ti. —Traes putas dos veces por semana y no puedes follar conmigo. —No quiero follar contigo, que es muy diferente —respondió. Ella le tiró una almohada para lastimarlo. Grillo fue al cuarto de baño y ella empezó a golpear la puerta, exigiéndole una justificación válida, amenazándolo y hiriéndolo con sus palabras. Yuri estaba fuera de sí; se sentía humillada y herida de igual manera. —¿Te estás acostando con esa puta gorda de mierda? —gritó. Tamara se quedó en la puerta. El escándalo que armaba la novia de su cliente la había despertado, y los golpes en la puerta la asustaron un poco, así que decidió ir a ver si algo malo estaba pasando. Conforme se acercaba, escuchó a Yuri despotricar contra Grillo… y contra ella. —No vas a dejarme, no vas a hacerme lucir como una mierda de persona, no vas a terminar de romper lo que sea que queda en mí, Grillo, porque me lo prometiste. Vas a quedarte, vas a deshacer cualquier mierda que la perra esa y tú estén planeando en mi contra, si no quieres que la arruine a ella y lo que sea que quede de tu carrera.
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