Tengo que decirte...

1510 Words
Grillo tenía mucho tiempo sin trabajar tanto, pero le gustaba. Habían pasado dos semanas medio llenas de trabajo: premiaciones, organización para la residencia, la salida del álbum… y le encantaba su vida. Su rutina con Tamara en la mañana: ejercitarse, conversar sobre el día, un chisme que otro, cafecito time, y una despedida en la que su amiga salía corriendo como Cenicienta para irse a su otro trabajo con sus hermanas. Brianne y él se la pasaban muy bien, muy juntos, pero a veces sentía que su novia se contenía en la parte emocional. Como ahora: iba a una actividad con sus estudiantes y no lo había invitado. —Emma, ¿qué opinas? ¿Estoy fallando o es ella? —Te doy terapia emocional, no de pareja. —Emma… —se queja. Tamara entra al apartamento con el almuerzo y los ve a los dos jugando ajedrez. Se disculpa con la terapeuta de Grillo y esta niega con la cabeza. —Es todo tuyo. Tiene 5% de probabilidades de arreglarse —Emma le da un tirón de pelo a Grillo y este mira a Tamara. Tamara y Grillo desempacan toda la comida porque comparten el mismo defecto: no pueden pedir un solo platillo, sino varios y aventurarse a probar todo. Se suponía que era comida salvadoreña, pero a la par había hondureña y mexicana, así que Tamara quería saber de verdad la diferencia entre una y otra. Era espectacular. Grillo estaba feliz con la comilona y Tamara lo veía comiéndose unas fajitas de carne con tortilla y mucho frijol. —Entonces… Igor quiere ir a una actividad, los dos juntos. —Eso suena bien. —Luego, un fin de semana romántico… —Mmmju… ¿y ya hablaron? ¿Cómo siguen, qué están haciendo? —Estamos bien, no sé… hablamos un poco. Él reconoció que tenía un pasado y que eso involucraba a una persona a la que amó muchísimo, por mucho tiempo… y se terminó. —¿Por qué? —pregunta Grillo. —Querían cosas diferentes. —Ya… ¿y en diecisiete años no vino la conversación? —Lo pospusieron hasta que él decidió que no era suficiente conversar. —Umm. Tamara sentía cómo él estaba juzgando su relación y la facilidad con la que había aceptado las cosas entre Igor y su ex. Pero no era su naturaleza buscarla, intentar entenderla o lo que fuese. De haber funcionado entre ellos dos, ella no tendría una relación con Igor. Y si él decía que habían terminado, eso debería ser suficiente. —Tu novia no quiso llevarte a una competencia de baile; solo se fue. —No sé si tienes mal carácter o mal corazón —responde Grillo. Ella sonríe y le enseña el número dos con los dedos. Grillo se ríe y le pregunta si tiene outfit. Ella niega con la cabeza, pero comenta que la ha traicionado y va a ir a comprar con Verónica. —Me humillas y me traicionas, ¿qué más? —pregunta—. ¿Qué más? —Voy a abandonarte cuatro días para irme con mi novio a intentar fornicar en paz. —Qué guay tú. —Sí. —¿A dónde van? —Creo que a la montaña, pero odio el ecosistema. Siento que los mosquitos están en mi contra, que los pájaros se sienten sumamente atraídos a mí. Pero el hombre ama eso, es como parte de su vida. Su casa tiene fotos de lugares verdes y preciosos en los que ha estado, fotos que ha tomado él. —Los dos se ríen. Después del almuerzo y el cotorreo, Tamara fue con su hermana a comprar cosas para su fin de semana. Verónica estaba siendo maltratada por las hormonas, pero el médico había logrado sacar el dispositivo sin que el bebé siquiera se diera cuenta. Ella también había decidido no contárselo a Fabio todavía, porque estaba viviendo con su hermana pequeña. —Entonces, te amo —le dice Tamara, y Verónica sonríe. —Pero quieres echarme… a tu hermana embarazada y a tu sobrino no nacido. —No, solo. Conozco a Fabio y sé que serán buenos papás, y que lo que sea que quieras hacer lo va a apoyar. —Te estoy contando como mi hermana mi dilema. No le puedes decir a mi mamá o a nadie. —Vale. —Yo sé que no es nada, pero nunca he querido ser mamá soltera, ni mamá no casada. Es estúpido, pero me da vergüenza. Y me da un poco más de vergüenza que me pida matrimonio después, porque entonces ya no es por nosotros o lo mucho que nos amamos, sino por compromiso con su hijo —comenta, y Tamara le da un abrazo. No dice mucho porque la verdad no tiene la respuesta correcta. Ellas habían crecido en una familia extratradicional y hermosa, pero eso no le quitaba mérito a las familias no tan normales: la mamá que lo hace todo por sus hijos, los papás que nunca se casaron y se aman, o los que se amaban mal y tuvieron que divorciarse. La cabeza de Tamara era tan abierta que se sentía fan de Mily Pieth solo por intentar hacer normal tener dos papás diferentes en un mismo embarazo. La vida a veces es diferente, y parte de la magia es aprender a disfrutarla con esas dualidades. —¿Por qué en lugar de sufrir en silencio no lo hablas? —No sé si quiero hablar de mis sueños atropellados. —Yo creo que muchas mujeres adorarían estar en tu lugar, siendo mamás de una persona pequeña que crece dentro de ellas. Yo siempre pienso esto: desearía tener un buen papá para mis hijos, porque no creo que alguien se quede conmigo toda la vida, ni que yo quiera eso todos los días de mi vida. —Verónica se ríe porque solo Tamara podría autosabotearse de esa manera—. En mi locura, siempre pienso en la persona con la que me siento cómoda dejando a mi hijo, la abuela que no me parezca horrible para que lo cuide, y la forma en la que resuelve situaciones. Por ejemplo, esos hombres que gritan… ¿por qué? ¿Cómo voy a permitirle eso al papá de mi hijo? Pero el título que ponga la sociedad a la par de “mamá” me vale. Yo solo quiero ser una supermamá, y estoy segura de que tú lo serás. Verónica le da un abrazo a su hermana y le pregunta si a ella también se le antojan los churros. Tamara niega con la cabeza, pero comenta que estaría bien comerse unos. Las dos van a comer y luego planean la maleta: las blusas que a su hermana le hacían falta, unos vestiditos para estar en casa, buena lencería… Todo lo que a Verónica le gustó y Tamara aprobó lo compraron, y luego fueron a casa. Las hermanas decidieron hacer un taco night. Invitaron a Lucy y a Grillo, quien había llegado algo inquieto con su situación sentimental. Igor estaría trabajando hasta tarde, y Patrick tenía turno de noche. Grillo era un novio abandonado al que le encanta comer y chismear. Él y Lucía descubrieron que podían estar tan de acuerdo en tantas cosas. —Si yo fuera ella, sabría todo de la ex de Igor. —Yo sé todo del nuevo amante de mi ex. Imagínate lo que sé de los últimos tres exes de Brianne —Verónica, que estaba de acuerdo con Tamara, se giró y negó con la cabeza hacia ellos. —Lucy fue madrina de bodas de la ex de Patrick. —Todas rieron. —Te pasaste de v***a. Todas ríen y Lucía se intenta disculpar, comentando que en esa época ella tenía su propio prometido y estaba poco interesada en Patrick, casi nulo. Ahora, que Beatriz no quisiera que estuviesen cerca del niño, le dolía un poco. —¿Cuál es el pleito? —Tú sabes que mi marido trabaja en ciberseguridad para la policía —comenta la joven—. Un día amenazaron con la vida de Beatriz y Pablo, y él no le dijo nada. La persiguieron, estaban ya en proceso de divorcio, y eso hizo que Beatriz fuera con todo por la custodia… por no hablar de remate de casarse conmigo. Que antes de que comentes, Grillo, los dos ya habíamos pasado como un año de luto en nuestras propias relaciones cuando fuimos a comer porque no había nadie con quién ir a comer. Verónica y Tamara estaban muertas de risa. —Mis hermanas tienen su propia vida —responde Lucy, y las dos niegan con la cabeza. Lucía le da su celular a su amigo, y él niega con la cabeza. Tamara deja lo que está haciendo y mira a su hermana. —Ok, solo antes de enojarte, necesitas ir a la guerra informada. —¿Qué guerra? —Igor está separado de su esposa. No divorciado. —¿Su esposa? —repite Tamara, incrédula. Se limpia las manos antes de ir a leer lo que su hermana tiene en el celular.
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