Igor no es un hombre que espera; es un cazador por naturaleza, y se había encargado de dejar bien claras sus intenciones. Había enviado un ramo de rosas a todos los lugares en los que creía que podía encontrar a Tamara: su apartamento, el apartamento de Grillo, la oficina en la que nunca ha estado pero sus hermanas sí. La notita les parecía sexy porque tenía perfume, había sido escrita a mano y dejaba todos sus números de teléfono.
—Quién la ve… eh… dos novios en una sola semana.
—Las pequeñas siempre son más zorras —comenta Verónica, y Lucía se ríe.
Su hermana había estado demasiado ocupada todo el día como para andar persiguiendo flores por la ciudad. Igor pensó que se estaba haciendo difícil, por lo que eligió bien su próximo momento para abordarla. Podía ser cualquiera, pero él quería que fuese especial. Tamara, a pesar de no estar buscando un romance alocado, recibió una llamada por parte de sus hermanas.
—Honestamente, me tienen harta, estoy cansada.
—Estamos invitadas al evento de esta noche.
—Ustedes son señoras.
—What? —preguntan al unísono.
—Lucía, estás casada, y Verónica… estás casi comprometida.
—Gracias por las vibras de matrimonio —responde Verónica—, pero nosotras somos divertidas, y la única vieja aquí es Lucía; yo no tengo treinta aún.
Las hermanas desatan la tercera guerra mundial por eso del tema de la edad, y Tamara se ríe antes de zafarse de cualquier discusión que ellas dos planearan tener contra su persona. Finalmente llega al club: es una pasada. Le enseñan la cabina desde la que va a estar pinchando Grillo, el escenario desde el cual van a cantar él y otros que vienen a acompañarle; incluso le hacen una prueba de audio y Tamara ve el lugar espectacular, excepto por dos detalles.
—Grillo querría la cabina del DJ más centrada, más cerca de la gente. Yo pensaría en una mesa de DJ, una tarima… algo que le haga estar en medio de la gente. Y necesitamos hablar muy bien de seguridad. Grillo no está cobrando, pero yo no voy a permitir que salga él aquí o cualquier talento bajo nuestro nombre e invitación y se muera, así como los fans. No quiero más de lo que se puede tener. El espacio es para 500 personas, quiero dentro 438, que haya buen espacio, y necesito que las salidas de emergencia estén muy bien delimitadas, su staff muy bien preparado. ¿Queda claro?
—La capacidad es de máximo 500 personas, llenamos a tope.
—La gente que no contabilicé corresponde al staff que ustedes suelen tener en noches con esta cantidad de personas, el staff de seguridad que calculé, cada talento y su equipo equivalen a mínimo diez personas, y el grupo de personas que Grillo ha invitado. Tengo dos VIP que se están publicitando en un giveaway, también están contabilizándose.
El gerente del lugar había intentado echarse un pulso contra Tamara. Le dijo que no era así como funcionaban las cosas. Ella tomó su cartera y su teléfono, marcó un par de números para buscarse otro lugar. En realidad, estaba hablando con la chica de recepción de su firma publicitaria, quien estaba acostumbrada a esas llamadas locas.
—Sí, señor, un lugar con capacidad de 800 personas para el señor Grillo.
—Exacto, eso es lo que quiero.
—¡Tamara! —le llamó el dueño.
—Grillo y yo tenemos un entendimiento. El alcohol está llegando, el hielo acaba de llegar, y puedo tenerte la seguridad que pediste, los VIP incluso.
—Quiero asegurado por escrito que no van a haber más personas que las indicadas por capacidad del lugar. En el correo están todas mis indicaciones; si no tengo una respuesta en diez minutos, me voy.
—Señorita Woodstone, ya tengo en la línea al señor Burwish —insiste Melissa al otro lado, y Tamara se hace una nota mental para que le suban el salario, porque el dueño de Rosters estaba respondiendo a su correo en menos de un minuto.
La joven pidió leerlo con calma, luego estrecharon manos, y finalmente ella le dijo a su recepcionista:
—Gracias, Melissa, hemos cerrado el trato aquí. Discúlpenos con el señor Burwish.
—Vale.
A las cinco de la tarde ya había gente esperando para ingresar; a las siete de la noche la especulación era tanta que la prensa, los influencers, paparazzi y algunas personalidades del medio ya estaban en Roster. El lugar estaba llenísimo a las diez de la noche, hora en la que Grillo llegó saludando con una enorme sonrisa, tomándose fotos, firmando autógrafos, repartiendo besos y abrazos. Lo único que Tamara no tenía que hacer era animar a Grillo, porque él hacía eso por su cuenta.
Grillo no había esperado nada. Saltó como un loco por el escenario hasta llegar a la mesa, colocar música… era una locura ver cómo cambiaba el ambiente solo con su llegada: la música, la gente, todos bailaban, reían y cantaban las canciones, disfrutaban de sus transiciones.
Grillo ve a Tamara y a sus hermanas arriba, bailando en un VIP; las saluda y Tamara saluda de vuelta mientras le aplaude lentamente. Él se ríe y le da paso a uno de los cantantes para tomar un receso. La vibra se mantiene, el evento es un éxito.
Grillo sube para saludar a las Woodstone. Lucía no parece tan mala vestida de fiesta, con un poco de brilli brilli, una blusa escotada; y Verónica… a ella se le ve que siempre ha sido la fiestera de la familia: un vestido que tira a matar, tiene un cuerpazo y no tiene miedo de exhibirlo. Por otro lado está Tamara, quien lleva un outfit sexy pero formal porque, aunque todos ellos no lo crean:
—Estoy trabajando.
—Anoche estaba trabajando, y sé que son sus jefas, pero tomó en el trabajo y casi se folló a un hombre.
—Ah, por el amor a Dios.
—Sí, sí, llama a Dios cuando quieras.
—¿El mismo tipo de las flores y la nota caliente?
—Envió flores a la oficina también —preguntó Grillo, y las hermanas asienten.
—¿Cuáles flores?
—En lo personal no me encanta Igor, pero, si está mandando flores… todos merecemos segundas oportunidades.
—Yo no soy de segundas oportunidades —responde Tamara—. Tienes trabajo.
Grillo se despide, baja tomando agua con una chica y se disculpa; ella se queda asustada al ver de quién se trataba. Grillo se disculpa un par de veces más antes de seguir con su espectáculo, que les había dado todo por el todo: el mejor audio, los mejores efectos especiales y definitivamente el mejor público.
Grillo cantó junto a sus amigos, junto a su público; el ambiente era impresionante. Tamara había pescado con la mirada una y otra vez a Igor; por su estatura no lo podía confundir con otra persona, pero la vestimenta relajada simplemente no. La joven se disculpó con sus hermanas para seguir trabajando, fue a tomar unas cuantas fotos de los ganadores del VIP pasándola al máximo, se aseguró de que hubiesen recibido sus premios y firmado los consentimientos informados, los cuales guardó de inmediato y entregó a su nueva asistente, Melissa. La joven señaló con la cabeza al hombre alto, guapo, que había estado preguntando constantemente por Tamara hasta dar con ella.
—Suena a que no es una casualidad encontrarnos —le gritó Tamara cerca de su oído para que pudiera escucharla encima de la música. Ella hace una seña para que le dé el celular; Igor lo entrega felizmente y ella le da su número, el de su casa y el de la empresa. Le guiña un ojo y él sonríe, antes de ponerla a prueba.
Igor:
Cena conmigo.
Tamara:
Te escribo luego con el lugar y la hora.
Igor:
Yo invito esta vez, tú la próxima y lanzamos una moneda para la tercera cita. Estoy seguro de que de esa voy a disfrutar mil veces más yo.
Los dos compartieron una mirada y ella asintió.
Tamara bajó su mirada ante los viboroteos de la gente y, como las otras casi quinientas personas ahí, y a pesar de la poca iluminación, vio a Grillo: había dejado la mesa de mezclas después de tres minutos de ver a una mujer de piel morena, con una melena exótica, cola larga, preciosa, bailando al ritmo de lo que tocaba. Nada más hizo falta una mirada de parte de la chica quien bailaba libre. Una mirada en la que ambos conectaron. Ella se giró lentamente, mientras contorneaba sus cadeas sensualmente de un lado al otro, feliz, desinhibida y preciosa; era la mujer más guapa que había él jamás había visto en su vida, y estaba ahí, bailando probablemente para ella misma, pero se sentía como si fuera solo para él.
Tamara reconocía un desastre cuando lo veía, y en el momento en el que Grillo saltó de la mesa le pareció una locura. Cuando lo vio caminando entre la gente que lo saludaba para ir a tomar la mano de esa mujer y ponerse a bailar con ella, comenzó a rezar simplemente para que fuera un baile, un momento de desenfreno… pero un beso… de verdad necesitaba besarla.
Grillo tenía su cuerpo pegado al de la chica, que se movía lentamente contra él. Él se inclinó, posó sus manos sobre sus nalgas mientras seguían bailando, y buscó su boca para besarla. Ella sonrió antes de colocar sus manos en el cuello de Grillo, lo acercó a su boca y le lamió, le besó, y él sintió que todo en su interior estallaba. Todo tenía sentido: solo ella existía, y ni siquiera sabía su nombre. Su cuerpo terminaba donde estaba el de la joven, quien le invitaba a acariciar el cuerpo que él deseaba desnudar y devorar por horas sin parar. Los dos gimieron y continuaron besándose sin importar todo lo que giraba a su alrededor.
Tamara había hecho todo lo posible por evitar semejante locura. Había dejado a Igor con la palabra en la boca, había buscado a los encargados para que no quedaran 499 testigos, gente haciendo directos del evento… era imposible que esa mujer no fuera por la yugular de Grillo, e imposible salir bien de semejante escándalo. Lo único que se le ocurrió fue pedir que apagaran las luces y que los de seguridad sacaran a Grillo de ahí.
Un minuto parece eterno cuando necesitas rescatar a alguien de sí mismo. Tamara creía que era un impulso, pero Grillo sentía que era el destino: todo había coincidido para que estuvieran en ese lugar, bailando el uno con el otro, sus cuerpos pegados, sudorosos. El mundo dejó de existir antes de que se besaran: un beso que despertó todo en cada uno de ellos. Sentían el hormigueo expandiéndose por cada espacio de su cuerpo, los dos pensaban que estaban renaciendo, se les había olvidado dónde estaban. Era una locura porque, la verdad, la gente hubiese aguantado un beso… normal, a cualquiera le pasa. La indiscreción estaba en que parecía que, si Tamara no hubiese enviado a apagar las luces, ese par hubiesen cogido ahí mismo.
El montón de gritos de terror, la gente pensando lo peor, y Grillo estaba seguro de que lo estaban secuestrando… hasta que escuchó la voz de Tamara.
—¡Te volviste loco! —le grita mientras le da un par de golpes—. ¿Estás drogado o qué te pasa?
—Acabo de conocer al amor de mi vida, y me arrancas porque tienes miedo a un escandalito, hazme el favor, Tamara.
—Hazme tú el favor —grita y le golpea con su bolsa—. No eres un pato que se caga en las entradas, eres un hijueputa conejo que llena de mierda toda la casa. ¡Estás loco!
El celular de Grillo empieza a sonar con notificaciones; la gente quiere respuestas, incluida su novia, quien escribió un mensaje tan largo que no se atrevía ni siquiera a empezar a leerlo. Tamara lo empujó hacia el auto y le pidió al chofer que los llevara a casa. Todo el camino fueron perseguidos por la prensa en espera de respuestas. Era una locura: desde el evento hasta comerse la boca con una mujer.
Tamara no dijo nada, solo intentó hacer control de daños: llamó a Yuri y le pidió un poco de paciencia con Grillo, conversó con la prensa y trató de echarle la culpa a la chica como si él no se hubiese bajado de su zona de trabajo para ir a comerle el morro a la guapísima mujer que contorneaba sus caderas y su culo frente a él. Grillo la sentía encima, olía a vainilla, su cabello se sentía sedoso, suave, unos resortes negros divinos, la sonrisa que le dio en el momento en que sus ojos se encontraron, la forma en la que sus corazones latieron al estar juntos… era impresionante.
—Grillo, necesitamos hablar —dice Tamara en un tono calmado.
—Ese es el amor de mi vida, creo que esa mujer es… —Tamara rodó los ojos y le dio una cachetada. Grillo la vio incrédulo, y Tamara dio un par de aplausos, de esos fuertes que pican y arden, como los que sueltan las mamás cuando quieren que dos de sus hijos dejen de golpearse y arañarse. Algo similar.
—Mira, como artista te respeto y creo que tienes una excelente carrera por delante porque tu público te adora y eso es lo que transmites, pero definitivamente necesitas arreglar tu vida. Necesitas volver con tu psicóloga todos los días, tener una rutina y dejar de desmadrarte de la nada.
—¿Has estado enamorada? —Tamara cruzó sus brazos y asintió.
—Vale, hoy yo lo sentí. Me he mojado la polla un millón de veces en coños de todo tipo, pero… nunca, nunca he sentido lo que hoy. Nunca he estado así de enamorado.
—Como tu amiga, te felicito; si crees que amor es bajarse de una tarima para ir a fornicar con ropa en una pista de baile, te felicito. Como tu manager, te dejo la advertencia: si no puedes controlarte, no puedo trabajar contigo.
—Yo nunca he sido feliz, yo nunca he sido amado, así que puede que lo pierda todo… pero voy a luchar por ser feliz y amado.