¿Cuál de las dos?

2135 Words
Tamara estaba encantada con Igor, después de encontrar a Yuri, de que Grillo y su madre pudieran hablar con la joven, y de que el equipo de rescate planeara una extracción pronta y poco problemática. Grillo estaba tan agradecido como Tamara; repetidas veces les dio las gracias a los dos. El joven sonrió y, después de aceptar una comida a la que Grillo invitó a todo el equipo, le preguntó a su acompañante si ya podían irse a casa. Ella asintió y se despidieron de todos en casa de Grillo. Sus hermanas, quienes habían ido a ayudar, no pudieron dejar de aprovechar la oportunidad de estar encerradas todas juntas con Igor en un elevador. Tamara intentó hacerles una señal para que abortaran su misión, pero las dos tenían sus propias opiniones. Lucy había visto a Igor muy decidido a ayudar y a facilitarle la vida a su hermana. Para ella, era encantador pero asfixiante, porque Tamara no necesitaba que un hombre le resolviera la vida. Verónica, en cambio, simplemente quería verlo de cerca. Le hizo una seña a su hermana mayor para que le viera el trasero e, incrédula, Lucy rodó los ojos. —¿Entonces sí tenías una cita médica, Tamara? —pregunta Lucy. —Sí, sí, quería que me vieran las tetas —respondió, e Igor sonrió. —Wow, qué moderna —comentó Verónica—. Yo a veces no dejo que mi novio me las vea. —Sí, tú de las tres eres virgen —ironizó Tamara—. Pero tengo el periodo, no es que necesiten saberlo, y me siento un poco mal. —La empresa no da licencia por justificación de colegio; seguro con el profe de física te iba muy mal. —Mamá iba a recogerme siempre que tenía el periodo —respondió ella con orgullo, e Igor la vio incrédulo. —¿Tu mamá te ayudaba a saltarte clases? —La mujer no cree en el sistema de educación; cree que uno debería descansar hasta tarde en la adolescencia y dormir la menstruación al completo —respondió Verónica—. Es adorable. —Es una irresponsable —zanjó Lucy el asunto, y los cuatro abandonaron el elevador. —Espero que mañana nos acompañes con tu presencia en la oficina. —Sí, tenemos trabajo y comprendemos que estás muy ocupada —señaló Verónica a Igor—, pero por primera vez estás siendo útil. Sigue así. Y qué tal si conocemos a tu... ¿amigo? —Su novio —respondió Igor con seguridad—. Claro, cenemos todos juntos. —Excelente, una cena los seis. Reservo yo —respondió Lucy. —Es una cita. Igor se despidió de Verónica y de Lucy, luego les dio un espacio para que las tres se despidieran. Pudo ver a Tamara regañándolas en el reflejo y a sus hermanas muy divertidas con la actitud. Verónica se veía divertidísima, y Lucy algo intrigada, mientras asentía a todo lo que su hermana estaba diciendo. —Se están pasando. —Mejor nosotras que Alma —respondió Lucy y le enseñó la pantalla del celular. Tamara rodó los ojos y las acusó de ser unas atrevidas antes de dejarlas con la palabra en la boca. Tomó la mano de su… ¿novio? Entrelazó los dedos con los de Igor y le dio un beso en el brazo. Él se inclinó para besarle los labios y le acarició el pelo. —Gracias por apoyarme hoy. —Eres espectacular, lo más sexy y maravilloso que he visto en años. —¿Sí? —Él asintió y reafirmó que lo habían hecho los dos. Tamara se rió y le besó de nuevo, antes de preguntarle a dónde iban. —Vamos a tu casa. Me pondré de nuevo mi pijama y, como yo sí soy mi propio jefe, puede que me quede ahí todo el día, si no te molesta. —Ella lo abrazó. —No me molesta en absoluto. —Entonces, nuestro plan es el siguiente: esta vez me quedo contigo y la próxima tú vienes a mi casa. —Yo nunca voy así de rápido, pero tú me gustas mucho, entonces acepto —respondió. Y él le dio un beso—. Ahora, necesito que me aclares cómo somos novios si no me lo has pedido, porque no quiero luego ser tu esposa y que no me des anillo. Solo por seguridad. —Igor se rió. —Estamos saliendo exclusivamente y compartiendo cama mientras menstruas, llamándonos y besándonos. Eres mi novia, y cuando quiera pedirte ser mi esposa, definitivamente planeo ponerme de rodillas y beber champán cuando digas que sí. —Voy a pensarme este arreglo —respondió Tamara, y él rió mientras le abría la puerta del auto. Los dos fueron a casa, se cambiaron y se quedaron dormidos tan pronto como se acostaron. A la mañana siguiente, la joven se despertó temprano para ir a hacer deporte en casa de Grillo, pero dejó la máquina de café lista para Igor, así como una compra rápida de cosas para desayunar. Le dejó bien surtido el refri y una nota. Grillo había pasado la noche pensando en Yuri, en lo que le había confesado, en lo mal que lo había pasado ella y en el susto que se había llevado él. El miedo a que simplemente no estuviese bien, a que le hicieran algo, le había trastornado la idea de haber hecho sus últimos días en la tierra tristes y difíciles, cuando lo que más necesitaba Yuri era amor y un amigo. Lo había arruinado tanto que se asustó de haber arruinado su posibilidad de tener una relación con Brianne. Y eso también le dolía porque la había tratado como a una amante, algo que Brianne había enfatizado que no quería ser. Segundo, se dio cuenta de cómo volvía a ser el centro de una historia de tragedia en la vida de los otros. Tamara entró al apartamento y lo encontró acostado en el sofá, viendo por la ventana. Ella se acostó a su lado en el sofá y Grillo rió. —Buenos días, qué disciplinada. —He cambiado mucho desde que apostamos mil dólares. —Sí, lo he notado. Tamara le acarició la espalda. —¿Lo de ayer fue demasiado? —preguntó, y él asintió—. ¿Dormiste algo? —Voy a vestirme y entrenamos. Tamara no quiso preguntar más, pero le preparó un poco de café y aprovechó para beber. Grillo sacó toda la mala energía que sentía en el entrenamiento, mientras la joven se mantenía relajada haciendo lo suyo. No le gustaba verlo así, pero entendía que fuera un tema de sentimientos encontrados. —¿Me quieres contar lo que pasa? —O mejor cuéntame sobre Igor. Ayer estuvo heroico y amable —respondió Grillo con una sonrisa. —Sí, mis hermanas han decidido conocerlo y tengo que ir a trabajar temprano. —Pobrecita, la chiquita. —Anda, dime qué te pasa. —Lo arruiné con Brianne y lastimé a Yuri. El mundo no gira a mi alrededor, pero me duele ser la mierda en la historia de los demás. A veces siento que me merezco quedarme solo. —Yo siento que voy a casarme con Igor —respondió la joven, y su amigo rodó los ojos. —Si se divorcian y yo sigo solo, tenemos un bebé juntos. —Sí, por inseminación. —Yo soy naturalista. —No voy a tener sexo contigo para tener un hijo con tus genes. Vamos a ir a un laboratorio y le daremos tu belleza y mi inteligencia y sensatez —respondió, y Grillo se rió—. Creo que estoy enamorada. ¿Es muy pronto? ¿Cuánto tarda uno en enamorarse de alguien? —Dicen que debería ser rápido y dejarte sin aliento, como Brianne y yo. —Ella elevó las cejas porque consideraba que lo de esos dos era solo sexo, pero no iba a discutirlo de nuevo con su amigo, así que asintió. —¿Quieres que cante en tu boda? —Claro, una romántica durante nuestro primer baile. —Igor se ve enamorado de ti. Vi cómo te miró ayer y creo que es bueno que ya estés enamorada, porque él te ve enamorado. —No alimente mi desenfreno emocional —respondió con un saltito, y él se rió. Era la primera vez que Tamara se sentía desenfrenada respecto a un hombre. En la adolescencia uno ama temporalmente, y siempre sintió que Fabio, su ex y perpetuador del crimen, no era para siempre, pero le gustaba la atención y el romance que el chico le daba. En la vida adulta había tenido solo un novio, pero, en palabras impías de su terapeuta, había elegido un absoluto perdedor para no tener que lidiar con las responsabilidades de una relación. La joven se anotó en la cabeza que tal vez, solo tal vez, necesitaba ir a una sesión de terapia, pero luego lo descartó. Si le dieron de alta, era porque tenía las herramientas, solo necesitaba usarlas. Tamara se despidió de Grillo y fue a su casa emocionada. Se encontró con Igor desayunando mientras leía unos correos. Ella le dio un beso en el cuello y él sonrió antes de ponerse en pie para besarla. —¿Segura que tienes que trabajar? —Segura. Y en la noche tenemos que ir con las chicas, te paso luego las indicaciones de Lucy. —Claro —ella lo besó de nuevo y fue a ducharse y vestirse para ir a trabajar. Luego sacó sus meriendas para el día y se preparó algo para comer en el auto. Igor le ofreció ir a trabajar con chofer, pero la joven negó con la cabeza y salió corriendo del apartamento para evitar una discusión. Tamara había trabajado todo el día durísimo, mientras Grillo se preparaba para una disculpa y una explicación. Pero la prensa estaba en la puerta de su casa, acampando, y no creía poder despistarlos. Le escribió mensajes de texto, la llamó, y ella simplemente no contestó. No le asombró que lo hubiera bloqueado. De todas formas, él decidió escribir una carta y enviar flores acompañando su disculpa. Cuando Brianne llegó a casa, se encontró con el arreglo enorme esta vez y una nota escrita a mano por Grillo. La joven la leyó: Lamento todo lo que hice mal, lo que arruinó eso que estábamos empezando. Tú eres importante para mí, pero la vida de alguien a quien quiero y a quien he jurado protección y lealtad necesitaba de mi atención por completo y de mi discreción. Siento haberte puesto en la situación en la que te puse, y me encantaría pedirte una última oportunidad, pero creo que sabré entender con claridad por qué no querrías dármela. Mis más sinceras disculpas, Mauricio Grimaldi. Grillo, además, había asistido a una sesión de terapia en la que intentó abordar los sentimientos tan confusos que tenía. Después de tres horas de hablar y dar vueltas, estuvo de acuerdo en que exhibía dependencia emocional al no permitirse estar solo. Brianne no respondió ni a la carta, ni a las flores, ni a las llamadas. Estaba confundida, dolida y en cierta forma avergonzada; había leído toda la situación en r************* y visto en las noticias la condición de la que Yuri había tenido que sobrevivir, por lo que su reacción era obvia y normal. Sin embargo, seguían juntos, más que en un nivel emocional, en uno de amistad, en el que la lealtad y el apoyo eran indiscutibles. Grillo no tenía espacio para una novia, porque Yuri ocupaba ese lugar. A él le tocaba simplemente vivir en ese silencio que tenía bien merecido. Ahora, si el mundo de Grillo parecía estar acabando. En el otro lado de la ciudad, a tamara le estaban poniendo el mundo al revés. A punta de chistes, voces y risas, sus hermanas habían elegido un buen restaurante a las afueras de la ciudad para estar cómodos: una fusión de recetas de carne a lo largo del mundo. Ella y su novio llegaron casi al mismo tiempo que Lucy y su esposo. Los presentaron a ambos y parecían llevarse bien, lo cual para Lucy era una buena señal. La joven saludó a su hermana con un beso en la mejilla y les hizo una seña para ir al interior. Verónica y su novio llegaron poco después; el joven estaba disgustado por la tardanza y sus hermanas rieron al recordarle que habían vivido con ella toda una vida de retrasos. Todos rieron, y Verónica intentó negarlo, pero era una realidad: siempre estaba tarde. Ordenaron diferentes bebidas y brindaron en nombre del date night. Patrick, el novio de su hermana, preguntó: —Entonces, ¿cuáles son tus intenciones con la niña, Igor? —Sí, ¿vamos a tirar golpes o arroz? —preguntó Fabio, y su mujer se rió
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