Grillo había asistido a su primera cita con Emma, y le gustó. Era una mujer de casi setenta años, muy guapa, menuda, irónica, profesional, pero no le coqueteaba como Alice, ni siquiera le hacía ojitos. Lo que más le gustó fue que no empezó la consulta como los psicólogos estúpidos, abordando al “niño interior”, porque sentarse a jugar con témperas no le iba a cambiar la vida a uno.
—Hoy vamos a trabajar en el adulto egoísta de mierda que ridiculizó a su pareja en un evento y luego en otro.
—Emma, trata de no insultarme tan fuerte, disimula.
—Por eso cobré otra tarifa, y quiero que veas estas dos pantallas.
—Qué cool, sabes usar el iPad.
—Obvio que sí, y tengo un nieto que me tiene muy bien educada con lo de las redes y eso. Bash vino y me dejó todo listo, es muy mono. Ahora tengo una alarma: cada vez que suben una foto tuya me notifican en este iPad y, si quiero, puedo rastrearte… pero me lo voy a guardar para después —comenta, y los dos sonríen—. ¿Quieres explicarme lo que pasó en estos dos eventos?
—Esa es Tammy, mi manager. No sabía que iba a ir. Se ve muy guapa y me detuve a piropearla. Usaba ropa fea y cuando la conocí llevaba un corte casero con el pelo seco por el champú barato, pero ahora somos amigos y todo es mejor.
—¿Y esta mujer a la que te estás cogiendo en la pista?
—Emma, no saques cosas de contexto.
—Es lo que estás haciendo: te estás restregando, tu mano está en sus nalgas, se están comiendo la boca. O sea, ni yo en mis mejores tiempos.
—Tú pareces alguien que se divirtió.
—Pero en la vida uno tiene que elegir a quién quiere un momento y a quién quiere para toda la vida. Por el momento tienes que trabajar con Tamara, entonces darle ilusiones de una relación que no puedes sostener a largo plazo no es justo.
—No tengo una relación amorosa con Tamara.
—Aquí no parece: le estás besando los nudillos, la estás chuleando en público, incluso un pellizco coqueto que ilumina el rostro de la chica —Grillo niega con la cabeza y Emma continúa hablando—. No es justo para ella, y no es bueno para las carreras de los dos.
Emma le explica cómo es el amor y sus límites. Ella lo veía como el símbolo del infinito aplicado hacia la persona que amas: ¿ves cómo el infinito va y viene? No se sale, no se rompe; se queda unido dando vueltas, a veces juntos y a veces separados, pero siempre se topan porque están unidos el uno con el otro. Amar puede verse, y el infinito se puede aplicar a diversas relaciones: al vecino, a la esposa, incluso a los hijos. Amas dentro de una burbuja y en ella metes todo lo que te parece bonito, y te haces responsable de lo que no.
—¿A dónde quieres llegar con esto? —pregunta Grillo, y ella agranda la imagen de Grillo besándose con Brianne.
—No estás enamorado de una mujer a la que no le has hablado: estás atraído sexualmente. Y nos ha pasado a todos que seguimos el instinto primitivo, y sí, eso está excelente para un comercial de condones o de un bar. En la vida real, por espectacular que se haya sentido, no es amor, es sexo. Y entre estas dos mujeres, entre el amor fraterno que se puede confundir en una relación y el sexo disfrazado de amor, algo falta.
—Creo que estás malinterpretando… ¡no tienes todo el contexto! —responde, notablemente incómodo y cambiando constantemente de posición en la silla. Emma le da el beneficio de la duda, en realidad le deja expresarse.
—Genial, dame tu versión.
—Mi manager murió. O sea, la persona que ha estado conmigo, mi amiga, mamá, empresaria, socia, todo, todo: mi cara, la persona que lo daba todo por mí y yo por ella. Cáncer en el hígado. Es brutal, es el cáncer que se detecta hoy y no sabes si va a estar mañana. Es una pesadilla: fue por una gripe y salió con una sentencia de muerte. Yo la cuidé, o sea, desde lavarle los dientes hasta la caca. No sabes lo que es amar a alguien hasta que lo tienes que cuidar —Emma vio los ojos sinceros de Grillo, con lágrimas brotando mientras le explicaba lo que vivió—. Ahora tengo que volver a trabajar, empezar a hacer conciertos, mover música, preparar shows… pero sin ella, lo cual me parecía loquísimo, duro e imposible. He considerado seriamente retirarme. O sea, yo no me lo creo, no doy un peso por mí. ¿Sabes? Yo soy un junkie que toca música y se quita la camisa.
Emma escucha con atención, no apunta, no hace gestos, solo escucha. Y Grillo continúa hablando con seguridad:
—Conocí a Tammy, y se veía como yo me sentía. No junkie, pero asustada. Se veía muy asustada, insegura, incluso rota, como si algo le hubiese salido terriblemente mal, como si su vida se hubiese sacudido. Y aunque intente, aunque sonría, ahí sigue, doliendo. Y llevaba el corte malísimo, lo más feo que he visto. Y sus hermanas son preciosas. Es la historia de Cenicienta al revés: todas pelirrojas, altas, con ojazos azules, delgadas, muy coquetas. Y sé que algo pasó con Tammy, porque no se la cree. Sí, es mucho más bajita que sus hermanas y tiene unos kilos de más, pero tiene una cara hermosa, sus ojos son verde olivo, y las pecas la hacen ver mucho más inocente. Su sonrisa grita “niña pequeña con dulzura”. Tiene una belleza muy natural, cero forzada. Y vive en el pánico, así que le di una oportunidad. Nos llevamos bien y a veces la molesto de más, pero, a pesar de que ni ha pasado un mes, siento que es mi hermanita y que tengo que protegerla.
Emma pone a Grillo como ejercicio a reconocer la relación inapropiada con la chica en la pista. Él no necesita terminar de ver el video que había idealizado en su cabeza para saber que sí se pasó. Era como el tipo que llega a casa y dice que no está teniendo una infidelidad emocional con su compañera de trabajo. Lo está haciendo, no se sabe el nombre, pero así es: es igualmente doloroso e insultante. Y Grillo reconocía esa parte de la situación.
—¿Qué no ves aquí ni aquí?
—No sé…
Ella le entrega un collage de fotos en una cartulina. Fotos de Yuri y Grillo, la pareja de la que todos estaban enamorados. Le dejó en grande la foto de Grillo sosteniendo la bolsa con comida en el set, un ramo de rosas lo suficientemente discreto como para hacerla sonreír, ella siendo cargada por él, ella besándole, ella sonriendo ante la sorpresa de tenerlo. Fotos de Yuri respondiendo ante la prensa con post-its que tenían escritas las preguntas que ella tuvo que soportar durante la filtración de que estaba rehabilitándose por drogas. Las veces que Yuri dio excusas, justificaciones, mentiras. Ella observó la cara de dolor al leer las preguntas, la vergüenza de recordar sus picos más bajos, y saber cómo le afectó a ella directamente. Fotos en las que se veían realmente enamorados porque lo habían estado. Fotos de los dos siendo solo amigos, porque a veces está bien solo ser ellos mismos.
—Te falta ver a Yuri. Y no a la actriz, ni a la mujer con la que firmaste un contrato por conveniencia, Grillo. No la ves por ningún lado, y yo sí. Yo veo a una mujer desesperada por amor, una mujer que te ha apoyado incondicionalmente y a quien lastimaste. —Emma le entrega la segunda cartulina, una en la que se les ve discutiendo a la salida de la casa de Yuri. Ellos dos en el suelo, ella golpeándole y reclamándole, con el corazón notablemente roto.
—¿Por qué? ¿Por un impulso? —pregunta Emma.
—Emma, no es solo el impulso s****l. No estuviste ahí, no sabes lo que sentí ni lo que quiero.
—Cuéntame, Grillo, ¿qué quieres?
—Quiero una vida, quiero establecerme, tener una familia, hacer música y disfrutarlo, porque ya no se trata de una disquera o de lo que consumen los fans, sino de lo que yo quiera hacer con mi música. Yo empecé con esto porque era divertido, porque me hacía feliz, era mi escape, y lo sigue siendo. Hay espacio para la creatividad, el buen rato y la alegría que trae la música a mi vida, a la de mis bailarines y músicos, a mi público. Pero cuando todo se apaga, cuando acaba todo eso, cuando dejan de aplaudirte en la fiesta por los premios y vuelvo a casa, y me quedo ahí en silencio, a oscuras, solo, deja de tener sentido porque no hay nadie con quien compartirlo. Yo no puedo llamar a mi mamá y anunciarle que lo logré, ni puedo llamar a mis hermanos porque no tengo. A mi abuelo no le importa realmente: cree que si no es en una orquesta no es música, sino ruido. Y mis amigos, si no hay fiesta o alcohol, no vienen. Y mis músicos y bailarines hace mucho entendí que les pago por un trabajo, y es fácil que crean que también les pago por ser mis amigos. Nadie está realmente ahí.
—Yuri, literalmente, está ahí en todos lados.
—A ella no le pago directamente con un cheque por ser mi novia, pero le he apalancado esa carrera. Y antes de que me interrumpas, sé que es una buena actriz, que le pone a su trabajo, que hace un montón de sacrificios para destacar, pero la campaña de desprestigio contra Yuri ha sido tan grande que es imposible quitársela de encima: los errores al principio de su carrera, desde su mamá metiéndola por apellidos en cosas, su papá retirándole públicamente el apoyo y su metida de patas con el productor… Su imagen estaba muy dañada y mi público le ha dado una oportunidad, ella la ha sabido gestionar, pero yo pagué mi parte.
Emma se convence aún más de lo que trata de decirle: no quiere a Yuri, y necesita que él lo entienda, que él se dé cuenta y, sobre todo, que haga el ejercicio de ver cómo le está haciendo daño a ella y a sí mismo, a su imagen como mínimo. Una ruptura no es lo peor del mundo si se gestiona adecuadamente, si no se ensucian años de realidad.
—Grillo, de estas dos fotos sé que tú ya superaste esa relación con Yuri. Mis abogados están buscando una salida para ti de lo que firmaste, pero tú tienes que romper con Yuri. Porque son casi ocho años, y para los hombres eso no es nada, pero para las mujeres son ocho años de fertilidad a la basura. El cuerpo cambia, el tiempo pasa, y el mundo es injusto con ellas.
—Yo no le pedí perder su tiempo conmigo, es una decisión que ella hizo en pro de su carrera —responde estresado, sin ánimos de aceptar sus responsabilidades.
—Tú puedes ir por la vida que quieras, Grillo, hoy mismo, mañana o en seis años. Pero dime: ¿ese amor está fluyendo? ¿Tiene límites? ¿Se encuentra en la forma en que estás amando a Yuri? —pregunta Emma con dureza—. ¿Están teniendo citas? ¿Están compartiendo vida? ¿Todo está solo en su cabeza y tú lo alimentas con flores a media grabación?
—Yuri y yo tenemos una relación basada en la amistad, y la noche anterior quizá la herí un poco.
—Tamara y tú también tienen una relación de amistad —le recuerda Emma—. Y disque estás flechado de la chica nueva.
—Estoy aquí porque sé que mucho del problema soy yo, estoy aquí porque quiero arreglarlo. Pero soy quien soy: el amigo de mi novia falsa, el amigo de la mujer que corre mi carrera y un hombre que quiere una novia. Estoy buscando una.
—Te felicito, sabes que eres el culpable. Ahora responsabilízate, deja de poner excusas. —Grillo está serio, con la mandíbula muy apretada, el ceño fruncido, agitado. Le cuesta respirar y siente calor a pesar del aire acondicionado; siente miedo, vergüenza, está atormentado.
Emma lo observa un par de segundos y bebe un poco de agua, mientras le da tiempo de gestionar todas esas emociones con las que acaba de enfrentarse.
—Mi trabajo no es resolverte la vida, pero te voy a dar dos escenarios. Tú puedes elegir alguno, o puedes crear el tuyo propio, no importa. Lo que hagas, yo voy a estar aquí y lo vamos a trabajar.
Grillo enciende un cigarro nervioso y saca su cabeza por la ventana. Emma respira profundo y enciende el extractor de humo antes de preguntarle si quiere continuar o si necesita una pausa. Él elige escuchar.
—Yo no te puedo forzar a amar a Yuri, pero tú no la puedes invitar a esperarte si no vas a regresar nunca a donde fueron felices.
—La opción uno es dejarla.
—Ajá.
Grillo le da una calada a su cigarro, se queda viendo por la ventana, por que dejarla suena muy fácil, proque ser elq ue desperdicia ocho años suena a una cabronada, pero... qué más... cómo se mueve uno en medio de todo lo que aparentemente tinee que destruir.
—¿Y la dos?
—Es comprometerte.
Para las que recuerdan, cuando Emma dice que ni ella en sus mejores tiempos es broma, recuerden que James y ella se conocieron en una pista de baile...