Relaxing

1614 Words
Tamara estaba despidiéndose de Igor en la puerta de su apartamento cuando se dio cuenta de que su hermana podía tener un poco de razón. Él es como Grillo emocional y mentalmente: tan impulsivo que va y lo hace, porque la acción es lo que determina la vida de Grillo; mientras que Tamara se llenaba la cabeza de mierda y se convertía en esta persona sumisa y estúpida que solo quería dar la vida. La joven se sentía angustiada y no podía determinar muy bien por qué: si era porque acababa de rogarle a su novio que se quedara con ella, o porque había asumido que era una persona totalmente dependiente de su pareja. —Me encantaría ir, muñeca, pero tengo negocios que atender. Ya dormí martes, pasé un miércoles buenísimo y este jueves ha sido definitivamente genial, porque tú y el cine son una cita que no quiero perderme nunca. Pero necesito trabajar —responde y la llena de besos. Los dos sonríen, se abrazan y se mantienen juntos un buen rato, hasta que Tamara suspira y le besa. Luego se despiden. —Te cuidas —le dice Igor, y ella asiente. —¿Segura que no quieres llevarte el chofer? —Manejo desde antes de tener licencia, así que todo bien. —Eres una irresponsable. —Exactamente eso me decía mi mamá cuando me cachaba —los dos se ríen. Ella le da un último beso, sube a su auto, conduce a casa de su hermana y les sigue hasta su destino. En su casa, sus papás las esperan con alegría. Grillo llevaba diez horas fingiendo ser hijo único de una pareja que no eran sus padres, y se contempló la posibilidad de ir a hacer la tarea que su médico le había impuesto. Eso era lo que quería, lo que necesitaba para tal vez avanzar un poco en la vida; mientras tanto, se sentía bien haciendo pancakes para sus nuevas hermanas falsas, las cuales llegaron directo a casa con hambre y ganas de comer. —¡Princesas, princesas, princesas! —grita Alma mientras da saltos de bienvenida. Sus dos hijas ríen antes de bajar de sus autos e ir corriendo a saludarla. Las dos la llenan de besos y la abrazan. Lucy aprovecha que Verónica y su mamá dan vueltas, ríen, celebran, para ir a darle un beso a su papá, quien la abraza con todas sus fuerzas. Los dos preguntan por Tamara y ellas comentan que se desvió y se fue a hacer lo que le daba la gana. —Anda con la regla y está insoportable. —Le voy a trackear el ciclo para hablarle menos —comenta Verónica mientras busca el calendario en su celular—. Eso me ha funcionado muy bien contigo —le dice a Lucy y deja un momento a su mamá para saludar a su papá. Sus parejas también saludan y se presentan con Grillo. Lucía le pregunta por qué está ahí y él le responde tan fresco: —Porque me da la gana, y mi amiga me invitó. —Tamara te invitó a casa, con la familia. —Yo lo invité, y no seas pesada, Lucía. De verdad, necesitas tomar sol, que la vitamina D no se activa sin eso. Y necesitas sexo. Patrick, te lo he dicho: siempre luna de miel —su marido, su hija y su yerno niegan con la cabeza. —Nosotros tuvimos sexo ayer, para venir radiantes. —Se te nota, mi amor, pero aquí no. —Mamá, por dios, vivimos juntos. —Cuarto separado. Si no hay anillo, cuarto separado. —Te han salido mal las cuentas. —Me ha salido fenomenal. Grillo y Fabio en un cuarto, y tú y tu hermana en sus cuartos, como las familias decentes. —Entonces hablamos de sexo —comenta Grillo—, pero… —No practicamos sexo en la casa de la gente que tuvo sexo para hacerles —responde Alma y aplaude cuando ve el auto de Tamara. Esta entra a casa con el agua bendita que a su mamá le gusta que le lleven, flores y una botella de ron para su papá. Sus hermanas ruedan los ojos y sus cuñados se ríen, porque los dos les dijeron que uno no va a la casa de los papás con las manos vacías y una sonrisa, pero ellas tercas hicieron lo que les dio la gana. —¡Mi bebé, la muñeca preciosa! —grita Alma. —Qué guapa estás —comenta y la llena de besos. Tamara se ríe y le da una mirada a su mamá. —Muy bien tú, bronceada, recién iluminada —su madre asiente y le da las gracias por notar los highlights que se hizo ella misma, con ayuda de Grillo. Tamara le da una mirada a Grillo y lo saluda con un gesto de la mano, no sin antes ir a abrazar a su papá. Este la abraza y la revisa, y le pregunta si está bien. —Ya basta, disimulen que tiene una favorita. Por amor a Verónica y a mí. —En realidad, nuestro hijo favorito es Grillo, y él cree que ya está soltero. Tamara, ¿qué tal si dejas que mami te arregle una cita? —Tamara tiene un novio sexy, pero ella ya sabe.—anuncia Grillo y su papá niega con la cabeza en señal de desaprobación. — Si nada funciona por nuestra cuenta, tendremos un hijo. —Grillo, compórtate. Estos son mis papás, la gente que cree que yo soy normal y tengo la vida bajo control. —Nadie aquí piensa eso —comenta Patrick y todos ríen. —Ven, mi amorcito, te hice los pancitos fritos salados, ¿qué te parece? —comenta Alma mientras abraza a su yerno. Verónica le da una mirada matadora a su mamá y su novio la rodea con el brazo y le da un beso en la mejilla. Ella le enseña su dedo anular y Grillo y Tamara se ríen. —Tu mamá está decidida a casarla. —Todo en el tiempo de Alma. Ella jura que tiene línea directa con Dios y la Virgen María —él le señala el espacio de oración de su madre, y los dos saltan cuando escuchan a Verónica gritar. Alma ha preparado un altar con la foto de su hija Verónica, los anillos de matrimonio de sus padres, el velo que usó ella en su boda, un rosario y siete velas. —Mi amor, ¿te gusta? Es para que Dios te provea un marido. —Entonces, ¿por qué no salimos los dos en la foto? —pregunta Fabio. —Para que Dios y Verónica sepan que no solo tú puedes ser su esposo. Hombres hay —responde Alma—. Grillo, tengo otra hija soltera, ¿tienes amigos? —La verdad… no —responde y todos se ríen. —Mamá, déjalos un poco —sugiere Lucía. Su madre los invita a todos a sentarse a comer, y en la locura de los saludos, ponerse al día y servirse comida. Su marido la ve irse corriendo al piso de arriba y baja con unos zapatitos de bebé. Los pone en su altar y Patrick se ríe, le da unc odazo a su mujer quien bufa enojada. —Mira, que tu mamá y mi mamá quieren un nieto. —Ay, mamá, de verdad —dice Lucía—, ni al caso. Del peso y la maternidad ajena no se habla. —No eres mamá ni de un gato —responde Alma estresada—. Ya de verdad me da miedo todo esto. Seguro es más probable que yo tenga otro bebé a que la mitad más uno de ustedes se casen y tengan un hijo. —Yo voy a tener dos hijos —declaró Tamara y su papá se rió en silencio. Su hija menor era la única a quien no querían casada ni embarazada pro algún tiempo y ya que lo había decidido quién podría frenarla, Grillo, le sigue la corriente: —Yo quiero un solo hijo, amarlo obsesivamente, que se desborde. —Tú fuiste hijo único, Grillo, y no saliste muy bien. —Un hijo. María, José y como Dios con Jesús —responde Grillo y Franco se ríe.—No viste a María diciendo, “ahhh, demosle un hermanito”. No, uno, para amarlo bien. Alma está siendo reprimida por sus hijas, quienes le dicen que dis nos funciona con rituales que vio por internet ni se imaginó que funcionaban de esa manera, y que de hacerlo mal podría incluso afectarle la vida. Su padre añadió que Verónica podía acabar monja y sola con una foto así , y su mujer y su hija menor rieron. Lucía les comentó que podrían haber érdido bebés si esta hiriéndoles el corazón, Patrick negó con la cabeza y confitmpo que nunca habían siquiera intentado tener poco sexo, lo cual le sacó una rosa a Grillo y Tamara. —Pon algo para Tamara en tu ritual peligroso—reta Lucía a Alma y esta neiga con la cabeza. —La niña está bien, está guapa, se te nota que has bajado peso, amorcita, y te ves sana, radiante. Está pensando en sus opciones. Mira que Tamara tiene bebés con el novio o con Grillo —bromea,—pero me hace abuela, y se casa aunque sea sola... creo que sí eres mi hija favorita. Su hija menor y su amigo se ríen. —Ehh, estamos ganando. —Ehh, tienes otra novia falsa en tu vida —celebra Tamara y los dos se ríen a muerte —Como he progresado en la vida —bromea Grillo y todos se ríen.
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