Habían sido días de mucho aprendizaje para todos, de reconstrucción, pero si Grillo tenía algo claro es que quería defender su música, incluso si no era lo más comercial. Así que habló con la persona correcta, Tamara, y se pusieron a diseñar una gira alrededor de eso, a forzar un poco a la disquera. Se filtraron unos cuantos singles, y la gente, que bien acostumbrada está al chisme, sentía que todo estaba relacionado con su ruptura con Yuri y definitivamente quería más.
Querían más.
Tamara le lee los comentarios del público a Bello:
—Definitivamente Grillo no es solo pop y urbano.
—La voz de la que nos enamoramos.
—Puedes odiar a la persona y amar su música.
—¿Por qué llora si él solo se rompió el corazón?
—Estar roto es la cura para la carrera de cualquier artista.
—Ese último grita hater —comenta Bello.
—Sí, era para diluir un poco el exceso de amor —comenta su sobrina mientras le sirve más vino. Su tío lee la estrategia y se deja consentir un poco más por la billetera de la empresa. Se ordena varias entradas, sin ningún tipo de ánimo de ahorrar; Tamara sabe que su tío huele lo que ella quiere, pero, de todas formas, los dos sonríen. Ella se pide algo pequeño.
—Estás a dieta, cariño.
—Sí y no. Estoy con una nutricionista que me recomendó Yuri y un coach de ejercicios que me contrató Grillo, y me siento espectacular.
—Qué bueno, amorcito. Ahora, a los negocios —responde Bello y le da un beso en los nudillos antes de decir—: Me encanta, soy fan de Grillo, pero creo que no es momento de lanzarse a un nuevo setting cuando tenemos un disco ya puesto, una temática, en donde caben las piezas de electro que tenía preparadas, las colaboraciones que ya están pactadas.
—Propongo una gira de cuatro meses: la presentación de este disco que ya está por Europa, luego cinco meses por Estados Unidos, e irlo modulando en esta nueva temática que es, al final, con la que empezó.
—Y se pegó por el pop.
—Todos los reguetoneros están cantando salsa y merengue, porque lo de ahora es la versatilidad. Shakira es el mejor ejemplo: está en el cima porque supo cantar baladas cuando estaban pegadas, fue la primera mujer en meterse en un reggaetoncito rico con La Tortura, es la reina de los mundiales. Grillo ha sobrevivido a mucho musicalmente hablando y tiene potencial, déjalo.
—Hay gente que toca lo que quiere y gente que vende lo que toca. Yo a Grillo lo he dejado tener durante años las dos cosas. Le dejo meter dos canciones que la gente no escucharía si no estuviesen pasando por algo. Y sé que te importa su imagen y que le has tomado cariño, pero llama al ruso y véndele ese disco sin bajarte los calzones ni enseñarle las tetas.
—Dicen que sales con el productor de eventos, pregúntale si eso vende.
—Yo lo vendo, yo soy la hija de un productor de eventos. Hagamos una residencia: un paso por la carrera musical de Río, desde sus inicios, la música bonita, la bomba de fiesta y perreo, el electro y un cierre a lo que él quiere ser.
—¿Sabes cuánto cuesta producir un disco? —pregunta Bello.
—Grillo va a pagar la producción de esto.
—¿Y crees que una residencia funcione?
—Tengo planeado convertir Mainvillage en un destino turístico.
—¿Hablaste con tu papá?
—No, pero voy a llevarle a Grillo y a su hermano favorito, y mi mejor sonrisa.
—Eres una niñata —comenta Bello. Ella le entrega una carpeta. Él se ríe porque es la reencarnación de su abuelo: son gente que se sale con la suya, que va directo, siempre claros con sus objetivos, y él había pedido que los pusieran a trabajar juntos como si no supiera a lo que se enfrentaba.
Tomó la carpeta y la abrió un par de segundos para encontrarse con una propuesta completa de trabajo y producción como si la niña supiera algo. De verdad. El mesero llegó con la orden y ella pidió carne, ensalada y unos pancitos extras para el disgusto de su tío.
Tamara se había reunido con Grillo, quien estaba ansioso por saber lo que había dicho Bello. Le recordó que no tenía una respuesta, pero la sugerencia ya estaba repartida. Conversó con su papá, con sus hermanas, con Bello y con Grillo, y lo de la residencia ya él tenía miles de personas para hacer colaboraciones y ponerse a trabajar.
—Yo creo que nos van a decir que sí.
—Sí.
—Llevas cinco minutos aquí y no dejas de ver el teléfono.
—Igor vuelve hoy… se supone, pero no me ha dicho nada.
—Tienen una relación a distancia.
—No sé… hemos pasado dos semanas conociéndonos por teléfono, compartiendo todo lo que una pantalla permite, pero no soy de relaciones virtuales, soy de contacto, de saber si funcionamos —responde.
—Si ya aguantaste dos semanas, dale la oportunidad de volver.
—Me está ghosteando.
—Ya que estamos hablando de romance, creo que voy a tener una relación con Brianne.
—¿Me estás pidiendo permiso para tener sexo? —pregunta.
—Yuri se disculpó con Brianne, le comentó que lo estábamos dejando, pero no es un buen momento para ella profesionalmente y emocionalmente tampoco. En fin, Brianne ha aceptado ir a una cita conmigo.
—¿Cómo está Yuri?
—Se ve tranquila. Comimos hoy juntos al aire libre, y bromeamos. Creo que va a terminar este programa y darse un tiempo para ella.
—Es bueno… hacerse cargo de uno mismo.
—Sí.
Tamara se quedó en silencio y Grillo había detectado que sus momentos más calmados y silenciosos eran porque le odiaba o porque no estaba de acuerdo. La verdad, ella no adoraba a Brianne. Le daba igual si era guapa, sexy, con una piel espectacular que se ve más sexy al sol; no le gustaba para Grillo, no le gustaba que le hubiese culpado en cuanto pasó lo de Yuri, no le encantaba la indecisión, no parecía ser la persona que se quedaba cuando lo estás pasando mal. Pero no sabía cómo decirle eso a Grillo sin herir sus sentimientos, sin lastimar su amistad.
—Puedes decirme todo lo que estás pensando —pide Grillo.
Ella le pregunta qué tan amigos son y qué tanto puede resistir. Él le asegura que espera solo la verdad cuando se trata de ella.
—Vale, que sepas que estoy en la nómina, pero en este punto de mi vida eres el único amigo que tengo, y me importa más mi amistad contigo que el trabajo —él la ve enternecido y asiente.
—Dime.
—Creo que no es la chica para lo que quieres —responde—. Cuando las cosas van mal, cómo la persona reacciona es muy importante, y tú necesitas y te mereces que la persona se quede ante cualquier adversidad.
—Yuri.
—No te estoy diciendo con quién estar o con quién no, te estoy comentando que Brianne no se va a quedar en las malas.
—¿Sacaste eso de un momento de desesperación y acoso? —pregunta—. Recuerda que no le dijo nada a la prensa y en cuanto habló con Yuri dejó de pedir seguridad adicional y me volvió a escribir.
—Sabes qué es lo bueno de las amistades: que vas a cometer errores, y yo también, y al final nos tendremos el uno al otro. Yo solo no quiero que te rompan el corazón.
Grillo le da un abrazo a Tamara y esta le informa que se va a la oficina a seguir trabajando. Ella llama a Igor, quien no contesta, y siente esa punzadita de celos e inseguridad en el pecho, pero no dice nada. Lo último que escuchó es que su papá estaba mejor, sus negocios resueltos y que él venía a Mainvillage y tendrían una cita, tiempo 1:1, pero aparentemente desapareció.
Sus hermanas estaban interesadas en el proyecto que ofrecía Tamara porque era una súper producción que les generaría demasiado dinero, así que aceptaron apoyarla frente a su padre y su tío y trabajaron hasta tarde en una estrategia. Tamara había sembrado la duda en la cabeza de Grillo; todo estaba bien hasta que ella lo dijo.
De todas formas, optó por ir a tomar café con Brianne. Ella llegó antes que él, sonrió cuando le vio llegar y le hizo una seña para que la ubicara. Grillo la saludó con un beso en la mejilla y le preguntó si ya había pedido algo.
—Te atienden en la mesa y tienen un capuchino de caramelo con pedazos de brownie espectacular —él sonríe mientras niega con la cabeza.
—Quiero un café n***o, ya es mi hora del café.
—Tú eres hora del café.
—Sí.
Los dos ordenan, pero Brianne necesita que pruebe la bebida y no es muy fan de compartir, así que pide dos. Grillo ordena diferentes pasteles de chocolate porque no puede decidirse, y a ella se le antoja un sándwich enorme cuando llega a la mesa. Los dos ríen y comen, mientras conversan sobre el trabajo, sus planes, lo que quieren hacer y lo que no.
Grillo se siente tan relajado como nunca. Los dos se quedan en silencio viéndose. Él le ve la boca y recuerda la última noche, y ella hace lo mismo. Los dos se inclinan sobre la mesa y se besan. Brianne no creía posible volver a sentir lo que experimentó en esa pista de baile. En realidad, había bebido, estaba feliz porque su hermana había ganado la custodia de sus sobrinos. Todo había hecho que la experiencia fuera abrumadora, y ver a Grillo bajarse del escenario en un salto, hambriento y caliente, le dio un subidón extra. Pero era un contexto totalmente diferente, uno más relajado, y su cuerpo solo pedía más.
Se separaron, se miraron.
—Esta es como nuestra tercera cita, si contamos la disco y la otra vez.
—Mi casa está limpia —respondió el joven con una sonrisa.
Grillo fue a pagar y ella empacó la comida con la promesa de que más tarde iban a necesitarla. El joven se aseguró de ir en autos separados a su destino, perdió a cuanto paparazzi lo estuviese siguiendo, dejó el auto aparcado en un lugar y tomó un taxi corriente que lo dejó a unas cuadras de la casa de Brianne. Caminó tranquilo y llegó hasta la puerta de la casa de la chica. No tuvo que tocar; ella simplemente abrió porque había terminado de ajustar detalles en su casa —que si la luz, el aromatizador, esto, lo otro— pero había pasado diez minutos casi sin pestañear por la ventana. Él le dio un beso, uno largo, uno sexy, y los dos se arrancaron la ropa mientras el joven, a trompicones, la llevaba a la sala de su casa.
—Esto es una locura.
—Sí, pero no te detengas.
Grillo no quería detenerse, pero tenía a Tamara en la cabeza y a Emma. Era como tener dos diablos en su cabeza y cero ángeles: “Brianne no se va a quedar en las malas”, “no es lo que tú quieres”, repetía Tamara en su cabeza, y por otro lado Emma: “si quieres algo bien, necesitas actuar de forma correcta”, “no es negociable dos relaciones al mismo tiempo porque invalidas ambas”.
Eso no quiere decir que dejara la oportunidad de follar como un animal, de disfrutar de la pasión y la buena vibra de Brianne, de escucharla gemir y rogar, de sentir cómo el mundo se convertía en placer debajo de sus caderas, acariciando su espalda y agarrándose de su cabello.
Grillo se despertó casi a las 11 de la mañana. Ella no estaba en la cama, por lo que se vistió y fue a buscarla. Brianne estaba en la cocina, envuelta en la sábana, con el pie en la silla y comiendo.
—¿Quieres llevarte unas tostadas?
—Eh… ¿quieres que me vaya?
—Yo creo que ha sido una cita larga…
—Vale, entonces no quieres, gracias —responde Grillo y se acerca para depositar un beso en sus labios. Ella pone la mejilla. Grillo, de todas formas, la besa y se aleja unos cuantos pasos antes de preguntar qué pasó, si algo no supo entender o apreciar.
—No, tú sigues teniendo una novia, y yo sigo sin saber si quiero una relación mediática.
—Entonces tengamos una relación privada, Brianne. No quiero solo sexo —responde Grillo y parece sincero. Brianne asiente y reconoce que tiene demasiado miedo, pero sabe que lo que sea que tengan se siente bien. En la cama son extraordinariamente buenos. Grillo asiente juguetón y le muestra cuatro dedos, así como su sonrisa radiante. Los dos se ríen. El mensaje y la persona a la que ella había estado conociendo las últimas dos semanas le parecía fascinante. Solo… sus mundos no encajaban.
—Yo no necesito una compañera de escenario, quiero una compañera de vida, y te lo he dicho varias veces. Podemos ir lento, como quieras. Podemos simplemente no exponernos a la opinión pública, pero démonos la oportunidad de intentarlo. Tres citas más: si no funciona, lo dejamos, definitivo.
—¿Puedo pensarlo?
—Pero no demores mucho, porque me da ansiedad. Como chocolate cuando estoy ansioso —ella se ríe, toma la bolsa con comida y le devuelve sus pasteles.
—Para la espera —responde y le da un beso en los labios. Él sonríe y le acaricia la mejilla.
—Eres preciosa.