Chiqui estaba muy confundida. Era la primera vez que escuchaba a alguien decirle a su hijo que no.
De todas las formas posibles: no sería mamá en casa, no renunciaría al trabajo y, definitivamente, no renunciaría a su familia.
Todos los errores que —a su parecer— su exnuera había dejado pasar.
Igor estaba muy confundido… y su madre adoraba eso.
—Tamara, estás muy ocupada el día de hoy.
—Sí, tengo que trabajar, me esperan antes de las nueve —responde, y ve la hora; todavía tiene tiempo de desayunar y conversar un poco más. Igor bebe un poco de café y Jelena le comparte la mitad de su aguacate; él le sirve tomate y queso con total naturalidad. Naturalidad como quienes han pasado una vida haciendo eso.
—¿Cuánto más estarán en Mainvillage?
—Vamos a la gala y de una vez nos regresamos, no quiero dejar al terco de tu padre solo —responde.— Tiene terapia física pasado mañana y ya lo conoces.
—Sí… intentará no hacer nada y despedir al terapeuta.
—Cinco terapeutas en menos de tres semanas, y todos dicen lo mismo: él es el del problema.
—Mándale saludos de mi parte. La otra semana estaré por allá. Creo que me lo llevaré si veo que está más fuerte; hacer negocios siempre le anima.
Su madre niega con la cabeza. Porque una cosa es lidiar con un esposo tozudo… y otra muy distinta es lidiar contra él y contra sus hijos.
—Tamara, ¿en qué trabajas?
—Soy publicista y manager de una estrella. Ahora estoy trabajando en la empresa familiar para adquirir más contratos, renovar lo que mi abuelo y mi papá consideran que es una agencia publicitaria.
—¿Es una empresa dirigida por mujeres?—pregunta Jelena interesada.
—Bueno, no era el plan… pero mis primos hombres estudiaron antropología —Igor se ríe.
—Los hijos de Bello.
—Y el mayor es historiador —los dos ríen.— Mis hermanas y yo, todo muy relacionado con publicidad, marketing y diseño gráfico.
—¿Tú diseñas?—pregunta Igor sorprendido.
—Muy poco, tengo la ideaVerónica las produce. Ella tiene una empresa de branding para marcas de ropa y una tienda de ropa con mi mamá. Pero mi mamá es solo socia —responde. Los dos asienten, él convencido por su potencial.
—Es fascinante —responde la madre de Igor.— Son mujeres muy preparadas, trabajadoras.
Jelena le sirve más café a su exmarido y él agradece.
Las costumbres. Lo difíciles que son de quebrantar.
Eso piensa Tamara mientras le acaricia la espalda.
El desayuno finaliza una hora después, cuando su suegra le promete verle en la noche en la gala.
—Nosotras tenemos que ir a comprar nuestras cosas para esta noche —responde la mujer.
—No hay tiendas abiertas a esta hora.
—Para mí sí, mi amor —responde y le da un beso y un abrazo.
Los dos sonríen.
Igor se pone en pie para despedirse de su madre y de su ex; luego vuelve a tomar asiento junto a su novia y llama al mesero.
Le pide un desayuno dulce, para liberar toda la tensión que había aguantado durante la mañana.
Se enciende un cigarro.
Tamara lo mira incrédula: nunca había fumado antes. Y el stress eating que estaba demostrando le preocupaba el doble.
Su novia le acaricia la espalda y ve la hora: queda casi hora y media disponible.
—¿Quieres hablar conmigo o prefieres desahogarte en pancakes con crema de banano, caramelo y nuez? ¿Es legal?
—Solo vengo aquí por esto, pero todo lo que tenga banano también es el favorito de Jelena, y no voy a disputarme este hotel contra ella —él le toma de la mano y le da un bocado.
—¿Tú estás listo para pasar página? —pregunta Tamara.
—Claro que estoy listo. La quiero muchísimo, es familia, le voy a pasar una pensión de por vida aunque tenga un nuevo esposo y dos hijos… pero necesito esto —responde.— Quiero esto contigo.
—Yo no voy a dejar de ser lo que soy —le dice Tamara.
—No estoy pidiéndote que dejes nada. Ni tu trabajo ni a tu familia. Solo estaba diciendo que me gusta tener cierta línea directa con mi pareja, una línea de comunicación y confianza que es solo nuestra —explica.— Y necesito que dejes de priorizar opiniones externas. Porque siempre va a haber un mal comentario como el que hizo Lucía, una mala foto como las de Grillo, y si no confías en mí y yo en ti… se nos quiebra la cabeza.
—Tiene todo el sentido y me disculpo por eso, amor.
Igor sonríe y da un bocado al postre criminal.
—Igor, para añadirle estrés a tu mañana: creo que un fin de semana romántico incluye sexo. Y quiero muchísimo tener sexo contigo.
—Yo también. Continúa: ¿tienes reglas?, ¿quieres tenerlo ya? —ella nota la emoción de su novio y se ríe.
—Cuando fui adolescente… tuve un novio, un poco mayor que yo...
—Umm, ju...
—Y tú has visto a mi mamá y mis hermanas: parecen salidas de una revista para caballeros y yo no tanto, entonces me aferré un poco. Y él invitó a unos amigos a su casa, yo bebí alcohol y me metieron drogas. Fue... horrible —responde.— Luego me amenazaron con fotos y fue algo traumático. Y tuve un novio después y fue una experiencia horrible: me hacía sentir como que me estaba haciendo un favor. Después entendí que era una estupidez estar con él. No tengo una fobia s****l, he ido a terapia y de verdad me encantaría… pero sí tengo ciertas condiciones: mucha privacidad, nunca en un lugar con demasiada gente que pueda vernos o escucharnos, y teléfonos apagados y lejos de la habitación. Si no, me cuesta... me cuesta concentrarme y sufro un poquito. Yo solo quería contártelo con el afán de que no lo escuches por ahí.
—¿A quién tengo que matar? ¿Cómo se llaman? ¿Quiénes son, Tamara?
—No importa, están en el pasado.
—Bueno… acaban de entrar a mi presente —dice y se limpia los labios con la servilleta. Entiende que ese es el resumen que Tamara quiere que él sepa, pero le parece horrible que alguien pueda jugar con la mente y el cuerpo de otra persona… y seguir viviendo feliz.
—Ahora, me quedan 45 minutos. ¿Puedo pasarlos viéndote comer o puedo irme y salir temprano para escaparme contigo?
—Vete. Prometo acortar lo más posible mi estancia en la gala.
—Bye —responde Tamara y le da un beso en los labios.
Igor sonríe mientras la ve marcharse, pero hace su misión personal descubrir con nombre y apellido a la persona que le había hecho daño a su pareja.
Tamara se va un poco más tranquila al trabajo, con todas las cosas claras.
Les pide a Grillo y a sus hermanas reunirse.
Todos la esperan en la oficina: Grillo, porque estaba cerquita esperándola aunque no quisiera decirlo; y las dos chismosas que tenían de hermanas, que habían dejado el espacio libre para la hora en la que su hermana llegara de su cita.
—Ey —la saluda Verónica, y ella le hace una seña a Lucía para que la acompañe a la oficina.
Grillo llega después con unas frutas y café para todas.
—¿Qué te dijo?
—Terminé desayunando con mi suegra y su ex.
—¡No! —responden sus hermanas.
Tamara asiente.
—Y por el bien de mi relación necesito disipar cualquier rumor romántico o s****l contigo, Grillo. Y te pido, Lucía, que por favor no te metas más a ayudarme. Yo quiero estar con Igor, me gusta, me siento cómoda, lo quiero muchísimo —les dice ella.— Y a ustedes dos los amo demasiado como para resentirles si esta oportunidad de tener una relación buena con alguien se va porque se pasan de chismosos.
—Por favor, repitan después de mí: Verónica es sabia.
—Eres sabia, pero nosotros somos chismosos y queremos saber todo de la suegra y la ex.
—No seas así, Tamy.
—Sí, ven a decirnos...
Gracias a las que participaron 3/3 a comentar toditasy a escuharon a Igor ahora a opinar qaué les apreció ese desayuno, para mí estuvo atómico en información e importante en información ya concoimos a dos personas más del mundo de Igor, dos muy decisisivas.