¿Qué espero?

1821 Words
Tamara estaba emocionada por la cita, pero Igor se había superado a sí mismo: había conseguido un lugar bonito, una especie de mirador con toda la iluminación necesaria para hacerlo acogedor. De repente, ella se sintió demasiado vestida para la ocasión. Igor reconoció que se había esforzado por no hacer la noche tan formal, y Tamara sonrió encantada con la idea. El bartender les ofreció algo de beber, y ella, solo para probar, pidió: —Una Coca-Cola. —Claro —respondió Igor—. Un whisky en las rocas. —Ponle ron a la Coca. Ella asintió, porque leyó por completo sus intenciones. Le preguntó por el lugar e Igor comentó que todavía no tenía claro lo que quería hacer con el espacio, pero que esa vista simplemente lo comprometía a hacer algo espectacular. —¿Cuáles son las opciones? —preguntó ella. Igor, excelente empresario, había pensado tanto en ello que no pudo evitar admitirle que le parecía un sitio romántico, alejado, y que se podía convertir en un… —Un fornicatorio o una casa. No quería iniciar mintiendo, porque si funcionaba, estarían juntos durante la construcción del lugar. —¿Fornicatorio… como motel u hotel? —Motel con aire de hotel, que nadie se vea, que sea acogedor y limpio, bonito como una habitación del Four Seasons. —Interesante. Yo nunca he estado en un motel. —Yo tampoco —comentó Igor. Tamara se rió incrédula. —No te creo, en absoluto. Los dos rieron. —No dije que nunca hubiera tenido sexo, solo… siempre he tenido una casa. Ambos chocaron sus copas y le dieron un sorbo a la bebida. Igor le preguntó qué construiría ella ahí y Tamara eligió la casa, porque tendría un jardín espectacular para perros y niños. Sería divino para descansar y alejarse de todo, simplemente estar con seres queridos. —Y las mañanas serían preciosas, ¿te imaginas? Suaves, con ese celeste mezclado con gamas de morados, y luego tonos naranja… finalmente el sol. Ahh, y aquí podrías tener gallinas, ¿sabes?, pollitos y unos conejos. —Quieres ser mamá. —Bueno… es una posibilidad, sí, creo que sí. ¿Tú quieres ser papá?, ¿tienes hijos? —Soy lo que se considera un solterón, pero me gustarían dos. —¿Niños? —La pareja. O solo niñas. —Mi papá tiene solo niñas. —¿Y quién es el favorito de la casa? Ella sonrió porque su papá es definitivamente la persona a la que más aman en su familia. Su mamá está profundamente enamorada y obsesionada con su marido, todo en el mundo gira alrededor de él. Ella y sus hermanas lo comprenden: su papá es el hombre de los osos de peluche sorpresa, rosas siempre en los cumpleaños, helado para los malos días y sopa si se resfrían. Es el mejor papá del mundo. —¿Tú y tus papás? —No tuve ese tipo de recuerdos… —comentó Igor—. Tuve un papá estricto y una mamá… compleja. —Lo siento. —Pero mi tía… esa mujer venía y nos secuestraba a mí y a mis hermanos para vacaciones. Nosotros peleábamos todo el año, pero los meses que pasábamos con ella, todos tranquilos, éramos hermanos de verdad. Teníamos primos y primas, había risas, comida, buenas historias —sonrió—. Mi tía y su esposo no… no eran acaudalados, pero, el día que ella murió, todos lo dejamos todo. Pasamos una semana alrededor de su cama. —Dijo con una lágrima a punto de escaparse, que secó de inmediato—. A eso aspiro en la vida. —¿A morirte? —bromeó Tamara para aligerar el ambiente. —Acompañado, con gente que me ame demasiado. Ella elevó los ojos y cambió el tema: —Bueno, ya tenemos casa, número de hijos… ¿y será que cenamos? —Hay un menú. —¿Qué menú? —Compré comida chatarra, pero artesanal. No sé qué comes, pero yo acomodo mi cheat meal al día en que estoy más nervioso. Se me antojan unas hamburguesas con doble torta y papas fritas. Tamara lo vio confundida: era una cita excelente hasta la comida. No entendía si había asumido que, como era gorda, podía comer cualquier cosa, o si lo hacía para quitarle peso a la cita. El chef les trajo salchipapas con salchicha artesanal y una combinación de tubérculos con forma de french fries. Estaban espectaculares, e Igor comenzó a hablar de comida. —Por ejemplo, ¿qué es una comida nacional aquí? —La carne sudada con papas. —No me gusta. —¿Cómo que no te gusta? —No, la textura. Me gusta todo más seco. —¿Por eso tus papas no tienen salsas? Él asintió y ella sonrió. —Entonces, la hamburguesa. —Sí, pero ¿por qué todo lo hacen tan mojado y blando y rebuscado, eh? —Esa es una receta de generaciones. Se condimenta muy natural con jugos de la carne, tomates frescos y plantas… y cosas. —Ni sabes qué lleva, nacionalista. Los dos rieron. Luego llegaron las hamburguesas. Tamara no sabía cómo morder algo tan grande, pero Igor parecía fascinado y pidió un huevo frito para acompañar. Ella lo observó, él gimió mientras mordía la “bestia”, y ella continuó viendo la hamburguesa. —¿No te gustan? —Es demasiado grande, pero voy a deconstruirla. —No. —respondió Igor, haciéndole una seña para que la aplastara. Ella abrió la boca, midió la hamburguesa, negó con la cabeza, y él se rió. Al final, sacó una torta y disfrutó la experiencia: estaba buenísima. Los dos rieron, e Igor comentó que era un total foodie, incluso hacía tres viajes gastronómicos al año. —¿Cómo te divides? —Voy a Latinoamérica todos los años, estoy enamorado de la gastronomía del sur y las costas. Es espectacular. Hay playa, relax, todo bien. Me doy un tour por Europa si escucho de una feria gastronómica o un restaurante top. Y me encanta Asia, es espectacular, pero tengo un debate entre Asia y África. África es buenísimo, todo es super tasty y rico. —Yo siempre he querido ir a comer a New Orleans. —Es un plan —respondió relajado y extendió su mano hacia Tamara. Ella sonrió y la aceptó. —Es un plan —afirmó. Tamara e Igor finalizaron su cita después de cenar. Igor la llevó a su casa, condujo él mientras conversaban de manera casual sobre trabajo. A Tamara le gustó la galantería, y que le abriera la puerta le sumó puntos adicionales. Igor vio de nuevo la pared con humedad y esta vez sí dijo algo: —¿Es seguro este lugar? —Claro. —¿Sí, de verdad? —insistió—. Tengo buenas propiedades en alquiler. —¿Y tengo que pagar con efectivo o me bajo los calzones, cómo funciona? —preguntó molesta. Igor rodó los ojos y negó con la cabeza. —Mi intención no era ofenderte. Es evidente que el edificio tiene una fuga y podría poner en riesgo tu salud o tu vida. Pero eres una adulta, Tamara. Si llegas a necesitar, por una sonrisa te doy un mes gratis de renta. Tamara se quedó seria, e Igor se disculpó de nuevo. —Crecí aquí, así que me gusta el lugar. —Espero que no tomes en cuenta estos últimos minutos como medición de toda la cita y el esfuerzo que puse. Incluso si lo haces, voy a seguir insistiendo. —Ella contuvo una sonrisa. —Tal vez compre el tour de Grillo para que tengas que verme todos los días. —Completo. —Sí. —Fue una buena cita, muchas gracias. Igor rompe la distancia y toma la mano de Tamara. Ella lo mira un par de segundos a los ojos y él, con tono bajo y calmado, explica que valora la seguridad de aquellos que le rodean. Tamara asiente para no seguir discutiendo y busca las llaves en su bolsa. —Tamara, me interesas, y mucho… Y sé que tienes un poco de miedo y que vas a usar cualquier excusa para terminarlo conmigo. Así que, si quieres pasitos de bebé, los tomaré: muy pequeños y muy despacio. Pero no soy del tipo de gente que ve a alguien y se le tira encima, soy del tipo de gente que construye con una persona y espera que sea para toda la vida. Eso es lo que quiero contigo: una relación seria. —Ya que estamos siendo claros, ¿qué debería esperar? —pregunta. —Deberías esperar un mensaje mínimo tres veces al día, llamadas, tal vez una sorpresa grande o pequeña —depende de cuántas veces respondas a los mensajes—. Puedes esperar coqueteo y romance. Ella le acaricia la mejilla y sonríe. —Esperaré tu llamada, entonces. Él sonríe y la besa en la mejilla. —Llamada será —responde y le da otro beso en la otra mejilla. Ambos sonríen y ella ingresa a su casa. Tamara va directo a retirarse el maquillaje, la ropa y toma una ducha para refrescarse. Revisa su teléfono y ve un mensaje por parte de Igor: Espero con ansias nuestra próxima cita. Tamara decide no abrirlo y fingir por ocho horas que se durmió, se queda en su cama viendo r************* para distraerse. Grillo le había escrito varios mensajes también, y ella no aguantaba la curiosidad, pero tampoco quería ser de las que llegan a mitad de la cita premium. Lo normal era acostarse a dormir y esperar en la mañana. Pero él no había tenido más respuestas aparte de Brianne, y le había enviado un mensaje a Yuri para conversar sobre su inminente ruptura, y ella no respondió tampoco. Grillo se estaba empezando a aburrir, así que se puso a ver fotos de Brianne y luego a leer sus mensajes por DM, cuando vio que Tamara estaba despierta, en línea. Bueno, había una bolita verde. Nadie está en una cita o teniendo sexo mientras ve i********:. Él fue por un par de milkshakes a uno de esos lugares 24/7. También compró otras golosinas y finalmente condujo a casa de Tamara. Subió las escaleras y se prometió convencerla, aunque fuera ligeramente, de mudarse a un lugar con seguridad básica: un portero, un código, mínimo un llavín. Tamara estaba acostada en el sofá pensando si responderle o no a Igor, era demasiado tarde Él siguió subiendo y tocó la puerta. La luz de la sala estaba encendida, e i********: también. —¡Policía, policía! —grita Grillo con una voz gruesa. Tamara estaba asustada por la idea de que Igor se hubiese regresado. Sale corriendo a su habitación y escucha de nuevo al hombre fuera gritando policía. Llama a Grillo y este le contesta de inmediato. —Hay alguien dando golpes a mi puerta. —Sí, soy yo —responde Grillo divertido —¿Me abres?
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