Imperfecto

2400 Words
Tamara, Verónica y Lucy ven a Fabio y Patrick. Las dos los encuentran divertidos porque son sus cuñados de toda la vida. Patrick diría que él es más cuñado de Tamara porque, en palabras de su suegra, ella tenía la certeza de que un anillo de 18 quilates, incluso después de su muerte, lo mantendría como parte de la familia. Pero sin anillo, no hay yernos para toda la vida. Cero presión, Alma. Y cero presión la que estaban ejerciendo sus yernitos. —Mis intenciones son serias, no sé las de Tamara. —Estoy apuntadísima, ¿no me ves aguantando a mis hermanas y a mis "hermanastros", aparentemente? —todos se ríen—. ¿Podemos ser decentes? —Sí, ya era solo para verlo en acción, en un punto de tensión —bromea Patrick, y su novia le acaricia la espalda. Los dos comparten una mirada y sonríen. Él le da un beso en la mejilla y la rodea con su brazo. Lucy sonríe y pregunta a Igor por sus negocios como si fuese una entrevista laboral. Su esposo se ríe y continúa viendo el menú mientras le acaricia la pierna. La joven escucha con atención a Igor, quien explica los negocios de su familia en telecomunicaciones y los propios en producción musical y eventos. —Ah, estamos planeando un evento.—comenta Verónica— ¿Le has contado, Tamara? —No, básicamente soy su competencia —responde la joven mientras busca qué pedir. Igor se ríe. —Qué desconfiada eres. ¿No crees que podamos tener una buena pelea? —Soy más de atacar por los costados —responde tranquila e Igor eleva una ceja divertido. Suc arreranuenca se había topado con al de una de su pareja de una forma competitiva y le llamaba muchísimo la atención al forma defensiva de Tamara de tratar las cosas. —Mira, cuando éramos pequeñas… —inicia Verónica. —Yo la sigo odiando —aclara Lucía. —Mi hermana ponía a mi mamá, a mis dos abuelas y a mi padre en nuestra contra y luego se nos quedaba viendo, la mocosa de cuatro años. —Horrible. Recuerdo que una vez no me dejaron salir porque se inventó que le dijimos que no la queríamos. —Así me sentí ese día cuando no quisiste jugar a las muñecas. Si tan solo hubieses jugado cinco minutos, hubiésemos salido. Las tres comienzan una pelea y Patrick niega con la cabeza. Fabio tampoco interviene, e Igor entiende que pelearse es la base de la relación de esas tres, hasta que llega el mesero. Las tres admiten que no es una cita entre ellas y pueden portarse mejor. Verónica es la reina de las cenas, así que sigue orientada a que todos conozcan al nuevo m*****o de la familia. —¿Cuáles son tus hobbies, Igor? —¿Estar en casa todo el día cuenta como hobby? —pregunta, y todos ríen. —No. —Vale, la comida y el tenis. —¿Te gusta el tenis? —preguntan las tres al unísono, y los chicos sonríen y se chocan las manos porque han encontrado algo de lo que hablar obsesivamente. Hombres siendo hombres. Verónica lo interpreta como una señal positiva: si pueden coexistir los tres, es porque Igor es una buena persona. Y Lucy nota a su hermana pequeña, con los ojos de borrego, enamorada a más no poder del hombre que acaba de conocer. Le encanta que Tamara esté viviendo la experiencia, que haya tomado la decisión de abrirse al amor, pero nadie es perfecto, e Igor se estaba presentando como el tipo galante, con la vida resuelta, muy enamorado y directo. La verdad es que todos tenemos un pasado. Y Lucía se había encargado de investigar el suyo al máximo. En medio de la campaña de “todos amamos a Igor”, No le disgustaa el hombre apuesto frente a ella, le preocupaba el comportamiento de su hemana menor, lo había visto una y otra vez, con el par de idiotas horribles con los que había salido. Tamara se enamora antes de la primer palabra de un hombre hacia ella, es como si nadie existiera más que Igor, y le parecería fenomenal que dejara de ver las banderas verdes y las beige para que se fijara de vez en cuando en las rojas y las negra. Lucía preguntó: —¿Qué pasó entre tú y Jelena? —pregunta por la ex de Igor, lo cual toma por sorpresa a todos en la mesa, quienes la miran impresionados por el atrevimiento—. ¿No estuvieron juntos como quince años? —Diecisiete años —corrige Igor—. Evidentemente lo hemos dejado. —Lucía… —dicen su esposo y su hermana al unísono. Su esposo incluso le da un par de apretones en el muslo mientras discretamente hace la señal del silencio. La mujer niega con la cabeza. —Lo siento, eres súper agradable y guapo, pero algo malo tienes que tener. —¿Cuál es tu cosa mala, Lucía? —pregunta Igor de vuelta. —Soy una perra total y me enorgullezco. Y como perra rabiosa familiar, no quiero que un hombre poderoso y mayor le rompa el corazón a mi hermana pequeña. Un hombre que dejó una relación de diecisiete años… —Eso denota estabilidad —debate Verónica—, compromiso incluso, y madurez para saber dejarlo si no funciona. —Tú no dejas a tu novio de once años por costumbre, pero él dejaría diecisiete años atrás para empezar de cero con una mujer más joven e inexperta, alguien a quien pueda meter en su molde. —Tamara cambia de color por el coraje y la vergüenza; le parece inadmisible que su hermana hable por ella, y de ella, de esa manera. —Jelena no está lista para ser esposa y madre. Y yo quiero eso. Quiero hijos berreando porque su hermana se inventó una mentira. Quiero llegar a casa y que haya una persona dispuesta a atacarme por los costados en los negocios. Y quiero alguien, simplemente, una compañera. Jelena no quiere eso, y no es un tema para discutir contigo. Pero que te quede claro: quiero la misma felicidad, seguridad y bienestar para Tamara. Quiero ser parte de su vida. —¿Quieres irte? —pregunta Tamara mientras toma sus cosas, evidentemente molesta. —No, no me voy cuando las cosas se tornan difíciles. Y tu hermana tiene derecho a ver lo que tú y yo tal vez no queremos. Tamara estaba lo suficientemente enojada como para largarse y no hablarle en un mes a su hermana. Sin embargo, en ánimo de quedarse y poder conversar el lunes en el trabajo, y todo el fin de semana que pasarían juntas con sus padres, le aclaró: —Soy tu hermana pequeña en la casa, soy tu subordinada en el trabajo, pero no voy a permitirte que me faltes al respeto si quieres ser parte de mi vida —Lucy intentó discutir de vuelta, pero Tamara negó con la cabeza—. Si quieres ser mi amiga y la hermana con la que salgo a cenar, con la persona a la que estoy conociendo, necesito que practiques el respeto y la tolerancia, porque no me pagas lo suficiente para soportar tanta mienta y no me has demostrado tanto amor como para llevarte en mi bolsa de gratitud eterna. Yo sí ocupo un minuto en el que no vea tu cara. Lucía inmediatamente se victimizó y se fue de la mesa también, dejando a Verónica sola con los tres chicos. —Amo cuando se pelean así, porque me valoran más —bromea, y su novio se ríe. Los otros dos se quedan serios, evaluando si disculparse el uno con el otro por los arranques de esas dos. —Voy a buscarlas antes de que se peguen en el baño. Verónica se encontró a sus hermanas, cada una encerrada en uno de los inodoros. Las invitó a salir y dejar de estar peleando en público. Era innecesario vivir así y el punto era conocer a Igor, no destruirlo en cinco minutos. —Díselo a Lucía. —Salgan de ahí, las dos —les exige Verónica. Las dos dejan el orgullo aparte y salen de sus escondites. Se ven la una a la otra y Lucía le advierte a su hermana pequeña: —Estoy velando por ti. Vas confiando a ciegas, dando todo y luego te estrellas. —Gracias por decirme cómo vivir mi vida. —Lucía tiene razón, ¿le conoces hace un mes y ya están viviendo juntos? —pregunta Verónica mientrasneiga con la cabeza, su hermana está ofendida, pero sus antecedentes en el amor, dejan mucho por donde preocuparse. —Vino a visitarme, se va del país el viernes. —Casual, el día que vamos a casa de mamá y papá. —Por negocios. —Negocios y tiempo en familia —señala Verónica—. Es lo que le dije a mamá. Las tres se lavan las manos y salen del baño para ir a la mesa. Los tres hombres están bromeando y conversando tranquilamente; se han pedido una cerveza, más platillos para picar y están compartiendo anécdotas. Lucía ve a su esposo y este se pone serio, al igual que los otros dos hombres, quienes fingen desinterés los unos por los otros. Las tres toman asiento e intentan unirse a la conversación. Lucía decide disculparse en público con Igor y con Tamara, lo cual sorprende a todos. —Siento haberme metido donde no me llaman. Esta es mi manera de demostrarte mi apoyo, Tamara. No quiero que jueguen con tus sentimientos. Y la verdad, he escuchado cosas buenas y malas de ti, Igor, pero, si algo tienen razón mis hermanas, es que hemos venido a conocernos. Les ofrezco a ambos una disculpa. Igor y Tamara la disculpan con toda la educación del mundo y este las invita a probar el corte que les han traído. Las tres mujeres tratan de zanjar el problema comiendo. —¿En qué fecha te disculpas con nosotros? —pregunta Verónica, y Fabio asiente. Lucía rueda los ojos y su esposo sonríe antes de decir: —La verdad, nos alegra que se hayan arreglado porque estamos planeando un viaje a esquiar. —Odio esquiar —responden las tres al unísono, e Igor niega con la cabeza, procede a abuchearlas y las tres se ríen. El resto de la cena transcurre sin demasiado drama. Todos intentan conocerse los unos a los otros: sus gustos, sus planes, sus formas de ser. A Tamara le termina de convencer tener a su lado a Igor: fuerte, seguro de sí mismo, divertido, atento a sus necesidades y a las de los demás. Verónica iba mucho más alegre de lo que llegó, propuso ir a bailar casi a medianoche y todos rieron porque la gente normal (todos) tenía que ir a trabajar a la mañana siguiente. Lucy se disculpa nuevamente con Igor, pero lo refuerza con su hermana cuando la abraza para despedirse. —No estoy compitiendo para ser parte de tu vida, soy tu hermana. Si te casas, espero estar sentada en primera fila aplaudiendo; si termina, voy a ir a romperle la ventana del auto y a comprarte pañuelos que no resequen la piel —comenta, y le da un beso en la mejilla—. Te amo, me pasé, pero siempre ten presente que incluso en mis brotes psicóticos quiero lo mejor para ti. —Las amo mucho, mañana vamos a bailar —comenta Verónica, y Fabio se ríe. Él la toma de la mano y le dice: —Mañana te levanto temprano para que vayas a trabajar. —No, hombre, no —responde, y los dos se ríen. Su novio la besa y le coloca el cinturón, mientras ella continúa intentando irse de fiesta, de viaje o algo lejos de la realidad adulta que maneja. Igor y Tamara suben a su auto. Él conduce de vuelta al apartamento de Tamara. Le abre la puerta para salir, y los dos comparten un beso rápido antes de subir al edificio. Ella camina tomada de su mano hasta el apartamento. Igor ingresa con un pequeño maletín y ella sonríe. —¿Quieres hablar? —pregunta Igor. —No quiero hablar de mi pasado, ni escuchar sobre el tuyo, Igor. Quiero creer que estás emocionalmente disponible para esta relación y quiero creer que estoy lista físicamente para ello. Así que eso, estoy dando lo mejor de mí. —Y yo estoy dando lo mejor de mí —responde Igor, y le acaricia la mejilla. La mira a los ojos, ambos sonríen antes de unirse en un beso, suave, cálido, intenso a ratos, un beso que confirma que se están tirando de cabeza a una relación, por ahora, con los mismos intereses, con todas las ganas del mundo de que funcione. La joven se aferra a ese beso y a la idea de disfrutar de todo lo que la vida le ofrecía a través de Igor. El romance es así, con sus altos y bajos. Es probable que Lucía tuviese razón y él estuviese lleno de imperfectos, pero Tamara también los tenía, en grandes cantidades. La verdad de todo es que uno no sabe cómo van a acabar las relaciones. Nadie podría haberle dicho a Yuri que el amor hacia Grillo desaparecería cuando entendiera finalmente que era improtante amarse a ella, que toda la energía que habaía invertido los últimos años en cuidarle, amarle y protegerle, necesitaba redirigirla a ella. Grillo, por otro lado, estaba cansado del estrés,de las decisiones, sentía la necesidad de desconectarse, pero, no era siempre posible, no podía seguir fingiendo con Yuri y estaba casi seguro de que Brianne no le perdonaría ni comprando lingotes de oro. Él solo quería amor y estabilidad y en su lugar tenía un desastre. Por otro lado, Grillo estaba por acostarse cuando recibió un mensaje de Brianne. Brianne Creo que necesitamos hablar en persona, Grillo, porque tengo una lista de cosas que no me gustaron, que no salieron bien, pero cargo en el pecho y en la cabeza: la idea de cómo hubiese sido todo, de cómo podríamos haber funcionado. Les dejo muchísimo de quienes hablar. Lucy, se pasó pero tiene puntos válidos. Igor... como saben nadie nunca es perfecto, Grillo y Brianne, ¿demasiado forzado o sí van hacia algo..? ¿los cuñados...? jajaj ¿y la señorita Verónica?
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