No sé cómo decirlo

1783 Words
La mañana siguiente, Tamara hizo un poco de ejercicio cerca de su edificio; luego fue a bañarse y arreglarse. Estaba encantada con Verónica, porque se le daba muy bien planchar pelo, dejarle las cejas preciosas y, además, el maquillaje. Las dos estuvieron de acuerdo en un traje rojo vino. No le encantaban los tacones, pero decidió ponérselos. —Prometo no contarle a Lucía… pero me dices —le guiñó Verónica. Igor también había iniciado su día temprano: reuniones, ejercicio y una mesa reservada para desayunar con su novia. Cuando bajó al comedor, se encontró con la mujer en la entrada del restaurante. Tamara estaba muy fría: nada de la calidez, ni de los besos de siempre, ni de la sonrisa en la mirada. Además, iba guapísima. —Buenos días, mi amor —le llama su mamá, y el joven da un salto. Tamara se gira furiosa. Se encuentra con una mujer evidentemente mayor y otra más joven, las dos tremendamente arregladas y felices ven a Igor. Con solo no solo ver a la mayor sabe que está relacionada con Igor, este mira su madre e incrédulo porque definitivamente no le había dicho donde se había quedado hospedado. —¡Iggy, buenos días! —dice su ex con una sonrisa enorme—. ¿Ya estás menos enojado, amorcito? —pregunta, y él las ve incrédulo. —¿Igor...? —le llama su madre y hace una seña hacia Tamara. La mujer trata de no juzgarla de entrada por lo que viste o por cómo se comporta; intenta, con todo, que le agrade la nueva mujer de su hijo. Ante el silencio, Tamara toma la iniciativa: —Hola… Tamara, la amante, creo. —Se presenta ella sola, y las dos mujeres sonríen. —¡Tamara, querida! —la saluda Chiqui—. La de los besos de aeropuerto. —Le da un beso en la mejilla y le estrecha la mano con una sonrisa—. Vamos a desayunar todos juntos, ¿les parece? Mamá invita. Hoy, Igor, ¿dulce o salado?, ¿qué prefieres, cielo? Jelena agarra a su exmarido del brazo y le da un tirón para sacarlo del ensueño… no, del castigo. Porque él lo llamaría su pesadilla personal: la energía arrasadora de su madre, la femme fatale de su exesposa y la novia que da un paso de bebé por semana. Demasiadas mujeres. —¿Tienes otra mujer? —le pregunta Jelena. —Tú eres la otra mujer, porque no firmas el divorcio por completo. —Estamos separados legalmente. No voy a divorciarme del dinero que hemos hecho, más si no nos vamos 50-50. —Igor rueda los ojos. —Te propongo algo —continúa Jelena, y él la mira un par de segundos—: tenemos un hijo, se lo heredamos todo a él, dona e*****a; ni siquiera hay que tener sexo. Tú y ella lo crían, y yo lo mimo incontrolablemente durante sus vacaciones y feriados. Igor suspira y ve a su mamá y a Tamara en la mesa, conversando como grandes amigas. —No podrías abandonar un hijo, y lo sabes —se queja. Se suelta de su agarre y va hacia la mesa con las otras dos mujeres. Chiquinquirá era una mujer espectacular. Para sus sesenta y dos años mantenía la figura, el porte y la belleza al máximo. Era obvio que se cuidaba como si viviera en un eterno concurso de belleza… donde la jueza principal era ella misma. Y Jelena, también delgada, rubia y bien vestida con un vestido veraniego y los pechos al aire, parecía increíble. Como sacadas ambas de una revista. Tamara le dio las gracias a Dios por haberse arreglado bastante para ir a ver a su novio. Pero, seriamente, estaba contemplando la idea de una manga gástrica y una lipo de cuerpo completo, ASAP. —Tamara, qué bonito conocerte —le dice Chiqui—. Igor no me ha querido presentar contigo, pero yo llevo días diciéndole que me gustaría coincidir contigo, saber qué haces, cómo eres… Es un privilegio, la verdad, que nos encontráramos. Mis hijos todos son de relaciones largas y permanentes y, honestamente, no me caes mal. Pero Jelena es la hija que siempre he soñado. Como si tuviese que elegir entre Igor y Jelena… elegiría a Jelena, y botaría a Igor. Tamara intenta no reírse ante la cara de tormento de Igor, quien le toma la mano debajo de la mesa y le murmura que se pueden ir cuando quiera. —Mamá… —le dice Igor. —Tú eres bienvenida a pasar tiempo con él. Yo tuve cuatro varones a cargo y a todos los crié bien, para ser buenos hombres. Esposos duraderos, para toda la vida. No de esos que se divorcian a mitad del camino. Pero Igor siempre ha sido ese hijo que no sabes cómo hacer para que te haga caso en todo. Siempre fuera de mi molde, y la vida le sería más fácil si hiciera lo que le digo, yo sé cuál es el plan. Jelena asiente divertida mientras ojea el menú. El mesero los interrumpe. Igor pide café urgentemente, unas frutas para compartir y desayunos americanos para todas, sin tostadas, con extra de tocino, un huevo adicional y aguacate. Su madre le explica la definición de “huevo tierno” al mesero. Jelena asegura que lo devolverá si no viene como lo pidió. —Tamara, Igor jamás me presentaría. Pero, ya que estamos aquí, y otra vez quiere que firme papeles que representan mi pérdida económica, es importante que sepas que no tenemos nada s****l, sí mucho amor el uno por el otro, pero cero sexo —recalca Jelena—. Él y yo no estamos juntos hace ya bastante tiempo. Le quiero, le respeto y le admiro… pero es un poco difícil mantener a largo plazo una relación con alguien que quiere obligarme a ser mamá y a estar sola en casa. ¿Tú quieres hacer eso? —No voy a estar solo en casa —responde, más para Igor que para Jelena—. Pero sí quiero hijos. Eventualmente. —¿Cómo en cuánto? —pregunta Chiqui, y su hijo la asesina con la mirada. Ella se ríe. —Cinco años. Pero si pasa antes, estoy bien. —¿Cuántos años vas a tener en cinco años? —pregunta Jelena. —Veintiocho. —Qué cliché: dejarme por una más joven. ¿De verdad…? ¡te pasas! Igor bufa cuando escucha a Jelena y recalca: —Te dejé hace muchísimo tiempo. —Qué hermoso —responde su suegra—. ¿Cuántos quieres? ¿Cinco, tres hijos? —Dos niños me suenan suficiente. —Tres mínimo —lo corrige su suegra—. Los hijos crean alianzas. Cuando son solo dos, hay guerra; crean divisiones. No quieres eso. Con tres hay balance: un día unos se llevan, otro día otros no… normal. Con cuatro ya hay paz: todos aman a uno, todos pelean con otro, y siempre hay amistad y amor. Es maravilloso. Pero siempre ten un buen cirujano para… —señala su v****a. Igor ruega porque Dios lo saque de su penitencia. Tamara se ríe. —La medicina moderna es muy espectacular. Me la encogieron, quedó preciosa. Nada de pis, y el sexo es bueno. —¡Mamá, ya basta.! —pide Igor, y Tamara se ríe más fuerte. —Dice el hijo que contribuyó al desgarro vaginal... Tamara ve a su novio cambiar de colores mientra Jelena intenta con fuerzas no reírse, su mamá la tenía acostumbrada a comentarios inapropiados en momentos incómodísimos entonces con naturalidad continuó conversando, lo cual impresionó a su suegra, una digna adversaria estaba resultando Tamara. —Tengo dos hermanas, y es súper cierto lo de la dinámica de hermanos. No sé qué haríamos sin Verónica, mi hermana del medio —comenta Tamara. —Lo pensaré… —Vale, me gusta esta mente abierta a pensar y aprender —responde Chiqui. Le da una caricia en el pecho a su hijo—. Tú, ¿quieres decir algo? —No pueden irrumpir en mi vida como locas, dar órdenes y pelear conmigo las dos al mismo tiempo. Mi relación con Tamara es solo con Tamara. —¡Eso no es cierto! —se queja su madre, sin dejarlo terminar—. Te casas con la familia. Mira cómo Ivanka y yo vamos todas las semanas al tenis: es mi mejor amiga. No la voy a dejar porque ustedes dos se cansaron de tener sexo juntos y firmen papeles de disolución. —Chiqui busca a Tamara para que le dé la razón. —No tengo todo el contexto —contesta Tamara, incómoda. Las mujeres le explican que Igor está molesto porque ellas tienen una relación cercana. Lo cual es esperable cuando sus mamás son mejores amigas y Jelena quiere a Chiqui y se divierte acompañándola. Grillo siente que no puede haber espacio para Tamara si Jelena está todo el tiempo con su mamá. —¿Tú quieres darme un espacio en tu familia? —pregunta ella, encantada con la insinuación. —No estoy saliendo contigo —responde incrédulo, por la poca confianza de la joven—. Estoy cortejándote, para que eventualmente decidas que no quieres vivir sin mí. —Y yo te traté fatal, como una loca, porque soy desconfiada y tú me dices las cosas a medias —comenta la joven, y él asiente. —Me debes una disculpa. Tamara se lo piensa un par de segundos y le da un beso en los labios. Chiqui y Jelena comparten una mirada. Igor sonríe. Pero ella lo remata con una declaración que ninguno de los cuatro se tomaría a la ligera: —Te amo —dice Tamara—. No para manipular, pero estoy enamorada de ti. Sí quiero estar mucho tiempo contigo. Solo soy precavida, y no me quiero apresurar a cometer un error. Necesitas decirme las cosas, porque lo malo siempre sale a la luz, cariño. —Te amo de vuelta, y creo que debí habértelo dicho. Pero no soy fan de terceros en nuestra relación. Sea Lucía o Grillo. —Eso es lo único que te recomendaría no hacer —responde ella—. No me pongas a elegir entre mi amigo, mi hermana o tú, porque es muy probable que pierdas. Maratón 2/3 vamos a ver si se apuntan más. ¿Qué opinan de la chiquis? Yo la amo, me parece divertidísima Igor y Jelena han sido claros con que han terminado en papel y en la práctica... pero no sé yo qué opinen ustedes. Y esa última frase... me encanta proque tamara parece dulce pero esuna leona. Las leo, las leooo... En dos horas el siguiente 8:25 pm CR
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