Roto

2216 Words
Mauricio Grimaldi se había dado una ducha, se había puesto perfume y desodorante extra porque, desde que rompió con Yuri, se había convertido en su misión del día: simplemente no dejaba de transpirar. Había bajado la temperatura en la sala para que las gotas de sudor dejaran de resbalarse por su frente, su pecho, su abdomen, pero era como una paleta de helado en un día caluroso. El hombre hizo ejercicios de respiración, abrió una caja de chocolate amargo nueva para distraer la mente y, en su lugar, sudó mucho más. Yuri había estado escondida durante días. Iba a trabajar con un chofer que esquivaba a cualquiera que intentara interrogarla, luego volvía a casa y pasaba escondida en su cama. Se sentía sola. No tenía amigas, no contaba con su madre para quejarse de Grillo o llorar al respecto porque la mujer se lo había advertido. Tampoco tenía relación con sus hermanos, porque todos marcaban la diferencia al ser hijos de la primera esposa, y ser ella la "otra". Yuri no contaba con Grillo porque él quería sacarla de su vida. Se había aprovechado del hombre que contrató para llevarla del trabajo a la casa, para hacer un trabajo encubierto que consistía en seguirla. Seguía a Brianne al trabajo en la mañana, sabía todo de sus amigos en la escuela, la seguía en la tarde mientras coreografiaba un baile con sus estudiantes, a veces la seguía en las noches, la observaba desde fuera de su casa recibiendo amigas, estudiantes, amigos que parecían más que amigos. Y se preguntaba: ¿por qué ella? Era innegablemente bonita. Muy natural, usaba poco maquillaje, su pelo se veía bien cuidado, la joven era alta, delgada, de piel morena, casi siempre bien hidratada. Se vestía sencillo y parecía una persona feliz. Si tenía eso, ¿por qué la vida insistía en darle todo? Yuri se escondía de Brianne, de Grillo y de la gente. Le ocultaba su estado de ánimo también, tanto que consideró la posibilidad de recibir un Óscar al grabar un documental de su solitaria vida. Las fotos de Tamara y Grillo le habían parecido una estupidez en la mañana. Mientras se ejercitaba escuchaba a los chismosos a sueldo darle a la gente lo que querían: drama, chisme, espectáculo. Lo que no podía imaginar era que Tamara arrinconara a su publicista, la señora Valdez, que quedó con el culo al aire, y como consecuencia Yuri había tenido que afrontar la realidad: ir a encarar a Grillo según sus condiciones. Grillo había acomodado la casa y se había sentado a esperarla. Yuri llegó enojada por el cambio de ubicación y por la insistencia. Los dos se quedaron en silencio mirándose, y finalmente Grillo se puso en pie y le buscó una botella con agua y toallitas húmedas. —Sé que quieres terminar, pero no estoy lista. Esto se trata de mi carrera y no lo voy a dejar contigo. Tenemos compromisos publicitarios, tenemos una relación que funciona y un contrato del que puedo tirar por dos años más. Entonces te recomiendo que dejes de avergonzarme, porque no vas a salir bien de esto. —Yuri, si nuestra relación fuera solo comercial, sería fácil dejarlo. —Sí, y como no lo es, puedes quedarte e intentarlo conmigo, o controlar tus apariciones públicas con otras mujeres. Llama a tus zorras como lo has hecho siempre —responde, y le da un beso en la frente—. Nos vemos luego, cariño. Me avisas si quieres que vaya contigo a los premios. —Dice con una sonrisa y se va del apartamento. La joven lo ve incrédulo y sale corriendo detrás de Yuri. Ella se mete en el ascensor y las puertas se cierran. Grillo detiene el artefacto y se gira hacia Yuri. Ninguno de los dos tiene escapatoria dentro de la caja de metal. Ella se agarra de su bolsa y se queda apoyada contra el metal frío, mientras él intenta hacerla entrar en razón. —Yuri, somos amigos —le recuerda, y ella asiente—. Te amo. De verdad que lo hago. No me imagino una vida en la que seamos dos enemigos mortales, dos bandos de fans peleando o cualquier mierda. Me imagino siempre teniéndote en mi vida. Me imagino yendo al bautizo de tus hijos, cantando en tu boda, pero no puedo ser tu esposo ni el papá de esos niños que sueñas y mereces tener. —Yuri llora en silencio—. Quiero estar ahí durante este proceso, y si tenemos que demorarnos un mes en romper, si tengo que asumir la culpa y quedar como un cabrón, por ti lo hago. Porque esta ruptura es 100% mi culpa. Sé que no es fácil para ti, y tampoco lo es para mí, pero se me acabaron las ideas para arreglarlo o hacerlo funcionar. Dejé de amarte como mujer, pero te quiero como mi amiga, y no quiero romperte el corazón, solo quiero terminar esta relación de la mejor manera. Yuri se desespera. Intenta empujarlo para oprimir el botón y Grillo simplemente no se mueve porque necesita algún tipo de insight de lo que está pasando por la cabeza de Yuri. Ella lo mira enojada y le ruega que la deje salir. —No puedo dejarte salir sin que me des una respuesta. No quiero seguir en la zona gris, necesito que gestionemos romper. —Tú y yo hemos sido felices, Grillo. Tú y yo tuvimos más que una buena época. Sí, los primeros dos años no fueron una relación como tal: viajamos, trabajamos, hicimos decisiones. Pero una vez que nos entregamos a la pasión, al romance y al amor, todo cambió para mí y para ti, aunque ahorita no lo recuerdes. Porque los cinco años siguientes han estado llenos de romance y felicidad. Tú y yo construimos una relación, planeamos juntos un futuro. ¿Estábamos bien solo porque pasabas drogado? ¿Fue mi imaginación o sí estuviste enamorado de mí? ¿Crees que no es justo para mí? —pregunta con las mejillas llenas de lágrimas—. No es justo que te ame tanto y pases de mí solo porque estás sobrio y ansioso de empezar de cero con alguien más. Yo te interné con el fin de que sobrevivieras y empezáramos nuestro “felices para siempre”, no para que le dieras esto a alguien más. No te arreglé para convertirme en la mujer del proceso. Así que ve y busca cómo amarme de nuevo —responde enojada—. O sentémonos a sufrir los dos. Grillo la abrazó y los dos lloraron porque no se lo había tenido que contar nadie: él había estado ahí, inundándola de besos, de secretos, contándose recuerdos, enamorado hasta las trancas, siempre agradecido, porque ella era la que le recordaba que valía la pena, que necesitaba mantenerse vivo, la que llevaba naloxona en el bolso por si algo le pasaba, la que lo había institucionalizado cuando necesitaba y lo esperó por meses, la que excusó frente al mundo. Recordaba haber salido de rehabilitación y ella estaba lista para mudarse, cuidarle y amarle con locura, lo que siempre había querido. Y él había puesto distancia de inmediato. Ella era consciente de que él la había dejado de amar hace mucho tiempo, pero no estaba lista para hacer lo mismo. Yuri sorbió su nariz, buscó en su bolsa con qué secarse las lágrimas, los lentes de sol. Se los colocó, un poco de brillo, polvo, y finalmente tocó el botón del ascensor para que bajara al parqueo. Grillo se quedó en el otro lado, apoyado contra la esquina, sujetándose de las barandas. —Voy a un Ironman en Francia, creo que necesito esto. Luego voy a pasar tres semanas fuera en unas grabaciones y tengo otras para una película en la que voy a participar en Indonesia. No sé, creo que estaré fuera, y esperaría que me brindes la cortesía de ser discreto, de esperar a que esté lista… no sé, déjame vivir mi duelo. —Vale, cielo —Yuri rueda los ojos ante el apelativo cariñoso. Las puertas se abren y ella le da una mirada por un par de segundos, antes de levantar la mano. —Adiós, Mauricio —dice, y se va hacia su auto. —¿Te llevo? —No hace falta. La mujer se fue a su auto y Grillo subió a su casa. Caminó directo al cuarto de música y se puso a componer. Tamara se había preocupado después de la sexta llamada perdida sin respuesta de Grillo, y fue a su apartamento a visitarlo. Todo estaba frío, muy oscuro, y se preocupó mucho más al encontrar la casa así. Pero el piano y la voz de Grillo retumbaron, inundando todo el lugar. La joven fue hacia la habitación de la que provenía el ruido, tocó la puerta un par de veces y finalmente se asomó. Grillo siguió cantando desde el alma, y ella se sintió contagiada por el dolor de las rupturas. —Tamsy… —Ey, ¿cómo te fue? —¿Has terminado con alguien a quien amabas? —No, nunca he terminado con nadie. Solo he leído sobre eso —Grillo se ríe—. Es triste, ¿no? Ser la otra parte debe ser triste. —Ella tiene puntos válidos. No creo que nadie aguante lo que vivió. Porque mis buenos momentos, mi yo enamorado y feliz, son espectaculares. Pero… mi yo en modo de autodestrucción… soy horrible, me odio por haberle hecho vivir eso. Desearía no volver a hacerle eso a ninguna persona, ni a mí, principalmente. Pero… no sé, no hay forma de ganar. Tamara posa su mirada sobre el anillo de compromiso, y Grillo lo saca de la caja. Le enseña el grabado: “Siempre juntos”. El anillo era precioso, un diamante con forma cuadrada, el aro estaba entrelazado simbolizando la vida de ambos uniéndose, y oro, muy buen oro. Evidentemente nunca se lo dio a la mujer que tenía planeado. Grillo le explica que antes de su sobredosis había planeado comprometerse con Yuri: una boda grande, tres perros, tal vez convencerla de un hijo. Al final no lo sabía, pero sentía que ella era la correcta. —Recuerdo los rumores, me gustan los chismes de famosos… pero lo que no entiendo es por qué estabas tan firme en esa relación y cambiaste. —Creo que en terapia descubrí que todos estaban deseando convertirme en Xander —responde—. Para la prensa, los fans, mi equipo, yo era el próximo Xander: lleno de bulla en la cabeza, drogas y mierdas. Y Yuri, al principio, lo normalizó, lo encubrió, lo apoyó hasta que se me salió de las manos. —Responde—. Fue una locura. Había drogas en mi camerino, siempre alcohol, no practicaba porque estaba ocupado en algún viaje sucio con mi cabeza, paraba para beber y meterme mierdas, y nadie decía nada. Solo Sash, mi bailarina, me mandó a la mierda y hasta renunció, y el tour acabó, las luces se apagaron y fue peor. Fue horrible: iba a lugares chungos, bien feos, y Yuri empezó a intentar rescatarme… y una mañana, después de estar desintoxicándome en casa, busqué un poquito y me lo metí. Encontré pastillas y todo tipo de mierdas escondidas que tenía, y me acosté a su lado para morirme, y ella no me dejó. No me dejó morirme, no me dejó solo tampoco. —¿Y no quisiste darle un anillo? —Sasha, cuando renunció, me dijo: “todos ellos te aplauden y te aguantan porque tú pagas la nómina”. —Grillo se encogió de hombros—. Y me di cuenta de que la de Yuri también, y que para ella casarse era promoción, más publicidad. —¿Quieres que te diga mi opinión sincera? —Dispara. —Ocho años no se borran porque tú esté más lúcido y la verdad entre ustedes dos es que no la quisiste. Te divertía la idea de ella, era fácil. Yuri te daba la atención que soñabas y la estabilidad que añorabas. Pero no estabas enamorado, y no lo estás ahora. Grillo recibió una llamada de Brianne, una mujer evidentemente furiosa porque todos lo habían notado menos ella. El auto n***o, grande, que la seguía a todos lados. Se sintió estúpida hasta que intentaba volver de casa de una de sus amigas en la noche y lo notó cerca, respirándole en el cuello. Corrió, se cayó, y una mujer bajó a ayudarla. Pero ella se puso en pie y comenzó a gritar y correr hasta que logró esconderse en su apartamento para hacer una llamada. —Grillo, no sé si contrataste a alguien o si es cosa de tu novia, pero justo a esto me refería. No me merezco ser acosada porque tú tienes un capricho sensacionalista. —Brianne, no sé de lo que hablas. —El auto que me sigue a todos lados: al trabajo, a casa de mis amigos, a casa de mis hermanos —grita asustada—. Hazme el favor y para esto. —¿Dónde estás? —Mantenme lejos de tu drama. Tamara había escuchado lo suficiente como para preguntar si era obra de Yuri o suya. Y vio a Grillo lo suficientemente molesto como para saber que el acosador misterioso era Yuri.
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