Hay personas que no logran conectar con su alrededor, pero Grillo conectaba, sentía demasiado, todo el tiempo, y cuando se daba cuenta de que había lastimado a alguien por cualquier cosa, la culpa lo inundaba. Se notaba en el ensayo, se veía en su mirada. Él reconocía que el dolor que le había causado a Yuri, incluso si su relación era falsa, aunque nunca hubiera estado enamorado de ella, la quería, era su amiga y la había hecho pedazos. Y parte de esos pedazos rotos estaban marcados en fotografías que habían alcanzado a salir en la prensa esa misma mañana.
A mí me gustó la frase con la que inició Grillo: vamos a darle esto. No a todos nos enseñan a amar, porque es una realidad; por eso los hijos de padres casados tienen mejor probabilidad de mantener un matrimonio.
Grillo no es hijo de papás divorciados.
No, es hijo de una pareja que decidió dejar de ser papás. Grillo es un niño abandonado, que solo sabe abandonar. Todas sus parejas antes de Yuri duraron solo siete meses; Grillo y Yuri han cumplido un hito enorme para el cantante: siete años de relación que se han ido a la basura con la excusa de que no sabe amar bien. ¿Entonces todas las mujeres a las que les dijo “te amo” no merecen ser amadas correctamente? ¿Quién le devuelve los últimos siete años de su vida a Yuri? ¿La inversión de tiempo, el amor, la lealtad no importan? Yuri es la mujer que esperó a que se rehabilitara dos veces, es la mujer que le ha dado espacio, tiempo, y en menos de una semana hay rumores sobre una posible relación con su manager y después evidencia de que se ha besado con otra mujer en público. Si no sabes amar, si eres radioactivo, entonces deja de dañar todo lo que te rodea.
Tamara había leído el mensaje y le gustaba que él hubiese asumido su culpa. Hablaba de la calidad de ser humano que era Grillo; sabía que no se trataba de ellas, de ninguna de las personas que le rodeaban, más que de él y sus malas decisiones. Eso era lo primero. Estaba agradecida por la disculpa pública que ayudaba a suavizar los desastres que podía generar en la opinión pública. Y lo último: le dolía muchísimo porque sabía que quería dejarlo con Yuri, pero había algo más que no estaba diciendo. No era amor romántico, era amor de amigos, y ese es eterno, ese amor que sientes por una persona a la que has elegido como tu amiga y compañera. Es indiscutiblemente indestructible, y se veía en las fotos en la casa de Yuri: ella gritando, llorando, golpeándole, él deteniendo los golpes con sus manos, pegando su frente con la de ella mientras las lágrimas de Yuri caían sobre su rostro. Los dos lloraban, se abrazaban, se veían desesperados por amarse menos, por dolerse menos, por volver a donde estaban. Pero hay cosas que no te dejan regresar.
Yuri le había pedido un momento, uno para pensar qué quería hacer y cómo quería hacerlo.
Él se lo concedió, se fue en la madrugada, después de asegurarse de que Yuri había comido, se había duchado y estaba dormida en su cama.
Tamara había ido temprano a la oficina. Sus hermanas se sorprendieron al encontrarla sentada fuera de la oficina, con ropa sencilla pero bonita. Lucy le pidió a su secretaria tres cafés negros sin azúcar. Verónica y Tamara compartieron una mirada, la hermana de en medio le dio un beso en la mejilla a su hermanita, y esta les comentó, en cuanto se quedaron a solas en la oficina, que renunciaba.
—Tamara… —empieza a decir Verónica.
—Quiero irme de verdad, creo que es necesario que yo inicie mi propio camino.
—No acepto tu renuncia —le responde Lucy—. Es una pena que sientas que dos semanas de trabajo y un escándalo son suficientes para dejarlo ir. Te di el trabajo con Grillo porque pensé que lo ibas a arruinar, que no ibas a saber ser jefa de un proyecto tan grande como el que traía Grillo a la mesa. La verdad es que lo has hecho mejor de lo que podría haberlo hecho yo misma.
Ella había decidido darle una oportunidad, pero cuando fue a hablar con Lucy y Verónica para entregar su renuncia, su hermana mayor negó con la cabeza mientras intentaba explicarle que creía que su destino era hacerlo sola, mientras su terapeuta le escuchaba.
—Sabes, llevo un año buscando excusas para no contratarte. Llevo un año discutiendo con mis papás, mi hermana y mi tío mil razones por las que no mereces estar aquí. La verdad, creo que siempre te lo ponemos un poco fácil: eres mi hermanita, y a veces soy más dura contigo porque conmigo todos fueron duros, y a ti simplemente te lo dan todo en bandeja de oro. No te malquiero, Tamara, deseo con la vida que tengas todo lo más bonito, pero la realidad es que la vida es difícil, y no podemos ser cómplices de hacerte frágil y luego exigirte más. Creo que la vida te ha demostrado que tengo razón, pero no voy a estar en la lista de personas que no sepan verte por lo que eres y por lo que vales. No acepto tu renuncia porque eres mi hermana, y le doy oportunidades a gente que no me importa. Te amo, y vas a brillar. Grillo es solo un cliente, pero conectaron, se llevan bien y creo que los dos merecen una oportunidad.
Tamara se quedó en silencio, y asintió antes de darle un estrechón de mano a Lucy. Esta se puso en pie y le dio un beso y un abrazo, uno largo y fuerte.
—Yo sigo siendo la hermana favorita de las dos —comentó Verónica, y sus hermanas se rieron.
—No me importa no caerles bien de vez en cuando —respondió Lucy—. Ve a trabajar, ve a hacer tu trabajo —dice, y le da un empujón hacia la salida a su hermana mientras le advierte no llamar a papá y mamá con sus pendejadas.
Tamara estaba a punto de irse a casa cuando decidió aprovechar el impulso de fuerza y valentía que le habían inyectado sus hermanas para escribirle a su pretendiente:
Tamara
Voy a ir a comprar milkshake y hamburguesas.
¿Quieres algo más?
Igor
Papas fritas. Pero, ¿por qué no me dices dónde estás y paso por ti?
Ella asintió y decidió llamarle para quedar.
Tamara había aceptado buscar al amor. Un poco de romance en la vida de todos está bien recibido, pero en la de Grillo se buscaba un poco de claridad mental, por lo que sacó una cita urgente con su terapeuta de ya cuatro años. Alice le recibió ese día con un té de manzanilla con leche y miel como le gustaba. La oficina estaba fresca, la luz tenue, y se había acostado una hora en el sofá antes de empezar a hablar. Porque lo de los últimos días no era parte de su comportamiento usual: la hipersexualidad ya había sido trabajada y abordada, la impulsividad, el exceso de ejercicio, la falta de sueño, la confusión, metas impresionantes.
—Grillo, te has salido un poco de las manos últimamente.
—Alice, no soy la víctima, pero no es para tanto querer una vida.
—Grillo, te he acompañado mucho tiempo como para no reconocer que mereces ayuda.
—¿Estás renunciando?
—Piensa que eres un adolescente a punto de ir a la universidad: te aceptó la mejor universidad de Mainvillage, que soy yo, pero existe la mejor universidad del mundo y, para que esa universidad te acepte, yo tengo que ir a cenar una vez por semana con mi mamá y decirle que es preciosa, inteligente y que me ha superado en todo, sobre todo cuando mi proceso es lo que realmente importa.
—¿Me estás refiriendo?
—Mi mamá está jubilada.
—Yo te quiero a ti.
—Sí, pero lo del otro día: el impulso, bajarte, besarla como un loco, y casi acostarte con una desconocida, es algo que yo no debería dejar pasar como tu médica. Y si después de dos años de terapia, en los que te has mantenido sobrio, has encontrado tu yo y tu propósito, no puedes entender que la vida no es un momento sino una serie de decisiones, es mejor que alguien con más experiencia te dé palo. Yo voy a seguir tu caso, sigues teniendo mi número, incluso podemos tener nuestras cenas de avances una vez al mes, con vino de supermercado. —dice Alice animada.
—Alice, estás terminando conmigo —dice con tristeza—. Tamara quiere dejarme y yo creo que Yuri ya me dejó.
—Ahh, pobrecito, las mujeres como que no te duran, ¿eh?
—Y me encantan las mujeres. He estado pensando en iniciar una secta —bromea, y se le viene a la cabeza—. ¿Te imaginas qué decepción si llego a tener solo varones?
—Qué decepción, de verdad. Un hombre como tú se merece que alguien te adore como yo a mi papá.
—Sí, eres una nena de papá.
—Sí, mi esposo es el que me convenció de venir a ver cómo estabas arruinando a tus pacientes… pero eres terrible. Vas a cenar con el hombre, bromeas con él, coquetean, Alice… —se queja Emma. —Señor Grimaldi, este es mi número. No me gustan las sesiones de una hora, nada se hace en una hora. Me gustan mínimo dos o tres, y a veces creo fielmente en terapias más radicales, así que puede que quiera tomarse un tiempo.
—Mi agenda no me lo permite y estoy en contra de la terapia intensiva.
—Grimaldi, a mí me encanta la obediencia.
—Está muy seria, y yo tengo problemas maternales.
—Tu mamá te abandonó de pequeño y estás sufriendo porque renunció tu psicóloga, tu manager, y tu novia está a punto de renunciar a tu relación, que está basada en una apariencia, porque tienes dos días de fornicación.
—Muy estable con las mismas dos chicas. —Emma se cruza de brazos y le da la mirada—. Puedes llamarme Grillo.
—Ese es un apodo que te pusieron por hacer bulla en clase.
—Puedes venir en tour conmigo.
—Si me pagas lo que considero correcto. —Grillo saca la chequera y le da un boli a Emma, ella escribe una cifra y él firma el cheque.
—Tienes que trabajar en tus impulsos.
—Mami Emma.
—No, no, lo estás haciendo mal.
—Dame un abrazo, que por ese cheque necesitamos una razón para conectar, ¿eh? —Emma lo tiene encima en segundos y reconoce que no le encanta el contacto físico.
Alice le hace una seña para que tenga paciencia con el Grillito, y este propone sesiones al aire libre. Emma le asegura que no le da la gana y él se ríe.
—Creciste con una bully, con razón —Grillo va a darle un beso y un abrazo a Alice y después se van juntos y se ponen de acuerdo para su próxima cita.
Grillo conduce al estudio para un ensayo, y la ve. Tamara está conversando con Bello sobre las canciones que están por lanzar y la estrategia que a su productor le gustaría. Grillo estrecha la mano de Bello y le da un beso en la mejilla, se disculpa por no haber ido a reunirse. Le dio un beso a Tamara en ambas mejillas y un abrazo largo, acompañado de una disculpa.
—¿Qué haces aquí?
—Vine a trabajar. No es tan fácil como dejarte botado porque estás teniendo una rabieta.
—Gracias por volver —responde y le da un abrazo.