A pesar de que la acosaban algunos temores, Amanda estaba decidida. Hablaría con Gabriel seriamente, y le solicitaría su colaboración. Sabía que eso era infringir la ética más básica de cómo consideraba que tenía que accionar el periodismo. Pero a esa altura no le importaba demasiado. Mucho peor era lo que estaba sucediendo con Rodrigo. En realidad, en comparación a tantas cosas que estaban mal en torno a esa situación, esa no era la más grave. Apareció a primera hora en el despacho y pidió hablar con él. Pero en ese momento la secretaria fue más que firme. — Lo siento, Amanda. Ahora está en una junta virtual. Hoy tiene un humor mercenario, pareciera que va a acribillar a cualquiera que cruce esa puerta inesperadamente. — De acuerdo, Sarita. Sólo dile que vine, y que me gustaría hablar

