—Linda... ¡Linda! —llamó la masculina voz de Khaled y rompió mi burbuja de pensamientos melancólicos. —Dime... —No has probado tu tartaleta... —argumentó señalando el bello postrecito sobre el platito plástico. —Khal... Discúlpame, es que tengo muchas cosas en la mente y poco apetito. —¿Puedes dejar de preocuparte? Por unos minutos... Te veo más delgada... —susurró y me tomó de las manos. —Quiero ir a mi casa —corté y retiré las manos de entre las suyas—. Estoy agotada... —Tch —chistó y se levantó de la silla ejecutiva—. Vamos a hablar de cualquier cosa... —Ay, Khal... —me quejé y él me haló de la silla, obligándome a ponerme de pie. —Ay, Khal, nada —imitó y me sacó una sonrisa—, andas demasiado amargada estos últimos días —señaló y me encaminó al sofá de cuero n***o y estructura m

