El lunes había llegado, esa mañana se sintió como estar en casa —solo que sin tener que ir a clases porque ya estaba de vacaciones ¡Wuju!—, mi padre me había escrito un mensaje por el chat, recordándome que debíamos estar en el hotel antes de las siete para la hora de cenar —ya me había quedado claro, papá—, di unas pataditas de felicidad en la enorme cama y levanté la sábana hasta que quedó hecha carpa. Toda la mañana fue divertida, Nyx y yo desayunamos en la piscina del hotel, luego nos quedamos un rato dentro de la piscina haciendo largos y lanzándonos por el tobogán. Cuando nos fastidiamos me dijo para pasear por el centro, accedí sin dudar. Recorrimos uno de los centros comerciales y luego visitamos un museo de artes. Me sentía a gusto entre los pasillos del museo, el guía nos expli

