Llegamos a un conjunto residencial privado, se veía tan hogareño al tener un desfile de casas modelo, con el jardín adornado de flores y vallas blancas. Nos detuvimos frente al garaje de una de las casas de dos plantas. Era de ladrillo con cornisas y columnas blancas, una vivienda muy bonita y cuidada, con el césped podado y unos pequeños arbustos redondeados cerca de la entrada. Nyx sacó un control remoto de su bolsillo y lo apuntó al portón del garaje, entramos aún sobre la moto y la apagó, dejándonos encerrados y a oscuras. Ni supe cómo bajarme, temía tumbar o tropezar con algo. Él suspiró y rompió el delicado silencio: —Bienvenida a mi casa. —Gracias. —Puedes bajarte, no sé... ¿Te bajo? —bromeó. —N-no, ya. —Reí. Apenas puse los tacones en el suelo, me sostuve de su hombro y me los

