Verónica Hall. Cuando la señora Lucrecia llega al patio para traerme la toalla, lo tome entre mis manos para envolver la toalla alrededor de mi cuerpo y poder cubrirme de la brisa un tanto fría que me pegaba. Luego me agache para agarra mis zapatos del suelo y caminar hasta adentro de la casa con la compañía de Lucrecia, quien me guiaba hasta una de las habitaciones de huéspedes. Subimos unas de las escaleras de la casa y llegamos hasta un pasillo con varias puertas, entre ellas Lucrecia abre una de las puertas de en medio con una llave, hace un gesto con su mano para que pasara y obedecí adentrándome en la habitación. Al hacerlo, la señora Lucrecia enciende la luz del cuarto para permitirnos ver con mejoría el mobiliario, el textil y los objetos decorativos que lograban el estilo que de

