La tensión en la mansión Blake era palpable. Desde que la familia se había reunido, los recuerdos enterrados y los resentimientos largamente reprimidos estaban emergiendo con fuerza.
Alice miró a sus hijos desde la distancia. Melani, como siempre, intentaba calmar las aguas entre sus hermanos, mientras que Melissa mantenía su actitud desafiante y Harry parecía más interesado en la conversación con su abuelo Vicent que en todo lo demás.
Connor, de pie junto a ella, no apartaba la mirada de sus hijos. "Me arrepiento del divorcio, Alice. No debí dejarte ir. Si pudiera retroceder el tiempo, habría hecho las cosas de otra manera."
Alice cruzó los brazos, sin apartar la mirada de sus hijos. "Eso ya no importa, Connor. Tuvimos nuestra oportunidad y la desperdiciaste."
Él se giró hacia ella, con los ojos oscuros por la frustración. "Lo siento"
Alice dejó escapar una risa amarga. "No necesitas disculparte"
Connor desvió la mirada por un instante, como si no pudiera enfrentar la verdad en sus palabras. "Quiero recuperar algo de lo que perdí."
Alice negó con la cabeza. "Es demasiado tarde para eso, Connor. No puedes retroceder el tiempo y no puedes cambiar lo que hiciste. Lo único que puedes hacer es seguir adelante."
El silencio se instaló entre ellos, cargado de emociones no dichas y heridas que aún no sanaban.
Alice cruzó los brazos. "Ya es tarde para eso, Connor. Lo que pasó no se puede cambiar."
Él exhaló, con la mandíbula tensa. "¿Por qué no me dijiste que estabas embarazada?"
Alice soltó una risa seca. "Porque tú tomaste la decisión, Connor. Decidiste que nuestra relación no era prioridad. Cuando firmaste esos papeles, firmaste algo más que un divorcio."
Connor analizó la postura de Alice. Sabía que recuperar esto no era sencillo, que cada palabra tenía un peso que no podía ignorar. Exhaló lentamente antes de hacer la pregunta que lo carcomía por dentro. "¿Tuviste una relación en estos 18 años?"
Alice mantuvo la mirada firme, sin apartarla de él. "Sí, Connor. Seguí adelante."
Los ojos de Connor se oscurecieron de inmediato, su mandíbula se tensó visiblemente. "No. No, no lo acepto."
Alice arqueó una ceja. "No necesitas aceptarlo. Es un hecho."
Connor dio un paso hacia ella, su voz más grave, cargada de un tono peligroso. "¿Quién? ¿Quién fue?"
Alice suspiró, cruzando los brazos. "No importa. No tiene relevancia ahora."
"Por supuesto que la tiene," escupió Connor con frustración. "Eres mía, Alice. Siempre lo has sido. No puedo aceptar que otro hombre—"
"Detente ahí mismo," lo interrumpió Alice con firmeza. "Yo no soy de nadie, mucho menos tuya. Perdiste ese derecho hace mucho tiempo."
Connor cerró los puños, conteniendo su ira. Sabía que había cometido errores, pero la idea de que otro hombre no solo había estado con Alice, sino que también había ocupado su lugar como padre con sus hijos, era algo insoportable. Se imaginó a ese desconocido llevándolos a la escuela, ayudándolos con sus problemas, viéndolos crecer mientras él no estaba.
La frustración se convirtió en un torbellino de rabia contenida, un sentimiento que lo carcomía desde dentro. Imaginó momentos que nunca vivió, risas que nunca escuchó, abrazos que nunca sintió. La frustración creció en su interior como una llama incontrolable.
"¿Quién es el sujeto?" exigió Connor, su voz cargada de furia y una necesidad inquebrantable de saber. La idea de que otro hombre hubiera ocupado su lugar le resultaba insoportable. Exigía una respuesta, una que pudiera calmar la tormenta de pensamientos que lo consumían.
Alice sintió el cambio en su tono de voz, el peligroso matiz de posesión que siempre había intentado ignorar. "Tú la elegiste antes que a tus hijos, Connor," dijo con frialdad. "No te atrevas a actuar como si alguien te los hubiera arrebatado."
Connor apretó los puños aún más fuerte, sintiendo cómo su respiración se volvía más pesada. "¿Crees que fue fácil para mí? No tienes idea de lo que pasé todos estos años, sin saber nada de ustedes."
Alice alzó una ceja. "No, Connor. No lo sabes porque no quisiste saberlo. Nunca miraste atrás. Tú seguiste con tu vida, con tu empresa, con lo que realmente te importaba."
"¡No digas eso!" rugió Connor, dando un paso adelante. "Nunca dejé de pensar en ustedes. Si crees que esto fue fácil para mí, estás equivocada."
Alice se mantuvo firme, sin retroceder ante su arrebato. "Entonces, ¿por qué firmaste esos papeles?"
Connor pasó una mano por su cabello, frustrado. "Porque fui un idiota, pero me di cuenta que me equivoqué."
Alice dejó escapar una risa amarga. "No esperes que eso cambie nada. No puedes deshacer 18 años de abandono con unas cuantas disculpas."
Connor la miró intensamente, su respiración agitada. "No quiero deshacerlo. Quiero recuperarlo. Quiero recuperar lo que es mío."
Alice negó con la cabeza, su voz ahora un susurro firme. "Nada es tuyo, Connor. Ni yo, ni nuestros hijos. Nunca lo fueron."
Connor apretó la mandíbula, sus ojos ardiendo con una furia contenida. "Son mis hijos, Alice. Tienen mi sangre, llevan mi apellido. Y estamos cansados, eso ni tú ni nadie va a cambiarlo."
Alice le dedicó una sonrisa sarcástica, cruzándose de brazos con una expresión de burla. "¿Sabes qué más no puedes cambiar, Connor?" Se inclinó ligeramente hacia él, disfrutando su reacción. "Amo a otra persona."
Connor sintió un golpe en el pecho, como si el aire se volviera denso a su alrededor. Su expresión se endureció, sus ojos escudriñando el rostro de Alice en busca de alguna señal de mentira. "No. No puedes decirme eso."
Alice ladeó la cabeza, fingiendo diversión. "¿Por qué no? ¿Porque tu orgullo no lo soporta? ¿Porque no puedes imaginarme con alguien más? Pues imagínalo, porque es la verdad." Aunque en el fondo sabía que no lo era, la satisfacción de verlo perder el control era suficiente para seguir con su mentira.
Connor se alejó de Alice con furia contenida, sus pasos pesados resonando en la estancia. Alice lo vio detenerse a cierta distancia, su espalda rígida, sus puños apretados. Entonces, con un movimiento brusco, golpeó la pared con un puño, dejando un leve temblor en la estructura.
Respiró hondo, tratando de calmarse, pero su mente no dejaba de arder con la idea de otro hombre ocupando su lugar. Sacó su teléfono y, con la voz gélida, llamó a su asistente. "Quiero que investigues todo sobre Alice en estos 18 años en el extranjero. Quiero cada detalle, cada movimiento. No dejes nada fuera."