Pablo llegó a su casa, se encontró con Aída quien no se atrevía a mirarlo, sabía que su esposo había ido a buscarla, pasó llorando toda la noche, ya no podía más, pero su corazón estaba muy dolorido y eso le causaba que sienta un profundo resentimiento por Mariana, desde lo que ocurrió nunca hablaron del tema, ni siquiera preguntó en dónde estaba la muchacha, él sabía que Aída la había alejado, solo Tomás la extrañaba y preguntaba por ella, pero ninguno de los dos se atrevía a hablar de ese asunto. Recordó las palabras del sacerdote y por primera vez se acercó para hablar con su esposa, Tomás estaba todavía dormido. - Aída ¿Podemos hablar? - ¿De qué? - Tú lo sabes, de algo que hemos querido evitar, pero es necesario hacerlo. - ¿Vas a dejarme? -

